A las preocupaciones de los agricultores estadounidenses sobre cómo desacelerar el ritmo del calentamiento global y cómo adaptarse a un mundo cada vez más caluroso, con un clima muy variable, se suma un nuevo factor: el apoyo político a los subsidios en esta materia, dice el New York Times. En 2012, los contribuyentes pagaron miles […]

  • 7 febrero, 2013
Sequía en EE.UU. en diciembre de 2012. Foto: NY Times

Sequía en EE.UU. en diciembre de 2012. Foto: NY Times

A las preocupaciones de los agricultores estadounidenses sobre cómo desacelerar el ritmo del calentamiento global y cómo adaptarse a un mundo cada vez más caluroso, con un clima muy variable, se suma un nuevo factor: el apoyo político a los subsidios en esta materia, dice el New York Times.

En 2012, los contribuyentes pagaron miles de millones de dólares en subsidios a los agricultores, los cuales permiten paliar los efectos de la sequía, inundaciones y otros, en diferentes zonas del país.

El problema es que muchos sectores están viendo reducirse sus presupuestos por la serie de recortes sociales que está implementando Estados Unidos para enfrentar la crisis económica. Los agricultores temen no recibir esos subsidios, los cuales hoy les están permitiendo mantenerse a flote.

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Tras los cambios climáticos de los últimos años, los norteamericanos están dejando de lado el escepticismo que una vez tenían respecto al calentamiento global. De hecho, la mayoría de los habitantes de Nueva York le atribuyen a este fenómeno la causa de las tormentas Sandy e Irene.

Lo que está por verse es si esta alerta de la población se traducirá en el apoyo político necesario para enfrentar de una vez por todas el cambio climático.

En su discurso inaugural, el reelecto presidente Barack Obama señaló que el huracán Sandy y la sequía del año pasado son una súplica para abordar este asunto. “El no hacerlo traicionaría a nuestros niños y a las futuras generaciones”, dijo el mandatario.

Sin embargo, a pesar de haberlo puesto en la lista de prioridades de su agenda, Obama evitó referirse a cuánto costaría llevar a cabo una reforma en esta materia. Asimismo, tampoco ha mencionado la que podría ser la herramienta más poderosa para enfrentar el cambio climático: un impuesto al uso de la energía.

Algunos economistas aseguran que un impuesto a los combustibles y al carbón que se lanza a la atmósfera podría ser la fórmula más barata para combatir el cambio climático. Los países más avanzados en esta materia, ya cuentan con regulaciones similares.

El tema es si los norteamericanos estarán dispuestos a llevar a cabo una reforma tributaria de este tipo.

Revise el reportaje completo en el New York Times.