El manejo de información es, defiinitivamente, un asunto que preocupa a los organismos supervisores del mercado local. Al conocido interés por el tema demostrado por el superintendente de Valores y Seguros, Guillermo Larraín, se sumó ahora su par de AFP, Solange Berstein, mediante un ofi cio en que solicita a los ejecutivos de administradoras abstenerse […]

  • 16 noviembre, 2007

El manejo de información es, defiinitivamente, un asunto que preocupa a los organismos supervisores del mercado local. Al conocido interés por el tema demostrado por el superintendente de Valores y Seguros, Guillermo Larraín, se sumó ahora su par de AFP, Solange Berstein, mediante un ofi cio en que solicita a los ejecutivos de administradoras abstenerse de “efectuar pronósticos públicos respecto del futuro de la economía y menos aún que se manifi esten opiniones sobre los instrumentos mejor calificados para invertir”.

En su reciente intervención en el Congreso de Finanzas de Icare, Larraín acusó al mercado de operar bajo una “cultura de la datocracia” y, si bien se mostró partidario de la autorregulación, advirtió que “cuando los privados se demoran mucho, entonces el Estado sale a hacer leyes”.

Evitar el uso indebido de información parece a todas luces una labor encomiable, pero un excesivo afán regulador podría concluir en medidas que infringen el necesario acceso a la información. Por ejemplo, Berstein tiene un punto cuando advierte que las proyecciones de un ejecutivo de AFP podrían esconder un interés por favorecer una posición determinada del mismo fondo. Pero tampoco se puede negar a los cotizantes el derecho a conocer las estimaciones de quienes manejan sus recursos. Para esa persona, información es poder y, además, una forma de fi scalizar a su administradora.