Son, por decirlo menos, una especie distinta. Profesionales que estudiaron cinco o más años en la universidad, pero carreras distintas a las típicamente asociadas a cargos gerenciales. Médicos, profesores, psicólogos o ex marinos, forman parte de este abanico de nuevos ejecutivos que motiva a los headhunters y que en Chile tiene mucho terreno por recorrer.

 

  • 6 agosto, 2008

 

Son, por decir lo menos, una especie distinta. Profesionales que estudiaron cinco o más años en la universidad, pero carreras distintas a las típicamente asociadas a cargos gerenciales. Médicos, profesores, psicólogos o ex marinos, forman parte de este abanico de nuevos ejecutivos que motiva a los headhunters y que en Chile tiene mucho terreno por recorrer. Por Cristián Rivas; fotos, Julio Donoso.

Sus estudios de Historia Medieval y Filosofía en la Universidad de Stanford hacían de Cara Carleton (más conocida por todos como Carly Fiorina) una indiscutible candidata para la academia o algún centro de investigación. Pero el destino y los accionistas de una aproblemada Hewlett-Packard quisieron otra cosa. En 1999 fue contratada para encabezar la firma tecnológica, tras una exitosa carrera a cargo de las finanzas de AT&T.

En un mundo empresarial dominado por ingenieros y abogados, la presencia de profesionales provenientes de carreras “distintas”, resulta siempre sorprendente, aunque en mayor medida en Chile, donde sólo es posible reconocer algunos casos puntuales. Multinacionales como Diageo o Pearson han optado por abogados para dirigir sus negocios; pero otras, como IBM, fueron más allá y contrataron a Samuel Palmisano, un historiador de la Universidad Johns Hopkins. ¿Quiere otro ejemplo? El chairman del Rabobank, Hubertus Heemskerk, estudió Filosofía y tiene a su haber un doctorado en Teología.

Aunque igual se trata de casos excepcionales, los headhunters reconocen cada vez con más certeza el aporte de estos profesionales a la empresa. En Chile, incluso se autodefinen como “bichos raros”, como el caso del profesor de Historia José Caragol, gerente de Asuntos Corporativos y Licencias en el laboratorio Andrómaco y responsable de buscar por el mundo nuevos productos para su fabricación en Chile. O los del médico René Merino, que abandonó su sueño de ser cirujano para dedicarse a crear y dirigir la Viña Tamaya; el psicólogo Emilio Martinic, que fue seducido por la idea de entrar al mundo de las comunicaciones y hoy es gerente de marketing y nuevos productos en Telmex; y un ex marino, Carlos Wolf, que dejó el mar para buscar oportunidades en tierra firme y hacerse cargo de la gerencia general de Easy.

Pero no son los únicos. Hay varios otros casos de importancia. Está por ejemplo el del ingeniero forestal Patricio Contesse, que cambió los árboles por los minerales en la gerencia general de SQM; el del psicólogo Felipe Straub, que actualmente ocupa la gerencia de Gestión Operacional de Watt’s, o el de otro ex marino, Ronald Behme, gerente general de Agua Mineral Puyehue. Y si ampliamos la mirada a cargos directivos, nos encontramos con casos renombrados como el del presidente de la Viña Concha y Toro y vicepresidente de la Sofofa, Rafael Guilisasti, que es licenciado en Historia.

 

 

La otra mirada

En lo que existe consenso es en que la llegada de nuevas profesiones a cargos estratégicos de las empresas le da un aporte distinto a las decisiones, agregando una mirada más amplia a la típica expresión ingenieril. René Merino, quien además preside Wines of Chile, es de los que cree que cualquier profesional, en la medida que esté estimulado intelectualmente, puede rendir en distintas posiciones. En su caso, dice que el mayor aporte que realiza a la gestión de Viña Tamaya lo aprendió precisamente en las salas de medicina de la Universidad de Chile. “En la medicina se toman decisiones en base a una metodología de análisis. Nos enseñan a pensar bien las cosas y decidir por la mejor alternativa. En el caso de una empresa es, básicamente, lo mismo”.

José Caragol cree que su aporte al Management de Andrómaco es su visión más global en distintas materias. Algo que está muy relacionado con la inteligencia emocional y que es mejor absorbido por las especialidades humanistas. Eso le ha ayudado a ponerse más fácilmente en lo que pensarán los clientes frente a determinado producto; en su relación con los subordinados o en el simple hecho de escribir una carta amigable a un proveedor cualquiera. “Los profesionales de otros ámbitos agregan elementos que a veces pueden no ser cuantificables, pero que muchas veces son claves en el éxito o fracaso de algunas decisiones”, describe.

Desde la misma vereda, Martinic dice que en las firmas de telecomunicaciones, marcadas por ser un negocio muy técnico, la visión de un profesional de otro ámbito entrega una mirada más libre, que no tiene por qué entender de redes, cables o antenas, sino de un producto final que tiene que ser atractivo para los clientes. “Es una sensibilidad distinta… siempre me preguntan si soy ingeniero y se sorprenden cuando les digo que no. Lo que hago simplemente es tratar de entender un mundo que es complejo y traducirlo a las necesidades, sueños y frustraciones de los clientes”.

“Es evidente que en equipo gerencial conformados por profesionales con diversas distinciones, experiencias y culturas, y que sean capaces de trabajar juntos, dejando de lado los egos, va a ser más exitoso que otros, de formación más homogénea”, agrega Carlos Wulf. “Una clara fortaleza desarrollada en la Armada es el aprender a moverse en distintos ámbitos sociales y saber llegar y seducir a cada uno de estos segmentos. Esa habilidad ayuda. En general, uno no estudia para ocupar una posición específica; pasando por diversos cargos se va exponiendo a distintas situaciones, desarrolla criterios y ello lo califica para ejercer un cargo superior”, puntualiza.

La experiencia es precisamente lo que en la práctica ha llevado a que estos otros profesionales hayan llegado a cargos ejecutivos. El socio de la empresa head hunter Spencer Stuart, Fernando Matthei, dice que en los procesos de búsqueda de altos ejecutivos se echa mano a un abanico amplio de eventuales postulantes, y pesa mucho en el proceso la experiencia que las personas tengan en materias tan distintas como el manejo de personal, los logros específicos en materia de gestión y su competencia en distintos tipos de temas.

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“La educación no es un filtro que se utilice en forma extrema para criterios de búsqueda, sino más bien se sopesan todos estos otros factores. Lo que ocurre es que entre quienes estudiaron carreras no tradicionales no hay muchos nombres que encajen en estos perfiles”. Por eso, se concluye en que las carreras más del tipo humanista no entregan niveles de formación en variables más duras, lo que dificulta que en un principio estos profesionales lleguen a cargos de mayor jerarquía.

Por eso, agrega el director del magíster en Psicología de las Organizaciones de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), Ignacio Fernández, la receta es aprender permanentemente. Dice que una ventaja de estas otras especialidades es que traen consigo un mejor manejo del aspecto emocional; lo que, de acuerdo a estudios científicos, ha demostrado que ayuda a mejorar la conectividad en las empresas; es decir, vincularse de mejor forma con el entorno, y a inyectar mayor optimismo en los equipos, lo que contribuye a elevar la confianza y los resultados.

Teniendo estas herramientas a favor, lo que ha hecho la mayoría de los consultados es hacerse de la parte que aún no poseían. Es decir, ampliaron su abanico de conocimientos con diplomados y postgrados para adquirir conocimientos en administración y economía.

 

 

Tendencia mundial

En el mundo, la tendencia a incluir profesionales de otras áreas corre con viento a favor. Basta ver lo que ocurre en Wall Street, donde existe un gran número de ejecutivos que no necesariamente tienen que ver con el mundo de los negocios. El profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad del Desarrollo, y gerente de Desarrollo de Tanner, Roberto Darrigrandi, dice que en el barrio neoyorquino sobresale una cantidad importante de doctores en física que se desempeñan en puestos relevantes. Simple. Traen consigo un background elogiado en adaptación a situaciones de investigación de distintas características.

Ellos son parte del cambio que está transformando a la empresa en el país del norte. En 2006, Spencer Stuart realizó un estudio que detectó que de las 500 compañías más transadas, el 9% de sus CEO (el equivalente a gerente general) tienen grados relacionados con el segmento liberal arts, que engloba licenciaturas en arte, historia, o letras. En otras palabras, se trata nada menos que de 45 profesionales de este origen en cargos estratégicos.

En el caso estadounidense, la mayor cantidad de gerentes estudió ingeniería (20%, equivalente a 100 ejecutivos), seguidos de cerca por los que optaron por administración de empresas (15% ó 75 profesionales), y los que estudiaron economía (11% o 55 gerentes). El 39% de los gerentes hizo de pregrado un MBA en forma posterior a sus estudios (195 ejecutivos).

En Chile también existen algunos datos. Un informe que acaba de terminar Denarius, el área de estudios de Seminarium, sobre un total de 164 compañías, arrojó que el 14% de ellas es dirigido por personas que no estudiaron ingeniería comercial, civil, auditoría ni leyes. Es decir, 23 ejecutivos. En la investigación se detectó además que el 5% de los gerentes generales (unos 8) tiene sólo estudios técnicos o, de plano, no tiene ninguna profesión.

Claro que las situaciones entre ambos ejemplos no son comparables. Básicamente, porque en ambos países existen sistemas educacionales distintos. Mientras en Estados Unidos, el pregrado es más corto y se privilegia una especialización a partir del post grado, en Chile ocurre lo contrario. En el pregrado se estudia de inmediato una profesión que es complementada en el postgrado. La tendencia según los expertos, debería migrar hacia lo que ocurre en el país del norte y que se irá dando con mayor fuerza en la medida en que las empresas sigan incrementando la participación de profesiones no tradicionales a la administración.

Otro ejemplo es Japón, donde lo que más llama la atención es que la mayoría de los profesionales termina trabajando en algo que no estudió inicialmente, excepto algunas profesiones claves como Medicina
o Leyes.

“La llegada de nuevos ejecutivos no va a cambiar por convicción en Chile, sino más bien por obligación, porque la empresa de al lado lo va a hacer y el resto tendrá que seguirla”, enfatiza Ignacio Fernández. Y la carrera ya comenzó.

 

Samuel Palmisano,
Chairman, presidente y CEO de IBM

Ha hecho carrera en IBM, a donde llegó en 1973 pasando por distintos cargos. Es graduado
de historia de la Johns Hopkins University y hace unos años el Rensselaer Polytechnic Institute le dio
el grado honoris causa en Humane Letters.

 

 

Carly Fiorina
Ex CEO de Hewlett-Packard

Estudió historia medieval y filosofía en la Universidad de Stanford y luego intentó seguir los pasos de
su padre al ingresar a estudiar Derecho, carrera que abandonó tras el primer semestre. Años después
hizo un MBA en la Universidad de Maryland, y otro de Ciencias en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Tras más de 20 años en AT&T llegó a dirigir Hewlett-Packard, donde
estuvo hasta 2005.

 

 

 

Hubertus Heemkerk,
Chairman de Rabobank

Ocupa su cargo actual desde 2003 y antes se desempeñó en distintas posiciones en el AMRO Bank. Es master en filosofía de la Universidad Católica de Paris y doctor en teología de la Karls Eberhard Universitat, de Alemania. Cuando ya estaba trabajando en el AMRO, a fines de los 70, hizo un post grado en negocios y economía en la Netherlands School of Economics de Rotterdam.

 

 

 

 

Takeo Fukui,
Presidente y CEO de Honda Motor Co.

Es graduado de la Waseda University en Tokio, con el grado de Bachelor en química aplicada e hizo su tesis sobre óxidos de nitrógeno. Ingresó a Honda en 1969 y hasta 1988 ocupó distintos tipos de cargos. Ese año fue incorporado al equipo de directores de la firma

 

 

 

 

 

Christian Streiff
Presidente y CEO de PSA Peugeot Citroen

Es ingeniero en minas, pero todo su trabajo ha sido ajeno a los yacimientos mineros. Tras titularse de la Escuela de Minas de París ingresó como jefe de fabricación de una fundición automovilística alemana. Años más tarde llegó a ser uno de los principales ejecutivos del holding francés Saint-Gobain y en 2006 ocupó la presidencia de Airbus, cargo que tuvo hasta fines de ese año para luego volver al mundo de los
autos con Peugeot-Citroen

 

 

Vea a los nuevos ejecutivos chlenos a continuación

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EMILIO MARTINIC
Psicólogo tiempo completo


Emilio Martinic dice que habitualmente los ejecutivos de empresas con las que se relaciona a través de Telmex -donde ocupa desde 2006 el cargo de gerente corporativo de marketing y productos- le preguntan dónde estudió ingeniería. La sorpresa viene al instante, cuando les responde que en realidad es psicólogo clínico de la Universidad Diego Portales.

Eso sí, con un tono muy fehaciente, dice que pese a su cargo ejecutivo es psicólogo a tiempo completo, porque se ha preocupado de adaptar sus conocimientos sobre las personas a las empresas. Y en eso ya acumula bastante experiencia. Su carrera en el mundo de los negocios partió muy ligada a las comunicaciones. Fue en el área de estudios del Consejo Nacional de Televisión donde dio los primeros pasos, que lo comenzaron a seducir con fuerza, hasta hacer un postgrado en la Universidad de Bologna, en Italia.

Cuando volvió a Chile, en pleno apogeo de la televisión por cable a mediados de los 90, ingresó como subgerente de estudios de VTR, donde participó en el nacimiento del triple play que la operadora desarrolló por ese entonces. Luego vino un MBA con mención en marketing y comunicación multimedia en la escuela de negocios española IEDE y, posteriormente, vinieron otros cargos en VTR, como la gerencia triple play, donde coordinaba la labor de cada uno de los gerentes de las áreas que incluía este servicio, o la gerencia de planificación de mercado.

“Mi valor seguía siendo la sensibilidad desde el punto de vista del mercado, de la gente, y no desde la tecnología, aunque con el paso del tiempo cada vez me fui poniendo más tecnológico”, sonríe.

Y para sumergirse más en la relación entre su profesión de cabecera y el mundo de los negocios, se metió a la escuela de Julio Olalla y se adentró en el coaching ontológico, concepto que comenzaba a ponerse de moda y que en esencia es una disciplina centrada en el desarrollo de las personas. Fue justo tras eso cuando lo sedujo la idea de participar del proyecto que Telmex venía preparando para Chile. En 2006 aceptó la propuesta de asumir la gerencia que actualmente ocupa en la firma de origen mexicano.


RENÉ MERINO

Del bisturí a los vinos


La llegada al mundo de los negocios de René Merino tiene más de circunstancial que de decisión propia porque, como él mismo dice, nació para ser cirujano y con eso fue en lo que soñó, desde que recuerda. Pero una serie de decisiones inesperadas en el camino lo levaron a su cargo actual de gerente general de Viña Tamaya.

Con mucha soltura, describe que en sus años de estudio en el Grange no destacó por sus buenas notas, pese a lo cual logró un puntaje adecuado en la entonces PAA e ingresó a Medicina en la Universidad de Chile. Ya había egresado, colaboraba con exigentes médicos de las clínicas Alemana, Las Condes y Santa María y preparaba sus maletas para hacer un postgrado en Europa, cuando su historia profesional dio un vuelco radical.

A petición de su padre, y luego de sucesivos rechazos de su parte, finalmente se vio asumiendo la gestión de la clínica psiquiátrica Santa Sofía, de la que su familia era accionista. Fue ahí cuando se dio cuenta de que la gestión administrativa de las empresas también era algo que disfrutaba, y comenzó a sumergirse en nuevos estudios. Dejando de lado el delantal blanco, primero vino un postgrado en administración de empresas y luego, un MBA en la Universidad Adolfo Ibáñez. Eso fue suficiente para que su padre –del mismo nombre y reconocido en el mundo de las isapres– y hermanos lo pusieran a cargo de la sociedad familiar con la que manejaban sus inversiones. La bautizaron como Empresas Curi (negro, en mapudungún), por el apelativo de “negro” que llevan
casi todos en la familia.

Pero no fue hasta bien asentada la década de 2000 cuando descubrió que en realidad el vino era su pasión. La idea de estar a cargo de una viña llegó cuando su esposa le regaló un curso de cata. Por ese tiempo, junto a su familia eran socios de un campo en el norte y exportaban frutas. Decidió entonces agregar parras a ese campo y se asoció con Andrés Navarro dando vida a la Viña Tamaya, que dirige hasta hoy.

CARLOS WULF
Marino de tomo y lomo


Por donde se le mire a Carlos Wulf le brota su amor por el mar. No por nada le dedicó bastantes años de su vida. A los 14 años se fue del Colegio Alemán de Santiago a la Escuela Naval y de ahí en más todo fue estudios marinos.

Tras cinco años en la Escuela Naval en Valparaíso, se fue a la Armada norteamericana (donde hizo estudios de buzo táctico) y luego regresó a la Escuela de Ingeniería Naval en Viña del Mar. Tres años después, las maletas se fueron a Londres a estudiar sobre sistemas propulsores en la Royal Navy, y finamente regresó a la Academia de Guerra Naval, donde obtuvo el grado de capitán de corbeta. Eso, sin mencionar que a todos esos años de estudio -más de 10- se suman varios otros meses como parte de la tripulación del buque-escuela Esmeralda.

Pero el bichito le picó y fuerte, según reconoce, al mismo tiempo que en Chile se vivían cambios políticos de importancia, en enero de 1990. Fue ahí cuando se retiró de los cargos que ejercía en la Tercera Zona Naval (Magallanes) para dar rienda suelta a su necesidad de emprender, al igual como ya había hecho al menos la mitad de los ingenieros navales que estudiaron con él.

Primero se fue al mundo minero, donde estuvo a cargo de la superintendencia de administración de la mina Los Bronces, que por ese entonces aún pertenecía a la estadounidense Exxon. Su salto al retail vino con una oferta para asumir un cargo en la gerencia comercial de Sodimac. Luego de algunos años pasó a gerente de Homecenter y vivió todo el proceso de preparación para enfrentar la llegada a Chile de Home Depot, la que finalmente vendió sus operaciones a Sodimac. Cuando esta compañía se fusionó con Falabella, salió a buscar nuevos horizontes. Estaba dedicado a una pyme familiar cuando recibió el llamado de Cencosud para liderar Easy, que ya llevaba varios años tratando de ganar espacio en este competitivo negocio. En los ejercicios siguientes logró revertir los números rojos y el año pasado, cuando se reorganizó el holding de Horst Paulmann, fue puesto en la División Easy, supervisando las operaciones en Argentina y Chile y el proyecto de aterrizaje en Colombia.

“Por la época que me ha tocado vivir, ingresar al mundo laboral post 1990 obviamente ha sido más difícil. La sociedad ha marginado a los uniformados gratuitamente, cuando tenemos mucho que aportar. Ese sesgo es lo que está siempre latente”, comenta.

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JOSE CARAGOL
Profesor con aire renovado


Con la característica soltura y manejo de palabras de un profesor de Historia, José Caracol dice que su opción por dicha profesión surgió como un medio para adquirir una visión global del mundo, que le ayudara a manejar una actividad de emprendimiento en el futuro. Ese era su sueño por naturaleza. Todavía no sabía bien en qué área del mundo de los negocios adentrarse particularmente, pero comprendía que ese era el camino inicial.

Así, cuando egresó de la Universidad de Chile en 1976 se vio enfrentado a qué hacer. Y revisando periódicos se encontró con una firma europea que buscaba visitadores médicos para promocionar productos farmacéuticos. Como no exigían experiencia, decidió enviar su currículo con tal suerte que, al poco tiempo, lo llamaron para que comenzara su labor.

Su carrera fue meteórica. En apenas un año ya era la cabeza principal de la fuerza de promotores de esa compañía. Lo que no fue fácil. Sobre todo, porque pasó a ser jefe de empleados que tenían más experiencia que él. “La pedagogía me ayudó mucho en ese momento, sobre todo en eso de manejar el lenguaje adecuado con las personas”, dice.

De ahí en más todo fue crecimiento. Años después aceptó el puesto de subgerente de promoción médica en el Laboratorio Silesia, donde luego ocupó las gerencias de Marketing, comercial y de desarrollo de negocios, hasta que en marzo de 2005 la firma fue adquirida por Andrómaco y asumió su cargo actual: la gerencia de Asuntos Corporativos y Licencias. Un área estratégica que implica la búsqueda de nuevos medicamentos y que lo ha llevado a más de 50 países. Una vez más le ha servido su formación humanista, sobre todo a la hora de cerrar los negocios, habitualmente en comidas o almuerzos, donde su bagaje cultural ha logrado captar la atención de sus clientes o socios.

 

 

Aire fresco para las empresas
Por Andrés Benítez


La llegada de nuevas profesiones a la empresa responde a una necesidad básica: buscar nuevas miradas para entender la sociedad y sus cambios. Porque la lectura tradicional o “económica” de los acontecimientos ya no es suficiente. Esto es particularmente importante en los cargos gerenciales. Quien dirige una compañía, independiente de su profesión, debe ser necesariamente un generalista. Tiene que ser capaz de leer los fenómenos económicos, por cierto, pero también políticos, sociales y ahora, más que nunca, los que dicen relación con el medio ambiente. Tiene que, en definitiva, ser capaz de guiar la empresa en un mundo lleno de incertidumbre y en cambio permanente.

En Chile, tradicionalmente las compañías han delegado los cargos gerenciales en administradores, que por vocación personal han desarrollado otras habilidades. Pero ahora se comienza a intentar otro camino: contratar para las funciones máximas a personas de otras profesiones.

En Estados Unidos ésta ha sido una tendencia desde siempre. Por una razón muy simple: los profesionales no son especialistas. Así, no es raro que los CEO de las grandes compañías vengan del mundo de la literatura, la filosofía o el arte. De hecho, casi ninguno de ellos estudió negocios en el pregrado, porque la administración no se enseña en ese nivel, sino en postgrados, como los MBA. Entonces, los gerentes, son naturalmente personas cultas y de formación amplia. Y por ello sus conversaciones, visiones y experiencias resultan ser mucho más interesantes que las tediosas reuniones de negocio en Chile, donde los hombres de empresa no salen de su tema. Hablar de arte, música, literatura u otro es una excentricidad.

Y esto sucede porque en nuestro país los gerentes, tradicionalmente, no sólo se han formado en la universidad estudiando sólo administración o economía durante cinco años –lo que es una rareza a nivel mundial-, sino que además, muchos de ellos, han realizado sus postgrados en las mismas áreas a través de los MBA. En otras palabras, siete años de los mismo. Un récord que ningún otro país puede ni quiere exhibir.

Por ello, las empresas chilenas, ante la incapacidad de encontrar personas formadas en un ambiente más generalista –como lo requieren los tiempos–, han recurrido a buscar nuevas visiones y sensibilidades en otras profesiones. Pero si bien esta es una apertura interesante, un verdadero aire fresco para el frío y gris mundo de los negocios, no deja de ser un paso insuficiente. Porque, al final, en nuestro país, la perspectiva de otras profesiones, llámese médico, psicólogo o arquitecto, sigue siendo la de un especialista.

El verdadero desafío no está, entonces, en la profesión del gerente, sino en su formación. Mientras el sistema universitario chileno no entienda que la preparación de las futuras generaciones, independiente de la carrera, debe ser de carácter más general, donde la historia, la ciencia, la literatura y el arte, entre otras, juegan un rol fundamental, nuestras empresas no contarán con profesionales capaces de integrar fenómenos y por ende de comprenderlos a cabalidad. Van a estar siempre atrapados en la miopía que impone el mirar la realidad desde la especialidad.

Desde la vereda del optimismo, hay que decir que algunas pocas universidades están entendiendo el mensaje e incorporando cursos de formación general obligatorios en todas sus carreras. Desde la misma mirada debe celebrarse la idea de que algunas empresas comiencen a contratar a personas de profesiones alternativas a las clásicas como gerentes. Al menos, las conversaciones y las visiones no serán monopolizadas por los ingenieros comerciales o industriales. Al menos, de esa conversación interdisciplinaria, podremos acercarnos al mundo de una manera más real y creativa. Por último, más interesante.

 

El autor es rector de la Universidad Adolfo Ibáñez

Kung Fu Panda: el valor de la persona
Por Paula Valenzuela

Fui con mi hija a ver la película infantil Kung Fu Panda. No sólo es una bonita película, sino que nos hizo pensar acerca de cómo un oso panda, dulce, con sobrepeso, que sin tener habilidades específicas sobre un arte místico que requiere profundos conocimientos, como es el Kung Fu, fue capaz de transformarse en el mayor maestro.

¿Cómo logró esta hazaña, si su única experiencia en la vida era servir sopas y disfrutar con la comida? ¿Es posible repetir este ejemplo en nuestras empresas y romper algunos paradigmas respecto de quiénes deben ocupar ciertos puestos o cargos? ¿Qué tenía de diferente el Panda del resto de los candidatos a maestro, que habían sido entrenados y perfeccionados durante mucho tiempo para ocupar este puesto?

Básicamente dos aspectos: el primero, su amor por el Kung Fu; no quería nada más en el mundo que llegar a ser maestro en este arte. En segundo lugar, muy al final de la película, buscando el secreto del poder, descubre que lo que define a un gran maestro no está dado por algo externo, sino que está en el valor de ser quien se es, es decir, mirarse profundamente y valorarse como persona.

¿Qué hizo al Panda llegar lejos y cumplir su sueño? En este punto existen fundamentalmente dos aspectos profundos que deben darse. El primero es tener un maestro que esté dispuesto a romper paradigmas, superar prejuicios e incluso vencer miedos; y en segundo lugar, al preguntarse cómo hacerlo para transformarlo en un gran maestro, encontrar cuáles son las habilidades y los caminos propios –muchas veces distintos– de cada persona para aprender y sacar lo mejor de sí.

Finalmente, me atrevería a decir que en Chile no sólo faltan discípulos Kung Fu, sino que principalmente maestros (líderes) que estén dispuestos a buscar en la diversidad profesional y humana personas que, más allá de las habilidades técnicas, aporten sus capacidades y creatividad desde miradas diferentes. Así, potenciaremos la innovación, el progreso y una nueva forma de gestionar conocimiento, privilegiando el valor de la persona por sobre lo externo.

La autora es gerente general de Fundación Generación Empresarial