• agosto 7, 2018

Hoy en Chile hay más de seis mil personas que tienen 100 o más años y se espera que el próximo año, casi dos mil más se sumen a este grupo. Aquellas mayores de 60 años han ido creciendo y lo seguirán haciendo a una de las tasas más rápidas del mundo. Durante el siglo XX, la esperanza de vida se incrementó más de 30 años y todo indica que las nuevas tecnologías seguirán aumentándola de manera exponencial. 

Sabiendo esto, aún creemos que viviremos hasta la edad de nuestros padres. Subestimar la cantidad de años que vamos a vivir nos hace no planear nuestras ciudades, el mercado laboral y el ahorro para la vejez, entre otras cosas. Por otra parte, existe una discusión abierta de aquellos que temen por no saber si podremos mantener a más cantidad de gente mayor o si esto provocará un colapso a las sociedades. Hay otros que creemos que la vejez activa es una muy buena noticia y un gran desafío país. Tenemos que mirar estar realidad, reconocerla y afrontarla. 

En este contexto, es necesario preguntarse ¿hay que retirarse a los 60 años, cuando me quedarán 40 o 50 años más por vivir? ¿Tiene sentido tener una edad de jubilación legal? En Japón, el país con mayor cantidad de adultos mayores en el mundo, se incentiva desde la década de los 80 el trabajo de los mayores de 60 años; con subsidios o rebajas de impuestos que se hacen efectivos solo si el trabajador está satisfecho con su trabajo. En Nueva York existe el premio Age Smart Employer, que establece prácticas de reclutamiento y retención de empleados mayores. Es hacia allá hacia donde tenemos que apuntar, hay que olvidar el modelo de tres etapas de vida y actualizar la idea del retiro: el trabajo part-time y el retiro en etapas son algunas opciones. Estamos obligados a innovar con coraje y sin miedos a ser disruptivos. 

En general, se ve a los ancianos como un grupo homogéneo, que sale a comprar en horarios en los que nadie los ve, que son personas que viven en condiciones precarias y con escasa movilidad. Este estereotipo es generalizado y es un deber desafiarlo. Lo cierto es que no todos envejecemos igual, no todos los mayores necesitan lo mismo. La longevidad requiere de acciones. En Tokio podemos encontrar lentes en cajeros automáticos y libros impresos en tamaño grande. En algunas ciudades, cuando construyen o remodelan una estación de metro, la hacen accesible para personas de todas las edades. Puente Alto, a través de red activa (www.redactiva.cl), decidió darles a las personas mayores acceso a baños, más tiempo para cruzar el semáforo e incentivos a la movilidad. En otras palabras, integrar la comuna con todos sus ciudadanos mejorando la movilidad y accesibilidad.  

La realidad de este grupo etario es desconocida para muchos de nosotros e incluso nos cuesta saber cómo referirnos a ellos; ¿tercera?, ¿cuarta edad?, ¿personas grandes?, ¿adultos mayores? Las palabras y gráficas construyen realidad y derribar los actuales estereotipos es una tarea urgente. El desafío que tenemos por delante es poder avanzar en lo que podríamos llamar la construcción social de la vejez. Debemos crear sinergias entre el mundo público y privado, que permita las condiciones necesarias para como país acoger de mejor manera a nuestros ciudadanos.