El realizador chileno Ignacio Walker formó parte del equipo de Nuestro planeta, serie documental de naturaleza recién estrenada en Netflix. Instalado en Los Ángeles, California, hace ya dos años, buscar abrir canales de producción entre Chile y la meca del cine.
Foto: Verónica Ortíz

  • 12 abril, 2019

Detrás del lente en el desierto, piloteando un dron o grabando tomas submarinas, está Ignacio Walker (33), uno de los directores de fotografía que participó de la realización de Nuestro planeta, producción de Netflix disponible desde el viernes pasado en la plataforma de streaming. Son ocho capítulos que despliegan impactantes imágenes de la naturaleza y la vida salvaje en las diferentes latitudes del globo, alertando al mismo tiempo sobre los riesgos que corren nuestros ecosistemas debido a la contaminación producida por el ser humano. En total fueron cuatro años de producción, que abarcó a un equipo de 600 personas, entre ellas, el director chileno a cargo de filmar escenas del desierto de Atacama y también en Colombia.

Walker ha contado que quiso dedicarse al cine desde que vio Jurassic Park y en una entrevista radial bromeaba al asegurar que su cercanía con los animales se remonta a canciones como La chinita Margarita, La jirafa resfriada o La vaquita loca, haciendo alusión a que su madre es la cantante Cecilia Echeñique, una de las voces de Mazapán.

Estudió en la Escuela de Cine de Chile y realizó cursos de cine documental en NYU. Comenzó su carrera como director de fotografía de la película Juan in a Million (2009) y dirigió el programa de viajes Mundo Ad Portas en Canal 13 Cable. Además, ha trabajado como asistente y camarógrafo en BBC para programas como The Hunt y Patagonia. Ahí le tocó trabajar con Silverback Films, coproductores de la serie Nuestro planeta. Viviendo en Los Ángeles y con varios proyectos en carpeta, el joven director cuenta cómo hizo de sus hobbies una profesión.

-¿Fuiste de esos niños fanáticos de los programas de animales?

-Sí, totalmente enfermo por esos programas, me fascinaban y me fascinan todavía. Desde que tenía unos 12 años que me obsesioné con el cine. Como cualquier niño que quiere ser astronauta, con esa ingenuidad de querer hacer algo entretenido. Por otra parte, siempre estuve conectado con la naturaleza, era scout, etcétera. Las dos cosas se fueron juntando espontáneamente. Luego me fui encantando con la idea de la carrera de cine, viendo los making off de películas y entendiendo que había gente que trabajaba en eso. Para mí era importante traer las herramientas del cine a la naturaleza, para poder filmar los documentales tal como se hacían las películas.

-¿Cómo es eso?

-Con los equipos, con drones, helicópteros y toda la tecnología disponible, además de una historia bien desarrollada. Yo podría haber sido un biólogo que hace cámara como pasatiempo o un camarógrafo profesional que se dedica a la naturaleza por hobby. Al final tomé ese segundo camino.

-Para la realización de documentales como Nuestro planeta, me imagino que tienes que adquirir conocimientos del comportamiento animal.

-Tanto del comportamiento animal como del ecosistema, porque te metes en el tema y entiendes que la geología del lugar donde estás filmando está directamente relacionada con el comportamiento del depredador. Te das cuenta de que ese animal vive ahí porque existen ciertas plantas que son las que comen sus presas. De curioso aprendí mucho de biología y naturalismo. Estuve dos meses acampando en la sabana africana, en Botswana y en Sudáfrica, el año 2014. Ahí tomé un curso de comportamiento animal donde caminas con elefantes, observas leones, aprendes a reconocer a las aves por su canto. Este mismo curso lo usan biólogos, naturalistas o científicos para acercarse a los animales. A mí me interesaban estos conocimientos para llevarlos a la filmación. Estás haciendo una sensibilización de tu entorno que te permite desarrollar cierta ética, porque cuando uno graba, no debe intervenir en el ciclo del comportamiento de los animales.

-¿También tuviste que aprender a bucear y a pilotear drones?

-Soy buzo desde los 15 años, entonces mi interés por el buceo lo apliqué a mi trabajo, eso fue orgánico. Luego la BBC me exigió ser buzo profesional, obteniendo el grado dive master, y así profesionalicé todos mis hobbies. El dron es una pega muy entretenida y tengo licencia hace tiempo, soy de los primeros camarógrafos de dron que empezó a trabajar en estas series.

-¿Qué dirías que fue lo más difícil de este trabajo?

-Es un trabajo de hormiga. Estás constantemente empujando los límites para mostrar algo increíble. Pero quizás lo más difícil es tener la capacidad de adaptarse; estás trabajando con comunidades locales, muchas veces lugares sensibles, situaciones climáticas impredecibles. Nos quedamos atrapados en una tormenta de nieve en el altiplano, a 4.500 metros de altitud. Son dificultades que no puedes controlar, pero la gracia de la naturaleza es que no hay un guion. Los eventos naturales no se repiten. Puedes ver a un león cazando varias veces y nunca va a ser igual. La dificultad está en mantener una actitud positiva y optimista en condiciones duras. No es un trabajo para alguien que lo haga por plata, lo haces porque te gusta. Quieres sacar la toma porque te obsesionas, no porque está en tu contrato. De lo contrario, no duras.

-¿Cómo te influyó el contenido ecológico del documental?

-En general, estas series son relativamente conservadoras, se enfocan en el comportamiento del mundo animal y los lugares preciosos, como si los humanos no habitaran la Tierra. Pero acá hay una oportunidad de tocar temas de contingencia, como el calentamiento global. La serie fue concebida con un mensaje de conservación potente. Y el desafío es cambiar paradigmas culturales de cómo vivimos nuestro día a día. El plástico de un solo uso ya está siendo vetado en Europa, en parte gracias a lo que muestran este tipo de documentales. Al final de cada capítulo, tú puedes entrar a www.ourplanet.com y hay decenas de alternativas para ser un agente de cambio.

-¿Nuestro planeta marca un punto de inflexión para ti?

-Para mí fue un honor trabajar en la primera serie de naturaleza en streaming y ser parte de esta acción que marca la pauta para futuras series. Ya no existe la naturaleza prístina y nosotros no somos un anexo o un apéndice del ecosistema, dependemos completamente de la salud del planeta. En función de que la especie sobreviviera tenía sentido el mensaje: “Ten cuantos hijos puedas”, pero ya cuando somos una plaga, eso no es sostenible. La explosión demográfica del hombre representa la peor crisis del planeta. No podemos crecer indefinidamente porque los recursos son finitos.

-¿Te quedó la vara alta después de Nuestro planeta?, ¿qué viene ahora?

-Hoy, Netflix está en la cumbre de la innovación y generación de contenido de la industria audiovisual, en ese sentido la vara no sube más allá técnicamente. Pero artísticamente a uno le interesa hacer contenido nuevo y eso va evolucionando. Lo rico de una carrera como el cine, es que tú nunca lo logras. Es un constante crecimiento. Como ya me consolidé trabajando con la BBC y Netflix, ahora volví a mis raíces de cineasta.

El sueño americano

Hace dos años se fue a vivir a Hollywood, Los Ángeles, donde tiene una productora llamada Chronos Cinema junto a otros cuatros socios. Uno de ellos es Sergio Allard, quien partió a instalarse allá un año antes. La intención es desarrollar proyectos de ficción, reforzar la presencia de la productora en los Estados Unidos y estrechar los lazos con Netflix y otras entidades. En estos momentos están en conversaciones con Bad Robot, productora de J.J. Abrams –que actualmente hace Stars Wars–, para trabajar en una futura película. “Estamos haciendo dos cosas: contenidos en Hollywood desde Hollywood y también tender un puente entre Chile y la industria de Hollywood”, cuenta Walker, de paso por Santiago. De la producción con Bad Robot todavía no se pueden adelantar detalles porque se encuentran en pleno proceso de negociación, pero cuenta que llegaron a ellos a través de un guion escrito por su socio Allard y que se trataría de una película comercial del orden de los cinco a diez millones de dólares. El resto del equipo de Chronos Cinema la componen Andrés Navarro, Diego Echeñique y Denis Arqueros.

-¿Cómo es estar en Hollywood, donde casi todos los habitantes de la ciudad están persiguiendo el mismo sueño?

-Difícil (ríe). Te subes a un Uber y generalmente el conductor es actor, guionista o productor. Hollywood es una ciudad muy difícil, exigente, pero también muy estimulante. Lo paso muy bien trabajando allá. Es muy duro, pero muy entretenido. Para nosotros, como productora, es una oportunidad para hacer crecer la industria nacional.

-¿Cómo?

-Hoy es difícil que haya inversión extranjera de cine en Chile porque no hay una ley tributaria que sea estimulante. Pero hay mucha gente trabajando en eso y queremos ser parte del proceso. También estamos viendo la posibilidad de realizar producciones chileno-gringas para Netflix y la idea es crear un puente entre Chile y Hollywood. Pero vivir allá hace toda la diferencia. Me voy a tomar una cerveza y estoy con la gente de marketing de Netflix, o estoy en un carrete y llega Emma Watson. Tienes que estar allá para que las cosas se materialicen.

-Se habla de una crisis del cine ante el crecimiento de distintas ofertas de streaming, ¿cómo lo ves?

-El cine no va a morir nunca. Lo vienen matando hace 70 años, cuando apareció la televisión, después el VHS, el cable y ahora el streaming. La experiencia de ir al cine, de reírte o asustarte junto a extraños, de sentarte frente a esa pantalla gigante, sigue siendo inigualable. Pero hay cosas de la industria que tienen que cambiar. En Estados Unidos está de moda el movie pass, una tarjeta por la que tú pagas 10 ó 20 dólares al mes y puedes ir indefinidamente al cine. Las formas de consumo están cambiando y eso va a chorrear acá eventualmente. Estamos en un momento entretenido en que se está produciendo mucho. La gente nunca había consumido tanto contenido audiovisual como hoy, para bien o para mal. Para nosotros, desde un punto de vista comercial, es súper atractivo.

-¿Cómo ven desde allá a la industria chilena? Porque este año que pasó no fue el mejor.

-Fue un mal año, muchas productoras quebraron y han caído los estrenos nacionales. Para Estados Unidos, Chile es una parte de México (ríe). El hecho de que los últimos años los premios Oscar se los hayan llevado directores mexicanos, sumado al éxito de Una mujer fantástica y el aporte de los hermanos Juan de Dios y Pablo Larraín, hace que a los realizadores latinos nos estén viendo con buenos ojos.

-¿Ustedes dialogan con Fábula (productora de los Larraín)?

-Tenemos contacto, pero nada formal. Ellos también están instalados en Los Ángeles, pero no nos hemos conectado todavía. Tenemos que hacerlo, pero no se han dado las cosas. En Chile están todas las condiciones dadas para que la industria crezca, lo único que falta es el tema tributario. Estoy empeñado en que eso se haga realidad y ojalá llegar a hacer las películas de Star Wars allá.

-¿Esta reforma tributaria tendría que contemplar incentivos para los realizadores?

-Sí, así como funciona en otros países en los que la carga tributaria se devuelve. El cine tiene una cantidad de externalidades positivas: incide en la industria del turismo, transporte, comida, etcétera. Imagínate lo que significó El señor de los anillos para Nueva Zelanda. Aquí hay organizaciones como Imagen de Chile, Film Commission Chile, Prochile, Sernatur, y todas hacen un gran trabajo, pero está diluido. Siento que los recursos podrían estar mejor canalizados. Si Chile piensa que su capital es solo la locación, estamos perdidos, porque Nueva Zelanda después de El señor de los anillos instaló estudios donde hoy se graban películas totalmente urbanas, se hicieron de infraestructura y postproducción, de manera que sale conveniente filmar allá. Eso tiene que pasar aquí. Tenemos muchas ventajas comparativas, como el mismo huso horario de Nueva York y parecido a Los Ángeles.

-¿Qué más nos falta?

-Es un tema de organización principalmente, lo que hay que hacer es generar comunidad. Insisto en el tema del puente, no me interesa ser los únicos que hagamos cosas de Hollywood aquí en Chile. No tiene sentido porque hay torta para repartirse entre todos. Hay mucha inversión, entonces me da un poco de pena que Chile no esté aprovechando eso. Pero para allá vamos. Soy de la idea de que uno no tiene que quejarse, tiene que ser parte del cambio.