Cuando la calidad de los abogados chilenos sigue siendo un tema de discusión, el presidente de Garrigues –el bufete más grande de España-, Antonio Garrigues, estuvo en Santiago precisamente para hablar de esta materia y de la globalización de la profesión legal. El jurista, prestigiado tanto en el plano académico como en el profesional, participó en el seminario Mercados Profesionales y Enseñanza del Derecho organizado por la UDP, que convocó a importantes facultades de Derecho de España y América latina. Capital aprovechó para conversar con el experto sobre cómo ve a los abogados chilenos. Los mejores de América latina, dice. – El presidente de la Corte Suprema chilena, Milton Juica, criticó la calidad de los abogados chilenos. ¿Cómo se defi ne la calidad de un abogado? -Conozco –creo que bien- la abogacía chilena desde hace muchos años –más de cuarenta– y pienso que es una abogacía bien estructurada y muy capaz, con un número adecuado de fi rmas grandes, pequeñas y medianas. Pueden existir, como pasa en otros muchos países –entre otros, España– y muy especialmente en el mundo de los confl ictos judiciales, profesionales poco y mal preparados para el ofi cio, pero ello no puede en modo alguna descalifi car a un buen conjunto. A nivel latinoamericano no conozco ninguna otra abogacía que supere a la chilena. Pero como es lógico respeto la opinión del presidente de la Corte Suprema, seguro que tiene más datos que yo. -También planteó la idea de un examen único para aquellos que quieran comenzar a litigar. ¿Es partidario de una medida de este tipo? -Cada país tiene sus propias reglas. En la gran mayoría de los países europeos existen pruebas o exámenes de acceso antes de poder practicar la abogacía. En España un gran número de colegios profesionales de abogados tienen organizadas desde hace años escuelas de práctica jurídica que han funcionado excepcionalmente bien, pero no son obligatorias. Está en desarrollo –muy lento- una nueva ley de acceso que va a seguir en esta materia el modelo básico europeo, y entre los temas debatidos está si la formación profesional obligatoria corresponde a las universidades o a los colegios profesionales. -El hecho de que la profesión legal esté en tela de juicio en Chile, ¿es parte de una tendencia mundial? ¿Qué pasa es España con esta discusión? -Los abogados nunca nos hemos ocupado de una manera activa y metódica en cuidar nuestra imagen y seguimos sin explicar con claridad y con rigor nuestro papel y nuestra función en la sociedad. En España se puso en marcha una campaña para afrontar estos dos temas y ha dado buenos resultados. Es cierto, en todo caso, que para muchos ciudadanos nuestro ofi cio no es el de los más admirados en ninguna parte del mundo. Hay gente que habla –como el colega escocés Richard Susskind- del “fi n de los abogados”. Se equivoca de manera grave, pero merece la pena leer su crítica y aplicar algunas sugerencias; sobre todo, en el terreno de aplicaciones tecnológicas. – ¿Cómo asegurar la calidad cuando los bufetes se internacionalizan y se convierten en verdaderas empresas de servicios? -La calidad no tiene que ver necesariamente ni con la internacionalización de los bufetes ni tampoco con su dimensión. Todo depende del énfasis que se ponga en destacar y controlar la calidad. Hay despachos grandes, medianos y pequeños que lo hacen con verdadera excelencia y otros que no se preocupan demasiado por el tema, sin darse cuenta de que la sostenibilidad y la misma rentabilidad de nuestras organizaciones están esencialmente relacionadas con la calidad, y que la calidad es también un valor ético. Se puede ganar dinero sin calidad ni ética, pero se dura poco y se terminará siempre mal. – A su juicio, ¿quiénes son los mejores abogados de Chile? -No debo concretar nombres, pero sí decir que la abogacía chilena –eso lo tengo constatado- ha sido uno de los factores que han permitido un desarrollo democrático e institucional admirable. Chile es en todo, o en casi todo, la buena excepción a la regla. Admiro de verdad el ejemplo que representa este país en todos los terrenos incluyendo la lucha contra la corrupción, uno de los problemas más dramáticos de Latinoamérica.

  • 6 mayo, 2011

Cuando la calidad de los abogados chilenos sigue siendo un tema de discusión, el presidente de Garrigues –el bufete más grande de España-, Antonio Garrigues, estuvo en Santiago precisamente para hablar de esta materia y de la globalización de la profesión legal. El jurista, prestigiado tanto en el plano académico como en el profesional, participó en el seminario Mercados Profesionales y Enseñanza del Derecho organizado por la UDP, que convocó a importantes facultades de Derecho de España y América latina. Capital aprovechó para conversar con el experto sobre cómo ve a los abogados chilenos. Los mejores de América latina, dice.

– El presidente de la Corte Suprema chilena, Milton Juica, criticó la calidad de los abogados chilenos. ¿Cómo se define la calidad de un abogado?

-Conozco –creo que bien- la abogacía chilena desde hace muchos años –más de cuarenta– y pienso que es una abogacía bien estructurada y muy capaz, con un número adecuado de fi rmas grandes, pequeñas y medianas. Pueden existir, como pasa en otros muchos países –entre otros, España– y muy especialmente en el mundo de los confl ictos judiciales, profesionales poco y mal preparados para el ofi cio, pero ello no puede en modo alguna descalificar a un buen conjunto. A nivel latinoamericano no conozco ninguna otra abogacía que supere a la chilena. Pero como es lógico respeto la opinión del presidente de la Corte Suprema, seguro que tiene más datos que yo.

-También planteó la idea de un examen único para aquellos que quieran comenzar a litigar. ¿Es partidario de una medida de este tipo?

-Cada país tiene sus propias reglas. En la gran mayoría de los países europeos existen pruebas o exámenes de acceso antes de poder practicar la abogacía. En España un gran número de colegios profesionales de abogados tienen organizadas desde hace años escuelas de práctica jurídica que han funcionado excepcionalmente bien, pero no son obligatorias. Está en desarrollo –muy lento- una nueva ley de acceso que va a seguir en esta materia el modelo básico europeo, y entre los temas debatidos está si la formación profesional obligatoria corresponde a las universidades o a los colegios profesionales.

-El hecho de que la profesión legal esté en tela de juicio en Chile, ¿es parte de una tendencia mundial? ¿Qué pasa es España con esta discusión?
-Los abogados nunca nos hemos ocupado de una manera activa y metódica en cuidar nuestra imagen y seguimos sin explicar con claridad y con rigor nuestro papel y nuestra función en la sociedad. En España se puso en marcha una campaña para afrontar estos dos temas y ha dado buenos resultados. Es cierto, en todo caso, que para muchos ciudadanos nuestro ofi cio no es el de los más admirados en ninguna parte del mundo. Hay gente que habla –como el colega escocés Richard Susskind- del “fin de los abogados”. Se equivoca de manera grave, pero merece la pena leer su crítica y aplicar algunas sugerencias; sobre todo, en el terreno de aplicaciones tecnológicas.

– ¿Cómo asegurar la calidad cuando los bufetes se internacionalizan y se convierten en verdaderas empresas de servicios?

-La calidad no tiene que ver necesariamente ni con la internacionalización de los bufetes ni tampoco con su dimensión. Todo depende del énfasis que se ponga en destacar y controlar la calidad. Hay despachos grandes, medianos y pequeños que lo hacen con verdadera excelencia y otros que no se preocupan demasiado por el tema, sin darse cuenta de que la sostenibilidad y la misma rentabilidad de nuestras organizaciones están esencialmente relacionadas con la calidad, y que la calidad es también un valor ético. Se puede ganar dinero sin calidad ni ética, pero se dura poco y se terminará siempre mal.

– A su juicio, ¿quiénes son los mejores abogados de Chile?
-No debo concretar nombres, pero sí decir que la abogacía chilena –eso lo tengo constatado- ha sido uno de los factores que han permitido un desarrollo democrático e institucional admirable. Chile es en todo, o en casi todo, la buena excepción a la regla. Admiro de verdad el ejemplo que representa este país en todos los terrenos incluyendo la lucha contra la corrupción, uno de los problemas más dramáticos de Latinoamérica.