2.500 trabajadores de Ebco, una de las tres constructoras más grandes del país, quedaron con trabajo suspendido tras la cuarentena decretada por el gobierno. Los socios de la compañía, Hernán Besomi y Germán Eguiguren, armaron un fondo de 600 millones de pesos que permite que todos ellos reciban el 80% de su sueldo durante tres meses. “Esta crisis se enfrenta de manera colaborativa y, como nunca antes, los empresarios debemos actuar”, dice Besomi.

  • 14 abril, 2020

-«Aló, te habla Hernán Besomi, socio de Ebco”…
La semana pasada el empresario y 15 ejecutivos hablaron uno a uno con los empleados que se quedaron sin trabajo, luego de que el gobierno determinara cuarentena obligatoria en 7 comunas del país.
En abril, 33 de las 130 obras que Ebco tiene repartidas entre Iquique y Punta Arenas se paralizaran. Y con ello, 2.500 trabajadores –de un total de 8.700 directos y 5.000 subcontratistas– quedaron con contrato suspendido. “Pensamos qué hacer. Es sin duda la mayor crisis que estamos viviendo como empresa constructora”, relata Hernán Besomi, quien hace 36 años, junto con su socio Germán Eguiguren, creó Ebco, una de las tres firmas constructoras más grandes del país: sus ventas anuales superan los 700 millones de dólares.

Besomi y su equipo comenzaron a analizar la situación: habían atravezado otras adversidades, como la crisis subprime en 2009. “Nunca habíamos paralizado obras y nunca hemos hecho despidos masivos”, relata. Y añade: “De todos los sectores, este, sin duda, es el que más golpea a los trabajadores. Son muchos los que quedan parados”. De todas formas, entiende que la cuarentena es escencial: dos empleados de Ebco –uno de Santiago y otro de Pudahuel– están contagiados por coronavirus y, de no ser por la aislación, la posibilidad de propagación era alta.

Con sus asesores legales desmenuzaron el Código del Trabajo para entender su escenario. “La ley establece que a los trabajadores con contrato indefinido el seguro de cesantía cubre el 70 por ciento de su remuneración el primer mes. Y en el caso de los trabajadores por plazo fijo, el 50 por ciento”, explica. Es decir, que si un trabajador ganaba 500 mil pesos, a partir de este mes su liquidación no superaría los 250 mil.

“Ante esa realidad, que me parece muy difícil para esas familias, pensamos qué íbamos a hacer”, señala. Junto con su socio decidieron que la empresa los compensaría: entregarán a esas 2.500 peronas un monto de dinero que les permita llegar al 80% de su ingreso líquido. Y dada la ansiedad y nerviosismo que había en el equipo, decidieron que lo debían comunicar ellos mismos.

Hicieron eso la semana pasada, durante tres horas, tres días. Para concretarlo, Ebco deberá desembolsar 600 millones de pesos al mes. En un principio, lo contemplan para tres meses. Es decir, hasta junio.
“Lo otro que estamos haciendo –añade Besomi– es una reducción de sueldo de los principales 35 gerentes”.
-¿Cuán significativa?
-Entre 30% a 40%.
-¿Cuánto equivale eso en plata?
-150 millones mensuales. La idea es generar un fondo para enfrentar esta contingencia, y también para ayudar al financiamiento de lo que nosotros, como compañía, queremos hacer de Ebco hacia afuera.
“Nos va bien, estamos un un buen momento, pensando abrirnos a la bolsa. No podíamos quedarnos de brazos cruzados”, asegura.

Finiquitar

Dino Besomi es un suizo, de la ciudad de Lugano, que llegó a Chile en 1938, justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Tenía 18 años. “Los Besomi somos una familia de constructores desde hace unos 500 años. Los primeros fueron artesanos, no empresarios. Mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatarabuelo, todos en Suiza dedicados a la construcción”, relata Besomi.
Entre las obras que realizó el patriarca están: la restauración del Palacio Cousiño después del terremoto de 1985, la recuperación del Mercado Central antiguo y varios hospitales. Su madre armó una farmacia en Melipilla y Hernán, el tercero de sus hijos, acompañaba a su padre a ver las obras todos los sábados en la mañana.
Así heredó el oficio: estudió Ingeniería Civil en la Universidad de Chile. Egresó en 1982 y dos años después, con su amigo Germán Eguiguren, crearon la constructora. “Lo único que teníamos eran las ganas”, recuerda. Partieron como instaladores sanitarios. Los encargos fueron creciendo, hasta que se convirtieron en una de las constructoras más grandes del país (compiten con Salfa, Echeverría Izquierdo y Besalco). Su negocio también consiste en armar sociedades con inmobiliarias, giro donde hoy tienen 27.000 viviendas en venta. Han desarrollado proyectos desde Iquique a Tierra del Fuego.
Besomi, reacio a dar entrevistas, decidió romper esa tradición y explicar lo que están haciendo.

-¿Desde cuándo le vienen dando vuelta a esta idea? 
-Los últimos 20 días. Tenemos que entender que esta crisis se enfrenta de una manera colaborativa y como nunca antes, los empresarios debemos actuar.

-La otra alternativa era no pagar. ¿Lo pensaron?
-Nosotros tenemos 36 años de trayectoria, pero las otras crisis las vivimos de manera distinta. Quizás la novedad más importante es que nos preocupamos de que los beneficios lleguen principalmente a aquellos con menos ingresos. Casi siempre en las crisis los trabajadores de la construcción son, no te puedo decir que como un número, pero en realidad se finiquitaban y se contrataban en función de la demanda y la oferta. Y los ajustes se hacían con los cargos de menor ingresos. Así ha sido siempre. Sin embargo, la experiencia te va sumando y en el pasado hice cosas que ahora no haría.

-¿Quiénes están haciendo algo parecido? 
-No sé si lo está haciendo otra empresa. Ojalá no sea única. La productividad en nuestras obras no suspendidas están muy bien, a tope, y tenemos patrimonio para hacerlo. No queremos ser arrogantes, porque en una constructora el 50% de lo que factura al mes, va a pagar recursos humanos. Es muy brutal: si no vendemos no podemos pagar. Nuestro llamado es que los que pueden, lo hagan.

La semana pasada se debía realizar Icare. Ahí, Besomi sería expositor por primera vez y fue convocado para hablar del vínculo de la empresa con la comunidad.
-Hubo mucho empresario que cambió sus prácticas tras el 18 de octubre. ¿Hubo algo de eso en ustedes o no?
-Claro que sí, es verdad. Pero nuestra mirada de cómo tenemos que hacer empresa viene de mucho antes. Megacentro (ver recuadro) es una Empresa B certificada. Y eso se hizo en abril de 2019. Estamos convencidos de que la empresa tiene que generar riqueza. Pero, además, ser un agente de cambio verdadero. Y no solo como un concepto de responsabilidad social: hay que generar un cambio cultural y generar un tejido social entre la compañía y la comunidad. Y esa relación genera muchas virtudes, donde la más evidente es la confianza. Si las firmas no toman ese camino, que es un movimiento mundial, no vamos a ser sustentables ni sostenibles. No es que seamos tan buenas personas en Ebco, es un tema de sobrevivencia.
-Hace dos años no era tan común.
-No, al principio nos miraban como un pájaro raro porque era una empresa muy grande certificándose. Aunque la primera grande que lo hizo fue Hortifrut.
-¿Cómo ven el cambio en los empresarios desde octubre en adelante? Hay algunos reacios a hablar, pero que ahora lo hacen. Ustedes mismos, no dan entrevistas y hoy optaron por hacerlo…
-No estamos acostumbrados a estar en las noticias y dar muchas opiniones. Somos más bien reservados, pero las circunstancias nos obligan a dejar ese pudor a un lado y enfrentar un rol, aunque no nos guste. Esto de que tú nos estés entrevistando hoy día, no es algo que yo diga, “qué rico, me van a entrevistar”. Me siento un poco obligado, pero creo que es una responsabilidad hacerlo. No podemos renunciar a ser parte de la solución de los problemas que enfrentamos actualmente. Nadie quería hablar o eran pocos los que lo hacían, y si hablaban, se notaba mucho. Hoy, los empresarios tenemos que ser capaces de corregir lo que hemos hecho mal, de corregir las malas prácticas que hemos tenido, porque ha habido, y a partir de ese reconocimiento, poder reconstruir una nueva generación de confianza, una nueva manera de hacer empresa. Los empresarios no podemos seguir haciendo las cosas como antes.
“Tenemos un deber irrenunciable de comprometernos para reconstruir lo que se está dañando y lo que está dañado. Y generar un vínculo de confianza con nuestros trabajadores. Los empresarios tenemos un rol irrenunciable con las comunicadaes donde trabajamos. Ahí tenemos mucho que aportar a la solución de los problemas”.

-¿Los empresarios han estado a la altura?
-En muchos aspectos sí, pero hay puntos al debe. El vínculo del tejido social entre la empresa y la comunidad no es algo de lo que nos debamos enorgullecer. Por algo los empresarios estamos mal evaluados por la comunidad. Y eso es responsabilidad nuestra.
-En Tiltil ustedes tienen un proyecto de residuos que causó molestia en los vecinos.
-El proyecto CIGRI (tratamiento y disposición final de residuos peligrosos) es muy especial para nosotros. Siempre supimos que sería complejo, por la actividad que desarrollará y el lugar en que se emplaza. Es impecable técnicamente y propusimos un “Acuerdo de Asociatividad”, por medio del cual se retribuirá a la comunidad con un 7% de las utilidades de la compañía, como a un socio más. Será un acuerdo único en Chile y un precedente que ojalá sea imitado. Además, nos asociamos con la firma francesa Séché Environment.
-El alcalde dice que es una obra contaminante. y hay un juicio en la corte suprema.
-Ciclo S.A., compañía que creamos para este proyecto, romperá un monopolio y garantizará la prestación de un servicio ambiental y sanitario estratégico e irrenunciable, para toda actividad industrial en la zona centro del país. Hoy, a pesar de la contingencia, el proyecto está más fuerte que nunca. Y me siento orgulloso de haberlo empujado en sus momentos más difíciles, porque estoy seguro de que se ganará el respeto y el aprecio de sus vecinos cuando inicie sus operaciones.

-¿Aportaron al fondo que armó la CPC?
-Sí. Cuando supe del fondo le escribí a Juan Sutil para colaborar y lo haremos desde el fondo de la CPC, sumándonos a la iniciativa de 3xi que busca apoyar la alimentación de familias vulnerables en las comunidades donde estamos insertos. El aporte ronda los 100 mil pesos mensuales, por tres meses. Son 2.100 familias entre Ebco, Red Megacentro y Ebco Avellaneda Sur, que está en Puerto Montt. Esto significa un total de 630 millones de pesos y estamos buscando más empresas que quieran apoyar esta iniciativa.

-¿Cómo evalúan al gobierno?
-Yo he sido crítico a este gobierno. Tuvieron una desconexión muy grande con el país antes del 18/10. Y varios empresarios le hicimos llegar el mensaje: era una necesidad empatizar con la realidad. Un ejemplo: las pensiones se fueron a pique y era una bomba de tiempo que reventó. Yo creo que ha habido un gran cambio, el ministro Ignacio Briones es la persona correcta para encabezar esta crisis desde Hacienda y estamos alineados con sus medidas.
-¿Están preocupados por el futuro?
-Sí, pero con las botas puestas.

Felipe Lehuedé, gerente general de Megacentros: “No podemos cerrar”

Red Megacentro es socia de Ebco y se dedica al arriendo de bodegas y oficinas. Ahí trabajan 1.700 personas, tiene 56 centros en operación en Chile, Perú y Estados Unidos, y entre sus clientes están prácticamente todos los retailes. Por lo mismo, afirma Lehuedé, ellos no están en cuarentena. “Nunca hemos parado la operación ni tenemos considerado pararla tampoco. Les vendemos a supermercados, a farmacias, a laboratorios, y esos centros necesitan operar todos los días. No podemos cerrar. Ha sido un tremendo desafío. Hay gente a la que le cuesta entender que uno esté trabajando y yendo a la oficina. Yo no he dejado de ir ni un solo día”, señala. Son el segundo operador más grande de bodegas en Chile: sus ventas bordean los 140 millones de dólares y tienen 1.217.000 m2 en arriendo. “Manejamos todo el congelado que hay en los supermercados de Cencosud, entre muchos otros. Hoy, el retail está con requerimientos grandes en este sector, lo que ha significado que todos los proveedores estén produciendo más. Los productos llegan y se los llevan a tirones, porque todo es nuevo, no estaba programado. Hay que tener la capacidad y la flexibilidad para poder recibir y despachar. Hay rubros en los que ha habido un aumento de un 30% de producción”.
Al igual que Ebco, en Megacentro también hubo rebajas de salarios: los principales 10 ejecutivos disminuyeron su sueldo en un 20%. “La empresa debe ser un agente de cambio de la sociedad en la que participa. Los gobiernos no son capaces de hacerlo solos. No es un tema de color político, simplemente es imposible. Las empresas somos cientos de miles. Y somos dueños y vecinos de largo plazo en las comunidades donde nos instalamos”, asegura.
Afirma que hay dos contagiados por coronavirus entre los empleados: una persona es de la comuna de Santiago y otra Pedro Aguirre Cerda. “Ambos casos fueron detectados a tiempo y están controlados. Están bien de salud.” Con respecto al futuro del país, señala: “Estamos preocupados, sí. Pero vamos a salir adelante. Hay que ponerle hombro y sacar adelante a Chile”.