Por: Carla Sánchez M. Ya pronto tu empleo desaparecerá. Así titulaba el economista Sebastián Edwards una de sus columnas. Y relataba que “un prominente abogado de la plaza escribió en su cuenta de Twitter: ‘¿Qué estará fumando Sebastián Edwards en California?’. Al caballero le pareció descabellado que en una entrevista yo hubiera dicho que ‘en […]

  • 20 julio, 2017

Por: Carla Sánchez M.

Ya pronto tu empleo desaparecerá. Así titulaba el economista Sebastián Edwards una de sus columnas. Y relataba que “un prominente abogado de la plaza escribió en su cuenta de Twitter: ‘¿Qué estará fumando Sebastián Edwards en California?’. Al caballero le pareció descabellado que en una entrevista yo hubiera dicho que ‘en los próximos 84 meses, la mitad de los chilenos perderá su empleo y serán reemplazados por máquinas’”.

El avance de la inteligencia artificial (IA) no es ciencia ficción. Ya hizo su paso por la música, el cine, la TV, el transporte y los bancos. ¿Es el turno de la industria legal?

Hace algún tiempo, The New York Times publicó en un artículo el análisis de dos profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad de Carolina del Norte. El resultado: la instalación de toda la nueva tecnología legal resultaría en una baja del 13% de las horas trabajadas. Y que, siendo más realistas, la tasa de adopción de tecnologías reduciría a un ritmo de 2,5% anual las horas laborales en los próximos cinco años.

¿Qué tan cerca estamos de que un robot reemplace a un juez?

“Hay que tener cuidado con ser excesivamente sensacionalistas. Con las tecnologías existentes, aún no es posible pensar en un mundo sin abogados. En lo que sí podemos pensar es en generar herramientas que ayuden a tomar mejores decisiones y hagan más eficientes a los abogados”, explica José Miguel Jiménez, de Webdox, empresa que ha incursionado en el campo de la inteligencia artificial con Webdox Brain: un software legal que lee y clasifica documentos sin intervención humana.

“La inteligencia artificial es un concepto que está muy cargado de elementos de ciencia ficción. Hay ciertos aspectos del trabajo legal, en cuanto a la búsqueda y sistematización de información, que podría ser realizado por las máquinas, pero la aplicación de esa información todavía va a ser hecha por humanos”, explica Rodrigo Lavados, socio de Cariola, Díez, Pérez-Cotapos y Sargent & Krahn, estudios “hermanos” que están aplicando tecnologías de IA.

En su opinión, no hay que olvidar que el trabajo legal “es creativo y no siempre hay una verdad absoluta. Hay que tomar ciertas decisiones, que –hasta ahora– sólo pueden ser llevadas a cabo por seres humanos”.

“La inteligencia artificial puede hacerle la labor más sencilla a un juez, pero determinar la credibilidad de un testigo, sobre la base de si está nervioso o no, difícilmente podrá hacerlo una máquina”, agrega Raimundo Moreno, socio de Cariola, Díez, Pérez-Cotapos y Sargent & Krahn.

El abogado robot

El avance de la tecnología es impredecible. Y hasta ahora, en el mundo legal, más bien se habla de una inteligencia artificial “suave”: programas computacionales que requieren que los seres humanos los comanden para ponerlos en contexto y que así, su trabajo tenga sentido.

Los principales avances de IA en el campo jurídico se ven en Estados Unidos e Inglaterra, donde hay empresas abordando materias como la automatización de clasificación de información, revisión de contratos, detección de riesgo, predicción de juicios, automatización de procesos de due diligence y compliance, entre otras cosas. Sin embargo, muchas de ellas se encuentran en etapas iniciales con sus primeros clientes.

El año pasado se anunció la creación del primer “robot abogado”. Se trata de Ross, que fue “contratado” por la firma estadounidense Baker & Hostetler, especializados en quiebra. Creado por IBM –a partir de su plataforma de inteligencia cognitiva Watson–, Ross Intelligence puede, por ejemplo, buscar un fallo de la corte de hace 13 años sin demora y explicarlo de manera sencilla. Y por si fuera poco, es capaz de vincularlo con un caso más actual. Por ahora, su alcance se limita a algunas materias legales, pero podría ofrecer un menú mucho más amplio.

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Otro proyecto, que nació en la Universidad de Stanford, es Lex Machina, que es capaz de hacer un seguimiento del historial de abogados y jueces para ver cómo fallan. Y hay un tercer ejemplo: el software Thought River, que permite revisar contratos a velocidades impensadas, al identificar un lenguaje específico y patrones de palabras.

“Si uno ve los grandes estudios a nivel mundial, todavía ven la inteligencia artificial con cierta distancia, no entienden bien para qué puede servir y la ventaja que podría representar para sus abogados y clientes. No me atrevería a decir que Chile está más atrasado, de hecho aquí hay ciertos proyectos en desarrollo bastante innovadores”, explica Lavados.

En Chile, hay muchas herramientas tecnológicas que actualmente se usan en los estudios locales como Case Map –que permite hacer clasificación y cruce de información– o Case Tracking, para revisar causas en el Poder Judicial.

Actualmente, Cariola, Díez, Pérez-Cotapos y Sargent & Krahn están trabajando con Cognitiva, empresa que comercializa Watson, el sistema de IA de IBM.

“Lo que hemos hecho es aplicar herramientas de Watson a un due diligence y estamos estudiando otros casos donde se pueda aplicar con éxito esta tecnología”, cuenta Lavados. Jorge Zamora, de Cognitiva, agrega que “la inteligencia artificial permite analizar grandes volúmenes de información de manera rápida y abre la posibilidad de analizar data no estructurada –como lo haría un humano–, a diferencia de las herramientas clásicas de computación, que trabajan con información estructurada”.

¿El fin del abogado “memorión”?

¿La ley está acercándose a su momento Uber? Se pregunta en un artículo el Financial Times. “Algunos se burlan de la idea”, dice el reportaje, que pone en duda el interés real de los estudios de adoptar las nuevas tecnologías: “Los que están en la parte superior de los bufetes más exitosos tienen poco incentivo para cambiar. El sistema les ha servido bien… Como socios, distribuyen los beneficios entre ellos y tienen poco incentivo para invertir en nueva tecnología”.

Más que una amenaza, los expertos sugieren que la IA es un complemento al trabajo de los abogados. Que tiene un gran potencial para revisar, por ejemplo, masivamente documentos –extrayendo la norma pertinente a cada caso–, pero todavía no puede decir qué significa esa norma.

Si antes el abogado que se sabía las leyes de memoria era un ídolo, hoy el conocimiento pasa a ser un “commodity” y el profesional que sepa usarlo estratégicamente será el más valorado.

Con la aplicación de IA, ¿se viene una ola de despidos en los estudios? “Hay mucho trabajo repetitivo, como constitución de sociedades, que las máquinas van a ser capaces de realizar de forma más rápida y eficiente. Aun cuando las tecnologías continúen evolucionando y sean capaces de suplir cada vez más el trabajo de los abogados, éstos seguirán existiendo y tendrán, en mi visión, que potenciar otras aptitudes de carácter humano, como el humor, la empatía, la creatividad, la compasión, entre otras”, cree José Manuel Jiménez, de Webdox.

“Hay cierto trabajo legal que va a cambiar. No me atrevo a decir que todos los estudiantes de primer año se vayan a quedar sin pega, pero probablemente cambiará la cantidad de recursos humanos en algunas áreas, pero en otras se necesitará más: la creatividad tendrá mayor valor”, vaticina Lavados. Su socio, Raimundo Moreno, complementa: “La inteligencia artificial no es un bicho que dejes solo, hay que entrenarla y requiere asistencia”. Un trabajo que seguramente realizarán los mismos abogados.

Los alcances de las nuevas tecnologías no sólo son una oportunidad para los estudios, sino también para el Poder Judicial. “De aquí a unos años va a existir una cantidad de data importante y la inteligencia artificial les va a hacer el trabajo más fácil a los jueces, al permitir, por ejemplo, canalizar las consultas con un filtro”, agrega Moreno.

Según Rodrigo Velasco, socio de Alessandri & Compañía, en el corto plazo la IA “explotará” en áreas como el transporte, la medicina y las telecomunicaciones antes que en el mundo legal. Y ello representa “una tremenda oportunidad para la industria, especialmente ante casos de responsabilidad por fallas o productos defectuosos, tanto contractual como extracontractual, en el nuevo escenario que supondrán accidentes de autos que se manejan solos, fallas en procesos predictivos o responsabilidad por cosas y ‘dependientes’ que ya no tendrán personalidad como tal”.