Le tocó asumir como ministra de la Mujer en el momento en que una oleada feminista se manifestaba con fuerza en las calles y, además, tuvo que enfrentar duras críticas a su nombramiento por su postura contraria al aborto. Pasó la prueba, o así al menos lo indica su aprobación en las encuestas que la posicionan como la más popular del actual gabinete.

  • 27 septiembre, 2018

Su escape es correr. Hace 15 años se transformó en runner y hoy que está en la primera fila de la política nacional, el ejercicio le sirve para mantenerse y sentirse más positiva: “Cuando termino de correr siento que puedo enfrentar mejor los problemas”, dice. La ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá (54), lleva poco más de seis meses en su cargo y hasta ahora ha demostrado que sabe moverse rápido y sortear los obstáculos del poder. 

La relacionadora pública, militante UDI, exconcejala por Peñalolén y coordinadora de la Unidad de Coyuntura de la Segpres durante el primer gobierno de Sebastián Piñera no es una novata: lleva más de 25 años en política, fue vicepresidenta de su partido y trabajó varios años como asesora de la exdiputada María Angélica Cristi. Y en un año donde la agenda mediática comenzó concentrada por demandas feministas y tomas universitarias, la ministra ha sorprendido por su habilidad para capitalizar este fenómeno a su favor y ganarse a la opinión pública. Por algo es hoy la secretaria de Estado mejor evaluada del gabinete según las encuestas. 

Además de validar las manifestaciones ciudadanas, Plá ha marcado la agenda con sus intervenciones: fue enfática cuando enfrentó al ex ministro de Educación Gerardo Varela, quien aseguró, ante la Comisión de Educación del Senado, que las mujeres habían estado sometidas a “pequeñas humillaciones”. “Las humillaciones no son ni pequeñas ni grandes, son humillaciones y todas lesionan la dignidad”, le respondió la ministra; más de una vez ha frenado chistes o piropos inapropiados por parte de otras autoridades; y en una entrevista reconoció que la expresidenta Michelle Bachelet es la mujer más importante de la historia de Chile. 

Por estos días, la secretaria de Estado se encuentra trabajando en el proyecto de sala cuna universal en conjunto con Nicolás Monckeberg, ministro del Trabajo, y plantea que el mayor desafío para su cartera es lograr que las mujeres tengan en Chile las mismas oportunidades económicas que los hombres.

“La equidad de género no es solo un fin en sí mismo por justicia o sostenibilidad, sino también un desafío económico. Hoy, las sociedades modernas están empezando a evaluar a las empresas por sus criterios de ecuanimidad de género. Así como el cuidado del medioambiente pasó a ser criterio de evaluación de una marca, ahora su comportamiento en materia de género puede ser definitorio. Para cruzar la frontera de progreso económico necesitamos sumar a la mitad del país que está fuera del mundo productivo y que actualmente no tiene oportunidades económicas”, plantea.

-¿Falta mucho para eso?

-Según el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, Chile ha avanzado y la situación de las mujeres ha mejorado, pero seguimos muy rezagados en materia de equidad de género respecto de países similares al nuestro en América Latina, como Uruguay y Costa Rica. En educación no hay brecha; mujeres y hombres tienen el mismo rendimiento educacional. En esperanza de vida tampoco tenemos diferencias, incluso las mujeres vivimos un poco más. El gran desafío es en oportunidades económicas, esa es la brecha gigantesca. La tasa de participación laboral de las mujeres en Chile es de 48%, no llegamos al 50% todavía. Estamos lejos del promedio de los países OCDE de América Latina, que es 55%, más todavía del promedio OCDE, que es 62%, y a años luz del 70% de participación económica femenina que tienen países como Noruega o Suecia.

 

-Y la brecha crece si se introduce la variable socioeconómica.

-Inmensamente. Cuando miras la participación económica del quinto quintil, que es el sector más rico de la sociedad, el 68% de las mujeres participa del mercado laboral, es decir, el equivalente a los países nórdicos. Pero en el quintil más pobre, esa participación es de apenas 31%. Es decir, tenemos las diferencias hombres-mujeres, y además, hay que sumarles las barreras económicas, que son mucho más infranqueables para las mujeres de sectores más vulnerables. Por eso el foco está puesto ahí.

-¿El proyecto de sala cuna universal pretende mejorar esta situación?

-Claro. Primero, por la posibilidad de conceder derecho a la sala cuna a todas aquellas mujeres trabajadoras que hoy no lo tienen. Pero la razón fundamental es que el artículo 203 del Código del Trabajo se ha convertido en un portazo para la contratación de mujeres porque mantiene a muchas empresas con un límite de 19, ya que cuando llegan a la trabajadora número 20, el empleador se ve en la obligación de pagar el beneficio de sala cuna. Terminar con esa disposición significa abrir una puerta a la contratación de mujeres. Si tú me preguntas por qué en Chile estamos rezagados, yo se lo adjudico principalmente a un sistema laboral que desincentiva la contratación de mujeres.

-¿Cómo se financiará el proyecto de salas cuna universal?

-Hoy, la sala cuna la financia íntegramente el empleador. Y ahora, su financiamiento será a través de un fondo solidario al que contribuyen todos los empleadores con una cotización del 0,1% por cada trabajador, sea hombre o mujer, que es un monto razonable: si un trabajador tiene un ingreso bruto imponible de 500.000 pesos, su contratante tendrá que sumar 500 pesos más. El resto lo pondrá el Estado, con aproximadamente 16 millones de dólares anuales, que son recursos que hoy se destinan al fondo de cesantía. Este último no se toca, eso que quede claro, sigue alimentándose y creciendo con nuestras cotizaciones, pero lo que destina el Estado a ese fondo de cesantía, ahora iría al fondo solidario para salas cuna. 

-¿Qué sucede con las trabajadoras que tienen empleo informal?

-Van a tener derecho a sala cuna las trabajadoras dependientes y también las independientes. Estas últimas tienen que haber pagado al menos seis cotizaciones en los últimos 12 meses. Esta reforma va a contribuir también a la formalización del empleo, ya que habrá un nuevo incentivo. En Chile, muchas veces las trabajadoras aceptan trabajos precarios con tal de tener flexibilidad laboral y se quedan sin cotizaciones, esa es una realidad y un desafío para nosotros.

-Hay aprensiones como las que surgieron durante la tramitación del postnatal de 6 meses. Algunos sostenían que iba a perjudicar el acceso de las mujeres al empleo.

-Normalmente cuando se discuten este tipo de regulaciones o reformas surgen aprensiones. Pero en el proyecto de sala cuna no hay ningún desincentivo, al contrario, le quita todo costo a la contratación de la mujer y distribuye las responsabilidades entre todos los trabajadores (ver recuadro). Entonces no aplican las críticas que se hicieron a la reforma del postnatal, que además, se ha demostrado, eran infundadas. Las empresas modernas le están dando un valor cada vez mayor a la integración de la familia porque incide en la calidad de vida de sus trabajadores.

-¿Se descartó subir la edad de jubilación en la reforma previsional que alista el gobierno?

-Totalmente descartado. Sí va a haber incentivos para hombres y mujeres que quieran extender su vida laboral. Son estímulos que han implementado países que también han enfrentado situaciones como la nuestra, con esperanzas de vida cada vez mayores. Pero no se va a imponer una edad mayor de jubilación.

 

Feminismo y nuevas normas

-Los avances culturales muchas veces deben ser empujados por políticas públicas, como en su minuto fue la ley de cuotas, ¿le parece necesario imponer ciertas normas para que el cambio ocurra?

-En el mundo de la política llevábamos 25 años esperando que creciera espontáneamente la participación de las mujeres en la Cámara de Diputados y en el Senado. Estuvimos veinte años con 12 o 14 diputadas, y la aguja no se movía. Entonces, sin duda la incorporación de la ley de cuotas al nuevo sistema electoral permitió pegarnos un salto importante y pasamos de un 16% a un 22-23% de mujeres en la Cámara de Diputados. Creo sinceramente que se trata de una combinación de cambio cultural, que está cada vez más acelerado –este año se ha dado de forma más rápida que en los últimos diez años–, pero también depende de decisiones políticas.

-Existe una postura que sostiene que si las mujeres se plantean como iguales, no deben tener tampoco privilegios ni ventajas por sobre los hombres.

-Lo que pasa es que hoy la situación de mujeres y hombres no está en igualdad de condiciones. En América Latina hay una carga cultural de privilegio a los hombres y todos los países de la región estamos trabajando en eso. Si la condición entre hombres y mujeres fuera igual, no existiría este ministerio.

-Bueno, hay quienes cuestionan que deba existir un Ministerio de la Mujer.

-Hay un sector de la sociedad al que le es más cómodo negar todas las dificultades que enfrenta la inmensa mayoría de las chilenas en el país. Pero es muy injusto evaluar la condición del país a partir de la propia realidad, que muchas veces es de privilegio, siendo que tenemos datos puros y duros que demuestran que, para la mayoría de las mujeres en Chile, desde Arica a Punta Arenas, la vida es bastante más difícil que la de los hombres. Cada uno mira el país como prefiere, pero veo con preocupación a ese sector que niega que exista violencia en contra de las mujeres o argumenta que a los hombres también les pegan. Eso es contextualizar la violencia y justificarla. Son sectores cada vez más minoritarios y aislados, sin embargo, hacen ruido. Yo los invito a ponerse en los pies de la inmensa mayoría de los chilenos y no solo de aquellos que tienen más facilidades para resolver su vida.

-¿Qué énfasis propone este gobierno?

-Somos un gobierno que prioriza el crecimiento económico y eso no da lo mismo. En el primer gobierno de Sebastián Piñera, la tasa de participación laboral de las mujeres pasó de 44% a 48% y eso no es casualidad porque se dio en un periodo en que el crecimiento económico experimentó un alza significativa. Sin crecimiento, no hay oportunidades ni para hombres ni para mujeres, pero las más afectadas son siempre las mujeres. Buscamos crear mayor acceso y oportunidades desde la educación y derribar aquellas barreras invisibles que impiden que las niñas, cuando se pegan el salto a la educación superior, elijan carreras científicas o matemáticas. Hoy, solo el 36% de estas son ocupadas por mujeres. Todas las economías importantes se dieron cuenta de que mientras mantenían a parte importante de la población fuera de las oportunidades económicas, no podían cruzar la frontera del desarrollo integral. Chile todavía tiene que caminar en el sentido de justicia social e igualar la cancha, y al mismo tiempo, pegarse el salto para ser más desarrollado.

-¿Estamos avanzando en esa dirección?

-Insisto en que todavía hay un espacio negacionista que justifica la violencia contra la mujer. Eso se evidencia en expresiones como “ella se lo buscó”, que si bien han ido desapareciendo de los medios de comunicación y de lo público, todavía están presentes en la conversación cotidiana. Por otro lado, el debate ha permitido que muchos se replanteen las cosas. Todo Chile está hablando de estos temas, no solo en los medios; es una conversación en la casa, en el trabajo, en el café de la esquina. Muchos han repensado sus posiciones y eso es muy positivo para la sociedad chilena, donde estos temas eran más motivo de chiste que de discusión. Lo mismo en materia de acoso sexual. Tener un debate abierto ha permitido que las mismas personas que tenían conductas acosadoras ahora se pongan un freno.

-¿Cómo puede un gobierno combatir los femicidios?

-Nuestra estrategia es enfrentar la violencia contra las mujeres, haciendo todos los esfuerzos para rescatarlas lo más tempranamente posible. Mientras antes denuncie una situación de violencia, y mientras antes seamos capaces como Estado de ofrecerle herramientas que le permitan reconstituir su vida, mejor. Hoy, las mujeres esperan mucho para denunciar. Como ministerio trabajamos con distintas entidades para corregir todos los nudos que presentan estos procedimientos. Debe darse un espacio de confidencialidad y contención. Se trata de un trabajo largo y complejo, pero no bajaremos los brazos. Muchas veces no denuncian a sus maltratadores porque dependen económicamente de ellos.

Nuevas normas de convivencia

-En ese sentido, ¿a usted le tocó también repensar algunos de estos temas cuando asumió como ministra?

-Yo conozco estos temas hace muchos años, pero claro, nunca había sido ministra. Me ha pasado los últimos meses, que coinciden con mi cargo, que he percibido un malestar permanente en todas las generaciones de mujeres. Mi propia generación dice hoy: “Yo viví esto, lo soporté, lo toleré”. Había un maltrato hacia las mujeres que era tácito o estaba silenciado. He aprendido algunas cosas de las mujeres más jóvenes, por ejemplo, lo que tiene que ver con acoso callejero y la importancia que le dan ellas al respeto y al consentimiento. Las nuevas generaciones se imponen un estándar de convivencia superior.

-¿No le chocan concepciones más estrictas del feminismo, como plantear límites o normas a las interacciones sociales?

-Todos los movimientos sociales enriquecen el debate en un país, aunque uno no esté de acuerdo con las ideas que se planteen. Estamos en un momento de la discusión en pleno desarrollo y es difícil decir dónde está el límite. Yo siento que muchas veces eso lo define el sentido común, pero como gobierno creemos que la meta es una convivencia social sana y respetuosa. Eso pasa por el derecho que tienen las personas, mujeres y hombres, a caminar por la calle sintiéndose seguros y respetados. Si no es así, algo se transgredió el código de convivencia social. Lo más importante de este año, en esta materia, es que hay un aprendizaje para los hombres, que es el profundo respeto a través del cual deben relacionarse con una mujer. Dejó de ser un gustito el que se daban al decir lo que querían, cuándo querían y dónde querían. Eran los menos, pero a ellos ya les sonó la campana, nada de eso ahora está tolerado ni naturalizado.

-¿Usted lo siente un cambio genuino o más bien reactivo?

-Puede ser reactivo, pero en la medida en que vaya pasando el tiempo se va a convertir en la forma normal de tratarse y que es como debimos tratarnos siempre.

-¿Han caído mal las “paradas de carro” que usted ha realizado ante algunas expresiones o bromas de otras autoridades? 

-No, ya no. Estamos en la etapa de consolidar una forma de relacionarnos distinta, sin el elemento machista que formó parte del mapa de vida social chileno hasta hace poco.

 

Alma política

Isabel es la mayor de cuatro hermanos. Nació en Quillota pero creció en Concepción, donde asistió al colegio Inmaculada Concepción. A finales de los 80 entró a estudiar Relaciones Públicas en el Instituto Profesional IPEVE (hoy Universidad Diego Portales), y en paralelo trabajaba para una oficina de arquitectos. En 1992 conoció a la diputada María Angélica Cristi y desde entonces se ha dedicado por completo a la política como asesora, concejala y ministra.

-¿Siempre le interesó la política?

-Sí, desde la adolescencia. Y eso que no vengo de familia política para nada, no me preguntes por qué me interesó lo público. Empecé a leer el diario desde chica, a los 19 años mi papá me suscribió a El Mercurio porque yo ya tenía más interés de informarme. Me formé sola, no tengo un guía o un mentor. Creo que tiene que ver con la época en la que crecí, con un Chile muy convulsionado, probablemente de ahí viene mi interés por la política.

-¿Se imaginó alguna vez que sería ministra?

-No, pero llevo 25 años en política ya participé en el primer gobierno del presidente Piñera y quise ser candidata a diputada dos veces. La primera vez mi partido consideró que mejor iba la diputada Cristi a reelección. Me dolió, no te voy a mentir, pero me pareció que era pertinente porque la UDI no quería arriesgar ese cupo. Ok. Y después, en 2013, quise ir de nuevo. Trabajé para ser candidata, participé activamente en la campaña municipal, fui mucho a mis comunas, y el comité electoral de la UDI decidió que el candidato fuera José Antonio Kast.

-¿Fueron decisiones estratégicas?

-No sé las razones por las cuales prefirieron a una persona que no había estado nunca en esas comunas a una mujer que había hecho una carrera política y que tenía un liderazgo consolidado.

-¿Machismo?

-No tengo idea si fue machismo o clasismo, no sé cuál de los dos ejes se activó, lo único que puedo decirte es que la candidata natural en ese distrito era yo. Alguien que había estado vinculada durante veinte años a esas comunas, que además ya tenía prestigio y buenos resultados en las encuestas, y no alguien que había pasado por afuera de Américo Vespucio y que recién conoció las comunas siendo candidato.

-¿Quedó sentida?

-Muy triste quedé. Pero en política, el que se enoja, pierde. Hice lo que hacen los hombres: dar vuelta la página.

-¿Se siente cómoda militando en la UDI?

-Totalmente cómoda, es mi partido político y ahí está mi ADN. Lo único que he tenido de la UDI durante estos meses como ministra es respeto. Pueden pensar muchas cosas de mí, pero yo he sentido apoyo y también consideración por lo que significa el rol de ministro.

-¿Con la presidenta de su partido, Jacqueline van Rysselberghe, mantiene una relación cercana?

-Tengo buena relación política con todos los dirigentes de mi partido. Pero no voy a entrar en la interna porque creo que un ministro tiene que ser muy ecuánime en esa materia.

-Usted es la ministra mejor evaluada del gabinete según la última encuesta Cadem. ¿Cómo recibe la popularidad?

-Mira, ya tengo 54 años y a estas alturas uno recibe las buenas y las malas noticias con mucha tranquilidad y distancia. Las encuestas son datos que no tienen que distraernos porque ahí uno pierde energía que debe estar puesta en mover la agenda y en conseguir los objetivos para los cuales estoy aquí. Trabajo para mantener esa distancia.

-Pero inevitablemente esa aprobación la transforma a usted en una ficha presidenciable.

-(Sonríe).

-¿Le dolieron las críticas que surgieron cuando se conoció su nombre a cargo de la cartera de la Mujer y Equidad de género? 

-Lo que he hecho estos meses es abocarme a la tarea que me encomendó el presidente Sebastián Piñera. Creo que esas críticas estuvieron fundadas en la intención de un pequeño grupito de construir una caricatura mía para debilitarme antes de que la gente me conociera. Me pareció muy desafortunado, no para mí, yo estoy acostumbrada, sino para el país, que un grupo se sintiera con el derecho de calificar quién es digno de un cargo y levantarse como tribunal popular. Eso es más propio de regímenes totalitarios que de sociedades libres y abiertas como la nuestra. Tenemos que ser una sociedad que incentive la libertad de expresión, incluso cuando no estemos de acuerdo.