La mejor serie del ultimo año no pasa en el futuro, no involucra grandes efectos especiales ni asesinos por descubrir. Sólo a un grupo de aristócratas y sus empleados, confabulando. Maravilloso. Por Federico Willoughby Olivos

 

  • 8 marzo, 2011

 

La mejor serie del ultimo año no pasa en el futuro, no involucra grandes efectos especiales ni asesinos por descubrir. Sólo a un grupo de aristócratas y sus empleados, confabulando. Maravilloso. Por Federico Willoughby Olivos

 

No hay nada como las intrigas, los secretos, las conspiraciones, las pesadeces bien puestas y todo eso envuelto en ese aire de cinismo que sólo los británicos pueden entregar sin perder la pompa ni la clase. Porque si bien harto se ha hablado en estas páginas de series como Luther y Sherlock, que de manera brillante mostraron a la sociedad británica moderna y recurrieron a Londres como un excéntrico personaje más que como una locación, ninguna de las dos supera en calidad a Downtown Abbey.

La serie, creada por Julian Fellowes (que ganó el Oscar a mejor guión por Gosford park el 2002) para la cadena británica ITV 1 fue, sorpresivamente y por lejos, el programa que más alta audiencia tuvo en el Reino Unido el año pasado. Y claro que fue sorpresivo.

Mientras BBC One ha optado -y con mucho éxito- por series modernas, cercanas a la ciencia ficción (Torchwood, The misfits), ITV 1 se la jugó por una producción ambientada a principios del siglo pasado. Si uno no la ha visto y se la cuentan, parece una soberana lata. Veamos: la historia parte con el drama de la familia Crawley, que por décadas y gracias a su estatus de nobleza ha dirigido el palacio de Downtown Abbey y su enorme staff de empleados (cocineros, amas de llaves, ayudantes, mayordomos, etc.)

Eso, hasta que el novio de la primogénita (son tres hermanas) muere a bordo del Titanic; lo que significa que, de acuerdo a la estatutos imperantes, todo lo que tienen los Crawley, al morir el padre, pasará a manos de un primo en tercer grado que vive en Glasgow y ejerce de abogado. Bueno, el primo es llamado a Downtown Abbey y no sólo no le interesa para nada hacerse cargo del castillo, sino que odia la idea de ser noble y tener un ejército de sirvientes a su disposición. Y ahí se pone interesante la cosa, con siete capítulos en los que el cuchicheo, las malas intenciones del personal, las vueltas de tuerca y los inminentes cambios de la sociedad británica van sumando capas y capas de temas y entretención. La primera temporada se hace corta y no se puede creer que gente que toma té a las 5 de la tarde y camina bucólicamente por la campiña inglesa puede ser tan interesante. Totalmente recomendada. Ya está disponible en DVD.

Vivir del pasado
No hay caso con la gente de Friends. Salvo Courteney Cox, que interpretaba a la desquiciante Monica Geller y que ahora tiene su propia serie con relativo éxito (Cougar town), ninguno de los ex miembros de una de las sitcom más populares de los 90 ha logrado seguir adelante. El último intento lo protagoniza Matthew Perry (o Chandler, como prefieran), que si bien le ha puesto bastante empeño todavía no se saca de encima eso de ser “el tipo que aparecía en Friends”. Tuvo un buen apronte con la incomprendida Studio 60 y varias películas menores, pero aún no le alcanza. Su nueva serie se estrenó esta semana en Estados Unidos, se llama Mr. Sunshine y se trata de un tipo que administra el San Diego Arena (un centro de eventos como el que está en el parque O´Higgins) y tiene mil complicaciones con su jefa, el hijo de ella, los clientes y los empleados. En fin, es una sitcom familiar y Perry está interpretando básicamente a Chandler en otra década. Ideal, si es muy fanático de Friends, pero nada más.