A diez años de su muerte, el legado del legendario Georg Solti se agiganta con el tiempo. 

  • 27 julio, 2007

 

A diez años de su muerte, el legado del legendario Georg Solti se agiganta con el tiempo. Por Joel Poblete.

 

En un 2007 tan lleno de homenajes y recuerdos por muertes ilustres ocurridas hace una década (solo pensemos en la sobredosis de homenajes rendidos a Lady Di), el recuerdo de uno de los más notables directores de orquesta del siglo pasado podría pasar injustamente a segundo plano ya que la muerte de sir Georg Solti, en septiembre del 97, no solo acabó con una brillante y memorable carrera, sino además con un nuevo eslabón en la historia de los grandes maestros de la batuta.

El impacto de nacer en un territorio que formaba parte de un imperio que no tardaría en desaparecer, así como vivir en una Europa convulsionada y en permanente cambio a lo largo de dos guerras mundiales, forjaron en él una personalidad única y genial, en la que el humor y la simpatía iban a la par con la inteligencia y profundidad de su enfoque musical. Lo mismo ocurre con su característica figura sonriente y vital, incluso pasados los 80 años; esa mirada que parecía transmitir sabiduría y humanidad, y que guió momentos memorables en actuaciones en vivo y registros discográficos.

Una vida tan llena de triunfos, sorpresas y anécdotas no podía quedarse sin un texto que reflejara la intensidad de la vida y carrera de Solti, por lo que sus Memorias, publicadas al poco tiempo de su muerte, son una verdadera delicia que puede entretener incluso a quienes no son aficionados a la música docta. El libro abunda en detalles impagables: en lo personal, la emotiva despedida de su padre tras partir a Suiza en pleno 1939, sin saber que no volverían a verse, o los viajes nocturnos en jeep hacia sus primeros compromisos laborales en una Alemania que intentaba surgir de las cenizas tras el fin de la guerra, la descripción de la apacible belleza de su hogar italiano en Roccamare…

Claro que son los recuerdos musicales los que más cautivan, como cuando evoca la única vez que, siendo estudiante de la prestigiosa Academia Franz Liszt, tocó para Bartok; su decisión, a los 14 años, de convertirse en director tras ver a Erich Kleiber dirigir la Quinta de Beethoven; el camino que lo llevó a ser asistente de un septuagenario Toscanini en el Festival de Salzburgo; las dos horas y media que pasó en la casa de Richard Strauss en Garmisch, conversando pocos meses antes de que éste muriera; o aquel día que Stravinsky lo llamó por teléfono para que fuera a visitarlo en su casa en Los Angeles.

Aunque Solti debe figurar entre las batutas más queridas por cantantes y colegas, no con todos comulgó de manera tan cómoda, como demuestra el libro al bajar el perfil de la Callas, por cuya culpa él tuvo serias diferencias con el Covent Garden de Londres. O con esa ocasión en que Grace Bumbry abandonó sin mayor aviso una versión de concierto de Salomé en plena función y la orquesta debió seguir sin ella. Siempre supo salir al paso de las emergencias, como cuando se hizo cargo de las funciones de Un baile de máscaras programadas en Salzburgo, tras la muerte sorpresiva de Herbert von Karajan.

Por supuesto, el volumen también permite conocer sus reflexiones en torno a algunos de los compositores que más amó y sus piezas favoritas: desde los atractivos de la ópera Carmen hasta secretos para interpretar a Beethoven, Mozart y las obras de Wagner. Leyenda viviente en activo hasta sus últimos días y ganador de una treintena de premios Grammy, afortunadamente el legado discográfico de Solti es generoso en calidad y cantidad. No es exagerado afirmar que en toda discoteca de un fanático de la música sinfónica y la ópera debería haber al menos un álbum dirigido por el húngaro; y vaya si puede ser difícil decidir por cuál optar, ya que así como en la música de concierto podemos admirar sus Liszt, Tchaikovsky o Bartok, en el género lírico deleitan por igual la pasión y dramatismo de sus Verdi o la vivacidad y profundidad de sus Mozart, y sobre todo la deslumbrante gama de matices que desarrolla en sus modélicas versiones de óperas de Strauss como Salomé y Elektra. Y por supuesto, se podrían escribir páginas y páginas alabando su histórico Anillo de los Nibelungos de Wagner, el primero grababo al completo en estudio; una tarea titánica que, además de ser una de las cimas en la carrera del maestro, es un hito en la historia de la música grabada.

Con testimonios como ese, el maestro Solti seguirá tan vigente como siempre.