Mediante capitalizaciones, las potencias han logrado controlar –al menos, en parte– la tormenta financiera.

  • 3 noviembre, 2008
EL ATORO DE SHANGHAI
las secuelas por Guillermo Tagle
LOS G-8 Y LA CRISIS BANCARIA
las lecciones aprendidas, por Alejandro Alarcón
DINERO ¿SIN COMPROMISO?
el rescate bancario
TRES MIRADAS Y UN DIAGNOSTICO
recesión a la vista

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EL ATORO DE SHANGHAI

El autor ilustra como las crisis se transmiten desde el campo financiero al real, y asegura que mientras todavía hay especialistas que debaten si el mundo o el país tal o cual están o estarán en recesión, la evidencia empírica permite sentir que e mundo ya está definitivamente viviendo una recesión. Por Guillermo Tagle.

Si una locomotora corre a alta velocidad con un largo y cargado tren y sorpresivamente encuentra un obstáculo que la detiene, definitivamente se descarrilará. Esta paradoja no es muy diferente de lo ocurrido estas semanas en la economía mundial. Desde hace ya varios meses se empezaron a encender luces de alerta, que indicaban un principio de desaceleración en la economía mundial que amenazaba interrumpir el ciclo de crecimiento y creación de riqueza más virtuoso de la historia de la humanidad. Sorpresivamente, la más brusca caída de los mercados financieros del mundo ocurrida en la era de Internet ha generado una reacción rápida y en cadena, en todas las actividades productivas del planeta. El pasado 15 de septiembre y luego de conocida la quiebra de Lehman Brothers, se desató una cascada de eventos cuyo epílogo aún no conocemos: una abrupta caída de los mercados bursátiles (la bolsa de Nueva York acumula una baja de 25% desde septiembre) y del precio de los commodities, la desconfianza total en el sistema financiero, la virtual paralización del crédito interbancario y la multiplicación por 5 de la volatilidad. Se trata de señales muy fuertes para el sector real de la economía, que reaccionó en forma automática tomando medidas, decisiones y acciones. El pánico se apoderó de los mercados, haciendo que muchos inversionistas, empresarios y ejecutivos, estén adoptando decisiones de emergencia, en un ambiente de confusión y poca claridad.


Un aterrizaje a la realidad

Un distribuidor mayorista de consolas para juegos de computador de Estados Unidos anticipó que la demanda por estos productos sofisticados se reduciría en forma importante en esta temporada de Navidad. Procedió de inmediato a enviar un mail al fabricante en China, para que detuviera el despacho de los containers que en ese momento estaban por llegar al sitio de bodegaje en el puerto de Shanghai. En paralelo, el banco que debía financiar las cartas de crédito para permitir la operación de comercio exterior también informaba al mismo agente que no estaba en condiciones de asumir el riesgo de crédito, ya que no sabía si el banco corresponsal cumpliría sus obligaciones. Cuando avisan de la suspensión del pedido al camión que ya llegaba al puerto
con un container para ser despachado a Norteamérica, se encuentra con miles de otros transportistas y exportadores en similar situación. Sin disponer de espacio para dejar la carga, avisa a su oficina central, para que no sigan despachando mercadería, ya que no hay dónde dejarla y los barcos no recibirán más containers mientras no tengan certeza de que la mercadería será debidamente recibida en el puerto de destino. Cuando el fabricante de consolas se entera de la situación, instruye inmediatamente al responsable de producción, para que reduzca o detenga la fabricación, según pueda actualizar la lista de pedidos de los diversos mercados del mundo a los que regularmente abastece. Este a su vez, pocos minutos después, envía un mail al proveedor de piezas y partes, para ponerlo al tanto de la situación y solicitar la suspensión temporal del suministro. Luego, el proveedor de piezas y partes repite lo mismo respecto de suproveedor de materias primas y sigue una reacción en cadena hasta que, fi talmente y en pocas horas, la sucesión de eventos llega hasta el mercado de minerales, provocando una abrupta caída en el precio de todos los recursos naturales que transan en mercados formales. Mientras tanto, la sofi sticada logística de todo el aparato productivo, de bodegaje y embarque del puerto de Shangai, se ha empezado a atorar. El tren comienza a descarrilar.

La sucesión de eventos antes descritos, si bien corresponde a una realidad simulada, refleja de buena forma la velocidad con que una crisis originalmente iniciada en la industria del financiamiento hipotecario subprime de Estados Unidos se propagó, en cuestión de días, al sistema financiero mundial y luego al sector real de la economía global. Se trata de una serie de acontecimientos que en tiempos pre-Internet pudo haber tomado meses, y tal vez años, en contagiarse desde el sistema financiero de un país particular a la economía mundial. En la era de las comunicaciones instantáneas, de Internet y de la alta tecnología, ha tomado sólo horas para infectar simultáneamente a todos los habitantes del planeta. Sin duda esta es una crisis diferente a cualquiera anterior. La globalidad de los mercados de bienes y financieros que tanto bien ha generado a la humanidad, sumado al infinito avance en las tecnologías de información y comunicación (que también han generado un progreso insospechado) nos han jugado, para este caso, una mala pasada, provocando el contagio instantáneo de una falla que pudo ser local a todas las actividades económicas y empresariales de la Tierra.

Una vez que la confianza y la actividad vuelvan gradualmente a su curso normal, ¿será tan rápido también el contagio de la recuperación? Es algo que tiene sentido esperar, pero ante tantos desaciertos y errores de pronóstico que hemos visto en todos los analistas especializados, por ahora lo podemos dejar como una hipótesis de esperanza, más que como una predicción con fundamentos.

El origen de la crisis

El mundo emergente, especialmente las economías más populosas del planeta, había iniciado simultáneamente un ciclo de reformas y liberación económica que empezó a generar bienestar y crecimiento sostenido a casi dos tercios de la humanidad que hasta entonces vivían en condiciones de pobreza. Este proceso vino de la mano con un incremento en la capacidad productiva y una rebaja en los costos de manufacturas, especialmente en China, que disminuyeron la inflación mundial, provocando en todo el planeta la sensación (hoy equivocada) de que la inflación era un tema definitivamente superado.

Con baja inflación y alto crecimiento, las tasas de interés se redujeron a niveles nunca antes vistos, generando excesos de liquidez y abundancia de recursos financieros. Los principales mercado bursátiles acumularon incrementos también espectaculares, contribuyendo en buena medida a alimentar la sensación de bienestar y abundancia (EE.UU. +100%, China +600%, Brasil +1.900%, Chile + 450%, retorno acumulado en dólares, en alguna parte del ciclo de 5 años entre el 2002 y el 2007). Este ambiente de liquidez fue uno de los principales estímulos para que la industria financiera de Estados Unidos registrara la mayor creatividad de su historia, inventando instrumentos de inversión y estructuras con alto grado de sofisticación, que permitían captar esta liquidez del universo y usarla para financiar el consumo superior a su productividad que por muchos años ha caracterizado a la población de Estados Unidos. Fue esta riqueza, generada en muchas partes del mundo, la que bancos de inversión canalizaron al sector inmobiliario de Estados Unidos, financiando casas cada vez más caras, a consumidores cada vez menos pudientes, que se endeudaron varias veces más de lo que sus bolsillos podían financiar.

La magia de la securitización modificó la función de producción de la banca, que dejó de ser administradora del riesgo de sus carteras y clientes, para pasar a ser fabricante de estructuras e instrumentos que eran desvinculados de sus balances lo más rápido posible, para poder repetir estas operaciones tantas veces fuera factible, maximizando así la generación de comisiones y utilidades de corto plazo. Literalmente, se gestó el clásico Juego de la Pirámide a escala mundial, alimentado por el creciente flujo de liquidez que generaba una economía en ciclo positivo, que financiaba la escalada de estructuras, la que para mantenerse requería cada vez más recursos. El inicio de la desaceleración en la actividad económica mundial, a fines del 2007, empezó de a poco a desestabilizar el sistema, llegando hasta su derrumbe definitivo a partir de septiembre pasado. Una ilustración de la magnitud de los nuevos mercados y estructuras que se crearon en este ciclo en EE.UU. se refleja en los más de 65 trillones de dólares de exposición implícita en el mercado de Credit Default Swaps (coberturas de riesgo de créditos) y los 2,5 trillones de dólares implícitos en estructuras de activos securitizados (a modo de referencia, recordar que el monto del polémico paquete de rescate aprobado en el Congreso de EE.UU. contemplaba 700 billones o 0,7 trillones de dólares).

La pirámide ya se ha desplomado. El sistema financiero ha debido ser intervenido por los principales Estados del mundo. Los 5 mayores bancos de inversión de EE.UU. desaparecieron en una semana. Los mayores bancos comerciales del mundo han requerido aportes de capital de sus respectivos gobiernos, y su propiedad y gestión futura han quedadotemporalmente en manos del Estado. Ha sido necesaria una intervención concertada y bien coordinada de las mayores economías para detener la crisis de pánico y restablecer gradualmente la confianza al sistema financiero mundial. Contrario a lo que se podía esperar, la intervención de la autoridad económica de EE.UU. fue la más débil y confusa del mundo desarrollado. Han sido la acción y el ejemplo de las autoridades europeas en general, y de Gran Bretaña en particular, los que hoy permiten mirar el aspecto financiero de esta crisis como algo que podría empezar a fluir hacia la normalidad.

 

Los efectos en la economía real

La paralización del sistema financiero internacional y del sistema de créditos interbancarios, el colapso de los mercados bursátiles y la caída estrepitosa del precio de los commodities (incluyendo petróleo y cobre) han provocado ya un efecto en la economía real. La historia antes narrada, es una simulación de algo que masivamente ya ocurrió en un par de semanas, en todas las empresas del mundo. En mayor o menor medida, en todos los centros de decisiones empresariales se han emprendido acciones para defenderse de esta crisis. La velocidad con que hoy se toman estas decisiones y con que se procesa la información probablemente hará que el proceso de ajuste sea más rápido y más pronunciado que lo que se puede pronosticar con modelos de proyección económica tradicionales. Esta es, probablemente, la causa por la cual las proyecciones actuales de Concensus Forecast todavía pronostican crecimiento positivo para 2009 en América latina, Chile y el mundo. Los modelos tradicionales han demostrado ser incapaces de predecir las tendencias macro en estos ambientes de volatilidad y alta sofisticación. Intuitivamente, resulta natural estimar una caída del PIB en los próximos 12 meses en Chile y en muchas otras de las economías que Consensus todavía proyecta con tasas positivas. Para China, los más pesimistas pronostican una desaceleración a cifras de crecimiento en torno al 7-8%, mientras la intuición y los hechos que nos ha tocado conocer estas últimas semanas, también llevan a predecir –intuitivamente– efectos bastante más negativos que eso. Mientras todavía hay especialistas que debaten si el mundo o el país tal o cual está o estará en recesión, la evidencia empírica permite sentir que el mundo ya está definitivamente viviendo una recesión. Los modelos tradicionales no han permitido vaticinar casi nada de lo que hemos visto en las últimas semanas. De la misma forma, es muy probable que en este momento una vez más se estén equivocando, al no predecir que en los meses siguientes tendremos tasas de crecimiento negativas en Chile y en muchos otros países.

Evolución del mercado bursátil

La Bolsa es normalmente el termómetro de la realidad económica y financierade los diversos países. Es común también que la bolsa anticipe los acontecimientos que ocurrirán, tanto respecto a la macroeconomía como de los resultados futuros de las empresas. Adicionalmente, es también común que en períodos de crisis haya reacciones y sobrerreacciones en cuanto al efecto que las diversas dificultades tendrán en los precios. Si se analiza la evolución de la bolsa chilena (que no es muy diferente a la de los mercados más desarrollados), desde 1980 en adelante es posible identificar al menos 5 momentos en los cuales han ocurrido grandes colapsos. En los cinco casos, después de la caída provocada por la crisis, el mercado ha registrado rentabilidades porcentuales al menos dos veces superiores a la magnitud de la caída. El caso más fuerte ocurrido en Chile fue con motivo de la crisis de 1982- 83. Entre el año 1981 y hasta febrero de 1983 la bolsa cayó un 62% para luego, en los dos años siguientes, registrar un incremento de 175%. Movimientos similares han ocurrido después de la crisis del lunes negro de octubre de 1987, en el Tequilazo entre 1994 y 95, como también en la crisis asiática entre 1997 y 1998. Igual cosa ocurrió cuando explotó la burbuja de Internet en 2002.

Desde los inicios de la crisis subprime, el mercado chileno ha registrado un 47,5% de caída. La incertidumbre actual no permite predecir cuándo llegaremos al final de este ajuste. Falta medir el efecto de esta recesión en los resultados de las empresas cotizadas, falta todavía terminar el proceso de ajuste de las carteras de las AFP, donde probablemente aún no han salido de los fondos A y B muchos afiliados que, producto de esta crisis, se han dado cuenta de que estaban estructuralmente mal invertidos. Si miramos el futuro con optimismo y esperanza; si suponemos que una vez decantada la crisis y redefinido el mapa financiero económico para el sistema financiero internacional, es posible que la humanidad vuelva a crecer. Es probable que el mundo retorne a la normalidad y que la ilusión por avanzar hacia el desarrollo en países como China, India, Brasil y Chile se pueda convertir en una realidad. Las reservas acumuladas en los países emergentes, en los años de bonanza, tendrán que ser usadas ahora (en las vacas flacas), para reducir los efectos sociales de la crisis; para implementar reformas que permitan aumentar la productividad de las empresas exportadoras, que tendrán ahora una nueva oportunidad de proveer a Chile de fuentes de ingresos alternativas. Esta crisis se puede convertir en una oportunidad. Chile puede salir fortalecido y su estrella podrá volver a brillar.

El autor es director ejecutivo de IM Trust.

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LOS G-8 Y LA CRISIS BANCARIA

La historia de episodios financieros turbulentos ha mostrado que la velocidad de la intervención es directamente proporcional a la velocidad de recuperación de la Economía. Por Alejandro Alarcón.

Hace 100 millones de años, los dinosaurios dominaban la tierra. Un meteorito terminó con la especie, pero adivinen qué: la evolución continuó, la vida también y hoy, “se supone”, la especie humana domina la tierra. Los ciclos históricos y económicos provocan esta reminiscencia. En particular, el capitalismo ha mostrado que, pese a todos los augurios de Karl Marx en su famoso libro El Capital, ha sobrevivido, se ha perfeccionado y, a través de su forma predilecta de asignación de recursos, la economía de mercado se ha perfeccionado y ha extendido la riqueza en nuestro planeta. Es justo decir que el sistema tiene tareas pendientes, pero los optimistas como yo estamos seguros de que aquello ocurrirá en el futuro.

Haciendo la analogía con la historia de la evolución, basta observar la saga que en un corto período de tiempo ha ocurrido en el sistema bancario norteamericano y en el europeo para darse cuenta de que el mundo financiero también recibió un meteorito, o varios de ellos. Claramente, el último se llamó Lehman.

Como sabemos, esta historia empieza en los dos últimos años con la llamada crisis subprime y con la explosión de la burbuja inmobiliaria que se había formado en la economía norteamericana, lo que ha dado lugar a las mayores turbulencias observadas en los mercados bursátiles; probablemente, en toda su historia. Claramente eso ha sido lo más llamativo, porque en el mundo globalizado en que vivimos podemos enterarnos automáticamente, a través de la TV, Internet y, en general, los media, de las malas noticias que arrasan los mercados financieros de países desarrollados y emergentes.

Claramente; la confianza se ve afectada por estos hechos. Como sabemos, la confianza es absolutamente esencial en los mercados financieros y, por tanto, es aquella característica la que debe ser restaurada por la elite dirigente del mundo, a la brevedad. Pero no nos engañemos; la falta de confianza que hemos visto en los mercados financieros a nivel mundial tiene su máxima expresión en el pánico. Y éste es el que conduce a un problema mayor que la crisis bursátil: la restricción de liquidez y el estrechamiento del crédito. Es eso lo que finalmente termina por contaminar al sector real de la economía, detener el crecimiento e, incluso, hacerlo retroceder y, por ende, aumentar el desempleo y la inestabilidad social. Si esto se convierte en un fenómeno global, no hay industria en un determinado país o incluso países que no sería afectada.

El mundo occidental ha reaccionado. Desde principios de octubre hemos observado una mayor coordinación de los bancos centrales de las principales economías del planeta. Con apreciables montos, especialmente de Estados Unidos y Gran- Bretaña, de liquidez disponible. La FED incluso anunció que podía comprar Commercial Paper directamente de aquellas firmas que lo necesitaran. El gobierno de Brown ha intervenido el sistema bancario, capitalizándolo y, en algunos casos, ha tomado el control de instituciones. Algo que también hemos observado en otros países europeos. Particularmente, en el caso británico, la oferta de garantías para préstamos interbancarios para los próximos tres años ha resultado ser un bálsamo fundamental. Esto ha logrado estabilizar en parte el alicaído sistema financiero internacional, pero sabemos que no es suficiente.

La historia de episodios financieros turbulentos en años anteriores ha mostrado que la velocidad de la intervención es directamente proporcional a la velocidad de recuperación de la economía. Basta observar la comparación de la llamada crisis asiática con la recuperación durante los años 90 de la banca japonesa para ofrecer este tipo de argumento. Mientras Asia se recuperó vigorosamente, Japón se arrastró por casi una década al borde de la recesión.

Habrá un gran debate. La intervención del Estado en el funcionamiento del sector privado y, particularmente, en el sistema bancario no es lo que normalmente deseamos aquellos que creemos en el libre mercado, ni tampoco los contribuyentes que pagan impuestos y, a su vez, en su gran mayoría son los que votan por los políticos que toman estas decisiones. El pragmatismo nos da estos dilemas y, como tales, hay que resolverlos.

Sólo en el caso de los contribuyentes, recordemos la crisis bancaria en Chile a principios de los 80. Como en otras latitudes, en el corto plazo eran pocos los que podrían haber apoyado esta acción. Sin embargo, el sistema bancario emergió y crecieron las empresas que operaban en el llamado sector real, lo que no sólo se refleja en su valor de mercado hoy, sino también en la sofisticación de la producción de bienes y servicios. Por lo tanto, los contribuyentes, en el largo plazo, sí se beneficiaron de esas decisiones.

Si bien la solvencia de los bancos es uno de los grandes desafíos que hay que enfrentar, hemos observado que es la falta de liquidez la que termina por afectar el sector real de la economía. Por tanto, las fórmulas de capitalización deben ser pragmáticas y urgentes. Todo lo que no pueda capitalizar el sector privado en las crisis debe ser capitalizado rápidamente por el Estado, ofreciendo la oportunidad –ciertamente– a aquellos en el sector privado que estén dispuestos a capitalizar en conjunto. Aquí, los incentivos son clave. En estas crisis, en que la urgencia es fundamental, la pregunta al infinito de qué es primero, “el huevo o la gallina” no debe aparecer. Si estos desafíos son rápidamente enfrentados por los G-8, el pánico desaparecerá, la confianza será restaurada y la desaceleración de la economía mundial en 2009 será menor, como también la duración de aquella desaceleración. El capitalismo resistirá y la economía de mercado volverá con las lecciones aprendidas.

Un párrafo final para Chile en este escenario mundial: la banca que opera en nuestro país claramente no enfrenta el escenario descrito. Así, ésta continuará cumpliendo su rol social, el cual entendemos tiene dos dimensiones que se complementan: por un lado, mantiene adecuados niveles de capitalización, buenos sistemas de evaluación de riesgos y sofisticados modelos de seguimiento de liquidez adecuada; por el otro, continuará apoyando a sus clientes para asegurar que el funcionamiento económico se mantenga y se traduzca en buenas tasas de crecimiento y de empleo en una economía como la chilena que, indudablemente, no está en crisis.

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DINERO ¿SIN COMPROMISO?

Tras varios intentos por recuperar la confianza de los mercados vía inyecciones de liquidez, las autoridades económicas mundiales –con Gordon Brown a la cabeza- comprendieron que el virus que atacaba a la banca global era de insolvencia. Entonces, optaron por capitalizar, convirtiendo a los estados en accionistas pasivo, en el papel, pero muy exigentes en el uso que la entidades le quieran dar a su dinero. Algo indica que esta relación no será sencilla.

Los rumores de que el primer ministro británico Gordon Brown estaba a punto de ser removido por su gabinete eran fuertes, pero –como caída del cielo– la crisis financiera le dio la oportunidad de aprovechar la experiencia acumulada como ministro de Hacienda. Y no perdió la oportunidad.

El 8 de octubre, en medio de la peor semana en la historia para las bolsas mundiales, anunció un plan de recapitalización para la banca inglesa, el mismo que comenzó a implementar sólo un par de días después. Tras ello, Brown no sólo recuperó popularidad, sino que algunos lo identifican ahora como el gran salvador del sistema financiero global (en clara oposición al ya temido secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson). No faltarán los que perciban en esto un mérito algo exagerado, pero lo cierto es que el plan británico sirvió de modelo para los movimientos que luego anunciarían Francia, Alemania, la atribulada Islandia e, incluso, la meca de la solidez bancaria mundial: Suiza.

El plan original

La pura cifra inicial es sobrecogedora: 400 mil millones de libras, que se desglosan en 50 mil millones destinados directamente a inyectar capital a los bancos, 100 mil millones en liquidez disponible para los bancos y garantías de deuda por 250 mil millones. ¿El monto en dólares? Unos 691 mil millones, lo que –considerando el tamaño de las economías– en términos relativos es mucho más que los 700 mil millones de Estados Unidos.

Londres ordenó la recapitalización de los ocho principales grupos ingleses: Royal Bank of Scotland, HBOS, Lloyds TSB, Barclays, Nationwide, Standard Chartered, Abbey y HSBC. Los cuatro últimos respondieron que no utilizarían los recursos fiscales. Santander, dueño de Abbey, anunció una inyección de mil millones de libras a su filial sin recurrir a ayuda externa. Barclays reconoció que necesita 6.600 millones de libras para reforzar su capital, pero que intentaría captarlos primero entre inversionistas privados. RBS, HBOS y Lloyds TSB no tuvieron más opción que aceptar la oferta del gobierno de inyectarles 37 mil millones de libras en capital.

Como consecuencia, el Tesoro británico se tranformó en el principal accionista de RBS, con hasta 57% del capital, y de la institución que resulte de la fusión de HBOS y Lloyds TSB, con un 43% del nuevo grupo.

Una nueva banca semi-estatal, anunciaron los críticos, aunque los términos del rescate son duros. Para empezar, los directores ejecutivos de RBS y HBOS, Fred Goodwin y Andy Hornby, respectivamente, dejaron sus cargos. No habrá dividendos sobre las acciones comunes hasta que se hayan pagado por completo 9 mil millones de libras en acciones preferentes emitidas al gobierno, lo que hace menos probable que los actuales accionistas se interesen por ejercer su derecho preferente y participar en la recapitalización. Además, el Tesoro nombrará directores en los bancos participados y exigirá que no restrinjan el crédito a empresas y particulares, con el objetivo político de reanimar la economía. Los bancos tendrán restricciones en sus planas ejecutivas y pagarán los bonos en acciones.

Brown defendió la decisión “sin precedentes, pero esencial” de su gobierno y recalcó que la compra de acciones era una “medida temporal”. Pero los analistas creen que pasará bastante tiempo antes de que el gobierno inglés pueda deshacerse del enorme grupo bancario estatal que se creó desde que se inició la crisis financiera, hace poco más de un año: RBS, HBOS y Lloyds TSB, a los cuales hay que sumar Northern Rock y Bradford & Bingley. Las cuentas arrojan que las autoridades tienen en sus manos 43% de las hipotecas del Reino Unido valoradas en unos 521 mil millones de libras.

El Estado accionista

Tras el movimiento de piezas en el Viejo Continente, al Tesoro de Estados Unidos no le quedó más que redirigir parte de los fondos por 700 mil millones de dólares con los que pretendía comprar activos con problemas y salir también a recapitalizar sus bancos, con 250 mil millones y la garantía de la deuda emitida por las entidades privadas por tres años. La meta del gobierno es animar a los bancos a reanudar los préstamos interbancarios y a sus clientes, luego de que los mercados de dinero prácticamente se congelaran la última semana de septiembre y la primera de octubre.

Como parte del plan, la Federal Deposit Insurance Corporation, entidad que supervisa a los bancos y que responde por la garantía estatal a los depósitos, ofrecerá una garantía ilimitada sobre los depósitos en cuentas que no pagan intereses –en general, las de las empresas–,poniendo a Estados Unidos en línea con varios países europeos que se han movido en esa dirección. Y es que en algún momento los anuncios se volvieron una carrera, forzando a los gobiernos a sumarse para no ver desmejorada la posición de sus bancos en el contexto global.

A diferencia de los europeos, no obstante, los bancos que están recibiendo fondos del Tesoro estadounidense no estarán obligados a eliminar los dividendos ni se pidió la renuncia de los directores ejecutivos.Sí hay restricciones a las compensaciones ejecutivas, incluyendo una prohibición de los llamados paracaídas de oro y el requerimiento de devolver bonos inadecuados. Las condiciones son diferentes, por ejemplo, a las impuestas sobre AIG, donde la Reserva Federal se quedó con prácticamente 80% del capital y a la que se ha exigido que congele los pagos compensatorios a los ejecutivos despedidos. Claro que AIG no ha mostrado un particular buen juicio. Hace dos semanas hubo un pequeño escándalo después de que se supiera que la firma contrató un complejo hotelero de lujo en California para premiar con un fin de semana a sus agentes de seguro de mejor desempeño, a un costo de 440.000 dólares, justo después de recibir la inyección de fondos federales.

Las acciones preferentes que emitirá cada banco pagarán dividendos especiales, con una tasa de interés de 5% y que subirá a 9% tras cinco años. El gobierno también recibirá warrants por 15% del valor par de las acciones preferentes. Los bancos podrán recomprar las acciones al mismo precio que pagó el Tesoro, siempre que sea dentro de los tres añossiguientes a la inyección pública, con lo que se busca incentivar a las entidades para que recompren los títulos.

La mitad de los 250.000 millones irá a nueve instituciones: Bank of America, JPMorgan Chase, Wells Fargo, Citigroup, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Bank of New York Mellon y State Street. Su participación difícilmente puede considerarse opcional. Los directores ejecutivos de estas instituciones fueron citados a una reunión en el Tesoro donde se les dijo que aceptar el capital era patriótico y que ahora debían cumplir con su deber: usar la mayor base de capital para expandir los préstamos. “Estas son instituciones saludables y han dado este paso por el bien de la economía estadounidense”, dijo el secretario Paulson. Y no les saldrá gratis: para Citi, BofA y JPMorgan, acciones preferentes por 25 mil millones de dólares generan un gasto anual de 1.250 millones.

El resto de las instituciones elegibles para participar en el programa tiene hasta el 14 de noviembre para inscribirse. Sin embargo, hay señales de que participantes menores, como los bancos comunitarios, están esperando a conocer más detalles del plan antes de tomar una opción.

La meta

Todos los esfuerzos apuntan a restaurar el crédito y conseguir que el dinero vuelva a circular. La desconfianza entre las instituciones llevó a una parálisis en los mercados de dinero y las empresas vieron muy disminuidas sus opciones de financiamiento. El mercado de efectos de comercio casi se evaporó y los bancos, con su capital debilitado, comenzaron a achicar las líneas de crédito. Esto es lo que la recapitalización busca corregir.

Pero el gobierno estadounidense no incluyó ningún requerimiento respecto de cuándo o cómo deben usar el dinero los bancos. Más aún, Paulson aseguró que el Estado será un inversionista pasivo y que no intervendrá en la gestión de los bancos. Incluso, al presentar el paquete, acusó sus sentimientos contrapuestos. “Que el gobierno sea dueño de una participación en cualquier compañía privada estadounidense es objetable para la mayoría de los americanos –yo incluido. Pero la alternativa de dejar a empresas y consumidores sin acceso a financiamiento es totalmente inaceptable”, dijo.

El problema es que parece poco probable que los fondos lleguen rápidamente hacia donde se los necesita, aun cuando ya hubo algunas señales de descongelamiento en los mercados interbancarios (algunas visibles como la baja en las Libor y Euribor). Pero Citigroup y Merrill Lynch anunciaron nuevas pérdidas trimestrales y ya se comenta que los grandes bancos simplemente podrían guardar el dinero para protegerse a sí mismos. John Thain, director ejecutivo de Merrill Lynch, dijo a analistas que era improbable que los bancos actuaran con rapidez. El New York Times lo citó diciendo que “tendremos la oportunidad de redesplegar eso. Pero, al menos por el próximo trimestre, será un colchón”. Hay otros analistas que creen que los recursos se usarán en la compra de rivales más pequeños o para evitar reducciones de costos aún más dolorosas. Así las cosas, suponer una gestión algo más involucrada por parte del Tesoro estadounidense no es descartable.

 

Una reciente audiencia del comité de banca del Senado tuvo duros términos para Neel Kashkari, el funcionario del Tesoro que coordina el rescate, por los informes crecientes de que los grandes bancos podrían guardarse el dinero en vez de prestarlo. “¿Qué garantías, qué compromisos, obtendrá el Tesoro de estas instituciones de que no van a hacerlo?”, preguntó el presidente del comité, el senador demócrata Christopher Dodd. Kashkari replicó que “hay fuertes incentivos económicos” para que los bancos “pongan ese capital en movimiento; sus propios accionistas lo exigirán”.

Lo cierto es que a Paulson le faltan elementos de presión para asegurarse de que los bancos vuelvan a prestar. Dentro del Tesoro, la apuesta es a crear las condiciones para que tengan más incentivos para generar utilidades mediante los créditos que para guardar el dinero. En los bancos se espera que la filosofía pro mercado de Paulson mantenga al gobierno fuera de sus directorios. Pero el senador Charles Schumer, demócrata, ha pedido que el Tesoro emita lineamientos claros para el uso de los fondos, evitando que se destinen a “instrumentos exóticos o experimentos financieros” en lugar de préstamos de consumo.

Los bancos saben que el Tesoro y el Congreso estarán encima de la situación. Y enfrentan la incógnita de qué hará el próximo secretario del Tesoro – la elección es ahora mismo, el cuatro de noviembre.

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TRES MIRADAS Y UN DIAGNOSTICO

Desde la gerontocracia, dos ex presidentes del FED acaban de dimensionar los alcances de la actual crisis financiera. Desde la prensa, u editor busca las causas. Y desde las cifras, ya no hay dudas de que la paliza será dura.

ALAN GREENSPAN
PRESIDENTE DE LA FED 1987-2006
STEVE FORBES
EDITOR EN JEFE DE FORBES
PAUL VOLCKER
PRESIDENTE DE LA FED 1979-1987
“Estamos en medio el tsunami crediticio del siglo”. “El otro virus es el débil dólar (…) La juerga de los años recientes no habría sido posible si la Fed hubiera tenido una política monetaria prudente. Al cliente de un bar no debiera permitírsele beber mucho, y en este caso el barman –la Fed– hizo de cada hora un happy hour”. “He visto muchas crisis, pero nunca había visto algo como esto”.

PREOCUPACION POR LA OCUPACION


“El número de desempleados podría aumentar de 190 millones en 2007 a 210 millones en 2009”, ha proyectado la OIT. Por de pronto, las solicitudes de beneficios de desempleo en EE.UU. aumentaron desde 461.000 a 478.000 en las dos últimas semanas terminadas el 18 de octubre.

VALE UN COBRE


El presidente ejecutivo de Codelco declaró oficialmente concluido, y de forma abrupta, el “súper ciclo de precios” del metal rojo. El precio ha caído, ya lo sabemos, en torno a 60%, al tiempo que los inventarios suben y suben. De hecho, al 17 de octubre el stock sumaba 253,8 miles de toneladas métricas de cátodos en bodegas.

FONDOS QUE TOCAN FONDO


El valor de los fondos de pensiones chilenos era de 111.000 millones de dólares al 31 de diciembre de 2007, según la superintendencia del ramo. Al 30 de septiembre pasado, era de 92.000 millones.

EL NYSE A HUEVO


En lo que va del año, la capitalización de mercado de la bolsa norteamericana ha pasado desde 17.663.488 millones de dólares a 10.767.677 millones de dólares (al 23 de octubre). La baja equivale a un 39%.

NO SOMOS NADA


La bolsa chilena se ha depreciado desde 208.180 millones de dólares a 127.892 millones de dólares, muy en línea con EE.UU. La baja en el llamado market cap es de 38,57%.

EL FLETE DE LA CRISIS


Como entre los analistas económicos no siempre hay acuerdo sobre cuándo se está en recesión, y muchas veces estas fi talmente se terminan mirando por “el espejo retrovisor”, hay quienes siguen índices propios y algo sui generis. Uno de ellos es el llamado índice del Mar Báltico, que da una referencia del precio de los fletes en el comercio internacional. A principios de octubre la baja del indicador superaba claramente el 50%, algo que para muchos expertos ya es síntoma de recesión.