En 2016 Matías Claro, gerente general de Grupo Prisma -holding familiar-, fundó Niños Primero, institución que fortalece el vínculo entre padres e hijos en la primera infancia. Las familias Ibáñez, Kaufmann y Bulnes, entre otras, se han sumado a esta cruzada que ya supera los 40 mil casos.

  • 26 diciembre, 2019

Kathy Basualto, tiene 30 años, es madre de tres niños y vive en Cerro Navia. A las cinco de la tarde termina su jornada como educadora de párvulos en el Colegio Cree de la misma comuna. Entonces, cuelga su delantal, toma su bicicleta y comienza a tocar las puertas de las casas de sus vecinos. A diario, visita a cerca de seis familias del sector con un objetivo clave: enseñar a los adultos que ahí viven, a interactuar con el niño que reside en su hogar. Lo hace a través de la lectura de un cuento o de un juguete didáctico.

Basualto es monitora de la Fundación Niños Primero, organización que creó Matías Claro, gerente general del grupo Pru -holding empresarial fundado por su padre, el empresario Jorge Claro- junto a su mujer, la abogada Anne Traub. La historia se remonta al año 2016, época en que ambos se propusieron materializar una inquietud que les daba vueltas en la cabeza hace años: igualar la cancha para los niños más vulnerables del país.

Confiesan que su paso por el el Ministerio de Vivienda y Urbanismo entre 2010 y 2013 los removió. Claro era secretario ejecutivo de Aldeas y Campamentos, tenía a cargo 450 programas sociales, mientras que Anne era jefa de gabinete del entonces ministro Felipe Kast. Allí se conocieron y pudieron constatar la falta de programas sociales efectivos que había en materia de educación inicial, es decir, entre los 0 y los 4 años. Eso había que revertirlo, afirma el fundador: “Científicamente está demostrado que la intervención educacional de calidad en la primera infancia es por lejos la política pública más efectiva. Cada peso invertido retorna ocho pesos a la sociedad, lo que implica una tasa de retorno del 13% anual del monto invertido”.

En 2014 dieron un vuelco a sus vidas: el ingeniero vendió la participación que tenía en la administradora de servicios financieros Claro y Asociados, que había creado en 2008 con sus socios Pablo Armas y José Mujica -hoy Ameris Capital-, y partieron a Estados Unidos. Se instalaron en Boston. Ahí, Claro estudió un Máster en Administración Pública con foco en evaluación de impacto de políticas públicas educacionales, en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard. Investigó casos de organizaciones internacionales dedicadas a infancia y así llegó a la fundación Parent Child+, la que tenía más de cincuenta años de experiencia y excelentes resultados. El foco de aquella institución, explica, busca fortalecer el vínculo entre el niño y el adulto en sus primeros años de vida.

En 2015 y después de meses de investigación hicieron los trámites legales para exportar el programa a Chile. Al año siguiente, y con Anne a la cabeza, crearon la Fundación Niños Primero (FNP), implementando en Chile el modelo Home Visiting de la organización norteamericana: el programa consiste en dos visitas educativas a la semana a hogares donde vivan niños de 2 años. El ciclo consta de dos ciclos de 23 semanas y cada menor cuenta con una monitora que le llevará el material que trabajará en conjunto con uno de sus dos progenitores (o los adultos responsables).

En marzo de 2016 comenzaron el trabajo en terreno de reclutamiento y selección de familias. El piloto lo aplicaron en Cerro Navia, un municipio con altos niveles de vulnerabilidad y pobreza infantil. El vínculo con la comuna ya lo tenían. Ese mismo año el Grupo Prisma había creado (junto a Raimundo Valenzuela, Tim Purcell y otros socios) el colegio Cree -corporación educacional gratuito sin fines de lucro-, que facilitó las salas para la capacitación de las monitoras que llevarían a cabo el programa.

Entonces, trabajaban solo en esa comuna con dos monitoras y una jefa que coordinaba un grupo inicial de 25 niños. Hoy ya son 54 las maestras y hasta la fecha el programa ha beneficiado a 900 niños, se aplica en 17 comunas, en 4 regiones y se han concretado más de 41.400 visitas a hogares. Las metas para 2025 son ambiciosas: pretenden llegar a cubrir los 50 mil niños por año que nacen en extrema pobreza en el país.

En Panquehue

Fue en uno de los “consejos familiares” que hacen los hermanos Ibáñez Bulnes todos los años donde tomaron la decisión. Los seis hijos de Pedro Ibáñez -presidente de la UAI- y María Elisa Bulnes se reunieron en mayo de 2016 para definir en conjunto una iniciativa social en la que aportar como grupo. “Creemos que seis cabezas y seis billeteras hacen más que una”, comenta Magdalena, la cuarta del clan y líder de esta iniciativa. Las motivaciones de los Ibáñez Bulnes eran múltiples, confiesa: políticas, culturales y medioambientales. Pero fue la educación lo que les dio el empujón, pues históricamente el grupo ha estado ligado a la enseñanza: el abuelo fue el fundador de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Luego de diversas asesorías llegaron al proyecto liderado por Claro. A todos les hizo sentido que la intervención en la primera infancia era urgente. “Es difícil constatarlo porque no es algo concreto, de hecho, los efectos se ven en 10 o 15 años más, pero estamos convencidos de que el resultado es incuestionable y que sí tiene un retorno. Hay un punto de quiebre, pues si no existió un vínculo de confianza básica, es muy difícil recuperarlo”, comenta Magdalena Ibáñez.

Y cuando supieron que ellos podrían elegir el lugar o la comunidad a intervenir, se convencieron de participar ahí. “¡Hagámoslo en Panquehue!”, dijeron todos. La elección no fue al azar: en esa localidad del valle de Aconcagua (V Región), los Ibáñez han sido latifundistas, activos políticos y empresarios agrícolas hace más de un siglo.

Partieron apoyando en 2016 a un grupo de 25 niños. En diciembre de este año se gradúa la tercera generación. “Ha sido tan bonito lo que ha pasado en la comunidad, que otras personas de la zona se han sumado, como Sebastián Bulnes y Jorge Schmidt,» termina por añadir la sicóloga.

Para poder instalarse en una comunidad con dos monitoras y una coordinadora, la fundación necesita al menos 25 niños. Eso requiere de un financiamiento de 15 millones de pesos considerando que cada niño tiene un “costo” de 600 mil pesos al año. Así como los Ibáñez, otras familias, donantes individuales, empresas y gobiernos regionales -como el de la Región de Los Lagos- se han sumado y financiado el programa en comunidades con las que se sienten especialmente vinculados.

La app

Melanie Kaufmann sentía que el frío y la lluvia le traspasaban los zapatos. Entre las nubes, el sol del invierno recién pasado algo iluminaba la población La Pantanosa en Frutillar Alto, en la Región de Los Lagos. Junto a su mamá, Annette Vogt, acompañaban a Nicole, monitora de FNP, en una de sus visitas. Iban a ver a Sofía, de tres años, a poco más de un mes de haberse sumado al programa. Dice Melanie que ese momento no se le olvidará jamás. “Llegamos a la casa, miramos hacia la ventana y vimos a Sofía. Estaban esperándonos y se pusieron muy felices cuando apareció Nicole. Es muy emocionante presenciar lo que pasa en esos 30 minutos”, asegura la hija del empresario Cristóbal Kaufmann, representante de Mercedez-Benz. Cuenta que inmediatamente apagaron la televisión y los recibieron con la casa cuidadosamente preparada para ponerse a trabajar.

Así como algunas familias donantes asisten a las ceremonias de graduación de los niños sin intervenir en el proceso y “pasar piola”, otras prefieren conocer el programa in situ. Melanie pudo ver cómo la monitora repasaba con Sofía y su mamá los contenidos que habían aprendido dos días antes en la primera visita de esa semana. “Se notaba la complicidad entre ellas, Sofía se sentía inmensamente querida. La energía y el agradecimiento son muy genuinos y lo que pasa allí impacta a todos”, comenta Melanie.

Para que la intervención sea de calidad es escencial involucrar a los padres, sin embargo, al ser un método que se realiza en los domicilios resulta mucho más difícil de administrar y supervisar. Es por esta razón que diseñaron “EKID”, app que permite monitorear, georreferenciar y registrar, a través de cualquier dispositivo con acceso a internet, las 1.200 sesiones domiciliarias que semanalmente realizan las monitoras de la fundación y que a principios de mes se ganó el premio Avonni 2019 en categoría Innovación Social. La aplicación también les ha servido para hacer una rendición de gastos a los donantes.

Cada vez que Nicole entra a la casa de Sofía, pincha la aplicación y registra su ingreso. El GPS indica que hay actividad de una monitora en La Pantanosa, comunidad elegida por Melanie, su padre Cristóbal y su hermano Lionel para donar el programa de primera infancia a un grupo de 30 niños a partir de este año.  La familia tiene una relación de años con la zona, y de distintas formas han devuelto a la comunidad todo lo recibido. 

Los Imanix

“Esto es lo mismo como cuando uno le dice a una amiga que si no te acompaña al gimnasio, no vas”. La comparación viene de Cynthia Álvarez -madre de Ámbar (4) y Eunise (11)-, quien hace dos años recibió la visita de una instructora que fortaleció el vínculo con su hija menor. En un principio, si la monitora no estaba, la relación con su hija no fluía. “Antes mi hija era inquieta y muy poco sociable. Aprendí a conocerla a través de detalles muy sencillos. Me encantaría ahora yo ser monitora”, agrega la mujer.

Ellas viven en Cerro Navia y fueron unas de las beneficiadas por el programa de la segunda generación en 2017. “A la larga va permeando a la familia completa. Todos se hacen parte de lo que pasa en ese minuto en que la mamá se detiene y se dedica al hijo”, comenta la directora ejecutiva. Cynthia, por ejemplo, de a poco fue dándose cuenta de que su hija Eunise, entonces de 9 años, se sumaba a las actividades que hacían. “La tía nos obligaba a parar y hacía que fuera nuestro momento. Se nos hizo un hábito leer un cuento antes de dormir. Antes, jamás lo hacíamos”, relata.

Otro punto que recalca es la calidad del material educativo, el cual en gran parte es donado, en el caso de los juguetes, por Caramba y Braintoys, y de los libros, por la librería Contrapunto. Para las familias de escasos recursos ha significado una oportunidad tener acceso a insumos que nunca hubieran podido comprar. “Nos hemos hecho una biblioteca maravillosa con 20 libros que hemos leído millones de veces”. Lo mismo ocurre con el material didáctico. Tras dos años de haber graduado, “para Ámbar, los Imanix sigue nsiendo su juguete favorito”, dice Cynthia.

La apuesta del matrimonio Claro Traub por la primera infancia está marcando terreno. Este año, Anne Traub fue elegida como una de 100 Mujeres Líderes 2019, reconocimiento que realiza Mujeres Empresarias en conjunto con El Mercurio. El próximo paso: analizar el resultado de una evaluación cualitativa que por estos días encabeza la experta en esta materia, Daniela Rojas, quien evaluará a los padres y profesores de colegios y jardines infantiles donde asisten los niños egresados del programa. “Así, con resultados en mano, podremos seguir fortaleciendo la primera infancia”, concluyen.


La primera infancia de Horacio Pavez en Puerto Aysén

De todos los proyectos que don Horacio Pavez García (80) vio en la presentación del evento de la ONG The Impact -que preside su hijo Horacio y que fomenta a familias de alto patrimonio a invertir en iniciativas sociales- fue la Fundación Niños Primero el que lo removió por completo. En esa instancia el proyecto de Matías Claro lo llenó de ilusión. “Cuando me reuní con ellos y me contaron que podíamos elegir el lugar donde implementar el proyecto, al tiro pensé en ¡Puerto Aysén! Y les conté mi historia”.

Pavez llegó a Puerto Aysén en 1941 con apenas tres años. Su padre había sido nombrado profesor normalista de la Escuela Primera Clase N°1 de Hombres con el fin de incentivar que los niños ingresaran al colegio e instruirlos para que lo terminaran.

El empresario, fundador de Sigdo Koppers, dice que desde que comenzó a tomar uso de razón se dio cuenta de que su infancia había sido maravillosa. Pese a que vivían en una localidad de condiciones geográficas hostiles siempre sintió de parte de sus padres un vínculo muy profundo. “Jugaba mucho con mi mamá. Ella me cuidaba y tocaba el piano, mientras mi papá me enseñabaa leer y escribir.

“Por mi experiencia y la de mis hermanos es que me hizo tanta ilusión el proyecto de Matías Claro. Creo importante reforzar esa relación en la primera infancia, porque eso no se olvida. Cuando se tiene una buena directriz inicial, uno puede estar o no de acuerdo con lo que pueda estar pasando, pero no desata la rabia de la manera que la vemos hoy ni destruye el país como lo están haciendo”.

El aporte de don Horacio Pavez comenzó este año con el apoyo a un grupo de 25 niños en Cerro Navia y ya se hicieron todos los estudios y que a partir de abrirl de 2020 y 2021 50 niños de Puerto Aysen se vean beneficiados.