Conocer Iquitos es simplemente sorprendente. Es el arribo a la cuna del realismo mágico, parte de un capítulo novelesco y cuna de la prosa de Pantaleón y las visitadoras, de Vargas Llosa. Zona exótica, abandonada, misteriosa, Iquitos es una mezcla entre antiguas aristocracias, indígenas, artistas y viajeros impetuosos.
Por: Daniela Tapia

  • 12 abril, 2019

El Iquitos actual parece detenido en el tiempo, corrompido y herido por el imperialismo. Un sobreviviente de misterios indómitos, que se logra rebelar con magnetismo. Zona de una biodiversidad inexplorada, llena de oxígeno, perteneciente al pulmón de Sudamérica, el gran Amazonas.

La región, que recibe su nombre por la etnia iquito, una tribu ya casi extinguida que murió producto de viruela, tuberculosis, neumonía y también a causa de los excesos del sistema de latifundios que se instauró durante la fiebre del caucho, se divide en cuatro distritos: Iquitos, Belén, Punchana y San Juan Bautista, y exige que quienes lo conozcan, se esfuercen. Es un caballero difícil al que se accede solo por vía aérea –existen vuelos diarios desde Lima (1 hora y 45 min)– o fluvial.

Al aterrizar, nos golpea la humedad, y visualmente el colorido se concentra en los “tuk tuk”, transporte típico de la zona compuesto por colapsadas motonetas con carruajes que corretean las calles de adoquines imperfectos, complementados con el transporte urbano, con sus micros de cascos de madera.

 

Nos dirigimos hacia la zona de la Plaza de Armas, a solo cien metros del Malecón Tarapacá, que se ubica frente al río Itaya, una costanera que tiene una extensión de cinco cuadras y que fue construida a fines del siglo XIX, durante la época esplendorosa del caucho.

Lo llamaré turismo antropológico, por su riqueza única y las profundas cicatrices que marcan su historia. Los extranjeros viajan a vivir la experiencia del ayahuasca, buscando lugares especializados con curanderos para sanar males como depresiones, drogas y dolores del alma. Acá hay mucho turista que, en el fondo, viene buscando redención.

 

¿Qué conocer?

El Malecón es de construcciones nostálgicas y fachadas lujuriosas y añosas, abrazadas por el esplendor del siglo antepasado que disfrutó de su Belle Époque, levantadas en la era del caucho, aquí también llamado “oro blanco”. La ciudad llegó a contar con colonias de portugueses, españoles, judíos y chinos. Reflejó su lujuria en mansiones y edificios de estilo morisco, como la Casa Fierro, diseñada por Gustave Eiffel. Los azulejos en relieve y los mosaicos de colores intensos traídos desde la península ibérica engalanan gran parte de sus construcciones, lo que las convierte en un espectáculo multicolor.

Tiempos de gloria, pero ambivalente en cuanto a su real beneficio, por los abusos innegables contra sus aborígenes extinguidos en manos del imperialismo europeo, que al mismo tiempo diseñó y construyó la belleza de las fachadas de la época.

Al salir a pasear por el Malecón, los turistas se encuentran con guías del municipio, que sobre todo, hay que considerar como una protección para un aventurero arriesgado.

Distrito de Belén

Un imperdible es la zona de Belén. El paseo comienza temprano en canoa por el famoso barrio flotante de Iquitos, también llamado la Venecia del Perú, comparación atribuible solamente por sus inundaciones temporales y casas estilo palafitos, porque es una zona marginal, con una población que migró producto de la decadencia de las tribus que buscaron en la urbe las condiciones básicas de existencia, al ser abandonadas por el poder central.

En las mañanas en Belén se puede visitar el mercado, que tiene mayor actividad (nunca olvidar que es un lugar peligroso, no recomendable para ir sin guía). De intensos olores, aquí se experimentan sensaciones indescifrables. Una tremenda experiencia de increíbles laberintos habitados por hierbas, tinturas, frutas inusuales, patas de lagarto, tortugas y metros de charqui de paiche, pez que puede rendir hasta 60 kg de carne y medir hasta tres metros. Todo, con mucho barullo urbano.

 

Comer y dormir

Vivir la noche de Iquitos es un festival para el corazón. El Malecón está colmado de hostales, restaurantes, bares y veredas colapsadas con artesanos, carros de comida callejera y músicos. En este mundo místico, pululan personajes extravagantes y atemporales. Una vida nocturna llena de acordes y bailes.

Al Frío y al Fuego

Es un oasis. Un restaurante sobre una balsa, con piscina interior, que golpea por un lujo que contrasta con su entorno. Al Frío y al Fuego es el único restaurante flotante de la Amazonía, cuya cocina se especializa en preparaciones peruanas regionales con un enfoque gourmet. Cuenta con un embarcadero privado y tiene dos cubiertas, donde se ubican el bar, la piscina flotante y una cocina central. Un paraíso. Su gastronomía tiene un toque superior a toda la de la región. Recomendado es el Cebiche Amazónico, que se prepara con un pescado llamado Doncella y que es una delicia. Es el restaurante más caro de la ruta, pero vale la pena.

Precio promedio por persona: $100 soles (unos 20 mil pesos chilenos)

Dirección: Av. La Marina 138, Iquitos, Perú

Cierre: 23:00 hrs.

 

Fitzcarraldo (Claudia Otero)

El nombre del restaurante Fitzcarraldo Iquitos es un tributo a la memorable película de 1982 porque fue el lugar de encuentro de Werner Herzog (director), Klaus Kinski, Claudia Cardinale, Jason Robards y Mick Jagger, y está ubicado en la esquina principal del Malecón, que es el centro de la movida nocturna. Si la idea es probar comida originaria, este es el lugar. Y sus dueños son una maravilla. Solo pregunten por Claudia Otero. Es un restaurante cinematográfico, pleno de identidad. Recomiendo el Medallón de paiche en salsa de mantequilla al limón y alcaparras; la Patarashca: filete de pescado asado en hoja de bijao con yucas fritas y chonta (palmito deshilachado); el Piqueo Amazónico: carnes variadas del monte (cecina, lagarto, majas); y el Chicharrón de pescado, además de los tacachitos y las yucas. Pero un plato inolvidable, tanto por su contenido como por su sabor, es el Guiso de majas, un extraño y oloroso roedor amazónico hecho a base de lagarto que sorprende con sabores exquisitos. Es una de sus especialidades. En esta casona se realizan los encuentros principales de la elite de la región.

Precio promedio por persona: 10 dólares

Dirección: Napo 100 esquina con Bulevar Iquitos

Teléfono: 065-507545

Restaurante Espresso

Ubicado en el centro de la ciudad, aquí se aprecian atractivos icónicos, como los mencionados Malecón Tarapacá, Plaza de Armas y Casa de Fierro, y también el ex Hotel Palace, el Museo Amazónico y la Comunidad Flotante de Belén. Son innegables sus espacios bellamente decorados. Un lugar lleno de historia y con mucha onda. ¡Hay que visitarlo! Destacan platos como Muy espresso fetuccini en salsa de ají dulce; el Bife con ensalada de palmitos: 200 gramos de carne con una deliciosa ensalada fresca de chonta, tomate y palta con vinagreta de la casa; y el Tacu tacu de la casa: apetitoso tacu tacu atamalado, acompañado con cecinas jugosas y vegetales flambeados.

Precio promedio por persona: $14 a $22 soles (entre 2 mil y 5 mil pesos pesos chilenos)

Dirección: Jirón Próspero 415, segundo piso, Iquitos, Loreto

Teléfono: (065) 23- 4544 / Celular: 066734398

Camino al Lodge

El punto de partida para arribar al lodge es el pueblo de Bellavista Nanay, en el Distrito de Punchana, que se encuentra a 5,25 kilómetros de la Plaza de Armas de Iquitos, junto al río Nanay. Desde ahí parten las embarcaciones hacia los diversos destinos que incluyen el Circuito Turístico de Bellavista Nanay, como el río Momón, la comunidad étnica Boras de San Andrés, la comunidad Padre Cocha o la comunidad campesina de Manacamiri, entre otros pueblos donde se realizan recreaciones de tradiciones para fines turísticos.

Lodge de Iquitos: Amazon Garden Eco Lodge Boutique

Con agenda predeterminada, en el embarcadero comienza una nueva ruta de 40 minutos por aguas selváticas, hasta llegar a la ribera del Amazon Garden Eco Lodge, donde el sonido de la naturaleza llega a ser invasivo, y donde también nos encontramos con uno de sus principales protagonistas: Ramona, la regalona del lodge de raza Mono Choro (o ladrón), que se esmera en conocer a quienes pisan su terreno y de la cual es imposible no enamorarse. Una compañera permanente en esta travesía.

Definido como ecofriendly, sus anfitriones son dos soñadores (una peruana y un chileno) que dejaron todas las comodidades de Santiago para embarcarse en esta nueva forma de vida, con el objetivo de servir a los pueblos originarios de la selva de Perú. Úrsula y Juan Miguel son una pareja muy particular, que definen su filosofía como Ecoturismo Cultural Comunitario. Amazon Garden Ecolodge se compone de diez hectáreas, insertas en medio de un jardín amazónico que rodea una gran piscina con bar incluido. Opera hace dos años y tiene capacidad para 40 personas. La convivencia incluye cenas comunitarias avisadas por campanadas y la electricidad existe solo hasta las nueve de la noche.

Úrsula del Pilar Vera es economista y master en finanzas de la Universidad de Chile y de la Northwestern University of Chicago, y Juan Miguel Ibieta es Capitán (R) de Carabineros de Chile.

Su historia de amor fue algo fugaz, como Úrsula comenta. “Siempre tuvimos en mente que cuando nos jubiláramos, vendríamos a vivir a la selva de Perú y recibiríamos médicos voluntarios para llevar salud a las distintas comunidades nativas de los ríos de la selva.

Úrsula pertenece a las familias originarias de la zona. “Yo soy peruana, nací en Iquitos. Mis tatarabuelos maternos son españoles y franceses que llegaron desde Brasil a colonizar a la selva de Perú. Junto a otros extranjeros fundaron Iquitos, que sigue siendo la ciudad isla sin carreteras más grande del mundo.

Luego de un camino largo junto a Juan Miguel, la vida les presentó la idea del Ecolodge, un proyecto de “trabajo con sentido” que emprendieron juntos. Nos “tiramos al Amazonas” el 1 de enero de 2017.

En Amazon Eco Lodge se disfruta del programa full day desde las nueve de la mañana, cuando comienza un encuentro único con lo natural en un lugar común donde nace la simbiosis. Durante la estadía se recorren lugares como el Centro de Rescate Animal (CREA) y el Fundo Javier, que tiene una gran diversidad de monos y otras especies, como osos perezosos y anacondas. Y también se conocen las distintas comunidades indígenas: los Bora Bora, los Jíbaros y los Alamas.

Al vivir esta experiencia, se logra un contacto único con nuestras raíces y con la naturaleza, sobre todo con actividades como salir a pescar pirañas para comerlas en la cena. El buffet tiene comida regional gourmet con platos típicos de la zona. La chef Susana Menéndez, de Chile, orientó el estilo de la cocina con platos como el Juane, un tamal de arroz con pollo sazonado con guisador, envuelto en hoja de bijau; el Saltado regional de cecina, un picadillo de carne del monte (venado y majas); la patarashca, pescado dorado o doncella asado en hoja de bijau; el chicharrón de doncella con salsa de apio; el dorado relleno con queso de tarapoto en salsa de camu camu; y el picadillo de paiche, el pescado más grande del Amazonas. Aquí, la convivencia entre todos los visitantes se convierte en una instancia única y que da un sello especial al lodge.

La tarifa full day es de US$ 180 por persona (por día). Los programas van de 1 a 10 días y el sistema es all inclusive.