El brillante ensayista y periodista de fuste internacional dice que hace 70 años se vivió una crisis “del” capitalismo y que la actual, en tanto, es una “en” el capitalismo. Y lo dice porque éste es un sistema experimental, que ha hecho, y está haciendo, un aprendizaje.

  • 26 noviembre, 2008

 

El brillante ensayista y periodista de fuste internacional dice que hace 70 años se vivió una crisis “del” capitalismo y que la actual, en tanto, es una “en” el capitalismo. Y lo dice porque éste es un sistema experimental, que ha hecho, y está haciendo, un aprendizaje. Por Jorge Abasolo Aravena.

La época actual puede ser sindicada como la de los expertos. Una época en la cual a los economistas se les mira con respeto pues han sido consagrados como los encargados de explicar fenómenos que se alojan más allá de la capacidad de comprensión del ciudadano medio… y de muchos políticos. Eso es lo que logra magistralmente Guy Sorman en su último libro, La economía no miente (Editorial Sudamericana) y que vino a presentar a Chile hace unas semanas.

Ensayista y periodista de fuste internacional, Sorman suele dictar seminarios en universidades francesas y extranjeras, y publicar columnas en prestigiosos medios. Sostiene hoy que la sana economía es más necesaria que nunca, pues sólo en el curso del siglo XX, las malas políticas económicas devastaron las naciones y causaron más víctimas que cualquier epidemia. Y es cosa de revisar la historia: las colectivizaciones de las tierras impuestas en Rusia en la década de 1920, en China en los años 50 o en Tanzania, diez años después, condenaron a la hambruna a cientos de miles de campesinos.

Sorman es de palabras rotundas y de juicios categóricos. Su evangelio, si se nos permite la expresión, no admite dobleces, tal y como queda de manifiesto en la siguiente conversación.

-¿La economía es una ciencia exacta?

-Nada es exacto. Todo está confrontado entre la teoría y la práctica y, por lo tanto, como todo se ciñe a una metodología, no hay diferencia con otras ciencias.

-Gerard Debreu, Premio Nobel de Economía en 1983, asegura que lo único que no saben hacer los economistas es
prever. ¿Está de acuerdo en ello?

-Estoy de acuerdo sólo en la mitad. Los economistas saben prever que una mala política económica conducirá necesariamente a una catástrofe. La ciencia económica evita solamente que quienes buscan resultados concretos recurran a medios incoherentes con los fines. En esto, a la economía la podemos comparar con la medicina moderna, cuyos logros principales se relacionan a la prevención de riesgos. Al igual que el médico que no puede curar a todos sus pacientes, el economista no puede garantizar la prosperidad de todos.

-En su reciente libro La economía no miente dice que hechos como la gran crisis de 1930 no podrán repetirse, ya que los errores que la agravaron en su época, como el proteccionismo, no se repetirán. La reciente crisis financiera parece contradecir su aseveración.

-En primer lugar, conviene decir que no hay capitalismo sin crisis. La crisis es consustancial al capitalismo; el cual, como sistema experimental que es, produce experiencias que fallan. La crisis es algo que uno comprende y puede ver venir, pero que a veces es inevitables. El verdadero problema en los años 30 y 70 era cómo responder a la crisis. El año 30 fue el proteccionismo lo que hizo estallar la economía. El año 73 fue el problema monetario. Lo que estamos viviendo ahora es consecuencia de lo que no debió haberse hecho. Con todo, hoy en día tenemos una crisis en el capitalismo, mientras el año 30 se vivía una crisis del capitalismo.


-La reciente crisis norteamericana, ¿es un golpe al mentón del neoliberalismo?

-En primer lugar, ¿qué es el sistema neoliberal? Prefiero hablar de liberalismo, ya que el neoliberalismo es un concepto ideológico latinoamericano. Nunca he encontrado economistas tan intransigentes, que usan y abusan de este término, como en Latinoamérica. Lo que existe es el liberalismo, que consiste en un matrimonio entre Estado y empresa. Claro, se trata de un matrimonio imperfecto, pero déjeme decirle que no existe sociedad capitalista sin Estado. Y como el sistema es experimental, cada vez se exigen nuevas adaptaciones a los problemas dentro del capitalismo, que es justo lo que está ocurriendo ahora.

-¿Por qué en América latina la relación políticos-economistas sigue siendo tan áspera? ¿Sucede lo mismo en Europa y Estados Unidos?

-Es que la tradición en América latina todavía tiene una visión caudillista y hay en la tradición caudillista una resistencia contra el sistema liberal, especialmente en Brasil, Venezuela, Argentina y –en parte– en el propio Chile.

-¿Por qué América latina sigue siendo tierra fértil para el populismo?

-Hay, creo, razones sociológicas y reales. También hay un problema étnico, ya que en América latina no se ha superado el tema racial. En ese contexto, el populismo y el caudillismo son formas de enfrentar o solucionar los problemas desde un punto de vista bárbaro.


-Como estudioso del liberalismo en Chile y Argentina, ¿qué pasó con el caso argentino? ¿Por qué se produjo allí una etapa de marasmo?

-En el caso de Chile hay motivos culturales y sociales que explican el éxito. Hay una tradición de empresarios y una historia de innegable iniciativa. Eso está fuertemente arraigado en el carácter del chileno, con empresarios que captaron de inmediato las ventajas de la exportación y las consecuencias propias del liberalismo.

En Argentina ha ocurrido exactamente lo contrario. Allá se vive aún del mito de la edad de oro. Ellos saben que fueron ricos en el pasado y no se explican por qué no lo son ahora. Antes, en Argentina se ganaba dinero prácticamente sin trabajar, y ahora viven añorando un pasado que no existe. Y quizás por eso quieren seguir ganando dinero de forma fácil, lo que ha sido nefasto. La reciente crisis con el sistema de pensiones tiene mucho que ver con esa forma de pensar (…) La clase política argentina está compuesta por gente muy mediocre y también insisten en esa obsesión por la edad de oro. Lo peor es que los gobiernos alimentan este mito.

{mospagebreak}

-Es claro que la nacionalización del sistema de pensiones genera mayor incertidumbre económica…

-Cierto. Como le decía Talleyrand a Napoleón, eso más que un crimen ha sido un pecado. Pienso que madame Kirchner ha cometido un gran error, pues eso ha derivado en la huida de los inversionistas. Esto valida a Argentina como un Estado que no da ninguna seguridad. Lo de Argentina es una involución. La pobreza se ha incrementado en cifras alarmantes. Entre el año 1995 y hoy ha crecido del 10% al 34%. Mientras tanto, madame Kirchner roba las cajas de previsión privadas para seguir subvencionando la pobreza.


Colosos mundiales

-¿Qué le hace pensar que el mundo no entiende a Estados Unidos, como dijo a La Nación de Buenos Aires en 2005?

-No recuerdo haber dicho eso. No obstante, es cierto que hay mucha gente que no entiende la civilización norteamericana. Se trata de una cultura bastante singular, de una sociedad especial, no sólo por sus instituciones políticas, sino porque es una cultura distinta al resto de las culturas occidentales, incluidas las europeas.

-¿Qué papel le asigna a la religión en el proyecto global de Estados Unidos?

-Un papel fundamental, desde luego. Además es un tema interesante, porque las iglesias norteamericanas no son sino norteamericanas. Es decir, el cristianismo, el judaísmo, incluso los musulmanes son allí totalmente distintos a los del resto del mundo. Ellos han adaptado las religiones a su forma de vida, y así puede usted encontrar judíos reformados, iglesias evangélicas distintas, en fin.

-¿A qué atribuye que Europa no presente ninguna alternativa al modelo norteamericano?

-A que Europa está cansada o plenamente satisfecha. Vivimos una vida confortable, no hay en el Estado un espíritu de querer renovar. Sólo se pretende reformar pero no crear una opción tan diferente.

-¿Podrá China llegar a ser capitalista?… ¿O ya lo es?

-China es un caso levemente comparable a Chile, por el intento de disociación entre lo político y lo económico. Es un poco extraño comparar a Pinochet con el caso chino, claro, pero ambos pusieron en práctica el capitalismo para producir riqueza. Lo que quiero decir es que pese a las predicciones en el sentido de que el capitalismo no marcha cuando no hay democracia, el caso chileno demostró lo contrario. Y este capitalismo marcha bien ahora en China, porque crea aspiraciones nuevas en la sociedad. Ahora bien, ese sistema también crea ilegalidades y desigualdades, las cuales pueden ser reguladas solamente a través de un sistema democrático. Hay momentos en que el capitalismo crea una necesidad de negociación con el sistema democrático. No obstante, lo que va a ocurrir en China es imprevisible. Y es que si China no ingresa a un proceso de transición democrática, ese experimento puede verse interrumpido, con los consiguientes problemas sociales hacia el interior.

-Usted es de los pocos intelectuales que no ven en China a un próximo gigante económico. ¿Por qué?

-No es un problema de creer o no creer. Es un problema de análisis de la realidad. El PIB de China equivale al de Italia y nadie dice que Italia va a reemplazar a Estados Unidos. La economía china no tiene ninguna originalidad, pues depende del mercado mundial, particularmente del consumidor americano. El día que Estados Unidos deje de consumir productos chinos va a haber serios problemas con este gigante. Es un país con un grado de dependencia mayúsculo. No existen productos originalmente chinos, no fabrica productos de carácter universal ni de alta calidad, no son bienes irreemplazables. Es casi irrealista pensar que China asumirá un rol de supremacía económica.

Agrego una última observación. Es cosa de ver las patentes. Un 40% proviene de los Estados Unidos, un 25% de Europa, un 8% de Japón y un 4% de Corea del Sur. ¡China no patenta nada! Incluso le diré que India tiene una economía mucho más promisoria. Primero, porque cuenta con un sistema político estable y previsible, porque hay un sistema escogido democráticamente y no impuesto por un partido. Además, en India hay una educación superior y es un país más cosmopolita. Adicionalmente, India cuentan con un segundo idioma, cosa que no se da en China.

-Pero todo el mundo quiere hacer negocios con China, aunque un obrero gane un cuarto de dólar por hora…

-Todo el mundo quiere hacer negocios con China por dos razones: porque las condiciones son muy ventajosas y porque los mismos obreros no tienen ningún derecho. Entonces, es el panorama ideal. Sin embargo, eso influye en que los productos sigan siendo de calidad mediocre… También hay un efecto de moda que gira en torno al futuro de China. Ahora, la mayor parte de las industrias instaladas en China está perdiendo dinero. Hay una cuestión especulativa y está el tema de los derechos humanos. Llama la atención que occidente no sea más exigente con los derechos humanos, como lo fue con la URSS.

 

 

El arte de pensar

-En su afamado libro Los verdaderos pensadores del siglo XX usted hace una semblanza y confronta a 20 intelectuales y se le acusó de machista, pues no incorporó a ninguna mujer…

-Cierto, fui muy atacado, pero debo decirle que cuando escribí el libro no se me pasó por la mente la ausencia de mujeres. La verdad es que pregunté a diversas personas acerca de nombres de mujeres que podía incorporar al libro y nadie me dio uno, así que no fue por machismo. Es más, hasta el día de hoy creo que no hay mujeres que hayan sido fundadoras de algún sistema económico. Parece que el sistema es excluyentemente masculino (sonríe).

-En ese libro pudo haber figurado Simone de Beauvoir, a quien conoció personalmente…

-Sí, la conocí. Y debo decirle que me arrepiento mucho de no haberla entrevistado a ella ni a Jean Paul Sartre. Cuando quise hacerlo ya estaban muertos.

-¿Por qué ha dicho usted que el verdadero pensador debe ser un cosmopolita?

-Todos los grandes descubrimientos se dan en la intersección de las disciplinas. Por ejemplo, tenemos el caso de las discusiones entre los físicos y los médicos acerca del avance de la medicina. Eso se da en las intersecciones de cada disciplina. En la medida en que estos descubrimientos se cruzan, progresan las culturas. En la historia de la humanidad hay pueblos que no crecen, que no progresan porque no hay fusión de disciplinas. Cada cual se queda en lo suyo. Por eso creo que una visión cosmopolita de las cosas es inherente al buen pensador.