El menor de los hijos hombres de Andrónico Luksic Abaroa no cree en la filantropía. Al igual que su padre, sostiene que regalar plata es botarla a la basura; y que si de ayudar se trata, hay que comprometerse y gestionar de principio a fin cada iniciativa. Con esa doctrina se involucró a fondo en la reconstrucción de caletas arrasadas por el terremoto y maremoto del 27/F. Capital lo acompañó hasta Loanco, en la VII Región, para conocer más sobre su faceta de empresario-social, sus experiencias en la materia y el rol de sus pares en estas lides. Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortiz.

  • 22 febrero, 2011

 

El menor de los hijos hombres de Andrónico Luksic Abaroa no cree en la filantropía. Al igual que su padre, sostiene que regalar plata es botarla a la basura; y que si de ayudar se trata, hay que comprometerse y gestionar de principio a fin cada iniciativa. Con esa doctrina se involucró a fondo en la reconstrucción de caletas arrasadas por el terremoto y maremoto del 27/F. Capital lo acompañó hasta Loanco, en la VII Región, para conocer más sobre su faceta de empresario-social, sus experiencias en la materia y el rol de sus pares en estas lides. Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortiz.

 

A Jean Paul Luksic Fontbona (46 años) no le gusta ser el centro de atención. Prefiere pasar desapercibido y andar tranquilo por la vida. Por eso, mientras posa para las fotos de esta entrevista en la playa de la caleta Loanco –una de las devastadas por el maremoto y que Antofagasta Minerals, el grupo minero que preside, acaba de restaurar completamente– confiesa que se siente incómodo. También deja en claro que las “poses poéticas” –como mirar el horizonte en actitud reflexiva– no van con él. Es un hombre práctico, concreto, que se mueve en el mundo de los números, las decisiones y la ejecución de proyectos.

Un poco tímido y de carácter reservado, quienes lo conocen dicen que es un “hombre de familia”; que no le gusta mucho la vida social; que prefiere pasar su tiempo libre yendo al cine con su mujer, la inglesa Belinda James y sus hijos; veranear dentro de Chile –por estos días descansa en Chan Chan, el fundo que su familia tiene en la ribera del lago Panguipulli– y practicar polo y enduro ecuestre, dos de los pocos hobbies que se le conocen. En eso es muy distinto a sus dos hermanos mayores, Andrónico y Guillermo –hijos del primer matrimonio de Andrónico Luksic Abaroa con Ena Craig– más acostumbrados a la vida social y cuyas aficiones, como escalar montañas y pilotar aviones, les confieren un perfil más glamoroso.

Tampoco destaca por sus inversiones personales. Al contrario de sus hermanos, que figuran como empresarios activos en la búsqueda de nuevos negocios –Canal 13 o Viña Tabalí– Jean Paul prefiere el bajo perfil y, aunque formó su propia family office a mediados de 2009, en el mercado se comenta que invierte todas sus platas fuera de Chile.

Es hombre de pocos amigos, pero muy cercanos. En su grupo de confianza están Denis Kennedy, empresario de la industria cosmética, a quien conoce desde sus años de estudiante en el Grange School; Ramón Jara, su mano derecha en Antofagasta Minerals, y Marcelo Awad, vicepresidente ejecutivo de la compañía. “Jean Paul es una persona que sabe trabajar muy bien en equipo. Escucha mucho, pregunta opiniones y no impone sus puntos de vista para tomar una decisión”, revela un colaborador cercano.

A pesar de su personalidad introvertida y de rehuir a los eventos sociales, su exposición pública ha ido en aumento en el último año. Con los altos precios del cobre, el holding minero no deja de crecer y es, sin duda, la principal fuente de riqueza de la familia. Pero también la veta social de este empresario lo ha colocado en la palestra pública. Así sucedió, por ejemplo, el año pasado durante la campaña Chile Ayuda a Chile, en la que Jean Paul participó activamente como telefonista, junto a personajes como Américo, Marcelo Bielsa y Stefan Kramer.

Ahora, vuelve a tomar protagonismo en la reconstrucción con su proyecto La Ruta de las caletas, que Antofagasta Minerals desarrolla en la VII Región. Hasta allá llegó el viernes 11 de febrero para inaugurar la caleta de Loanco, la primera reconstruida por la empresa, con el apoyo del gobierno y de la Asociación de Oficinas de Arquitectos, a la que se sumarán Pelluhue, Curanipe, Pellines, Boyecura y Duao. Y hasta allá lo acompañó Capital…

-¿Dónde estaba usted el día del terremoto?

-En mi casa en Santiago. Habíamos recién llegado del sur a las 8 de la noche, con mi familia. Y por suerte estábamos todos en la casa y no tuvimos el problema que tuvieron otras familias que estaban separadas, con los niños en discoteques o en cualquier parte.

-¿Cuándo se dio cuenta de la magnitud de lo que había pasado?

-Yo creo que todos nos dimos cuenta de la magnitud esa misma noche. Después, lo primero que hicimos fue reunirnos para evaluar cómo nos había afectado en nuestras operaciones y a las familias de nuestros trabajadores. Terminamos bastante tranquilos. En general todo estaba bien, así es que tras esa reunión comenté a los ejecutivos de la compañía que, dado que no teníamos ningún problema, teníamos que pensar en cómo ayudar a la reconstrucción de Chile. Fue un llamado muy general, que pensaran cómo lo podíamos hacer. Nada más. Y en la tarde empezaron los primeros llamados: “porqué no hacemos esto”, “¿te acuerdas que para el terremoto de Tocopilla ayudamos así?”

-¿Cómo surgió la idea de apoyar la reconstrucción de las caletas? ¿Cuál es su vínculo con la región?

-No tenemos ninguno en particular… Yo llamé a la autoridad y le ofrecí la posibilidad de ayudar en una primera etapa en llevar maquinaria y despejar los caminos de acceso. Empezamos en Talca. Ahí nos dimos cuenta de que había un pueblito, que se llama Curepto, que estaba mucho más complicado, y empezamos a trabajar en forma muy fuerte con su alcalde. Entonces decidimos que, como grupo, queríamos quedarnos un tiempo mas largo y colaborar no sólo con recursos financieros sino también con gente nuestra, con capacidad de gestión. El domingo 7 de marzo del año pasado nos reunimos en las oficinas de Rodrigo Galilea, el intendente de la Región del Maule, que estaba a días de asumir en su cargo, para evaluar qué hacer. El tenía súper claro que una de las zonas más afectadas era el borde costero. Dado que nosotros tenemos mucha relación con comunidades y caletas de pescadores en el norte, tanto en Coquimbo como en Antofagasta, empezamos a conversar y a generar este proyecto.

-¿Cómo se ha involucrado usted en este proyecto? Y en ese trabajo, ¿qué momento lo ha marcado más?

-Desde el inicio participé en las reuniones sobre el proyecto, la conformación de los equipos, para luego ir viendo sus avances y participando también en algunos hitos en terreno, como la entrega de los primeros botes. Muchos pescadores no sólo habían perdido sus casas, también su fuente de trabajo, su bote y motor. Además, las caletas donde operaban quedaron destruidas por el maremoto. Una triple pérdida que nos impactó. Nos pidieron ayuda para recuperar los botes y los motores perdidos, una iniciativa muy importante para comenzar. No fue fácil: había una escasez tremenda de motores, nuestros ejecutivos se ingeniaron para conseguirlos y todo se fue dando gradualmente.

-Y en lo personal, ¿algún momento especial que tenga en mente?

-Tengo en la memoria algunos. El primer bote entregado a los pescadores en la caleta de Pelluhue y la felicidad de don Pedro Segundo Leal, quien a los pocos meses de la tragedia podía volver al mar y empezar a retomar su vida normal. Hoy, es muy satisfactorio ver la alegría de los pescadores y de sus mujeres, porque ellas van a ser las que se queden a cargo de los recintos gastronómicos; ellas fueron capacitadas por Inacap durante dos meses para administrar estos lugares, porque la idea es agregarle valor turístico y gastronómico a esta zona e impulsar el emprendimiento. Esos fueron los lineamientos fundamentales de nuestro trabajo: crear una red de talentos, buscar a la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile, la AOA, que ha desarrollado un trabajo profesional impecable, comprometido y gratuito para que 6 caletas quedaran mucho mejor que antes. Hubo reuniones para desarrollar el programa, seguimiento y mucho, pero mucho trabajo en terreno. De manera voluntaria un vicepresidente y un par de gerentes se ofrecieron para liderar el proyecto… Contactamos a la WWF para que hiciera sus recomendaciones y un análisis temprano y rápido de las condiciones medioambientales mínimas que debíamos cumplir.

"Las posibilidades de éxito aumentan si, en los proyectos e iniciativas que buscan un mejor y mayor desarrollo de las personas, se trabaja de manera conjunta entre las empresas, los gobiernos y la sociedad civil".

-¿Cuáles son los beneficios de establecer alianzas público-privadas para impulsar este tipo de iniciativas? ¿Son polos opuestos o pueden coexistir bajo un mismo proyecto?

-Estos proyectos no podrían llevarse a cabo de manera exitosa sin las alianzas. Son alianzas estratégicas, con la Asociación de Oficinas de Arquitectura, con los sindicatos de pescadores, con las autoridades, con los gobiernos central y regional. Fue clave trabajar con el ministerio de Obras Públicas o la Dirección de Obras Portuarias, por ejemplo. O con el ministerio de Economía, para ver la forma de potenciar el programa Volvamos a la mar. Este proyecto nos permite visualizar una muy buena práctica: las posibilidades de éxito aumentan si en los proyectos e iniciativas que buscan un mejor y mayor desarrollo de las personas se trabaja de manera conjunta entre las empresas, los gobiernos y la sociedad civil.

Lo importante es que se desarrolló una fórmula, un modelo que es perfectamente replicable, y que puede ayudar a cambiar la fisonomía de una zona, en coordinación con el sector público y la sociedad civil. Las 6 caletas de la Ruta se destacan por un diseño inconfundible, porque tienen una vista espectacular, están hechas con una arquitectura noble y materiales que son de cada zona. Y como la sustentabilidad es fundamental, les incluimos energía solar para los baños y duchas de los pescadores, manejo de residuos, tratamiento de aguas servidas… de verdad, son caletas modelo para Chile.

-¿Cómo ha sido el proceso de reconstrucción en las zonas donde ustedes están trabajando?

-La reconstrucción es una tarea titánica. Había mucho, pero mucho, en el suelo. Desde el comienzo, nuestro objetivo no sólo fue el financiamiento del proyecto que incluía infraestructura física, botes y motores, sino que queríamos agregar valor en lo que sabemos hacer. Eso significó llevar al Maule la forma en que nosotros desarrollamos nuestros proyectos mineros, donde la comunidad, por ejemplo, juega un rol clave.

Como grupo minero nos importa la innovación, nos importan la participación, la sustentabilidad y generar emprendimiento: que nuestros desarrollos generen a su vez otros desarrollos. Nos abocamos a conocer la cultura local, a conversar mucho con todos los actores. Llevarle a cada uno el proyecto y recibir sus comentarios e inquietudes. Dispusimos de los recursos económicos pero, sobre todo, de profesionales que debieron sumar esto a sus labores habituales.

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-¿Cuáles fueron los principales desafíos?

-El primer desafío fue reconstituir rápidamente la capacidad pesquera. Fueron 180 motores y 55 embarcaciones para recuperar la flota con nuevos y mejores botes, más potentes y seguros. En esto nos sumamos a una iniciativa del gobierno –Volvamos a la mar– en que se financiaban los botes y motores con un 25% del Fondo de Fomento de la Pesca Artesanal, un 50% del grupo Antofagasta Minerals y un 25% del propio pescador, quien participó con fondos propios o con apoyo de créditos bancarios. La clave, nuevamente, fue el diálogo y construir soluciones a la medida para cada beneficiado. Esta etapa la cerramos en noviembre de 2010. No fue fácil, no había en Chile suficientes motores ni botes para rearmar la flota del Maule en un tiempo muy corto. Pero lo hicimos, se encargaron, se trajeron, los pescadores pudieron escoger el bote y el motor que necesitaban. Hubo un segundo desafío: reconstruir seis nuevas caletas, reponer las instalaciones de uso diario para la faena pesquera; pero agregamos cadenas de frío, por ejemplo… Y generamos un nuevo polo turístico con una capacidad total para más de 800 personas. La idea era que en cada lugar hubiese un nuevo recinto gastronómico que sirviera para mejorar la calidad de vida de las familias, sumando nuevos ingresos.

Dar y saber contarlo


-Como familia se ve que están más activos en temas relacionados con filantropía. ¿Hay interés por mostrar más lo que hacen?

-De partida nosotros no le llamamos filantropía; creemos que es la responsabilidad empresarial que tenemos. En general, en la filantropía tú regalas dinero y no te involucras. Ahora, cosas como la Teletón: tú sabes que hay una estructura responsable que administra muy bien los recursos y una obra muy notable, pero en general nos gusta hacer cosas donde podamos gestionar. Somos conscientes de que nuestro trabajo no termina al hacer bien las cosas, cumplir la ley laboral y pagar nuestros impuestos. La compañía tiene interés en hacer algo a través de una donación de dinero, pero lo importante es que esa plata se ocupe de la mejor manera posible y que se logre el máximo rendimiento. A nosotros nos hace mucho sentido este proyecto. Podríamos haber llegado y simplemente construir algo, entregar botes y después, irnos. Pero aquí la idea fue decir qué tal si le pudiéramos dar una vuelta y hacer algo mejor que lo que había. Fue una tremenda experiencia y desafío, y creemos que hay una muy buena posibilidad de que resulte; y con el entusiasmo que vemos de los pescadores y familias de los pescadores ojalá que en el futuro haya un mejor sistema de carreteras y caminos que permitan comunicar mejor esta zona, y que haya un turismo más renovado.

-No todos los empresarios chilenos tienen esa exposición en los temas sociales. ¿Por qué cree que ocurre esto?

-Creo que la gran mayoría de los empresarios chilenos hace muchas cosas, y las hace bien, pero la mayoría no nos preocupamos por darlo a conocer o mostrarlo.

-Mucha gente dice que esto de que aparezcan los hermanos donando públicamente los humaniza…

-Muchas veces nos pasa que estamos tan enfocados, el día a día es tan intenso, que uno se sale por un tiempo… pero debe volver a lo suyo. Pero, obviamente, somos tan humanos como el resto y gozamos y lloramos con las mismas cosas que los demás. Mi padre partió con fundaciones y con el tema de la educación, pero no vas diciendo por ahí yo hago colegios…

– ¿Pero hay algo de pudor ahí?

-Bueno, uno trata de hacerlo lo mejor que puede.

Regalar plata es botarla


-¿Qué lección le dejó su padre en los temas de ayuda social? ¿Recuerda algún episodio, alguna conversación en ese sentido?

-Sí, me acuerdo de cosas bien importantes. El decía que regalar plata es una tontera: regalarla es botarla. Si lo vas a hacer haz el proyecto completo, trata de darle gestión. De hacerlo bien. Mi papá siempre se molestaba cuando leía que en otras partes del mundo hay fortunas que se pierden. Y él decía: “esto no tiene sentido”. Está bien, es bueno dar, pero agarra el problema completo y preocúpate de todo el paquete, no sólo de una parte. De él aprendimos que no sólo podemos ser actores del desarrollo económico del país. Siempre le inquietó apoyar iniciativas en que fomentáramos las oportunidades de las personas, sobre todo en aquellas comunidades donde estuviéramos insertos. Aquí hemos hecho un tremendo esfuerzo y creemos que estamos ayudando a resolver un problema. Esperamos que el tiempo nos demuestre que fue correcto.

-¿Cómo cree que está el resto del empresariado chileno en cuanto a las donaciones? ¿Estamos atrasados como país?

-Atrasados con respecto a otros países desarrollados sí, pero no creo que sea una situación dramática. Hay países donde estos temas tienen tratamiento tributario, incentivos que los hacen mucho más interesantes, hay países con más historia de esto, pero Chile no está mal. Es un tema también de historia. Chile ha sido un país muy empobrecido durante mucho tiempo y solamente en los últimos 30 años ha logrado generar y acumular riquezas. No tenemos una historia tan larga como otros países donde se puede hablar de cientos de años de riqueza.

-¿Pero falta una cultura de ayuda social?

-Obviamente. Y junto con eso viene una cultura, una percepción donde todas las personas se sienten llamadas a contribuir en algo. Y en eso encuentro que Chile no está mal, no es el mejor tampoco, tenemos mucho que aprender, pero estamos a medio camino.

"Mi papá decía que regalar plata es una tontera, regalarla es botarla. Si lo vas a hacer haz el proyecto completo, trata de darle gestión. De hacerlo bien", afirma el menor de los hombres del clan.

-Sólo las donaciones a iniciativas culturales tienen rebaja tributaria. ¿Deberían incrementarse los incentivos para este tipo de prácticas?

-Por supuesto. Para qué vamos a inventar la rueda. En otras partes existe y funciona bien. Copiémoslo. Toda iniciativa que vaya en esa línea es bienvenida. Permite de alguna manera tener mayor amplitud de instrumentos para poder contribuir. Por ejemplo, los incentivos para las donaciones en las zonas del terremoto nos ayudaron a que este proyecto tuviera un alcance y nivel de profundidad distinto, mucho mayor.

-¿Han hablado de estos temas con el gobierno? Cuando se juntaron varios empresarios después del terremoto con el ministro Larraín, ¿se tocó este tema?

-Más de alguna vez lo hemos conversado. En esa reunión se tocó cómo poder ayudar a la reconstrucción y uno de los temas que se habló fue los diferentes incentivos que existen en otros países y aquí no, pero la disposición a ayudar estaba ahí entre todos los presentes.

-¿Qué le parece la iniciativa de algunas fortunas en Estados Unidos que, impulsados por Bill Gates, están donando la mitad de lo que tienen a filantropía? ¿Estamos muy lejos de eso?

-Yo entiendo que se han producido situaciones en las que ha habido donaciones a fundaciones que hacen un trabajo muy bueno. Y eso tiene sentido, porque estás donando a alguien que realmente le va a sacar provecho a lo que se está haciendo. Son realidades distintas, son estados distintos y probablemente en el futuro en Chile suceda. Pero me parece que tanto en Estados Unidos como en otras partes, los países tienen momentos en que eso es lo correcto.

Estilo Luksic

-¿Cuál es el estilo que define a la familia Luksic en estos temas?

-Nosotros como familia tenemos un tremendo compromiso con Chile. Mis dos abuelos fueron inmigrantes, por el lado de mi papá y de mi mamá, pero obviamente nosotros como familia estamos tremendamente agradecidos de las oportunidades que Chile nos ha dado. Nos sentimos más chilenos que nadie, nos encanta lo que hacemos, nos encantan las oportunidades que se nos han dado. Mi papá nos metió el bichito de ser empresarios y esta cuestión es tremenda, porque uno no para nunca, te vas metiendo de proyecto en proyecto y si no tienes proyecto te aburres y hay que buscar otro proyecto y vivimos siempre en la misma. Al final uno dice es mi país y con mis proyectos genero empleo, genero riqueza. La gente tiene acceso a nuevos estándares de vida, yo lo veo en los proyectos mineros. Nosotros contratamos en el peak de las construcciones 15 mil o 20 mil personas, y en una operación normal nosotros tenemos entre 2 mil y 3 mil personas, pero con salarios muy buenos, con estándares de vida muy superiores, con capacitación. La masa laboral que existe hoy en día en la minería es de una capacidad y un talento impresionantes. Y para uno es un tremendo orgullo, porque hemos sido capaces de traer platas de banqueros, de socios de afuera, para hacer aquí estas tremendas inversiones.

-¿Qué es lo que los diferencia a ustedes, como familia, de otras grandes fortunas como los Matte o los Angelini?

-No lo sé. Me imagino que a ellos les debe pasar algo muy similar. Ser empresario es como un bichito y al final es algo muy raro, porque siempre andas buscando algo que hacer, te entretienes, te gusta y además tiene esta cosa maravillosa de que aportas al progreso de tu país.

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Mostrar el éxito

-Y en esta vorágine de siempre estar haciendo cosas, ¿hay espacio para el lujo, para darse sus gustos?

-Yo creo que hay un problema de tiempo al final del día. A todos nos encantaría poder aprovechar más y, sobre todo, a la familia. El tiempo para las familias es lo que más se reclama. El tema del lujo creo que no figura en ninguna prioridad. El tema es el trabajo y la familia, y por Dios que cuesta equilibrar la vida, y hay que darle un tiempo razonable al trabajo y un tiempo razonable a la familia.

-¿Se consideran una familia austera?

-Sí, creo que sí.

-Ya, pero es comentado que en general los empresarios chilenos son austeros en Chile y que cuando salen del país se atreven a mostrar mucho más su riqueza… ¿Hay una cultura de no mostrar lo que se tiene?

-Hay una diferencia brutal entre Chile y países como Estados Unidos, donde mostrar lo que uno tiene está bien visto, es parte de mostrar el éxito. Aquí todavía arrastramos un poquito esta sensación de que no a todo el mundo le gusta que otros sean exitosos. Todavía hay algo de eso en la psiquis nacional.

-¿De dónde cree que viene eso?

-Es algo histórico. Creo que hay un tema cultural, pero eso tienes que preguntárselo a un sociólogo.

La caleta de Loanco quedó completamente destruida por el tsunami. La obra que la reemplaza cuenta con recintos gastronómicos para potenciar el atractivo turístico de la zona.

-¿Qué opinión tiene de la elite chilena?

-No sé lo que es la elite chilena. Yo lo que creo es que el empresariado chileno lo hace muy bien. Siempre podemos mejorar las cosas y hacerlo mucho mejor, pero creo que el empresariado chileno es de lujo, se la ha jugado por este país, han hecho inversiones en este país, han salido desde Chile a invertir en países vecinos. Nos ha ido bien, nos ha ido mal, como sucede en todos los emprendimientos. No siempre las cosas salen como uno quiere, pero son gente que se para de nuevo, vuelve a hacer sus proyectos… Tengo una muy buena impresión del empresariado chileno.

-¿Hay algún empresario chileno que admire en particular?

-Mi padre. Esa capacidad infinita de emprender y hacer cosas. “Falta gente preparada”

-¿Qué hace falta para que Chile llegue a ser un país desarrollado?

-Mucha educación. Y mucha mejor educación. Nos falta gente preparada. Cada vez más, el talento, la búsqueda de talentos, es un asunto crítico para nuestras empresas. La capacidad de emprender e innovar es fundamental también para que podamos llegar a convertirnos en un país desarrollado.

-Usted dice que en Chile se necesitan más empresas y más empresarios haciendo cosas. ¿Cómo visualiza que serán los empresarios chilenos del futuro?

-Me gustaría entender que van a ser muchos… y más preparados, y más abiertos a la innovación, más dialogantes con el mundo científico y universitario, más abiertos a la diversidad cultural de las personas, de las nuevas ideas. También, más preocupados por el entorno, por el medioambiente.

-¿Cuáles son los sectores de la economía que liderarán el crecimiento económico en los próximos años?

-La minería sin duda, y con un país con más recursos, probablemente la construcción y las inversiones en obras públicas van a ser fuertes. Chile es un país inserto en el mundo, y el mundo está cambiando muy rápido, lo que puede asustar a algunos. Sin embargo, la última crisis nos dejó una lección importante: Chile es un país sólido. Por lo mismo, debiéramos confiar, e invertir más en investigación y desarrollo. Esto es fundamental si queremos jugar en las ligas mayores.

-La sensación ambiente que se vive en el país es que la economía va mejorando y que 2011 será un buen año. ¿Comparte esa percepción? ¿A qué se debe, cree usted?

-Esperamos un buen año, sobre todo porque hace un buen tiempo que se vienen desarrollando economías que tienen un peso gravitante a nivel mundial. Por otra parte, en Chile, a pesar de haber tenido que enfrentar en 2010 las tremendas consecuencias del terremoto y maremoto del 27 de febrero, hemos logrado ir sobreponiéndonos y en el transcurso de un año pudimos crecer económicamente, generando empleos y desarrollo. Todavía queda mucho por hacer y ahí está el gran desafío.

Pastelero, a tus pasteles
-Cómo evalúa la gestión del gobierno este último año?

-Claramente, ha sido un año difícil para el gobierno. Debe haber pocos desafíos más grandes que levantar el país.

-¿Pero usted votó por Piñera?

– De política prefiero no hablar.

-Hay personas que han alertado sobre la concentración de poder que existe actualmente en Chile. ¿Es algo que le preocupa?

-Entiendo que es un tema, dado que se habla al respecto. Obviamente, a nosotros los empresarios no nos parece tan tremendo, se da en todas partes del mundo y mucho más en economías pequeñas como la nuestra. Lo que tenemos que seguir viendo es cómo generamos más empresarios que den más trabajo, generen más oportunidades, para así sacar adelante el país.

-¿Le ofrecieron algún trabajo en el gobierno?

-(Risas) No, no me ofrecieron.

-¿Le habría gustado?

-Pastelero, a tus pasteles. El tema mío es esto, esto es lo que sabemos hacer, no creo que esté en una etapa de dedicarme a algo distinto. Yo creo que le vamos a aportar mucho más a Chile desde nuestras empresas.