Quizá me equivoco, pero creo que buena parte del público interesado en ver Gomorra –uno de los filmes más alabados del año pasado– se aburrió de esperar su estreno en Chile y ya la vió. Se la consiguió en la cuneta, la descargó o simplemente se compró el DVD oficial por Internet. El interés por […]

  • 27 mayo, 2009

Quizá me equivoco, pero creo que buena parte del público interesado en ver Gomorra –uno de los filmes más alabados del año pasado– se aburrió de esperar su estreno en Chile y ya la vió. Se la consiguió en la cuneta, la descargó o simplemente se compró el DVD oficial por Internet. El interés por la adaptación del libro de Roberto Saviano fue más fuerte que las ganas de aguantar a verla en pantalla grande, de manera que su tardía aparición en salas se siente como una noticia de algo que ocurrió a principios de año, pero da lo mismo: Gomorra es una buenísima película y la pieza central de una trilogía sobre la corrupción en Italia (las otras cintas son El caimán, donde Nanni Moretti retrata a Berlusconi, e Il Divo, sobre el caso del premier Giulio Andreotti). Puede que Gomorra le deba más de la cuenta a ciertas series criminales como The Wire y Los Soprano –así como también al cine de Pasolini y Pontecorvo–, pero su visión de la mafia como un monstruo de cientos de cabezas (muchas de las cuales se devoran entre sí) posee una naturalidad que aterroriza. De modo que lo que estaría infectado ya no es un barrio, ni una forma de vida, sino la mismísima nación. Vaya tema para una película.