Definitivamente, la oposición no acierta a dar con ejes sensatos y confiables capaces de interpretar no ya a los desengañados por la Concertación sino incluso a su propia gente. Luego del lamentable episodio de la interpelación en la Cámara de Diputados al ministro del Interior –lamentable como estrategia, lamentable como puesta en escena y lamentable […]

  • 24 agosto, 2007

Definitivamente, la oposición no acierta a dar con ejes sensatos y confiables capaces de interpretar no ya a los desengañados por la Concertación sino incluso a su propia gente.

Luego del lamentable episodio de la interpelación en la Cámara de Diputados al ministro del Interior –lamentable como estrategia, lamentable como puesta en escena y lamentable por los abusos retóricos del parlamentario interpelador– se lograron dos objetivos que deberían ser incorporados al libro de los records Guinnes: el gobierno terminó mucho más unido y la oposición mucho más dividida. A eso hay que agregar la súbita devaluación de los bonos del diputado Rodrigo Alvarez, hasta ahora considerado la carta mejor guardada de la UDI y una de las buenas espadas de la oposición en el parlamento. Todo mal.

Que tampoco por el lado del gobierno los resultados hayan sido mucho mejores no autoriza sin embargo a netear la maniobra. A diferencia de la Alianza, el gobierno no había cifrado expectativa alguna en esta maniobra y de hecho Belisario Velasco se limitó en la Cámara de Diputados a responder con evasivas y a convertir al ex ministro Sergio Espejo en el gran chivo expiatorio de todos los despropósitos del Transantiago. Era la Alianza la que iba a hacer pebre al ministro confrontándolo con el concepto de la responsabilidades políticas que en Chile, dicho sea de paso, nadie maneja muy bien. No lo manejan los partidos, tampoco los gobiernos y la verdad es que menos que nadie los electores. La responsabilidad política es una idea que no está en el disco duro nacional.

Al final, nadie hizo pebre a nadie y el episodio mostró a un bloque opositor que sigue dando palos de ciego.