John Peet es editor de brexit de The Economist. El equipo del diario inglés creó este cargo en 2015, cuando el gobierno decidió hacer un referéndum para que los ciudadanos votaran si querían que el Reino Unido se mantuviera dentro de la Unión Europea. “El asunto es tan importante, que requería a un corresponsal dedicado full time”, cuenta el periodista. El 31 de octubre se debiera saber qué pasará. Sobre aquello, Peet se atreve a adelantar: “No nos iremos de Europa”.

  • 10 octubre, 2019

Perdón, vengo del Parlamento. Tuve que ir a un par de reuniones. La agenda está algo atribulada estos últimos días”, se excusa el editor de Brexit de The Economist, John Peet (65).

Es el miércoles 25 de septiembre, un día clave dentro de los últimos episodios que afectan a Inglaterra.

Esa mañana los diputados británicos reanudaron sus labores luego de que el 10 de ese mes, Boris Johnson cerrara el Parlamento. Laboristas y conservadores quedaron anulados en su función, mientras en Downing Street –la calle donde se ubica la residencia del primer ministro– se craneaba la fórmula para conseguir el añorado acuerdo con Bruselas (ciudad donde está la sede de la UE) para que Reino Unido salga del bloque a fines de este mes.

La clausura se mantuvo durante casi tres semanas. Hasta que el 24 de septiembre, la Corte Suprema dictó un fallo que señaló que la movida de BoJo, como es llamado el premier, era ilegal. Johnson estaba en Nueva York, en la reunión anual entre los miembros de las Naciones Unidas. Por eso, apenas puso un pie en Londres, la mañana del 25, los manifestantes comenzaron a hacerse notar.

La calle del Parlamento (Parliament Street) se atestó de europeos que reclaman, unos a favor y otros en contra, del Brexit. Se enfrentan entre ellos con arengas, pancartas y disfraces que emulan el look de la reina Isabel y el del primer ministro Boris Johnson. “¿Por qué quieres que nos vayamos de Europa? Estás loca o qué. Lo mejor que le puede pasar a Gran Bretaña es que no dejemos nuestra alianza con la UE. ¡Perderemos los beneficios, la unidad, y tú tendrás que dejar este país!”, insistía un joven español a una mujer de origen asiático que, por su parte, aseguraba que UK no necesitaba alianzas con sus vecinos. “La grandeza británica tiene que volver a su origen. Podemos hacerlo solos”, insistía ella. No es la única que piensa así: en agosto del 2016, el 52% de los británicos votaron leave. Es decir, prefieren alejarse de la UE, que mantenerse dentro. Esto, explican los expertos, se debe a que Inglaterra tiene un sistema económico que funciona bien, y está en mejor situación que varios de sus vecinos del Viejo Continente. Por eso, dicen los leavers, es mejor salir del pacto.

A medida que el día avanzaba, más personas arribaban a las calles que rodean el Congreso inglés. El ruido se hizo cada vez más pesado. “Los parlamentarios llegaron. Boris Johnson llegó. Queremos verlos a todos e insistir: ¡no al Brexit. No al Brexit!”, exclamaba un hombre con una máscara de BoJo.

En la tarde del 25, periodistas de todo el mundo rodean el Parlamento y la casa de Johnson. John Peet, es uno de ellos.

El reportero cubre este tema desde el 2015 y espera tener alguna información exclusiva para armar una nota. La periodicidad del diario es semanal, sin embargo, día a día suben notas a la web y envían información a los suscriptores a través de newsletters.

Peet accede a recibir a Capital y explicar in situ la vorágine de noticias que por esos días atestan la prensa internacional.

“Yo era amigo de Boris. Ya no”

La reunión sería a las 5:30 de la tarde en su oficina, en el piso 6 del Adelphi, un edificio art decó situado entre Covent Garden y Trafalgar Square, a orillas del río Támesis. Ahí se instalaron hace dos años, luego de que la nueva directora, Zanny Minton, asumiera el cargo. 

John Peet llega apurado a su oficina. El autor del libro Unhappy Union: How the Euro Crisis –and Europe– Can Be Fixed, publicado en 2014, toma asiento en una mesa blanca con ocho sillas que está instalada en una sala abierta, contigua a su oficina. Junto a él trabajan dos periodistas veinteañeros. Al frente de su despacho      –un salón tipo pecera dentro de la sala de redacción– hay un lavaplatos, un mesón blanco, una repisa, vasos y una cafetera. “¿Te importa tomar agua en taza?”, me pregunta la encargada de comunicaciones. Al otro lado, una televisión colgada entre una pared y ventanales que dan a John Adam Street, la calle donde tiene sede este medio, que fue fundado en 1843.

Peet se queda mirando unos segundos el canal británico BBC, que entonces emite el televisor que esa tarde nos acompaña. “Quiero ver qué dice Boris. Va a hablar ahora. Todos estamos esperando que lo haga. Tiene que decir algo relacionado con el fallo de la Corte de ayer”, asegura. Y de inmediato añade: “Bueno, en todo caso, ya sé qué va a decir. Lo conozco. Así es que, empecemos. ¿Qué me quieres preguntar?”.

-Primero, ¿por qué lo conoces? ¿Por tu trabajo como periodista o algo más personal?

-Lo conozco desde Bruselas. Cuando él era el corresponsal del Daily Telegraph, precisamente en esa zona (lo hizo entre 1989 y 1994). Escribía de la Unión Europea. Lo conocí a él y a su ex mujer (Allegra Mostyn-Owen). Fue un amigo hace muchos años, ya no.

John Peet nació en mayo de 1954, en Mombasa. Creció en Kenya porque su padre, Frank Peet, fue diplomático del gobierno hasta 1963, cuando se instalaron en Oxfordshire. Asistió al Pilgrims’ School y al St. John’s College. Y estudió Economía en Cambridge.

Lleva 33 años en The Economist. Es conocido por su expertise en políticas europeas. De hecho, previo a este puesto, fue editor de política, de Europa, corresponsal de la UE –por eso maneja el francés a la perfección–, de Washington DC y de economía y finanzas.

Antes de entrar el periódico inglés, entre 1976 y 1986 trabajó en Tesorería y en la oficina de Asuntos Extranjeros. Hoy vive en Wiltshire, Londres. Está casado y tiene tres hijos.

-Y ahora que es primer ministro, ¿has entrevistado a Johnson?

-Aún no lo he entrevistado. No lo he visto, sinceramente. Nos vino a ver al diario hace seis meses, cuando era alcalde de Londres y nadie sospechaba que sería primer ministro.

-Volvamos atrás. ¿Eres de los que se sorprendió con el Brexit en 2016?

-Hicimos una apuesta entre algunos periodistas y mi predicción estuvo muy cerca. Me incliné, eso sí, por que la mayoría votaría por remain. Pero anticipé que sería una votación muy reñida. Entonces, claro, mirando atrás, pienso que sí fue una sorpresa el resultado.

-¿Qué va a pasar ahora?

-Mmm. Bueno, eso va a depender de lo que decida el Parlamento, que recién se reabrió. Pero tengo una apuesta nuevamente: no creo que nos iremos de Europa el 31 de octubre. También pienso que no lograremos ningún tipo de acuerdo. Entonces, lo más probable es que se produzca alguna extensión del plazo para decidir qué ocurrirá. Y para ello, en algún momento habrá una elección. Eso sí, no tengo idea quién la ganará. Eso es lo que puedo observar de acuerdo con los últimos acontecimientos.

-Está todo muy volátil.

-Sí, además la decisión de la Corte Suprema fue muy sorprendente. Bueno, con el reporteo diario uno puede concluir qué va a suceder. Los resultados de agosto de 2016 fueron muy estrechos. Y lo que ha pasado estos años es que los que entonces votaron en contra del Brexit han extremado sus posiciones, y se quieren quedar a como dé lugar. Mientras los que votaron “leave” también han acentuado sus posturas y quieren irse de Europa sin acuerdo. Lo más complicado de todo, es que entre estos dos mundos no se ve un atisbo de entendimiento ni intención de acercamiento. Esto no es muy fácil de lograr. Mira lo que le pasó a Theresa May (la ex primera ministra, antecesora de Johnson, que renunció en junio). Hubo tres intentos y los tres fueron rechazados. Tuvo que salir, no le quedó otra. Y ahora, Boris está buscando por todos lados un acuerdo. Pero, honestamente, no veo acercamiento ni mucha opción de que logre aquello.

-¿Qué le parece la resolución de la Corte?

-Pienso que estuvo muy bien. ¿Me sorprendió? Sí, bastante. La Corte puede revertir decisiones del gobierno. Y ellos, en este caso, favorecieron al Parlamento, porque este es el principal cuerpo democrático del país. Y ellos, los parlamentarios, estuvieron en lo correcto: esta suspensión era ilegal. Y lo que ellos afirmaron fue tan convincente, que la Corte emitió un fallo, prácticamente inédito en la historia del país. Es muy raro que algo así suceda, pero ha pasado en otras oportunidades en los últimos 20 años, ciertamente.

-Según un reportaje de The Guardian, los laboristas preguntaron a abogados qué sucedería con BoJo si deja la UE sin acuerdo. Los expertos hablaron de que, incluso, corre riesgo de cárcel.

-Eso es algo improbable. Hay una ley que explica que no puedes irte de la UE sin un acuerdo. Johnson dice que va a respetar la ley, pero también ha asegurado que se irá aunque esta se lo impida. Entonces, deberá encontrar un punto medio. Porque él insiste en que nos iremos de la UE, pero, al final, tendrá que cumplir la ley.

Cameron: “Fue su error convocar al referéndum”

A fines de septiembre, hay otra noticia que circula por la prensa inglesa: la publicación del libro For the Record, del ex primer ministro David Cameron, quien dejó su puesto en 2015, luego de que la opción leave se inclinara por sobre remain en el referéndum que él convocó durante su gestión. En el texto, Cameron dice: “Es algo que nunca olvidaré”.

Fue precisamente en ese momento, explica Peet, y dada la acumulación de noticias, que The Economist inventó el puesto que hoy encabeza. “Tuvimos que crear este cargo en agosto de 2015, cuando era obvio que habría una elección y ya era evidente que habría un referéndum. El tema es tan importante que requería a un periodista full time. El 26 de junio de 2016, cuando Gran Bretaña decidió, por un 52% de los votos, abandonar la Unión Europea (UE)”, señala. Y añade: “Estos días estoy reporteando entre Bruselas, París, Berlín… mañana parto a Italia. También converso con fuentes oficiales de aquí. Lo que pasa es que tengo que saber qué están pensando los otros países en Europa, qué está pasando ahí. Fui editor de Europa por muchos años, tengo buenas fuentes en esos gobiernos y en otros lados. Converso con ellos frecuentemente”.

-¿Leyó el libro de David Cameron?

-No.

En el momento que John Peet responde, otro periodista se incorpora a la conversación: “¿No lo has leído? Eso sí que es raro. John lee todo. Todo”. Peet Ríe. Se da media vuelta y le responde a su compañero: “Pero si no tengo el texto. Y, por lo demás, se ve muy largo”.

-Pero sabes lo que dijo ahí.

-Sí, claro.

-Dijo que siempre le dolerá el resultado del Brexit de 2016 y que nunca se perdonará haber llevado al país a esta situación. Suena a arrepentimiento, ¿o no?

-Sí. Él dice que había que hacer un referéndum, y en ese sentido, fue correcto concretarlo. Yo difiero completamente con él. Era absolutamente innecesario hacer un referéndum. Ese fue el principal error. Lo que pasa es que él tenía que hacer algo para tranquilizar a miembros de su partido que eran muy anti Unión Europea, pero no creo que los votantes, los ciudadanos en general, estaban muy interesados en Europa. Era solo algo que concernía al Partido Conservador. Ese es el gran problema. Y yo siempre lo dije: hacer un referéndum era muy riesgoso. De hecho, varios expertos recomendaron no realizarlo. Pero él aún cree que era lo correcto, que debía llevarse a cabo.

-Pero dice que le duele por lo que hoy están pasando…

-Bueno, por supuesto, no es para menos. Él no hizo una buena campaña, y, por otro lado, estuvo muchos años diciendo que la Unión Europea era una pésima organización. Entonces, era muy poco convincente para los ingleses escucharlo decir: “Deben permanecer. Votar en contra del Brexit”. No sonaba muy coherente. Bueno, ahora está viendo las consecuencias de sus palabras. Porque hubiera sonado mucho mejor que hubiera dicho: no es una organización tan mala, hace muchas cosas buenas por nosotros. Pero eso, nunca lo hizo.

-¿Qué opinas de Boris Johnson?

-Coincido con todas las críticas que se le hacen a Boris. Él es una persona que claramente no cree en nada. Lo conozco, trabajé con él en Bruselas y sé que no le desagrada la UE. De verdad, sé que no le desagrada realmente. Solo lo usó. Lo usó porque era la manera de convertirse en primer ministro. Y ahora su gobierno ha caído en desgracia.

-Hay miembros de su familia con los que se ha distanciado, como su hermano Joe, que dimitió al Parlamento.

-Claro, fue un momento importante y lamentable para él, que su hermano renunciara. Joe también fue periodista, trabajaba para el Financial Times. No están peleados en todo caso. A veces, la prensa exagera.

-Ustedes han escrito bastante de esto. No sabemos qué en concreto escribes tú, porque The Economist no firma sus artículos. ¿A qué se debe?

-Es una larga tradición. Nunca lo hemos hecho.

-¿Te parece bien? Muchos encontrarían raro no firmarlos.

-Para mí está bien. De hecho, yo creo que la mayoría de los lectores no tienen idea quién escribe las notas. Una vez mi madre, quien lee el Daily Telegraph todos los días hace 30 años, me preguntó quién era el editor de política. Ella no tenía idea, aunque su nombre aparecía cada día en el periódico. No es algo importante para los lectores. Para nada. A los únicos que les interesa es a los periodistas. Y a su ego.

Chile: “Sé que su economía es la mejor de Latinoamérica”

-The Economist ha logrado hacerle el quite a la crisis financiera de los medios. Zanny Middleton ha hablado de ello varias veces.

-Sí, todavía tenemos ganancias. Eso es algo grande en estos días (ríe). La circulación es grande, claro que eso es clave.

-La directora ha dicho que no dependen de la publicidad.

-Siempre hemos sido menos dependientes de la publicidad, sino que más bien de la suscripción. Especialmente en los Estados Unidos, también en Europa. Por eso es que hemos sido exitosos. Tenemos una gran circulación y no dependemos del mercado europeo. 1,6 millones de circulación. De eso, la mitad se queda en los Estados Unidos.

-¿Sabes algo de Chile?

-Sé dónde está. Sé del milagro económico. No escribimos mucho de ustedes en The Economist, es cierto. Pero sí sabemos, y hemos escrito, que es el país con la economía más exitosa de Latinoamérica.