Iván Valenzuela, conductor de T13 Radio y Teletarde cuenta que hace diez años decidió dejar de opinar en los medios. “Me cansé (…) Además, otros lo hacen mejor”. Asegura que no está en la mejor etapa de su carrera, pues “siempre he sentido que estoy en un buen momento”. le incomodan los privilegios, le carga la “zorronería” y le preocupan Facebook, Amazon, Google y Apple: “Han degradado a los medios de comunicación, que son los únicos capaces de combatir sus mentiras”.

  • 18 agosto, 2019

¿Eres el mejor periodista de la radio?

-No, pero soy el que mejor lo pasa.

 

 

 

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A los 8 años, Iván Valenzuela era un fanático consumidor de televisión. Dice que se sabía de memoria toda la programación, hora por hora, de TVN, el único canal que se veía en Linares, ciudad donde vivió junto a sus padres y sus dos hermanas mayores desde los 3 a los 10 años. “Veía tele todo el día. Te podía recitar qué daban a las 4:30 pm y a las 6:00 pm”.

Cuando una tía llegó con entradas para Sábado Gigante, el conductor de Mesa Central creyó que soñaba. “En esa época vivir en Linares era como estar en el desierto del Sahara: no había nada, viajábamos a Santiago a comprar”, cuenta. En una de esas visitas a la capital le regalaron el “pase” al programa de Mario Kreutzberger. “No tenía idea de qué se trataba, no conocía Canal 13, solo el 7”, recuerda el conductor de Teletarde.

De ese día aún hay escenas que guarda en su memoria: “La enorme cola para entrar, el gimnasio donde se emitía el programa en Lira y las luces. Me parecieron muy raras y fuertes. Hasta hoy pienso lo mismo”.

Más que de Don Francisco, se acuerda del productor, Antonio Menchaca. “Él era el que mandaba. El que coordinaba todo antes de ir a la acción. Mientras yo veía su trabajo, decidí: “Eso quiero ser yo”.

Lo que más se acercaba a ese oficio, pensó él, era el periodismo. Y se propuso entrar a esa carrera “cuando fuera grande”. Lo dice mientras come un sándwich de ave palta en un café de Vitacura, a las 4 de la tarde de un frío martes de agosto.

Valenzuela viste jeans azul claro, un chaquetón de tweet hasta la rodilla y usa anteojos con marco azul que a ratos se pone y a ratos se saca. “Perdona, llevo muchas horas sin comer y me muero de hambre. ¿Tú quieres algo?”.

Las canciones, la siesta y las teleseries

Lunes 5 de agosto. “I can’t stand it, I know you planned it…” Se escucha la letra de Sabotage de los norteamericanos Beastie Boys por la 103.3 y el anfitrión de Mesa Central, que emite Teletrece Radio todos los días entre 7 y 10 am, empieza a hablar. “Amanece en la ciudad de Santiago y el eco viene de Estados Unidos, las dos matanzas en un día dejan la sensación de terror (…)”. La melodía sigue sonando fuerte durante tres minutos. Valenzuela, melómano y ex periodista musical, recuerda que el fundador de ese grupo, Adam Yauch, ese día cumpliría 55 años. Por el streaming se ve cómo cabecea la canción mientras subraya sus papeles. A las 7:04 parte la cortina del programa.

El despertador de su iPhone suena a las 5 am de lunes a viernes. Lo primero que hace entonces es mensajearse con la productora Joyce Ríos. “Todo esto muy callado porque está toda mi familia durmiendo”, acota. Está casado desde 1998 con Rosario Camacho, con quien tiene tres hijos: Olivia, Lucas y Nicolás.

“A esa hora elijo las cinco canciones que vamos a ocupar”, retoma. Como Valenzuela se ha desempeñado en este rubro desde el inicio de su carrera, en 1991, cuando era comentarista de Wikén, propuso darle este sello a Mesa Central mientras craneaban la radio del canal de Andrónico Luksic, emisora que se lanzó en 2015.

Ya en pie, lee Emol y la pauta que le envían a su mail los periodistas que trabajan con él la noche anterior. También revisa la portada de LUN y los principales titulares de la prensa internacional, como el New York Times y The Guardian. “Si algo me llama la atención, profundizo. Imposible leer todo. Pero sirve para darme una idea de la temperatura”, cuenta. “Y como tengo memoria, después me acuerdo bien de lo que leí”.

Entre las 6:15 y 6:30 am llega a Alcalde Dávalos 174, donde está la radio. Se instala en el locutorio y escribe la introducción del programa. Hojea los diarios nacionales en el papel, mientras se toma un jugo prensado que su mujer le manda todos los días. Cuando termina, entre 10:30-11:00, come algo. Ahí cruza al canal para conducir Teletarde (con Mónica Pérez). Llega a su casa tipo 3 pm, duerme siesta y ve tele.

-¿Alguna serie?

-No, teleseries de señal abierta.

-¿Cuál estás viendo ahora?

-Justo se terminó Volver a nacer… la veía yo no más parece. Por eso Canal 13 decidió ponerle fin (ríe).  A mí me gustan mucho las teleseries, las malas principalmente. Antes veía una de TVN, Pasión de gavilanes, que era horrorosa. Leo pocas novelas durante el año, por eso aprovecho el verano.

El último libro que leyó fue el que escribió Rodrigo Fluxá sobre el caso Haeger.

-¿Cuánto rato dura tu “desconexión”?

-Como dos, tres horas. Lo que me resulte. Igual a veces me llaman de la pega, o me junto con alguien para conocer bien un tema que se discute en el país. A las 8pm no vuelvo a pescar el teléfono. Tendría que ser algo muy urgente para contestar.

-¿A qué hora te duermes?

-Hace muchos años trabajo en horario matinal y nuestro acuerdo de matrimonio fue que el trabajo no pude arruinarnos la vida. Siempre dejé espacio para nosotros. Por eso duermo siesta. Es como un placer burgués. Me cuido como deportista, sin serlo. Porque sé que si no estoy bien físicamente, no puedo hacer bien lo que hago. Trato de no comer demasiado. Pero de repente me gana la ansiedad también. Y si salgo, me tomo un solo trago y no cuatro. Es mi única regla. No me paso, porque a mi edad cuesta mucho recuperarse. Despertarte a las 5 am habiendo chupado es como… bien lo peor.

 

Sobre Mark Zuckerberg: “No tiene responsabilidad editorial”

Iván Daniel Valenzuela Urra nació el 3 de mayo de 1966 en Rancagua. Sus padres, Luis e Iris, oriundos de esa ciudad de la VI Región, no tenían estudios universitarios, pero la familia siempre tuvo buen pasar: él hizo carrera en Banco Estado, donde partió siendo cajero y terminó como agente. Ella se dedicaba a los trabajos de la casa. “Una vez dije que cuando éramos chicos, éramos pobres. Lo que pasa es que el país era pobre, no nosotros. Y mi mamá estaba súper ofendida. Porque en realidad nunca fue así. Yo en un momento iba al Campus Oriente en auto. ¡En los 80!”, agrega.

Se mudaron a Linares hasta que llegaron a Santiago. A Valenzuela lo matricularon en el colegio Calazans, en Ñuñoa, donde estuvo dos años, y se cambió a La Salle. Egresó con 16 años y en 1983 ingresó a Ingeniería Comercial a la Universidad de Chile, porque su puntaje en la PAA no le dio para Periodismo. Doce meses después entró a la carrera con la que soñaba, en la UC.

En tercer año, cuando tenía 20, se tomó una pausa: tenía inquietud vocacional y pensó ser sacerdote. Pero decidió que lo suyo era el periodismo y tener familia. En cuarto hizo la práctica en la revista Wikén de El Mercurio, cuando María Olga Delpiano era la editora. “Fue mi profesora y le pedí entrar. Después ella se fue de prenatal. La Ana Josefa Silva quedó como editora y se abrió un espacio. Terminé la práctica el 7 de marzo del 88. Me acuerdo porque fui a comentar un concierto de Los Jaivas, y Gabriel Parra murió unos días después. Entré a trabajar el 25 de julio del 88. Era el cumpleaños de mi mamá”, señala.

-En una entrevista decías que en esa época pensaban mucho en los lectores del futuro.

-Bueno, por eso se inventó Zona Contacto en 1990.

Valenzuela se desempeñó como editor de aquel suplemento, donde trabajó con Felipe Bianchi, Alberto Fuguet y Pablo Márquez.

-¿En la radio están pensando cómo serán sus consumidores en el futuro?

-A mí me preocupa más otra cosa, me preocupa que exista el futuro. No estoy haciendo una predicción distópica. Yo creo que una parte de FAGA (Facebook, Amazon, Google, Apple, explica) les ha hecho un daño, que ojalá no sea irreparable, a los medios de comunicación y a la democracia. Estos medios manipulan la democracia. Y el problema es que dicen que son solo plataformas, no medios. El señor que inventó 8Chan (sitio norteamericano) decía que lamentaba mucho lo que había pasado y que su plataforma hubiera terminado alojando a un terrorista que mató a 30 personas en El Paso, hace dos semanas. ¡Hazte cargo! Creaste un sitio que generó un receptáculo de eslóganes que son prejuicios sobre otras personas que desembocaron en violencia. Y Mark Zuckerberg (fundador de Facebook), cuando le dijeron, “oye vendiste datos de 50 o 80 millones de usuarios a unos gallos que lo utilizaron para modular su publicidad electoral”, responde: “Yo no soy un medio de comunicación, no me rijo por esos estándares editoriales, Internet es libre”. Insólito. Me acuerdo cuando estábamos creando Cooperativa.cl, que yo les decía a los chiquillos de Internet: “No me gustan los foros porque la gente insulta mucho”. Ellos me decían “no los podemos censurar, internet es libre”. Chuta. Yo soy súper liberal, pero con esto me topo.

-Cuando la mala información afecta en la toma de decisiones…

-Puedo mantener mi opinión sobre si la ley antiterrorista es buena o mala, sobre si la integración tributaria es regresiva o progresiva, pero no me puedo guardar una opinión cuando lo que está en juego es el Estado de derecho. Me preocupa que para el Brexit, los ingleses hayan sido manipulados con la idea absurda de que 70 millones de inmigrantes turcos iban a llegar al Reino Unido, y que eso haya sido modulado por una empresa que quería hacer propaganda política.

Cuando la vida real sobrepasa la línea de tiempo de Facebook o de Twitter, tienes un problema. Por eso: regulemos Facebook. Dividámoslo, así como lo hizo ATNT. Porque no puede ser que esté en las manos de un gallo que no tiene en su directorio contrapeso. Eso no es capitalismo, no es libre mercado. Segundo, ese señor ha demostrado que no tiene responsabilidad editorial respecto del poder que tiene. Al contrario de lo que dice el Hombre Araña, para él grandes poderes no han implicado grandes responsabilidades. Y tercero, entre Facebook y Google se han llevado el 80% de la torta publicitaria.

-Ahí los medios pierden…

-Entonces han degradado a los medios de comunicación, que son los únicos capaces de combatir las mentiras que propagan ellos. Vaya paradoja. Entonces, disculpen, esos señores tendrían que compartir la torta publicitaria de alguna manera, o por la vía impositiva o por otra vía.

-Ahora hay que pagar suscripciones. ¿Cuál es tu análisis del fenómeno?

-La gente tiene que entender. El otro día escuché a alguien decir: “Descubrí cómo hacer para entrar a La Tercera online sin pagar”. Yo le advertí: “Cuando desaparezca LT y este medio, no te quejes”. Si nos vamos a suscribir, nos vamos a suscribir, no me huevees. Perdona el garabato, pero me enojo.

-¿Estás de acuerdo con que hay que pagar para informarte?

-Por ahora no me queda otra. La información gratuita me parece que se terminó para siempre, porque ya no somos capaces de monetizar como lo hacíamos antes, porque pasó todo esto. Y yo le encuentro razón a los anunciantes, si es mucho más efectivo llegar a una persona que a 80 mil. Lo que no tiene sentido es que dejes desprovisto al resto porque el estado democrático lo requiere.

“Me cansé de opinar”

En 1991 renunció a El Mercurio. Entonces, Valenzuela tomó “otro receso”: quería estudiar piano. Al año siguiente aterrizó en la televisión por primera vez, como editor periodístico del programa Ene-TV de TVN y comentarista de espectáculos de 24 Horas. Ahí estuvo hasta que nació la radio Rock&Pop, donde fue conductor de programas. Lo más grande para él ocurrió en 1995 cuando participó en la creación del Canal 2 Rock&Pop del cual fue subdirector. Ahí también trabajaron los periodistas Juan Manuel Astorga, Consuelo Saavedra, Soledad Onetto, Maritxu Sangroniz, Montserrat Álvarez, Sergio Lagos, entre otros. Cuatro años después, el canal quebró.

En 1998 asumió como director de programación de Radio Cooperativa. Se quedó ahí por 17 años, hasta que el 13 creó su propia radio. En todo caso, el fichaje en Inés Matte Urrejola ocurrió muchos años antes. Sucedió en 2001, al ser nombrado subdirector de producción. Pero no le gustó el área administrativa, dejó ese puesto y se dedicó a programas en pantalla; como Biografías, El Triciclo, Amenaza Real, Viva la Mañana y En Boca de Todos. Después de finalizar este último, en 2010, le pidieron la conducción de Teletrece junto a Soledad Onetto.

-¿En qué fase de tu carrera estás?

-Comenzando el declive (ríe).

-Hay quienes me dicen que estás en tu mejor momento.

-Es raro porque siempre he sentido que estoy en un buen momento. Cuando trabajaba en la radio Rock&Pop, era increíble. Y cuando hicimos el canal Rock&Pop, a pesar de todo lo que pasó, era como “huevón, esto es la cagá”. En Cooperativa era director de programación. ¿Tú cachái lo que es eso a los 32 años? Es como llegar a la BBC.

-Cargos importantes desde muy chico…

-Claro, fue una carrera acelerada porque me tocó la suerte de que empecé junto con la transición y los jóvenes se pusieron de moda. Pero he aprendido que los momentos de mucha satisfacción también se terminan. Todo en esta carrera es pasajero. Piensa que después de haber contribuido a la radio Rock&Pop, quebramos el canal. Fue un horror, un horror. Y cuando me ofrecieron Teletrece, pensé “no podemos hacer lo mismo que estaban haciendo antes”. Presenté un proyecto porque estábamos en cuarto lugar, pero nunca se hizo. Fue un desastre profesional y anímico. Tratamos de hacer un noticiario que fuera distinto. Yo venía de En Boca de Todos, que era alucinante. Con la Carola Urrejola lo pasamos muy bien. Estaba hecho a la medida. Y se notaba.

-En Teletrece intentaron hacer un noticiero con opinión editorial.

-Sí, yo opinaba y ahora trato de opinar lo menos posible. Creo que se pasó de rosca ese periodismo y hay que diferenciarse. Si ya están todos opinando, para qué voy a opinar yo.

Hace una pausa, y retoma: “Un día iba manejando a mi casa y me escuché en la radio y dije: “¡Huevón, para de hablar! No quiero escuchar mi voz nunca más”. Eso ocurrió cuando hacía el central. Como que me cansé.

-¿Por qué?

-Lo que pasa es que yo estudio quince minutos los temas, mientras que hay otros que hicieron un doctorado al respecto. Algunos son unos idiotas, otros son muy simpáticos, otros insoportablemente egóticos, pero estudiaron un doctorado. Y los respeto.

-Se puso de moda el periodista opinante…

-Y yo encuentro que es súper correcto. Pero para qué mi voz, si hay otros que lo hacen súper bien. Encuentro que Tomás Mosciatti es un espectáculo, lo oí harto antes de empezar en Tele13 radio. Daniel Matamala es brillante; Mónica Rincón, increíble. Entonces, para qué voy a ir a disputar ese espacio si tampoco tengo algo tan interesante que decir. Te lo digo con cero modestia, porque yo modesto no soy. Te lo juro. Soy realista.

 

“Me molesta la zorronería”

-¿Qué te parece el fenómeno de los podcasts? Me dijeron que no te gustan mucho…

-Me gustan. Lo que no me gustan son las modas. Por eso me demoré en subirme al carro.

-¿Cómo es tu relación con las redes sociales? Cerraste Twitter una vez…

-Tengo una relación súper utilitaria, las uso por curiosidad, pero hace un tiempo decidí bloquear a cada persona que me insulta. Entonces no me vuelve a aparecer, con lo cual mi línea de tiempo se ha convertido en una isla de paz y tranquilidad.

-¿Te insultaban mucho?

-No, pero es una isla falsa, porque el famoso algoritmo satisface lo que tú quieres.

-Cuando el presidente Piñera fue a Mesa Central en 2016 te trataron de blando.

-Estoy acostumbrado.

-Tras ello, dijiste que tú optaste por un estilo más amable.

-Es que nunca he sido muy peleador.

-Una vez mencionaste que te incomodan los privilegios. ¿Cómo manejas eso?

-Tengo una pega soñada, hago lo que me gusta, me pagan bastante bien. Es cierto, me levanto a las 5 de la mañana, pero puedo estudiar biología con mi hijo chico. A mí me encantaría que todos los demás que son privilegiados administraran ese beneficio. Somos una minoría en el país, pero somos hartos.

-¿Y tú crees que se administra mal?

-Sí, eso es lo que más me molesta. La zorronería, como se dice ahora. El zorrón peloliso, como dice Óscar Landerretche. El zorrón me provoca molestia.

-¿Nunca fuiste zorrón?

-No, yo era un perno. La única época de mi vida que fui algo zorrón fue en la Rock&Pop. Era súper chico, me iba bien de plata y la verdad es que ser entre comillas famoso era súper heavy.

-¿Te creíste el cuento?

-Un poco. Pero como tengo esta cosa media católica, tampoco me creo tanto…

-Eres medio jesuita en tu forma de ser…

-Sí, totalmente. Aunque no estudié con ellos, me encantan y mis hijos estuvieron en un colegio jesuita.

-¿Eres culposo con el tema de la plata, el éxito?

-Sí totalmente. Lo que me gusta es ser consciente. Tengo un auto rico, pero piola. Un Audi A1. Hay otros del mismo porte, también city car, pero este es mejor. Antes tenía un Mercedes y lo cambié porque era musho. Además, te miran muy raro. No soporto que me miren. Lo cual es curioso en este trabajo. Siempre he tenido la teoría de que elegí esta pega para superar mi timidez. Lo mismo cuando entré a las pastorales en el colegio.

-¿Es verdad que tiritabas cuando veías mujeres?

-¡Sí!

-¿Lo superaste?

-Bueno, el otro día me di cuenta de que el 90% de la gente con la que trabajo son mujeres.

-¿Y lo manejas bien?

-Por lo menos ya no tirito. Pero les tengo mucho respeto, mucho miedo (ríe). Más ahora. No les tiro un piropo ni loco. Bueno, nunca ha sido mi estilo tirar piropos.

-¿Tocas algún instrumento todavía?

-Ya no puedo. Me duelen los dedos y los huesos de las manos.

-¿Por algo en concreto?

-Vejez se llama esto.

Ríe, se sube al auto y parte a su casa a ver la teleserie.