Poner a la persona en el centro del diseño es la mayor preocupación de Jan Gehl, el arquitecto danés que ha impulsado mundialmente un movimiento para desarrollar “ciudades para la gente”. El famoso urbanista, que convirtió a Copenhague en uno de los lugares más vivibles del mundo, cree que los arquitectos “saben muy poco sobre […]

  • 4 agosto, 2016

Poner a la persona en el centro del diseño es la mayor preocupación de Jan Gehl, el arquitecto danés que ha impulsado mundialmente un movimiento para desarrollar “ciudades para la gente”. El famoso urbanista, que convirtió a Copenhague en uno de los lugares más vivibles del mundo, cree que los arquitectos “saben muy poco sobre el ser humano. Las ciencias sociales y la sicología están completamente ausentes de la educación en las escuelas de arquitectura”, según ha planteado en varias entrevistas.

Más que criticar, Gehl, quien entre otras cosas ha recuperado lugares tan caóticos como el Time Square en Nueva York, prefiere proponer. Y su fórmula para mejorar las ciudades incluye un elemento fundamental: la bicicleta. A través del aumento de ciclovías, el arquitecto propone resolver la congestión vehicular, uno de los principales problemas de Chile, donde el parque automotor supera los 4,5 millones de vehículos, los que se concentran en un 40% en la capital.

El modelo Gehl está en la mira de la Intendencia Metropolitana, la cual a través del proyecto Santiago Camina, financiado por el BID, está siendo asesorada por la oficina danesa. A partir de las inquietudes de ciclistas y peatones por la dificultad de desplazarse por la ciudad, el gobierno regional, cuentan en la Intendencia, adoptó el desafío de concretar el modelo de escala humana, centrado en las personas.

“Lamentablemente, la planificación urbana se supeditó al transporte vehicular, acortando distancias pero creando nuevos problemas, como los tacos y la contaminación ambiental. Queremos una ciudad más inclusiva y justa, donde peatones, automovilistas y ciclistas convivan en armonía, donde el espacio también tenga un criterio de equidad”, plantea el intendente Claudio Orrego.

Tras realizar una medición supervisada por la oficina de Gehl, se obtuvieron datos que se están utilizando para el diseño de intervenciones piloto en dos comunas, que serán en la Explanada de los Mercados (Santiago) y el cruce Los Morros (La Cisterna).
En un día laboral, según la última encuesta Origen Destino (2012), más de seis millones de viajes se realizan a pie. Sin embargo, el énfasis en optimizar la infraestructura vial para el transporte motorizado y la disparidad en la calidad del entorno peatonal han limitado el potencial de Santiago como ciudad caminable.

“Nos dimos cuenta de que, en horarios punta, son las mujeres las que menos utilizan las ciclovías, lo que da cuenta de una inequidad de género en cómo está diseñada la ciudad. Hemos visto además que mientras más inseguro es el espacio, menos diversa es la composición de quienes hacen uso de él”, agrega el intendente.

La mirada de los urbanistas

El paradigma de la ciudad compartida, donde las personas están al centro de la preocupación, donde la colaboración –al igual que en la economía– es un elemento clave, cobra fuerza en las principales ciudades del mundo. Y Santiago no está ajena a ello. Hoy, personas que podrían vivir en un suburbio prefieren hacerlo en un lugar más chico en la zona central para compartir con otros. Y tomar una bicicleta pública para ir a un café al centro.

“En la medida en que cada individuo piense en su beneficio personal y se encierre en su barrio, se van a exacerbar mayores problemas como la segregación, la inseguridad y la desconfianza”, piensa Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo. Y agrega: “La ciudad antigua del siglo XX era hostil y fomentaba el individualismo. En cambio, la del siglo XXI está empezando a valorar la colaboración, a partir de un reconocimiento de la mejora de la calidad de vida y las nuevas tecnologías que permiten, a través de las redes sociales, generar nuevas estructuras de arraigo, identificación y colaboración”.

La industria inmobiliaria, piensan los urbanistas, poco a poco se está sumando a esta revolución. Son procesos lentos, pero se ve que aparecen ejemplos de barrios colaborativos donde hay ofertas de vivienda que reconocen ciertos valores cívicos de la ciudad compartida, que destacan los espacios comunes, el uso de la bicicleta y los espacios de co-work”, admite Allard.

“En estos momentos, la industria está demostrando tímidamente un cambio de mentalidad hacia un sentido de responsabilidad cívica. El aporte del inversionista no sólo tiene que ser en términos económicos, sino que también ético, de calidad constructiva, de diseño y de su efecto en la ciudad. Uno está empezando a ver una arquitectura de mejor calidad”, comenta Sebastián Gray, director del Colegio de Arquitectos de Chile y profesor de la Universidad Católica. Cambios que, según cuenta Gray, se están viendo en el barrio Italia y en la Plaza de Armas, donde “se recuperó el estilo original del Portal Bulnes, de la plazoleta de los Tribunales y el ex Congreso Nacional, lo que le ha cambiado la cara al centro de Santiago”.

Democratizar el espacio

“Necesariamente tenemos que democratizar el espacio”, plantea Klaus Georg Benkel, de BL Arquitectos, oficina vinculada a Inmobiliaria Lo Campino. En su opinión, el espacio trabajado arquitectónicamente es todavía un elemento que encontramos casi sin excepciones sólo en viviendas de altos ingresos, “mientras que el grueso de la población habita en espacios chatos y claustrofóbicos. Entender una casa no sólo como un programa que se resuelve en planta y en un espacio de una altura acotada y uniforme, es un desafío que tendremos que empezar a resolver los arquitectos en conjunto con las inmobiliarias, dentro de nuestra realidad donde siempre los recursos son escasos”.

Es por ello que en Valle lo Campino, en Quilicura, han proyectado una gran variedad de tipologías de viviendas, desde town houses hasta casas modernas.

En Inmobiliaria Manquehue, en tanto, cuentan que el proyecto Piedra Roja, que tiene más de una década, fue concebido bajo la premisa de la escala humana. “Fue un gran desafío, porque el trabajo se enfocó no sólo en construir viviendas, sino en desarrollar un barrio que aportara a la calidad de vida de los habitantes, considerando el entorno a la laguna, las áreas verdes necesarias, los espacios de juegos para los niños, la vialidad acorde al crecimiento del sector, entre otras variables”, cuenta Cristián Cominetti, gerente general de Piedra Roja.

“A escala humana no quiere decir construir algo a pequeña escala, sino que tenga proporciones adecuadas dado el concepto del proyecto. En una zona urbana cercana al metro es perfectamente posible un edificio grande con espacios comunes generosos. Estamos invirtiendo más en paisajismo exterior”, explica Rodrigo Lyon, gerente de Inmobiliaria Actual, la cual tiene varios proyectos en esta línea, uno de ellos es Pérgolas de Huechuraba, edificios bajos con distanciamientos y amplias áreas verdes. Un elemento que los habitantes cada día valoran más.

Como ellos, cada día son más las empresas, instituciones y personas que entienden que un mejor futuro está ligado necesariamente a planificar teniendo en cuenta siempre que los espacios deben fomentar el encuentro y la colaboración. •••