Ese es el cóctel perfecto que inspira en los negocios a Eduardo Matte y a su hijo Eduardo. Sí, porque con la viña, en Haras de Pirque, ya se preparan para alcanzar su máximo nivel productivo de 100 mil cajas, mientras que en el mundo equino están en plena crianza y exportación de caballos de carrera. Ambos, con sello de garantía.

  • 11 diciembre, 2008

Ese es el cóctel perfecto que inspira en los negocios a Eduardo Matte y a su hijo Eduardo. Sí, porque con la viña, en Haras de Pirque, ya se preparan para alcanzar su máximo nivel productivo de 100 mil cajas, mientras que en el mundo equino están en plena crianza y exportación de caballos de carrera. Ambos, con sello de garantía.

Lo primero que le preguntamos a Eduardo Matte Rozas fue si su inclinación principal iba más por el negocio de los caballos o por el vino, ambos perfectamente conjugados en Haras de Pirque. Sonrió miró de reojo a su hijo –Eduardo Matte Blackburn–y respondió que ambos ocupan parte importante de su tiempo. Palabras que después nos parecerían de buena crianza, porque bastaron unos minutos de conversación para darnos cuenta de que, por lejos, el mundo equino es su pasión más importante.

Algo de eso ya habíamos captado cuando nos contó que había dispuesto que uno de sus 18 carruajes fuera preparado para posar en la fotografía principal de este artículo. Dijo que no los sacaba muy a menudo, porque forman parte de una de sus colecciones más apreciadas, que sólo utiliza de vez en cuando con algunos amigos. La imagen, así, era perfecta, porque nos permitía mostrar a uno de sus caballos –Cazador– junto a las vides y, como telón de fondo, la bodega de 5.000 metros cuadrados que, vista desde el cielo, tiene forma de herradura.

De la viña logramos que nos diera varias luces sobre el momento en que se encuentra. Dice que al terminar su sexto año desde que iniciaran la venta y exportación, se encuentran en plena consolidación, con resultados que ya están en su punto de equilibrio y varios premios y reconocimientos en el exterior. Este año, por ejemplo, lo cerrarán con unas 70 mil cajas vendidas, y todo apunta a que en 2009 alcanzarán las 85 mil y unas 100 mil en el Bicentenario. Esa es la capacidad máxima que tiene el proyecto desde su creación.

Lo mejor de todo es que sus precios ya los querría cualquier viña. Van desde los 45 hasta los 280 dólares la caja en el exterior, lo que les hace promediar tranquilamente unos 60 dólares, muy por encima de los 22 dólares que tiene como promedio la industria chilena.

Por eso, ya están reflexionando sobre lo que harán después, como ampliar o no las 150 hectáreas de viñas que tienen hoy, o agregar otras áreas de negocios, como restaurantes –imitando lo que hacen sus socios, la familia italiana Antinori en Europa– o circuitos turísticos con spa incluido, donde la novedad es que la vinoterapia es cada vez más atractiva en el mundo.

Como datos adicionales, ambos cuentan que la viña está presente hoy en 31 mercados, con Estados Unidos e Inglaterra como platos fuertes, pero con nuevos países a los que están entrando de forma acelerada. Entre ellos, Corea del Sur y Rusia; ambos, mercados en los que en poco tiempo pasaron de enviar 400 ó 500 cajas a más de cinco mil.

Además de la viña, en el predio de 600 hectáreas que la familia posee en Pirque funciona el criadero de caballos que hoy mantiene unos 200 ejemplares. En este negocio están privilegiando la venta de animales de competencia al exterior. Por eso es que se han marginado de participar en los remates de crías en Chile, donde no se han conseguido buenos precios en el último tiempo. Explican que al producir y exportar campeones de carrera pueden sacar entre 200 mil y un millón de dólares, mientras que en los remates, un buen ejemplar puede costar entre 10 mil y 15 mil dólares.