El rostro de las Olimpiadas Londres 2012 no es la mascota Wenlock ni Mandeville. El verdadero rostro asociado a los anillos olímpicos de este año es un cincuentón despeinado, rubio y expresivo que anda en bicicleta y recita odas en griego. Se llama Boris Johnson, es el alcalde de Londres y se está jugando su liderazgo en su partido, el Conservador.

  • 1 agosto, 2012

El rostro de las Olimpiadas Londres 2012 no es la mascota Wenlock ni Mandeville. El verdadero rostro asociado a los anillos olímpicos de este año es un cincuentón despeinado, rubio y expresivo que anda en bicicleta y recita odas en griego. Se llama Boris Johnson, es el alcalde de Londres y se está jugando su liderazgo en su partido, el Conservador. Por Constanza Hola, desde Londres.

Hola. Les habla el alcalde de Londres. Durante los juegos Olímpicos el transporte tendrá mucho movimiento, por lo que les recomiendo chequear previamente su viaje en tfl.co.uk”. La grabación suena en el segundo piso de uno de los buses que recorren el suroeste de Londres. “Como si no fuera suficiente verlo en la tele”, bromea con su compañero de asiento uno de los pasajeros.

Es cierto, el último mes la televisión británica, así como los medios de comunicación en general no hablan de otra cosa que de los Juegos Olímpicos y de cómo Londres se prepara para ellos. Y una figura fundamental se ha convertido en rostro del proceso: Boris Johnson, el multifacético y carismático alcalde de Londres. Su voz suena en los buses y su cara aparece todos los días en los diarios. Se dice que hoy es más popular que Wenlock y Mandeville, las mascotas oficiales de los juegos.

Llegó al City Hall en 2008, tres años después de que Londres se anunciara como sede de los Juegos Olímpicos 2012. Técnicamente no fue el padre biológico de la idea, pero se ha empeñado en ser el adoptivo y, como tal, borrar los rastros de sus antecesores y quedarse con el mérito de la crianza de esta arriesgada inversión en la que se han convertido los Juegos Olímpicos.

Originalmente, el presupuesto hablaba de 2.400 millones de libras. Sin embargo, ya un año antes de que Johnson se hiciera cargo de la ciudad los costos se habían triplicado. Recientemente, un estudio del parlamento británico (House of Commons) reveló que los costos conocidos ya alcanzaban los 11.000 millones. Sin embargo, los críticos aseguran que esa cifra es conservadora y un estudio de Sky Sports publicado este año aseguró que las cuentas de estos Olímpicos asecenderán a cerca de 24.000 millones de libras; es decir, diez veces el presupuesto original. Sólo en transporte se han invertido 6.500 millones, cifra bastante polémica considerando que el dinero sólo beneficia a Londres y ni siquiera a todo el mapa geográfico de la ciudad.

“Boris Johnson vio en los juegos olímpicos una oportunidad… y la ha sabido aprovechar. Hay quienes critican si es bueno desembolsar semejante cantidad en plena crisis. Si es bueno o malo, no lo sabremos hasta el balance final. Lo que yo puedo decir es que la visibilidad que está teniendo Londres como escenario central del mundo durante este año es algo que tan malo no puede ser. Además, el gobierno está intentando maximizar esa popularidad atrayendo inversión post Juegos Olímpicos”, asegura Tony Travers, profesor e investigador del departamento de Gobierno de London School of Economics, experto en Londres.

De niño sordo a avezado orador
Críticas recibe por kilos. Pero aun así Boris Johnson se mantiene incólume, con su sonrisa entre bonachona y sarcástica de siempre y que le valió la reelección en mayo de este año.

Alexander Boris de Pfeffel Johnson nació en Nueva York, durante una beca de estudios de su padre. Cuando su madre tenía tres meses de embarazo, ambos visitaron Ciudad de México en bus, pésima idea para una mujer en ese estado. El hombre con el que se estaban quedando, Boris Litwin, le regaló pasajes en avión, primera clase, para volver. Tan agradecida quedó que le puso a su primogénito Alexander Boris.

A pesar de que volvió a Londres de meses, durante su niñez la familia fue nuevamente trasladada; esta vez a Bruselas, por el trabajo de su padre en la Comisión Europea. No fueron tiempos felices: el actual orador locuaz sufrió de sordera parcial hasta los ocho años, lo que lo hizo un niño retraído y tímido. Además, cuando tenía alrededor de diez años su madre colapsó y fue internada en un hospital psiquiátrico en Londres, mientras los niños permanecieron con el padre. Cuando la madre regresó a Bruselas, los profesores de Boris le hicieron ver que era un “niño talento” y que debían matricularlo en uno de los internados de elite de la educación inglesa. A los 14 años Johnson ya estaba en Eton, el principal colegio de elite, al que también asistieron los príncipes William y Harry y el primer ministro David Cameron; y sus padres se habían divorciado.

Al terminar Eton, Johnson partió a Oxford, a estudiar un grado en Literae Humaniores, curso especializado en la cultura clásica griega y romana. Esa es, según él mismo, su gran pasión. De hecho, los nombres de sus cuatro hijos están ligados con el mundo

A ninguno de sus cercanos le sorprendería que en unos años Johnson consiga el preciado liderazgo del Partido Conservador británico.

clásico y él mismo se autodenomina seguidor de Pericles. Por eso, a nadie le extrañó que no sólo encargara, sino que él mismo recitara la oda olímpica en griego para el lanzamiento de la villa olímpica, la que contará con una placa con el poema. A nadie le extrañó. En parte, por su conocimiento clásico y en parte porque Boris Johnson no conoce la palabra vergüenza y sus límites de figuración son bastante más amplios que los del conservador promedio. “No es tímido, es un operador político. Es un gran interlocutor y es muy bueno convenciendo porque parece mucho más auténtico que otros políticos. Es muy bueno”, asegura Travers.

Llegó al parlamento en 2001, fue nombrado vicepresidente del Partido Conservador y ocupó cargos trascendentales de oposición, como ministro en las sombras de Artes y de Educación Superior, nombre que recibe el encargado de la oposición de una cartera específica.

El 16 de julio de 2007 Johnson confirmó que su próximo emprendimiento sería nada menos que el sillón de alcalde de Londres. “Es una oportunidad demasiado grande y un premio maravilloso como para dejarlo pasar”, dijo. En la primaria de septiembre del mismo año, se convirtió en candidato indiscutido, al lograr el 75% de los votos contra sus tres contendores, Andrew Boff, Victoria Borwick y Warwick Lightfood.

Fue así como, finalmente, el 1 de mayo de 2008, Boris Johnson se adjudicó el preciado cetro de acalde de Londres para la planificación de los futuros olímpicos, derrotando al laborista Ken Livingstone con el 53,17% de los votos. En mayo pasado y tras seis años de gestión, Johnson volvió a enfrentar a Livingstone al pelear su reelección. Esta vez ganó, pero el margen fue más estrecho: 52,53%.

Carisma a lo bruto
Aparece en el metro, parado, colgado de una pasadera. O en bicicleta, de terno y corbata, para fomentar el transporte alternativo. Se pasea por la ciudad haciendo bromas y grabando videos de bienvenida para los turistas olímpicos. Así es Boris. O por lo menos, así se muestra Boris. Este liderazgo no es fruto del azar, sino una mezcla entre sus altos niveles de credibilidad, a partir de la percepción de ser un líder auténtico y de su entrenamiento en la cancha mediática. Porque Johnson podrá ser un político por vocación, pero lo que sin duda pavimentó su actual éxito fue su carrera previa: el periodismo. Comenzó como reportero del Times, luego se fue al Telegraph como editor asistente y en 1999 fue nombrado editor del Spectator, desde donde catapultó su carrera política.

A pesar de militar en el Partido Conservador y de ser uno de sus más vistosos líderes, no se podría decir que Johnson cabe en lo que mundialmente se concibe como el estereotipo conservador.

Dueño de una lengua sin pelos y de modales no muy cercanos a la nobleza británica, Johnson ha sido retratado bostezando en medio de reuniones y sus comentarios no siempre son todo lo políticamente correctos que los ingleses querrían. De hecho, algunos periodistas reportaron haberlo escuchado referirse a la población de color como piccaninnies o sonrisa de sandía, lo que le valió la furia de dicha comunidad que ya lo tenía entre ceja y ceja desde que era periodista y catalogó de histéricas algunas acusaciones de racismo contra policías. En su minuto, su propia madre salió en su defensa. “No es cierto cuando la gente dice que Boris está desconectado de la realidad. Como esos comentarios absurdos de que él es racista, cuando tiene una esposa mitad india (la abogado Marina Wheeler) y su abuelo era el ministro turco de Estado bajo Ataturk”, aseguró Charlotte Johnson Wahl en una entrevista con el Guardian en mayo de 2008.

Luego de seis años en el puesto, ha sabido dar vuelta la tortilla a su favor. No le gusta la rutina, se rodea de la mejor gente para cada proyecto que emprende, más allá de la politiquería, y se encarga personalmente de lidiar con la prensa, a la cual conoce de cerca. Como periodista aprendió a saber decir lo que tiene que decir, cuándo decirlo y a quién. Como alcalde de Londres tiene uno de los equipos de prensa más grandes del gobierno, con encargados por área. A pesar de sus innumerables apariciones públicas, da entrevistas sólo a los peces gordos británicos. Medios latinoamericanos o chilenos quedan fuera de la pauta por ser poco relevantes para sus objetivos. Mal que mal, su espontaneidad es un bien preciado que hay que cuidar y a la que sólo algunos tienen acceso.

Más allá de la locura de este año, el estilo de Johnson ha sido bastante particular en comparación a los de sus predecesores. “Su estilo tiene más que ver con el presidente de una compañía que con un cargo político. Su cargo es de responsabilidades diarias, donde no existe el poder en las sombras. Es más bien equivalente a un gerente general top”, explica Travers. Esto lo corrobora una de las asesoras de Johnson. “No te podría decir cuál es su rutina, porque no tiene. Este no es un cargo de oficina, todos los días cambia, tiene reuniones con distinta gente, distintos equipos, pero depende de la contingencia. No es que los lunes tenga A, los martes, B. Siempre cambia”.

En su círculo aseguran que no da puntada sin hilo. Además, es un secreto a voces tanto en el edificio del City Hall como en el antiguo parlamento que la apuesta de Johnson es el conocido eslogan de las tres claves del éxito de una propiedad: location, location, location (posición, posición, posición), pero aplicado a sí mismo y su posicionamiento como líder del partido. A ninguno de sus cercanos le sorprendería que en unos años Johnson consiga el preciado liderazgo del Partido Conservador británico.