Estar donde uno quiere estar. Ésa parece ser la máxima de Gladys Romero, más conocida como la “Chica”. Nacida en Puerto Montt, en una familia de 9 hermanos –donde “ciertamente no sobraban los recursos económicos, pero la educación era un tema prioritario”– esta mujer ha sabido nadar en las complejas aguas de la industria pesquera. […]

  • 26 agosto, 2013

Gladys Romero

Estar donde uno quiere estar. Ésa parece ser la máxima de Gladys Romero, más conocida como la “Chica”. Nacida en Puerto Montt, en una familia de 9 hermanos –donde “ciertamente no sobraban los recursos económicos, pero la educación era un tema prioritario”– esta mujer ha sabido nadar en las complejas aguas de la industria pesquera.

Todos la conocen. Desde el chofer del camión que transporta harina y aceite de pescado, hasta el empresario chino comprador de estas materias primas. “Me pongo mis buenas botas, el casco plateado y me paseo por las plantas. Puede que no vea al gerente, con quien lo único que hago es cerrar el negocio, pero para mí es importante hablar con la gente de la operación del día a día, es ahí donde tengo que estar”. Y agrega: “Partí en el rubro pesquero hace 36 años y en todo este tiempo he tenido la suerte de tratar con capitanes de barcos, tripulantes, mecánicos, operarios, choferes, etc. Éramos como una gran familia, en una humilde oficina instalada sobre un muelle en San Vicente, Talcahuano, sin sospechar en ese entonces que llegaría hasta acá”.

Cuestión de suerte, pero también de aprovechar las oportunidades, porque a Gladys Romero –elegida entre las 100 mujeres líderes el año pasado– nadie le ha regalado nada en la vida. Salvo su padre, un administrador de Aduanas, que tuvo la valentía a inicios de los 70 de enviarla un año de intercambio a Estados Unidos cuando sólo tenía 16 años. “En Puerto Montt sus amigos lo criticaban. ¿Cómo vas a mandar a una niña a un mundo tan distinto?”, recuerda Gladys, para quien “el shock cultural fue terrible. Mi inglés era muy básico y en aquellos tiempos los límites de mi vida empezaban en Puerto Montt y terminaban en Santiago; Estados Unidos era casi otro planeta”.

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La experiencia le abrió las puertas al mundo. De vuelta en Chile, estudió Secretariado Bilingüe en la Católica con la idea de volver al país del norte. Pero se casó, y a su marido lo trasladaron a Concepción. En diciembre del 75 la contrataron como secretaria de gerencia en Pesquera El Golfo, vinculada en ese entonces a la familia Stengel. “Era la única mujer que trabajaba en la industria, porque era un ambiente absolutamente masculino, por la condición del negocio”.

Al poco tiempo, Gladys se transformó en jefa de ventas. Pero el gran salto lo dio a los 26 años, cuando tuvo que partir al BID a pedir un préstamo para construir la primera planta de congelados de Talcahuano, en 1977. “Conocer EE.UU. y el idioma fue clave para que mi jefe me confiara tamaña tarea. Ni tarjeta de presentación tenía, sin embargo me enviaron al mejor hotel, porque estaba ahí para conseguir 1 millón de dólares y debía estar a la altura de las circunstancias”, cuenta entre risas.

“Mañana, renuncio”

A Gladys Romero no le asusta casi nada. Menos los cambios. En 1986, el grupo Santa Cruz-Yaconi compró Pesquera El Golfo. La primera reacción de la jefa de ventas fue renunciar, porque estaba en un cargo de confianza. “Tú te quedas”, le dijeron.

Trabajólica y exigente, Gladys dedicaba hasta 18 horas diarias a la pega. Así se perdió importantes momentos de la vida de sus hijos. El shock maternal le vino recién cuando el mayor, a los 17 años, le comentó que quería irse a estudiar a Alemania. Su hermana le dijo que quería seguirlo. “¿Cómo se van a ir si los he vivido tan poco? No me pueden hacer esto. Mañana renuncio”, les dije.

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Con la decisión tomada, pero igualmente devastada, porque la pesquera era “su vida”, habló con su gerente y luego con el directorio de la empresa. “Don Jaime Santa Cruz me dijo Chiquita, pensamos que tú nos ibas a despedir algún día a nosotros”.

Gladys le explicó sus razones y, mientras ella buscaba una oficina para instalarse, y ellos a quien la reemplazaría, le ofrecieron quedarse un tiempo más en la pesquera y manejar desde ahí su cartera de clientes de harina y aceite de pescado, porque era algo que ella había formado. “Incluso, don Jaime me dijo: Vamos a ir juntos a hablar con Gonzalo Vial, Manuel Ariztía y los salmoneros para decirles que de ahora en adelante tú los atenderás”. Hoy, las empresas Gladys Romero S.A. –que incluyen negocios turísticos e inmobiliarios– manejan unos cuantos millones de dólares.

-¿Cree que en Chile existe realmente la meritocracia?

-Absolutamente.

-¿En su caso fue así?

-Sí, hasta el día de hoy.

-Pero en Chile importan mucho los contactos y si estudiaste en tal o cual colegio…

-En el caso mío eso no existe. Soy de Puerto Montt, estudié allá y todo ha sido porque he trabajado hasta que duele.

-¿Nunca la han discriminado por ser de provincia?

-Jamás. Todo lo contrario. Igual pienso que Puerto Montt tiene una particularidad, de allá proviene gente muy destacada, como José Yuraszeck; el ministro de Minería, Hernán de Solminihac, o el ex intendente de Santiago, Sergio Galilea, por nombrar algunos.

-Usted que ha vivido las dos realidades, ¿cuál es su crítica al empresariado chileno? ¿Es un círculo muy cerrado donde pesa mucho el apellido?

-Para nada. En esta industria, donde he tenido que relacionarme con influyentes empresarios, te das cuenta que eso no les importa, al contrario, ellos han sido para mí un gran apoyo.

-¿Y qué pasa con la discriminación por género?

-Siempre me preguntan por eso y te diría que todo mi éxito se lo debo a grandes hombres con los que he tenido la suerte de trabajar, porque en esta industria hay mentes brillantes, cada día aprendo algo nuevo. No he pensado ni por un momento ser discriminada por mi condición de mujer, y creo que eso tiene que ver con la forma como he enfrentado mi vida laboral desde el primer día.

Muchas veces, estando en la pesquera –cuando todavía no me independizaba– me comunicaban que en pocas horas había que estar fuera de Chile. Nunca dije que no, mi disposición era total, incluso dejando a mi hija de pocos meses de vida, me subía al avión y partía. Si no iba, siempre había alguien esperando el cupo. Hice sacrificios y tuve desvelos, y como negociaba con Oriente, los clientes nunca miraron el reloj para llamarme. Si volviera atrás, creo que repetiría la historia y que me perdonen mis hijos.

-¿Nunca se le subieron los humos a la cabeza?

-No, ninguna posibilidad. Yo era tan práctica, que cuando llegó el minuto en que casi no veía a mis niños, me fui a vivir a Talcahuano, donde la chimenea de la harina de pescado la tenía en la nariz, nunca me importó mucho eso. Me adapto a todas las situaciones. Probablemente, como soy de Puerto Montt, me crié distinto. El tener una relación con todo tipo de gente es pan de todos los días. Cuando a veces me hablan sobre mi “éxito” siempre aclaro que es una palabra a la que le tengo mucho respeto. No me atribuyo el éxito, lo que sí, la vida me ha dado muchas oportunidades y he sabido aprovecharlas.

Las aguas de Gladys

Inquieta como es, la empresaria decidió incursionar en otros negocios, distintos al pesquero. Hace 3 años, el documentalista Juan Enrique Benítez le presentó un proyecto que le fascinó: Ice Swan, aguas Premium provenientes del glaciar de Queulat, en la Patagonia. Su abogado, Luis Alberto Aninat, le dio el visto bueno y se asoció a Benítez, Marilú Viejo y Alberto Chang.

“A muy poco andar decidimos seguir la teoría del doctor Masaru Emoto, un científico japonés que sostiene que el agua tiene memoria y es sensible a los sonidos”, cuenta Gladys. Después del terremoto, Benítez lo contactó –tras un fallido intento anterior– y el investigador, conmovido por el desastre, aceptó analizar las aguas en sus laboratorios de Japón. “Cuando sacó la foto de la molécula, su sorpresa fue total, era un verdadero diamante”, comenta.

“Para seguir la teoría del Dr. Emoto, nos impusimos una serie de exigencias: repensamos el tamaño de la planta y redujimos su tamaño, contratamos a arquitectos especialistas en sustentabilidad para lograr que la construcción reflejara el entorno de forma armónica y lo más importante: el agua debía ser envasada con música clásica”, cuenta.

La inversión inicial cubrió lo proyectado, pero como todos los negocios, la partida no ha sido fácil y más de una vez han tenido que meter la mano a la billetera. Recién en estos días concretaron el acuerdo con un importante empresario chino y se aprontan a embarcar los primeros 8 contenedores a Oriente.

Artistas que han visitado nuestro país, como Roger Waters, vocalista de Pink Floyd, Madonna, Lady Gaga, Diana Ross, han probado este exclusivo producto, cuya caja de 12 botellas cuesta 40 dólares.

Ice Swan ocupa gran parte de la agenda de Romero. Pero hay otro proyecto que la tiene muy entusiasmada: Adventur Camp, las carpas de lujo que tiene en el desierto de Atacama. “Es un negocio demasiado exclusivo, con camas de hotel, comedor, fogones y alta gastronomía atacameña. Lo más parecido a las tiendas inglesas. Hemos hecho varios campamentos y ya estamos empezando a ver los primeros frutos, explica antes de embarcarse a Isla de Pascua, “donde hay mucho que aprender”, concluye mientras saborea un sorbo de la botella con forma de cisne. •••

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Su amistad con Felipe Cubillos

Gladys viene a Santiago al menos 4 veces al mes. Ahí se instala en su departamento en Las Condes, decorado con novedosas esculturas y cuadros de los chilenos Matías Vergara e Iván Durán, cuyas obras vio por primera vez en New York.

Otra de las pasiones de Gladys son los caballos, motivada por la afición de sus hijos por la equitación. Sin embargo, las circunstancias de la vida la acercaron a la hípica. No es raro verla en el Club Hípico, en algún clásico, conversando con sus amigas Teresa y María Luisa Solari, asiduas a las carreras.

-¿No se siente un bicho raro en ese ambiente?

-En absoluto, muy por el contrario, es un ambiente muy entretenido que se ha estigmatizado y cuya realidad es muy lejana a lo que tantas veces se ha escrito. Sin embargo, contrario a lo que se puede suponer, la vida social, en general, no me quita el sueño. Tener tiempo para mí, es un lujo y debo dosificarlo.

La empresaria no es de muchos amigos. Uno de ellos fue Felipe Cubillos. “Gladys, una más que nunca se rinde”, le dedicó, poco antes de morir, en la copia del libro Pasión de navegantes, inspirado en su experiencia. “Lo conocí en Puerto Montt, cuando trabajaba en la industria salmonera y nos reencontramos después del terremoto. Fue entonces cuando conocí en profundidad su tremendo sentido social, porque gran parte de su proyecto de Desafío Levantemos Chile lo ancló en Concepción”, comenta emocionada.

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Gladys tuitera

De política, prefiere no hablar. Lo hace en Twitter, donde tiene 1.349 seguidores y más de 16 mil tweets. “Allamand, ya pasó tu momento… Eres un deportista que no aprendió a perder”, escribió el 11 de agosto pasado. Días antes publicó: “Saquemos los trapos al sol, necesitamos listado de todos los políticos vinculados a propiedad de colegios y universidades”.
Otros de sus comentados tweets han sido: “Yo marqué mi voto. No a la asamblea constituyente… Y fue válido!” o “Chile despierta!!! Vamos de mal en peor… Reaccionen m…”.

“Me preocupa todo lo que tiene que ver con el tema social, siento que todas las demandas, sin excepción, son justas, pero estamos pidiéndolas de forma equivocada”, dice categórica. Sin hacer responsable a ningún sector, cree que “ha faltado diálogo para evitar todo este tema confrontacional, que hoy divide a Chile”, comenta con preocupación.