El negocio del vino está en plena reinvención. Era que no. Con todos los problemas que ha traído el bajo tipo de cambio y su efecto en las exportaciones del sector, a los empresarios vitivinícolas no les ha quedado más alternativa que mirar para el lado. Como era de suponer, algunas empresas comenzaron a buscar […]

  • 6 abril, 2007

El negocio del vino está en plena reinvención. Era que no. Con todos los problemas que ha traído el bajo tipo de cambio y su efecto en las exportaciones del sector, a los empresarios vitivinícolas no les ha quedado más alternativa que mirar para el lado. Como era de suponer, algunas empresas comenzaron a buscar salidas, como la venta o la alianza con algún operador estratégico. A la que hay entre Viña Cánepa y Concha y Toro –un tema del que se venía hablando por meses–, se sumó ahora que TerraMater, también de la familia Cánepa, decidiera contratar a IM Trust para incorporar un socio. Otro cuento son los Luksic, que resolvieron vender Altaïr y encargaron el proceso a Santander Investment.

En la industria estas noticias no han sido una sorpresa. Por el contrario, en el escritorio de muchas compañías vitivinícolas han estado por semanas los prospectos de estas dos empresas. Y dicen en el sector que habría más. Pero bueno, por lo pronto hay apuestas cruzadas sobre quién lanzará la primera oferta. Y entre los posibles candidatos estaría el holding Corso, de María Teresa Solari, que se sabe que lleva tiempo buscando una oportunidad en el negocio. También se menciona a José Yuraszeck, socio de la familia Picciotto en el control de Viña Undurraga. Y no solo eso, también se dice que el ex dueño de Sal Lobos habría comprado 200 hectáreas en Leyda, la zona costera vitivinícola de moda.