Las charlas de Carolina Pérez, máster en Educación de Harvard, sobre el efecto de las pantallas en los niños fueron tema de conversación en varios colegios el año pasado. Hoy vuelve a la carga: “Yo prefiero que un niño repita de curso y esté tranquilo y feliz con una vida familiar que aprendió a hacer las camas, que aprendió a cocinar algo porque este año académico se va a recuperar”.

  • 1 abril, 2020

Desde 2017 y en especial durante el año pasado, Carolina Pérez Stephens -educadora de párvulos y Máster en Educación de la Universidad de Harvard- se dedicó a realizar la charla “Niños secuestrados por las pantallas”, una cátedra interactiva a grupos pequeños de padres e hijos y a masivas audiencias en colegios a lo largo de todo Chile. Su discurso -dirigido a profesionales de la educación, padres y apoderados- no tenía bemoles: “NO a las pantallas”, tal como lo afirma la Sociedad Americana de Pediatría.

A través del formato cuentacuentos, suele relatar durante sus discursos la historia de un niño que quiere llegar a la NASA pero que difícilmente lo logrará si sus neuronas no funcionan bien. Y aquello, explica, se acentúa cuando hay sobreexposición a pantallas. De esta manera transmite a auditorios repletos el efecto que tienen tablets, smartphones, computadores y videojuegos en niños y adolescentes.

En las exposiciones el efecto casi siempre es el mismo: al principio los padres lo toman con humor, otros con cierta incomodidad, pero tras escucharla alrededor de una hora y media, la mayoría sale comprometiéndose a cambiar el hábito de consumo de estos gadgets en sus casas. “El desafío es enorme”, confiesan muchos padres que asistieron a una de esas charlas en un colegio del sector oriente de la capital.

Mantener la cordura

Carolina Pérez dedica parte de su tiempo en cuarentena a organizar a su equipo de parvularias que trabaja en los tres jardines infantiles (Helsby Preschool, Goldfish Preschool Starfish Preschool) que tiene en las comunas de La Reina, Lo Barnechea y Las Condes, las dos últimas con más infectados por el Covid-19.

-En este tiempo de cuarentena, ¿mantienes tu discurso?

-Exactamente el mismo. Cero pantallas, cero televisión y cero tablet hasta los dos años. Entre los dos y los cinco años lo recomendable es un máximo de 30 minutos de televisión que no tiene la misma luz “blanca” de las pantallas interactivas.

-¿Es posible hacerlo hoy en tiempos donde padres e hijos están encerrados y además hay que trabajar y hacer las cosas de la casa?

-Ahora en cuarentena, creo que los colegios -que mandan millones de las cosas por computador- tienen que entender cómo funciona realmente el cerebro de un niño y cómo aprende. Una neurona se conecta con la otra cuando el niño está tranquilo y feliz. Si ese mismo niño está estresado no aprende nada. Por lo tanto, lo principal que tenemos que velar los papás y los colegios es la salud mental de los niños.

-¿Cómo se maneja eso? Porque los directores están presionando a sus profesores a hacer justamente lo contrario que tú propones.

-Esto es un tema económico, porque si los papás no pagan el colegio y a esos profesores no le pagan el sueldo, ¿te imaginas cómo van a estar esos educadores y sus familias en sus casas? Esto es una involución económica, pero de tamaño grave. Los colegios particulares tienen una ventaja de que los padres no quieren perder el cupo, pero en un jardín infantil por ejemplo, como es mi caso, perfectamente pueden sacar al niño.

Carolina cuenta que tras la crisis provocada por el coronavirus disminuyó la mensualidad de sus tres jardines a la mitad. Todos los días mandan por mail a los apoderados un video de unos 10 o 15 minutos con actividades para el día con un instructivo a los papás para que lo vean en la televisión. De esta manera ha podido sostener a su personal. Para la educadora, confiesa “sería mucho más fácil agarrarme de esta ley de la Dirección del Trabajo que, en casos de “fuerza mayor”, me permite a dejar de pagar el sueldo a mis colaboradoras. Pero ellas tienen familias”. Y añade: “Esto es una economía circular donde todos tenemos que ponernos la mano en el corazón y no esperar grandes leyes o grandes dictámenes de parte del gobierno, sino que tratemos de hacer la pega”.

-¿Cómo lograr que los niños no pierdan el tiempo?

-He visto es que han salido muchas iniciativas, por ejemplo, la plataforma digital de la UNESCO, que puso a disposición su biblioteca digital mundial para que las familias lean en cuarentena y Microsoft y otras empresas han liberado juegos de video y aplicaciones gratuitas. ¡Eso NO! Yo sé que estamos todos super crazy con esto del encierro, pero no por mi tranquilidad mental le voy a dar algo que yo sé que a mediano y largo plazo le va a hacer daño a mi hija.

La recomendación, según la experta, es conectar el celular o computador al televisor para que de esta manera la luz de la pantalla no afecte la vista y disminuya el nivel de dopamina -neurotransmisor del placer- y para evitar que la radiación de estos elementos tecnológicos pueda tener en la visión de los niños y adolescentes. A nivel gubernamental propone que se retomaran programas como Teleduc -centro de educación a distancia de la Pontificia Universidad Católica de Chile que en los años 80 tuvo transmisión televisiva por Canal 13- y que exista un profesor haciendo clases, en la televisión. “Porque todo Chile tienen televisión, pero no todo el mundo tiene internet ni computadora en la casa, como los sectores más vulnerables,” asegura.

-Es una realidad que en sectores vulnerables también abundan los smartphones.

-Puede ser, pero el problema es ahora será que como todo el mundo esta hiperconectado, la capacidad de Internet baje sobre todo a zonas más remotas.

-¿Qué propones para los padres puedan teletrabajar en relativa armonía?

-Entiendo que los padres tienen que hacer teletrabajo y que están estresados. Por lo tanto, organicemos nuestra rutina, tratemos de llevarlo lo mejor posible. Creo que lo principal es que mantengan el hábito de la lectura, la caligrafía y las operaciones matemáticas de acorde a la edad. Todo el resto se pueden aprender después, pero no estresarse. Si una mamá y un papá que van a empezar a pelear porque el niño no está frente al computador y que no ha hecho una tarea, al final ese niño no sólo no va a aprender nada, sino que va a quedar traumatizado y con problemas de salud mental. Si los niños son inteligentes, sanos y felices leyendo cuentos, haciendo la cama, ordenando la ropa, lo principal está garantizado. Aquí lo principal es mantener la cordura y que una mamá reventada, no trate mal a su hijo que el papá estresado, no se ponga a tomar y no trate mal a toda la familia ¿Me explico?

La parvularia va más allá. Está convencida, dice, de que tras este crítico momento habrá filas de padres llevando a sus hijos a psiquiatras y psicólogos infantiles “porque no se supo afrontar esto de manera adecuada”. “Entonces, si un papá que vive en un departamento, por su tranquilidad y porque tiene que trabajar, va a descargarle todos los juegos para que cabro esté empantallado toda la tarde lo van a pagar carísimo,” enfatiza la parvularia. Lo mismo con las clases online que tienen acceso a chats entre alumnos. “Se desconcentran, empiezan a hablar tonteras y aparece el cyberbullying”, remata.

Un experimento sin precedentes

Hasta la fecha no ha salido ningún paper de esta situación de hiperconexión que gran parte del planeta está experimentando. La Sociedad Americana de Pediatría se encuentra recién analizando el contexto y sus posibles consecuencias. Éstas definirán si, después del sobre stock de tareas y guías de aprendizaje, los niños en todo el mundo aprendieron algo o no. Frente a esto, Pérez comenta: “No se le puede pedir a una mamá que no es profesora le enseñe a su hijo el método matemático Singapur si además tiene que hacer el aseo, cocinar y teletrabajar”.

-A priori ¿cuáles crees tú que serán las consecuencias o conclusiones de este experimento al que te refieres?

-Yo prefiero que un niño repita de curso y esté tranquilo y feliz con una vida familiar que aprendió a hacer las camas, que aprendió a cocinar algo porque este año académico se va a recuperar. Yo sé que la televisión y pantalla es un recurso que tengo a la mano, que me sale gratis y me sale fácil, pero yo tengo que hacer este examen de conciencia y decir cuán caro lo voy a pagar en un año más o en seis meses más.

– ¿Cuál es el mensaje entonces?

-Mantengamos a flote, estamos todos en el mismo barco. Lo académico claro que es importante, pero he visto mamás que hacen tutoriales, hacen actividades y ¡más encima cumplen un horario! Bueno, ese niño será uno, pero el resto de las mamás del mundo estamos tratando de sobrevivir y si los niños pierden el año. ¿Tú crees que en la Primera Guerra Mundial el papá se preocupaba de la guía? Entonces no nos va a hacer ni más bien ni más mal que todos pierdan un año. Pero al menos nuestros hijos van a permanecer sanos mentalmente. Porque si no nos hacemos cargo, estos traumas se van a acarrear de por vida.