Sabiendo que esta columna me traerá problemas en casa, propongo una reivindicación del proyecto del ex diputado Rodolfo Seguel: 20 minutos para dormir en el trabajo.

  • 3 octubre, 2008


Sabiendo que esta columna me traerá problemas en casa, propongo una reivindicación del proyecto del ex diputado Rodolfo Seguel: 20 minutos para dormir en el trabajo.

 

Sabiendo que esta columna me traerá problemas en casa, propongo una reivindicación del proyecto del ex diputado Rodolfo Seguel: 20 minutos para dormir en el trabajo. Por Mauricio Contreras.

El jueves 4 de diciembre de 2003 la Cámara de Diputados desechó con 50 votos el proyecto laboral que permitía la siesta en el trabajo después de almuerzo. La iniciativa buscaba generar un descanso a los trabajadores tipo tres de la tarde, para mejorar la productividad y el rendimiento en las oficinas.

Fue una lástima que tal moción avalada por el ex parlamentario Seguel haya sido desaprobada y tratada a la chacota, pensando en que somos flojos por exigir una pestañeada de lunes a viernes. Qué equivocados estamos y qué poco nos preocupamos por la salud. La siesta en Chile debiera ser tratada como una institución. Veamos por qué.

No puede ser que Miguel Angel, Leonardo Da Vinci, Thomas Alva Edison, Salvador Dalí y Camilo José Cela hayan estado tan equivocados para repetir a cada rato que sin siesta ellos no eran nada. Estos genios de la historia le dedicaron entre 30 y 45 minutos para desconectarse del mundo, principalmente tras el almuerzo. Hace muy poco, el entrenador del deportista que ha ganado más medallas en la historia de los Juegos Olímpicos, Michael Phelps, dijo que su pupilo necesitaba, como mínimo, tres horas de siesta.

Yo creo en la siesta como método de descanso, como entrenamiento invisible, como break de las funciones laborales, como gran reponedor del sueño diurno. Es una herencia familiar que gran parte de mis hermanos ha cumplido al pie de la letra: con pijama, cortinas cerradas y apagando el celular. Los beneficios son claros: entre las 13 y las 16 horas el cuerpo disminuye su energía y hay que recargar las baterías, aumenta la productividad laboral hasta en un tercio (¿quién no ha encontrado la solución a ese problema cuando estaba cabeceando?), refuerza la memoria, nos pone más alertas y previene enfermedades cardiovasculares. Es cierto que mi discurso suena a un abuelo, pero cada vez que puedo detallo las bondades de la siesta, so riesgo de ser calificado como un patán.

España, Tailandia, China y Alemania le hacen honor a la siesta. En Portugal se creó hace cinco años la Asociación Portuguesa de Amigos de la Siesta, donde destaca como miembro el ex presidente Mario Soares. Su lema es que “la siesta no es un vicio de vagos, sino que una pausa saludable”.

Por último, Winston Churchill decía que “no pienses que trabajarás menos porque duermes en el día, esa es una concepción tonta de personas que no tienen imaginación. Serás capaz de lograr más cosas”. Y no estaba soñando, lo dijo muy despierto.