Por una cuestión de principios, a los Pérez Cruz no les gusta aparecer en la prensa. Pero hoy hacen una excepción. ¿El motivo? Están preocupados por algunas señales que observan en la industria del vino y, de paso, aclaran el polémico quiebre del pacto de controladores de la eléctrica CGE. Aquí, los líderes del clan hablan sobre cómo han diversificado sus inversiones y de su modelo para sobrevivir como familia en el mundo de los negocios.

  • 31 julio, 2012

Por una cuestión de principios, a los Pérez Cruz no les gusta aparecer en la prensa. Pero hoy hacen una excepción. ¿El motivo? Están preocupados por algunas señales que observan en la industria del vino y, de paso, aclaran el polémico quiebre del pacto de controladores de la eléctrica CGE. Aquí, los líderes del clan hablan sobre cómo han diversificado sus inversiones y de su modelo para sobrevivir como familia en el mundo de los negocios. Por Marcelo Soto; fotos, Julio Donoso.

Andrés Pérez Cruz, presidente de Inmobiliaria Liguai S.A., cabeza del holding familiar, está preocupado. Dice que la industria del vino chileno está viviendo “un terremoto de 8,5 grados”. Con ese juego de palabras se refiere a la idea, impulsada por Vinos de Chile, de bajar el mínimo de alcohol que establece la ley para el vino nacional, que hasta ahora es de 11,5 grados. Tres grados menos, supuestamente para ampliar las posibilidades de exportación de vino a granel en momentos en que el mercado pide vinos menos alcohólicos.

“Es una locura”, dice en la casona de la calle Gertrudis Echenique, en el barrio El Golf, donde crecieron los 11 hijos de Pablo Pérez Zañartu y que hoy da cabida al Family Office de un clan cuyo patrimonio alcanza varios centenares de millones de dólares. “A mí, particularmente, la idea de bajar a 8,5 grados el mínimo del vino no me convence nada, son señales bien confusas. Puede que tenga cierto sentido para volúmenes grandes de poca calidad. Nosotros estamos en otro nivel de precios y por lo tanto eso no nos toca, pero como política no hace mucho sentido”, reafirma.

Y agrega: “la imagen del vino chileno puede desmoronarse. La industria tiene un plan estratégico que se ha puesto como meta para los próximos años, tanto a nivel externo como interno, mejorar el precio promedio. Entonces cuando involucras un producto nuevo que es de baja graduación alcohólica, por lo tanto el precio es bastante menor, produce una contradicción. La única forma de llegar a 8,5 grados de un vino que naturalmente da 13 o 14 grados, es echándole agua. Eso se va a prestar para adulteraciones. Si estamos tratando de que el prestigio del vino chileno mejore, justo cuando tenemos gran competencia de Argentina, de España, no parece la mejor estrategia. Tiene cierta ilógica”.

Los Pérez Cruz, claro, son dueños de la viña del mismo nombre, una de las marcas nacionales de mayor crecimiento y penetración en el segmento de vinos finos. En apenas una década, se ha ganado un lugar en las mesas de los mejores restaurantes y su Cabernet Sauvignon Reserva es un imperdible entre los entendidos. Para este año esperan vender unas 90 a 95 mil cajas de sus vinos, todos tintos y todos nacidos en Maipo Alto, donde se originan los vinos chilenos más afamados. Con un precio promedio de 60 dólares la caja –muy por encima de la media chilena–, las ventas podrían llegar a casi 6 millones de dólares. La viña queda en Huelquén, un campo que el patriarca del clan compró en 1963, cuando valía una bicoca, porque se pensaba que su suelo pedregoso no era apto para casi nada. Tan pobre era que ni siquiera fue afectado por la Reforma Agraria. Hoy, sin embargo, es una de las zonas más apetecidas para elaborar tintos y su valor se ha multiplicado varias veces, tal como el legado que Pablo Pérez

“Hay zonas, en el norte y en el valle central, donde se hace muy difícil conseguir mano de obra, porque se está compitiendo con la minería, con el retail y es casi insoportable”. (Andrés Pérez Cruz)

Zañartu dejó al morir.

Mientras el dólar sigue bajando, son pocas las viñas chilenas que tienen números azules. Andrés Pérez, sin dar detalles, dice que han recuperado la inversión original y que hoy tienen cifras positivas. Han entrado a una segunda fase de inversiones, entre ellas la ampliación de la bodega por 1.800 millones de pesos. Y ante rumores respecto de una posible venta, advierte: “sobre mi cadáver, de ninguna manera. No puedo adelantar lo que harán las futuras generaciones, quizá abrirse a bolsa sea una aspiración razonable, pero vender no está en nuestros planes”.

Más que la baja del valor de la divisa, Pérez Cruz cree que el tema más complejo que afecta a la industria del vino local es la mano de obra. “Ha subido mucho y, es más, ya no hay mano de obra. Nosotros estamos apuntando hacia la mecanización, algo que venimos diciendo desde hace unos cuatro o cinco años. O sea hay zonas, en el norte y en el valle central, donde se hace muy difícil conseguir mano de obra, porque se está compitiendo con la minería, con el retail y es casi insoportable. No es por precios, sino que es porque no hay no más”.

-¿A ustedes les convendría una ley más flexible en esa materia?
-Sí. Una amplitud, por ejemplo, para dejar entrar a los inmigrantes, tal vez en un periodo de tiempo de cosecha como puede pasar en otros países como Nueva Zelanda o Australia, donde hay periodos en que la gente entra y sale. Los mismos hijos de uno, de repente, van a trabajar a esas zonas por un periodo corto de tiempo, y se dan visas con un control de entrada y salida, por un tiempo determinado.

-La ley establece un 15% máximo de la dotación de una empresa para trabajadores extranjeros.
-Indudablemente que eso favorece a la zona norte, a las empresas mineras, que pueden pagar mayores salarios. A la industria del vino le convendría una mayor apertura. Además, hay que pensar que la vitivinicultura se ha puesto estándares de gestión muy altos, los ISO, las normas de calidad. O sea, si ves los campos, el tema de los casinos, el tema del tratamiento ambiental, de beneficios para el personal, son estándares altísimos y eso tiene un costo también. Y sucede otra cosa: hoy día, un niño que nace en el campo es un niño que nace con un computador, con un celular digital, entonces difícilmente va a conocer mañana una tijera de podar, menos una pala, un chuzo o elementos que son propios del trabajo del campo. El retail les ofrece estar en un lugar climatizado, no se ensucian la ropa, aunque los sueldos son mucho menores de los que se puede ganar en el campo. Por una cosa aspiracional, prefieren trabajar en un supermercado. No es que sea una competencia desleal, es lo que hay y hay que hacer una reencantamiento del trabajo del campo. En Europa la gente va a trabajar en el campo por una cosa romántica, vuelve a rescatar lo que fueron sus ancestros y van a las fiestas de vendimia, y la gente llega en sus autos y van a trabajar en cosas bien específicas de la cosecha y punto; terminan y se van. Y son trabajos bien remunerados.

-¿Ustedes pagan mucho sueldo mínimo?
-¡No!, el sueldo mínimo es algo que no se conoce en el campo hace muchos años. Hoy día un trabajador agrícola en promedio gana 15 y 17 mil pesos diarios, o sea, son otros valores, totalmente distintos. En temporada peak un cosechero gana 20 mil o 22 mil pesos diarios, mucho más que el sueldo mínimo.

-¿Qué les parece el sueldo mínimo que fijó el gobierno?
-Me imagino que los planteamientos que hace el gobierno en términos de sueldo mínimo técnicamente tendrán su respaldo, idealmente todo quisieran que la gente ganara más, pero yo creo que hay que cuidar la parte técnica que apunta a proteger aquel trabajador que está justo en el límite, que está ganando el sueldo mínimo y al que le tiene que subir de 182 mil a $193 mil pesos. Probablemente un pequeño empresario o una Pyme no estén en condiciones de pagar eso.

Corto circuito
Algunos de los principios que enseñó Pablo Pérez Zañartu a sus hijos fueron la austeridad, la necesidad de diversificar las inversiones –no poner todos los huevos en la misma canasta–, mantener la unidad familiar y cultivar en lo posible un bajo perfil. Este último ha sido difícil de seguir debido a la disputa que mantuvieron con las familias Hornauer (Grupo Almería) y Marín por el control de CGE, compañía cuyo patrimonio bursátil se estima en unos 1.900 millones de dólares.

Desde noviembre del 2000, las tres familias tenían un acuerdo de actuación conjunta, pero en agosto del 2011 el grupo Almería y

los Marín decidieron terminar el pacto. Las desavenencias tenían su origen en desacuerdos respecto de la conformación del gobierno corporativo de CGE y a las críticas que los Pérez Cruz realizaron a la gestión en la compañía (caída en resultados y aumento de costos). En abril de 2010, Matías Pérez Cruz dejó la presidencia de Gasco –filial del grupo–, siendo reemplazado por Claudio Hornauer, electo con el apoyo de los Marín.

Finalmente, en abril pasado las partes acordaron aumentar de siete o ocho los miembros del directorio de Gasco, en beneficio de los Pérez Cruz. El nuevo representante en la mesa es Rodrigo del Solar.

Andrés explica que “en ningún caso vamos a dejar de lado nuestras inversiones en el sector energético, que ha sido la columna vertebral del grupo. Si a la muerte de nuestro padre teníamos 2,5% de CGE, hoy tenemos un 11,4%, más nuestra participación en Indiver, que nos otorga poder político adicional, que nos lleva a 13%. Esto no quiere decir que no sigamos buscando mayor diversificación y si hace 10 años el 97% de los ingresos del grupo se debía a nuestra participación en el negocio energético, hoy un 84% proviene de allí y el resto, de las otras inversiones, principalmente agropecuarias. En unos cinco años la idea es que sea 50 y 50”.

Mientras conversamos con Andrés, entran a la sala de reuniones Pablo y Matías Pérez Cruz junto a Rodrigo del Solar, presidente

“Para nosotros fue muy antipático tener rencillas con accionistas (en CGE, pero) afortunadamente pudimos llegar a un entendimiento”. (Matías Pérez Cruz)

de Gasco GLP. El primero, quien participó en los directorios de la Compañía General de Electricidad pero hoy se define como “un socio más de los negocios de la familia”, explica: “el que hayamos perdido el bajo perfil fue una consecuencia del conflicto, estas cosas siempre trascienden, pero no es porque uno lo busque. La compañía tiene más de 100 años y tiene distribución a lo largo de todo el país, no es cualquier empresa y obviamente cualquier cosa que suceda entre los socios va a trascender, pero no fue una cosa buscada, al contrario, lo que nosotros queríamos era recomponer la situación –cosa que se logró este año– y hoy día lo que se busca es trabajar para sacar adelante nuevamente a la compañía”.

-¿Quedaron satisfechos con el acuerdo en CGE?
Es Matías quien responde: “para nosotros fue muy antipático tener rencillas con accionistas. Encontramos que es una cuestión totalmente inoficiosa, no le hace bien a la compañías, no le hace bien a las administraciones, no le hace bien a la generación de valor. Nosotros teníamos un pacto de accionistas, ese pacto fue vulnerado y bueno, nosotros le transmitimos las diferencias, las sometimos a las circunstancias que el mismo pacto establecía, así que afortunadamente pudimos llegar a un entendimiento”.

-¿Quedaron temas pendientes o está todo zanjado?
-Nosotros terminamos todas las diferencias con los demás accionistas y estamos concentrados hoy día solamente en el futuro de la compañía. CGE tuvo un problema grave de resultados, de gobierno corporativo, de manejo, de liderazgo y de todo. Así que

“La idea de bajar a 8,5 grados el mínimo del vino no me convence nada… la imagen del vino chileno puede desmoronarse”. (Andrés Pérez Cruz)

estamos muy concentrados y muy atentos a lo que pueda ocurrir allí y estamos poniendo todo nuestro esfuerzo para apoyar a la administración.

-Cuando se dieron estos conflictos, ¿nunca pensaron en vender su participación?
-Cuando uno tiene un conflicto no se trata de partir y vender, nosotros siempre hemos estado comprometidos en resolver los problemas desde dentro a la compañía y apoyar a la administración. Es una muy mala señal para una administración que un accionista, en medio de un conflicto privado con los demás accionistas, trate de vender. No pasó por nuestra mente. Lo que nos interesa como familia es mantenernos en el área de la energía. Andrés participa en el área eléctrica, yo en el área de gas, específicamente en la empresa Gasco S.A. que es una empresa que tiene más de 155 años de historia. Todo lo que puedo decir es que es un sector sumamente dinámico, un sector que tiene también inversiones a través de Gasco en Colombia y Argentina. Argentina ha sido muy difícil, pero ha sido una experiencia sumamente interesante. Es un mercado mucho más maduro, entonces sirvió como una curva de aprendizaje súper importante para lo que ha sido la industria chilena del gas.

-¿Cómo observa el panorama energético en Chile?
-Una cosa que es sumamente importante subrayarla es que Chile no tiene combustibles fósiles. Tiene apenas un 5% en producción en Magallanes. Dependemos de otros países para tener hidrocarburos. Importa mucho que la autoridad regulatoria en Chile tenga visiones a largo plazo en el sector energético.

-¿Ven una cierta indefinición en el gobierno sobre la política energética que debiera tener el país?
-No. El presidente Piñera y el ministro de Energía, Jorge Bunster, tienen una visión muy clara respecto de que hay que contar con todas las fuentes de recursos energéticos disponibles. Desde luego con la hidroelectricidad, que nosotros creemos que es súper relevante. Chile tiene que hacer uso de sus recursos hidroeléctricos, por supuesto respetando toda la ley. La realidad es que dependemos del petróleo, como dependemos del gas importado. Si Chile quiere llegar a ser un país desarrollado tiene que estar siempre mirando más allá, en el largo plazo, las políticas energéticas. Los proyectos energéticos son proyectos de gran inversión que se materializan en periodos que duran más que un mandato presidencial. Los gobiernos tienen que tener una política energética de largo plazo, eso es lo que reclama el sector privado, el sector que invierte. Y por supuesto reglas claras.

-Thomas Keller, de Codelco, dijo que Chile había perdido competitividad por el tema energético.
-Pienso que habría que hacer algo como lo que hace el Banco Central. En Chile tuvimos problemas de política monetaria graves en el pasado, ya que el Banco Central antiguamente no tenía la autonomía que le concedió la constitución de 1980. Hoy los miembros del Banco Central duran diez años en sus cargos y son elegidos por el Senado a propuesta por el gobierno. Ojalá que existiera una autoridad energética similar al Banco Central. La política monetaria es demasiado importante para un país, igual que la política energética. Lo ideal sería que hubiese un organismo técnico con una duración más allá de los gobiernos, para que no haya un cambio de autoridades y se cambie todo de nuevo. Los sectores mineros en Chile, que producen un tercio del producto interno bruto, ven que es demasiado importante el requerimiento que tienen de energía y por eso hay mucha ansiedad. Hay mucha inversión vinculada en el sector norte de Chile para traer centrales y para traer gas natural licuado y así generar electricidad.

-¿Hacia dónde cree que Chile debiera centrar su política energética?
-En el sur de Chile hay recursos hidroeléctricos brutalmente importantes que hay que aprovechar, respetando el medio ambiente, desde luego. Nuestro padre fue uno de los miembros fundadores de Endesa y desde chicos nosotros escuchamos a los distintos ejecutivos de Endesa que venían para nuestra casa, que decían que venían grandes proyectos en la región de Aysén. Eso tiene que desarrollarse. Y la energía eólica en aquellos lugares donde pueda desarrollarse, siempre que tenga costos razonables, porque uno puede desarrollar energías renovables no convencionales, pero que tienen un costo por instalación de kilowatt muy altos y al final esos costos los va a pagar el consumidor. Hoy estamos pagando una energía cara, ojalá que podamos pagar energía lo más barata posible y eso se ve con una multiplicidad de fuentes. No hay ningún país del mundo que sea deficitario energéticamente que no tenga un abanico de recursos y si Chile tiene recursos hidroeléctricos debe aprovecharlos.

-¿Sería muy grave que no se desarrolle HidroAysén?
-Sería una omisión muy grande. Chile tiene que duplicar su capacidad de generación, entonces si no cuenta con los recursos que hay en HidroAysén, bueno, vamos a tener que suplir esa falta de energía mediante otras fuentes y las otras fuentes son mucho más caras. Por otro lado, perfectamente bien se puede hacer una transmisión acorde con el medio ambiente. Ha habido un manejo

“Es preocupante la situación en Argentina, no sólo de las empresas concesionarias de gas allá y de servicios públicos, sino que es preocupante por la situación cambiaria, monetaria, económica, fiscal y de las reglas del juego”. (Matías Pérez Cruz)

absolutamente malicioso de aquellas personas que se oponen a HidroAysén y han hecho montajes con los sistemas de transmisión en lugares donde no corresponde que haya torres. Por ejemplo han puesto a las Torres del Paine con líneas de alta tensión. ¡Jamás van a pasar líneas de transmisión por las Torres del Paine, eso es un montaje y un uso malicioso para crear tendencias en la opinión pública que son muy dañinos!

-¿Están buscando nuevos mercados extranjeros, Perú por ejemplo?
-A Perú lo hemos visto muchas veces, pero hoy día queremos consolidar nuestra participación en Colombia, estar bien instalados allá. Estamos en una etapa de consolidación, por que había muchas empresas de gas licuado y hemos adquirido muchas compañías. Lo complejo es instalar culturas generales para las empresas, porque Colombia es un país con 45 millones de habitantes con culturas muy disímiles unas de otras. Es un desafío pendiente todavía. Sin perjuicio de que siempre estamos atentos a ver otras inversiones, queremos terminar bien un trabajo y por supuesto siempre somos bien reactivos a las oportunidades que se nos presenten.

-Y en Argentina, ¿cómo ve el panorama?
-Es preocupante la situación en Argentina, no sólo de las empresas concesionarias de gas allá y de servicios públicos, sino que es preocupante por la situación cambiaria, monetaria, económica, fiscal y de las reglas del juego. Es sumamente preocupante, lo que uno percibe en Argentina es que hay una gran disconformidad en la población argentina. Nosotros fuimos a Argentina a quedarnos, estamos hace más de 20 años allá y tenemos una inversión muy importante que queremos protegerla, pero estamos sin tarifas, entonces es súper complejo. Tenemos grandes equipos profesionales también.

-¿No han pensado en irse?
Andrés Pérez Cruz, que es el presidente del clan, toma la palabra: “no, no es recomendable”, dice enfático. Negocios claros, familia unida.

En el nombre del padre
Pablo Pérez Zañartu, qué duda cabe, ha dejado una impronta en sus hijos. Su caso es digno de de una novela. Un ejecutivo que a punta de ahorro, y un ojo de lince para comprar e invertir, amasó una gran fortuna. “El era un hombre muy riguroso, muy austero y muy cuidadoso”, dice Andrés Pérez Cruz. “Nosotros éramos una familia que vivíamos en esta casa que hoy día son nuestras oficinas: éramos once hermanos (uno de ellos murió de un infarto en 2004) más una cantidad tremenda de primos y amigos, era una casa siempre de puertas abiertas, siempre recibimos mucha gente. Mi padre era un empleado público, trabajaba para Endesa y además tenía un cargo de ingeniero jefe de la Sociedad de Canal del Maipo. Si uno lo extrapola a lo que podría ser hoy día, era una persona de un ingreso medio. Tenía una visión impresionante. O sea, lo digo así tajantemente, el cada peso que podía ahorrar lo destinaba para comprar estas empresas públicas. Me imagino que los valores de ese momento, por ejemplo de la Compañía General de Electricidad u otras, eran de menor valor y más asequible al bolsillo. Y él fue metiéndose de a poquitito en estas empresas, porque creía que estas empresas que normalmente crecen un punto o dos puntos por sobre el PIB, en el fondo marcan los crecimiento de los países y a la larga son muy rentables; él creía fervientemente en eso”.

También tuvo buena puntería para comprar propiedades. José Ignacio Laso, gerente general del Family Office Pérez Cruz, explica: “yo lo miro desde afuera, por la relación que me ha tocado tener con algunos activos que vienen desde la época de tu papá, o sea, la visión que tiene que haber tenido para comprar un terreno en Las Vizcachas, cuando nadie apostaba por un sector así. Tenía muy buen ojo y era súper ordenado”.

Y Andrés agrega: “o sea en un momento cuando el dólar estaba a $ 39 y que habían opciones de que cada persona podía comprar US$ 10.000 en una cuota mensual, a cada uno de los hijos nos mandaba con la cuota mensual, porque no creía en el modelo económico de ese momento y pensaba que iba a subir el dólar. Entonces nos mantuvo un tiempo comprando dólares, con la cuota que correspondían a cada uno de nosotros que éramos mayores de 18 años. Después el dólar se elevó hasta las alturas y ganamos una fortuna”.

Modelo familiar
Como explica Matías Pérez Cruz, “una cosa que nos inculcó nuestro padre fue la unidad de la familia. Antes de fallecer, hace ya casi 25 años, nos llamó y nos dijo que debíamos estar unidos. Nuestra madre tiene 85 años, 51 nietos y 24 bisnietos. Viña Pérez Cruz ha sido una amalgama súper importante para la familia. Sabemos que la viña nos da un perfil alto, pero queremos tener siempre un bajo perfil y no solamente un bajo perfil, sino que un no perfil, o sea, realmente pasar por anónimos”.

-Otra área de interés que tienen ustedes es la filantropía.
-Hay una fundación que dejó mi padre antes de morir que lleva el nombre de mis abuelos, es una fundación sin fines de lucro con derecho privado que otorga un premio cada dos años. Además participamos en distintas fundaciones sin fines de lucro, Pablo José es presidente de la Sociedad del Canal del Maipo, y Andrés es director de la Sociedad Nacional de Agricultura (como presidente de la Corporación Chilena del Vino). Yo participo en la Fundación Paz Ciudadana, y en el Teatro Municipal de Santiago. Mis seis hermanas están vinculadas a distintas cuestiones de filantropía. Éramos cinco hombres pero falleció uno hace ocho años atrás por un infarto, lo que fue muy repentino y una cosa muy dramática para la familia porque no o esperábamos y nos dolió muchísimo.

-Y ¿como lo hacen para ponerse de acuerdo, para arreglar las diferencias?
-Nosotros tenemos consejos familiares, desde que murió nuestro padre nos juntamos cada dos meses, sólo hermanos. Y una vez al año hacemos asambleas familiares. Estamos organizados como distintas sociedades de inversión, tenemos nuestra estructura, tenemos esta casa, tenemos esto que se llama ahora family office, que lo empezamos hace 25 años, cuando no existían en Chile. Una de las cosas más importantes es la asamblea familiar: nos juntamos una vez al año por un weekend todos los miembros de la familia, sanguíneo o no sanguíneo, o sea los nietos políticos y no políticos mayores de 15 años. Es una gran reunión, lo pasamos súper bien; la idea es transmitir lo aprendido y los valores a las nuevas generaciones.