En lo que a blu ray se refiere, 2012 ya se consagró como el año de Alfred Hitchcock: una caja de colección con algunas de sus obras maestras permitirá ver al genio en alta definición. ¿Cambiará nuestra manera de percibirlas?

  • 5 julio, 2012

En lo que a blu ray se refiere, 2012 ya se consagró como el año de Alfred Hitchcock: una caja de colección con algunas de sus obras maestras permitirá ver al genio en alta definición. ¿Cambiará nuestra manera de percibirlas? Por Christian Ramírez  

En la cuenta regresiva para el estreno The dark knight rises, la tercera y última cinta de Batman a cargo de Christopher Nolan (26 de julio en salas), hay mucho de la “espera por la obra maestra”, ese jueguito siniestro en el que uno cae por culpa del exceso de expectativas. Por eso, lo mejor es olvidarse del asunto hasta estar sentado frente a la película misma. De lo contrario, lo más seguro es terminar defraudado.

Así que ya saben: no les vaya a pasar lo que a los fans de Hitchcock a fines de los años 60, condenados a esperar por una obra maestra que nunca llegaba, negándose a admitir que el cineasta iba en declive y que ellos mismos lo habían endiosado más de la cuenta.
No era sólo su culpa. A raíz de sus apariciones como conductor en la serie de TV Alfred Hitchcock presents, la redonda figura del director se había vuelto un omnipresente artefacto pop; y, en cuanto a su intelecto, éste había sido canonizado en el gran libro de entrevistas que François Truffaut modeló bajo el título de El cine según Hitchcock. El tipo estaba en todas partes, aunque –vaya ironía- cada vez menos en sus propios filmes.

Esa lenta deconstrucción, sazonada con brotes de incomparable brillantez, es parte de lo que quedará en evidencia en los próximos meses, cuando comience a circular la recién anunciada Masterpiece collection (ver recuadro), que reúne en bluray catorce títulos del cineasta actualmente en posesión de Universal y uno de Warner Bros. Ni decir que se tratará de uno de los lanzamientos del año, eso desde ya se da por descontado. De hecho, casi marea la sola idea de ver La ventana indiscreta y, sobre todo, Vértigo en alta definición, con sus colores restaurados, como si de la Capilla Sixtina se tratase. El artista que las creó poseía un dominio absoluto de las formas y se movía como pez en el agua por la delgada línea que separaba su arte de sus pesadillas; pero a estas alturas eso –que no es poco–, ya se da por descontado. La verdadera gracia de exponerse a Hitchcock en HD es la forma en que detalles en apariencia banales modifican y terminan por infectar radicalmente el total de la experiencia, obligándonos replantear el lugar de sus películas dentro de un canon digital que, más que nunca en estos días, no deja de transformarse. Así sucedió hace un par de años con Psicosis, cuyo nuevo traspaso era de tal perfección que uno se sorprendía al distinguir el rimmel en las pestañas de Norman Bates durante su conversación con Marion Crane (Janet Leigh), recuperando una sutil y perversa nota de ambigüedad en dichas escenas que estaba allí desde un principio, pero que se había ido perdiendo (y olvidando) en las ediciones anteriores.

De momento sólo se puede especular sobre lo que cambiará a la hora de reencontrarse con la fantasmal “muerte de amor” en Vértigo, las calles vacías de El hombre que sabía demasiado (como pintadas por Magritte o De Chirico) o las bandadas de gaviotas que rasgan la pantalla en Los pájaros; pero la mayor inquietud sigue en torno a las películas post 1964. Hay consenso en cuanto a que a partir de ahí, Hitchcock –blindado financieramente pero quebrantado por debacles personales, y un alcoholismo que se le iba de las manos- comienza a tambalear creativamente, a encerrarse dentro de decorados falsos y perder abiertamente interés por la modernidad. ¿Cuánto de cierto hay en todo ello? Es un hecho que Marnie, Cortina rasgada y Frenesí funcionan mejor en las partes que en el todo –como si el cineasta pudiera recuperar la concentración sólo por espasmos-, pero ¿qué hay sobre la histeria contenida en su interior? ¿Sobre su supuesta desconexión con lo real? ¿El apagado look que uno asocia a todas ellas? ¿O será que es culpa de las copias disponibles?

El mejor argumento en favor de sacudir nuestros propios recuerdos y revisar tanto las obras maestras como los filmes crepusculares, corre por cuenta de Jean-Luc Godard, que -en un feliz apunte de sus Histoire(s) du cinema- reivindica a Hitchcock como “el único poeta maldito en tener éxito y el mayor creador de formas del siglo veinte: “hemos olvidado por qué Janet Leigh se detenía en el Motel Bates/ Y por qué exactamente/ el gobierno americano había reclutado a Ingrid Bergman/ Pero recordamos un bolso de mano/ Un bus en el desierto/ Un vaso de leche/ Recordamos una corrida de botellas/ Un par de anteojos/ Una partitura/ Un manojo de llaves”… Es decir, alguien capaz de comprender que las imágenes pueden quedarse adheridas a nosotros sin motivo alguno. A veces por su embriagadora belleza, a veces por pura fatalidad.

Sobredosis de Alfred
Hasta principios de año, Hitchcock era una de las grandes deudas de la alta definición. Sólo Intriga internacional (1959) y Psicosis (1960), figuraban en los catálogos de los estudios. En cosa de meses la situación se invirtió: la Criterion Collection reeditó Los 39 escalones (1935) y La dama desaparece (1938); MGM  se hizo cargo de Rebecca (1940), Spellbound (1945) y Notorious (1946), y la Paramount se anotó con la única cinta de Sir Alfred en su catálogo, Para atrapar al ladrón (1955). Claro que todo eso funciona sólo como aperitivo para la caja de la Universal, que saldrá el 25 de septiembre (aunque desde ya puede ordenarse por Amazon y otros sitios). Al mejor estilo de los boxes de Kubrick y Kurosawa, este paquetito en forma de libro luce monumental: a Psicosis e Intriga internacional suma Saboteur (1942), La sombra de una duda (1943), La soga (1948), La ventana indiscreta (1954), El hombre que sabía demasiado (1956), Vértigo (1958), Los pájaros (1963), Marnie (1964), Cortina rasgada (1965), Topaz (1969), Frenesí (1972) y Family plot (1976). Cada una viene acompañada de los extras de rigor, aunque el más interesante de momento parece ser el que incluye los extractos de audio de las entrevistas de Hitchcock y Truffaut.

Ah, y el revival de Hitch en 2012 no termina ahí: para el 9 de octubre se espera otro clásico: Extraños en un tren (1950), quizás el filme definitivo de cuando el maestro sólo filmaba en blanco y negro. De modo que el problema ahora no es la falta de material en HD, sino el exceso. ¿Cómo asimilar esta montaña de material? Partiendo por dejar de lado una emoción muy hitchcokiana: la ansiedad.