La noticia impactó al mundo: en 2013 y tras ocho años de papado Benedicto XVI anunció su renuncia, algo que no ocurría desde 1415. Ese hito y la posterior pontificación de Francisco inspiran Los dos Papas, producción de Netflix, dirigida por Fernando Meirelles y protagonizada por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce que se estrena este viernes 20 de diciembre. “Pasó lo que muy rara vez pasa: conseguimos a los actores que queríamos”, cuenta el guionista Anthony McCarten, quien también escribió Bohemian Rhapsody.

  • 19 diciembre, 2019

Apenas se enteró de que el nuevo papa era un cardenal llamado Jorge Bergoglio, el actor galés Jonathan Pryce empezó a recibir fotos y comentarios sobre su notable parecido con el prelado argentino. Más allá de la anécdota y los memes, no tenía cómo imaginarse que dos años después el guionista Anthony McCarten (58), junto a un equipo de productores, llegarían hasta las oficinas de Netflix con la idea de una película sobre la renuncia del papa Benedicto XVI y la elección de Francisco. Ni menos que pondrían sobre la mesa una foto suya y otra de Anthony Hopkins para incluirlos como protagonistas de la cinta. “Cuando Netflix decidió hacer la película nos preguntó si estos actores ya habían aceptado y les respondimos que en realidad no, pero que no sería problema. Y pasó lo que muy rara vez pasa: conseguimos a los actores que queríamos”, cuenta McCarten, periodista, escritor y dramaturgo neozelandés con vasta expertise en biopics (películas biográficas): La teoría del todo (2014), Las horas más oscuras (2017) y Bohemian Rhapsody (2018), y que este año también publicó el libro The Pope: Francis, Benedict, and the Decision That Shook the World.

El filme parte con la elección del cardenal alemán Joseph Ratzinger como Sumo Pontífice, y continúa con una serie de encuentros y conversaciones que este sostiene con el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, la cual se complementa con flashbacks a la vida del sacerdote argentino durante su juventud. La contraposición de argumentos y las notorias diferencias entre ambos se despliegan mientras ellos pasean por jardines y salones papales. Así se van tocando temas fundamentales como la visión de la fe y las distintas nociones de cristianismo que cada uno de ellos defiende, haciendo referencias también a heridas como la pedofilia y el encubrimiento dentro de la institución. Pero también se tratan asuntos más mundanos como fútbol, música y pizza. La cinta tiene toques de comedia y la imagen de dos hombres vestidos de sotana en medio de escenografías majestuosas da cuenta de una dirección de fotografía impecable.

La génesis

Interesado en narrar un episodio histórico tan inédito y sorprendente como fue la renuncia de Benedicto, McCarten se embarcó en una exhaustiva investigación y se reunió con miembros de altas esferas del Vaticano que conocen personalmente a ambos personajes protagónicos. Los dos papas es una película de ficción, pero como arranca de hechos reales y trata sobre personajes tan reconocibles, el trabajo de documentación fue particularmente acucioso. “Cuando pintas algo tiene que parecerse al original, eso no es fácil de hacer y requiere mucho escuchar y observar, también debes ser muy responsable a la hora de especular sobre ciertos aspectos. Eso lo haces mediante investigación e intuición. Hasta cierto punto investigas, y luego, cuando comienzas a escribir, tienes que confiar en tu instinto”, afirma el autor. Para crear los diálogos entre los dos papas usó afirmaciones, frases o escritos que cada uno de ellos ha realizado en la vida real, por lo que sus personalidades y maneras de expresarse resultan completamente fidedignas. El escritor cuenta que este proyecto lo hizo reencontrarse con un mundo que había dejado atrás: la Iglesia. Fue criado en una familia profundamente católica, con siete hermanos y una madre muy religiosa. De hecho, cuenta que dos de sus hermanas se casaron con ex sacerdotes y tuvieron matrimonios muy felices. Sin embargo, él dejó de ir a misa a los 17 años y perdió el interés junto con la fe. Ahora sí le ilusiona la idea de una Iglesia reformada a cargo de Francisco.

A diferencia del guionista, el actor argentino Juan Minujín (44), que interpreta al joven Bergoglio, no tenía ni la menor aproximación previa a la religión. Para preparar el personaje se asesoró con un sacerdote jesuita que conoció personalmente al actual pontífice, y que además lo instruyó en asuntos eclesiásticos: “Compartí mucho tiempo con él, para entender cómo es la vida de una persona que decide entregar su vocación a la tarea religiosa”.

La carrera de Minujín está en ascenso. Hace algunas semanas el diario trasandino El Clarín lo nombró como “el actor del momento”, y su actuación en las series 100 días para enamorarse y El marginal lo han hecho merecedor de elogiosas críticas, pero sin duda participar en una producción de Netflix dirigida por Fernando Meirelles (Ciudad de Dios) y protagonizada por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce marca un paso inmenso.

Cuenta que venía conversando con el director brasileño desde hace algún tiempo, y luego de realizar algunas lecturas juntos, se adjudicó la misión de encarnar a Jorge Mario Bergoglio, un joven nacido en el barrio Las Flores de Buenos Aires, que a los 21 años decidió dejar a una novia camino al altar para entregar su vida al sacerdocio. Un jesuita progresista cuya figura causa polémica en su país, de lado y lado, ya sea por algunos de sus dichos contra la homosexualidad como por su tendencia política de izquierda. Un hombre que se ha equivocado y que carga con duros reproches, según afirma su propio personaje en la película. Uno de ellos fue su rol durante la dictadura argentina cuando era jefe provincial de los jesuitas, arista que la cinta aborda. “Una de las cosas que más aprecié del guion, desde la primera lectura, es que atraviesa los momentos más controversiales de la vida de Bergoglio de una manera muy franca y abierta, sin evadir nada. Entonces, todas las polémicas que hay sobre él están en la película y hacen que el personaje mismo de Francisco se potencie”, afirma el actor.

Reconoce que al principio le generó presión interpretar a un personaje real y público, pero que Meirelles le dio libertad absoluta para que construyera su propia versión del papa. Aunque sus escenas se desarrollaron en Argentina, tuvo la oportunidad de ensayar junto a Pryce durante la etapa de preproducción en Londres.

El mensaje

La trama trata de los dos líderes de la Iglesia católica atravesando una transición que no ha ocurrido hace siglos, que es que un papa renuncie estando en vida y asuma otro. Pero tanto Minujín como McCarten coinciden que esta no es una película de exclusivo interés para  católicos. “La historia se centra en la posibilidad de dos personas, que pensando de una manera muy distinta, pueden encontrar puntos en común para construir algo”, dice el actor.  Y el guionista agrega: “Esta película es sobre dos hombres, uno conservador y otro progresista, y la búsqueda de ideas comunes, lo cual logran escuchándose el uno al otro. Se trata sobre la posibilidad esencial de escuchar en vez de preocuparte de preparar tu propio argumento, que parece ser la tónica del mundo actual. Eso es algo universal”. McCarten también sostiene que los sentimientos y la capacidad de entender que todos pueden cometer errores son herramientas vitales al momento de ejercer liderazgo.

Una de las escenas más memorables de la cinta tiene lugar en la Capilla Sixtina, claro que no se trata de la real, sino de un modelo 1:1, sin embargo, el efecto es conmovedor. McCarten tiene solo elogios para la dirección y fotografía de la película. “Los close up de los protagonistas hacen que sus rostros hablen de una manera magnífica. Yo ya quisiera que una cámara me tratara así”, afirma el escritor que actualmente está trabajando en dos proyectos: uno sobre los Bee Gees y otro sobre Yoko Ono y John Lennon.

-¿Verá el papa Francisco la película?

-¡Yo creo que la va a ver, cómo no: una película con Anthony Hopkins y Jonathan Pryce! Y se habla mucho del San Lorenzo, que es su gran pasión, eso le va a gustar -concluye Minujín entre risas.