¡Quién lo iba a pensar! Resulta que la crisis económica se ha vuelto tan compleja de manejar para el gobierno de Estados Unidos que ahora los analistas consideran, entre las opciones futuras, que el presidente Obama no consiga la reelección. El problema no es exclusivo de Washington, sino del enredo en que se encuentra un montón de estados en la ruina.

 

  • 2 mayo, 2011

 

¡Quién lo iba a pensar! Resulta que la crisis económica se ha vuelto tan compleja de manejar para el gobierno de Estados Unidos que ahora los analistas consideran, entre las opciones futuras, que el presidente Obama no consiga la reelección. El problema no es exclusivo de Washington, sino del enredo en que se encuentra un montón de estados en la ruina. Por Marcela Corvalán.

 

Barack Obama quiere recuperar su magia para ser reelegido el próximo año y la fragilidad de la recuperación económica estadounidense es su principal escollo. Después de todo, Bill Clinton evitó la reelección de George Bush padre planteando que era una mejor opción porque el manejo económico de Bush no había sido bueno y la frase It’s the economy, stupid resonó casi como eslogan de campaña.

El peligro para Obama es real. Pese a las medidas extraordinarias de la Reserva Federal y a un multimillonario programa de estímulo económico, Estados Unidos no despega. Por el contrario, los datos más recientes muestran una expansión anémica, de apenas 1,8% en el primer trimestre, con un desempleo porfiadamente alto y un consumo afectado por un mercado de la vivienda que aún no se recupera y las alzas en los precios de los commodities; sobre todo, de los combustibles. La Reserva Federal recortó su estimación de crecimiento para este año del rango de 3,4%-3,9% a uno de 3,1%-3,3%.

Un sondeo reciente de New York Times/ CBS mostró que casi el 80% de los consultados cree que la economía se está estancando o empeorando (y eso, antes de conocerse la cifra oficial para el PIB), un alza de 13 puntos porcentuales en un mes. Según una encuesta de Washington Post/ ABC News, el 57% de los estadounidenses desaprueba la gestión que ha hecho Obama de la economía y 58% rechaza su manejo del déficit presupuestario.

Los observadores explican que al desempleo de 8,8% se suma el salto en los precios de las gasolinas después de que la turbulencia política en Medio Oriente hiciera subir el petróleo. Los consumidores estadounidenses están gastando menos. El consumo personal aumentó 2,7% en el primer trimestre, mucho menos que el 4% del cuarto trimestre de 2010. Y como el consumo representa el 70% de la economía estadounidense, esto se nota. Según The Economist Intelligence Unit, el alza en los combustibles podría compensar el plan de estímulo fiscal de diciembre pasado, que incluía beneficios tributarios y la extensión del apoyo a cesantes.

El ruido generado por la batalla presupuestaria en Washington, que estuvo a punto de provocar el cierre del gobierno federal y que aún no termina, no ayuda a mejorar la confianza. Ahora se vinieron encima la discusión por el déficit fiscal y la necesidad de elevar el techo de la deuda federal, ya en cifras record. La guinda de la torta fue la decisión de Standard & Poor’s de rebajar la perspectiva para la calificación de la deuda estadounidense de “estable” a “negativa”, indicando que hay una posibilidad en tres de que EEUU pudiera perder su calificación AAA en los próximos dos años a causa de la incapacidad de sus líderes para resolver el problema fiscal.

Estados en quiebra

Es probable que los llamativos titulares sobre lo que ocurre en Washington no impactaran tanto el ánimo de los consumidores si la recesión de 2008-09 no hubiera causado los daños que provocó en los presupuestos locales. El Center on Budget and Policy Priorities estima que el año fiscal que se avecina (2012, que comienza en julio) será “uno de los años presupuestarios más difíciles de los que haya memoria. Hasta marzo, unos 44 estados y el Distrito de Columbia proyectaban brechas presupuestarias por un total de 112.000 millones de dólares”. Todos los estados, salvo Vermont, tienen la obligación de cerrar el año con un presupuesto equilibrado, y la única manera en que pueden de hacerlo, considerando que en los próximos meses terminan los últimos programas financiados con los fondos federales del plan de estímulo, es recortando gastos.

La recesión y el desplome del mercado inmobiliario (cuya recuperación aún no comienza) han reducido de modo notable los ingresos de ciudades, condados y estados. Cada vez más se escucha de ciudades pequeñas como Prichard, en Alabama, que dejaron de mandar los cheques de sus pensiones a ex empleados públicos, y de otras grandes que han despedido a profesores y bomberos, cerrado escuelas y aumentado el número de alumnos por curso, lo que es percibido como un deterioro en los servicios y en la calidad de vida de los estadounidenses. Maywood, San Carlos, Half Moon Bay son comunidades en California que optaron por cerrar sus servicios locales de policía (evitando el pago de sueldos, pensiones y mantención de instalaciones) y depender de la oficina del sheriff del condado. Costa Mesa, también en California, despedirá a la mitad de sus empleados municipales este año para cuadrar el presupuesto.

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A nivel de estados, Alabama y Nevada calculan que sus déficit serán equivalentes a casi 30% de sus presupuestos. El de California se acerca más a 28%, pero es el más alto en términos absolutos: 27.500 millones de dólares. Michigan ha recortado tanto sus gastos que prevé que los desembolsos en el año fiscal 2012 serán equivalentes al monto gastado en 1997. El mismo Michigan podría convertirse en un laboratorio para un experimento radical: el gobernador republicano Rick Snyder apoyó el trámite de una ley que acelera de modo dramático el proceso por el cual un estado puede designar a un interventor que tome el control de ciudades, pueblos o distritos escolares que enfrenten problemas financieros serios.

En Wisconsin, y otros estados con gobernadores republicanos recién elegidos, hay una verdadera batalla en marcha para limitar los derechos de los sindicatos y recortar parte de los beneficios para los empleados estatales.

Jubilaciones en riesgo

La situación financiera de los estados es tan delicada que miembros del Congreso han planteado públicamente su temor a que la única solución sea un rescate federal, algo que en este momento el gobierno estadounidense no puede permitirse, agobiado por su propio déficit.

Además, los legisladores republicanos han empezado a hablar en voz alta de la posibilidad de introducir leyes que permitan a los estados declararse en quiebra, reestructurando sus deudas al amparo de tribunales federales y con la posibilidad de renegar de algunas de sus promesas previsionales. Por ahora no pueden hacerlo (la constitución de EEUU los considera gobiernos soberanos) y hay oposición entre los gobernadores de ambos partidos, quienes consideran que tal medida aumentaría sus costos del crédito y no mejoraría su posición.

Los trabajadores estatales no se están quedando a ver qué pasa. Entre las dificultades para encontrar empleos y la posibilidad de ver reducida su pensión futura, las jubilaciones anticipadas subieron 65% en Nueva York, 60% en Nueva Jersey y 23% en California en 2010. En Wisconsin, donde el gobernador está limitando los derechos de negociación colectiva, las solicitudes de jubilación dieron un salto de 79% en el primer trimestre de 2011 respecto de igual lapso de 2010, y en Texas, donde los legisladores quieren que los empleados del estado paguen 10% de las primas de sus seguros de salud, las autoridades esperan que las jubilaciones estén 54% sobre el promedio este año.

Los sistema de pensiones desfinanciados probablemente sean una de las mayores amenazas que se cierne sobre los presupuestos estatales. Las estimaciones de la brecha de financiamiento van desde 700 mil millones de dólares hasta 3 billones de dólares, debido a disparidades en el cálculo de los retornos futuros sobre las inversiones realizadas. El año pasado, el Pew Center on the States calculó que el déficit era de un billón de dólares, con datos previos a la crisis financiera.

La batalla por el presupuesto
Al menos en Washington ya no se cuestiona la necesidad de reducir el gasto fiscal. El problema es cómo. Por Gabriel Sánchez Zinny

“Este fue el más grande recorte del presupuesto en la historia”, señaló el presidente Obama hace unas semanas, luego de evitar por tercera vez, a través de una dura negociación con el Partido Republicano, un cierre del gobierno por falta de financiamiento. Estas aprobaciones de último minuto vienen sucediendo desde enero, cuando en la Cámara de Representantes asumió una nueva mayoría republicana.

Esta frase de victoria, que viene del mismo presidente que aprobó el paquete de estímulos más grande de la historia del país y propuso un presupuesto con un trillón de dólares de déficit, ha generado tensión entre los demócratas, que lo han criticado por aprobar un recorte de gastos demasiado alto.

Empujado por estos acontecimientos, Obama dio un discurso nacional el 13 de abril con su propia propuesta de balancear el presupuesto; esencialmente, proponiendo una reducción de 4 trillones de dólares en 12 años, bajando el gasto pero también subiendo los impuestos a los más ricos, incremento al que hasta ahora se han opuesto los republicanos.

Pero estas no son únicamente batallas en Washington, que a veces parecen más bien posturas políticas que propuestas serias para combatir la crisis financiera. También la población en todo el país muestra preocupación, como señalan las últimas encuestas nacionales realizadas por el New York Times/CBS News. Un 70% de la población encuestada cree que el país está yendo en la dirección incorrecta. Más aun, un 39% dice que la economía está empeorando. De acuerdo a otra encuesta reciente, del Washington Post/ABC News, un 57% de la población desaprueba como Obama está manejando la economía.

No deja de ser destacable cómo ha cambiado el tono del debate en Washington. Ya no se cuestiona si es necesario reducir el gasto. Ahora la discusión se enfoca en cómo hacerlo, en qué programas se reducen y cuáles se suprimen. El gasto público como porcentaje del producto bruto pasó de 18,2% en 2000 a 24,4% en 2009.

El balance del presupuesto será central en el debate político de este año y en la elección presidencial del año que viene. En los próximos meses se intensificará debido a la discusión sobre la deuda externa, ya que el Congreso tiene que aumentar el límite de 14,3 trillones de dólares para que el gobierno pueda pagar sus compromisos. No serán discusiones fáciles, pero al menos el público y los dirigentes políticos lo han puesto como prioridad en la agenda de reformas. Esperemos muestren liderazgo para resolverlo.

El autor es director, Blue Star Strategies, Washington, D.C.