Los edecanes son muy cercanos a la figura del jefe de Estado, pero carecen de poder y de figuración pública. Por sus filas han pasado personajes muy relevantes de la historia del país, y representan una institución tan antigua como la República, pero bastante desconocida. Por M.Angélica Zegers V. Documentación, Alejandra Irarrázaval. Están al servicio […]

  • 29 junio, 2007

Los edecanes son muy cercanos a la figura del jefe de Estado, pero carecen de poder y de figuración pública. Por sus filas han pasado personajes muy relevantes de la historia del país, y representan una institución tan antigua como la República, pero bastante desconocida.
Por M.Angélica Zegers V. Documentación, Alejandra Irarrázaval.

Están al servicio del presidente, pero en un segundo plano, flanqueándolo por los costados y en permanente vigilia. Cuando están de pie, parecen estacas. Se mueven ante el más mínimo guiño, siempre atentos al mandatario y como una verdadera sombra. La figura del edecán irrumpe en la historia de Chile en los primeros tiempos de la Independencia, con personajes como Juan Mackenna o Manuel Rodríguez, que adoptaron la usanza española y que en calidad de ayudantes del capitán general –a pesar de su espíritu revolucionario– se cuadraban detrás de la autoridad llevando cordones de oro en el hombro.

Se sabe poco o nada de los cuatro edecanes presidenciales. Solo que están ahí, detrás. Y que son discretos. Muy discretos. Porque cultivan el arte de no llamar la atención. Y no la llaman, lo cual es raro si se considera que son varios los edecanes que jugaron roles atendibles en distintos gobiernos o alcanzaron un alto perfil público después. Precisamente, muchos piensan que este cargo proyecta mejor la carrera de los uniformados una vez cumplida su función.

Estado de excepción

Mucho del poder o la figuración que logran los edecanes durante su servicio en el gobierno depende de la personalidad tanto del presidente y del edecán como de la conexión cotidiana que logren establecer. A veces es poca, a veces mucha. El presidente Eduardo Frei Montalva, por ejemplo, tenía una relación de bastante confianza con Humberto Gordon, su edecán militar. El presidente Allende también tuvo sus favoritos y en algunas giras –a México, la ONU, Argel, la ex Unión Soviética, Cuba y Venezuela– viajó con sus tres edecanes. Uno de los más cercanos al ex presidente fue el teniente Juan José Mela, dado de baja por el Ejército apenas se produjo el golpe y también Arturo Araya Peters, su edecán naval, que fue asesinado en un confuso incidente en plena Unidad Popular. A raíz del hecho, circuló la versión de que los barcos con armamento soviético que había solicitado el general Prats y que venían en camino, recibieron la orden de virar debido a que el gobierno soviético no vio con buenos ojos la reacción de Allende. El presidente, si bien dispuso un operativo sin precedentes par buscar a los culpables, a juicio del Kremlin “debió haber aprovechado la oportunidad para movilizar a las masas y salir a la calle”, como afi rmó en un libro el ex vicedirector de la KGB Nikolai Leonov.

Con Allende los edecanes vivieron horas difíciles. El mismo 11 de septiembre los edecanes Sergio Badiola, Jorge Grez y Roberto Sánchez, quienes ya habían sido notificados por sus respectivas armas del golpe de Estado, se juntaron con Allende y le transmitieron las instrucciones de que debía dejar La Moneda y que había un helicóptero esperando por él y su familia. Allende se negó a abandonar la sede del gobierno y los edecanes se resistieron hasta último momento a abandonarlo. Solo cuando el presidente los conminó a hacerlo, volvieron a sus instituciones. Años después, el general Badiola dijo en una entrevista que la mayor satisfacción que había tenido como edecán había sido precisamente cumplir hasta el final con su deber: “Mantuvimos el prestigio profesional y planteamos con lealtad y franqueza al presidente la situación que se vivió”.

Muchos de los más activos actores del gobierno militar fueron edecanes de los ex presidentes Eduardo Frei y Salvador Allende, como Oscar Bonilla, Sergio Arellano Stark y los propios Badiola y Gordon. Allende había llamado al gobierno a los uniformados –encabezados por el general Prats– para descomprimir el cuadro político. Fue una decisión que hasta el día de hoy es discutida. Y así como algunos se plegaron a su ideario, hubo otros que también pueden haber actuado en su contra. Nunca se sabrá a ciencia cierta cuánta o qué información salía desde La Moneda a las instituciones armadas, pero es bastante probable que los edecanes que luego fueron personajes muy activos y leales al gobierno militar hayan transmitido lo que veían en el gobierno de Allende.

Durante los inicios del gobierno militar, cuando el poder político y el militar corrían por el mismo carril, obviamente los edecanes cobraron especial relevancia. De hecho, sus ofi cinas estaban próximas a las de Pinochet y no se movía un papel en estos despachos ni se hacía una cita con el general que no pasara por sus manos. Casos emblemáticos son los de Jorge Ballerino y Ramón Castro Ivanovic –quien intervino en la compra de El Melocotón–, ambos extremadamente cercanos a él, al punto de quedar involucrados en el caso Riggs por manejo de fondos de la Casa Militar, si bien el juez Muñoz declinó procesarlos por haber prescrito los eventuales delitos. En el caso de Ballerino –que sería jefe de la Casa Militar y luego ministro Secretario General de Gobierno– su poder despertaba resquemores incluso en el Ejército, ya que muchos veían en él a la persona de la cual dependían ascensos o deméritos de carrera. Varios de ellos enfrentarían después procesos por causas de derechos humanos.

Democracia y futuro

Con el regreso de la democracia en 1990 los edecanes recuperaron el lugar previsto en la ley y que, básicamente, los circunscribe a asuntos protocolares. La primera señal de los nuevos tiempos estuvo dada por la decisión del presidente Aylwin de trasladar las ofi cinas que ocupaban a otra ala del palacio. Después de 17 años de autoritarismo militar, las desconfi anzas eran lógicas. La actual secretaria de la oficina de los edecanes, Pía Ossandón, que trabaja desde el año 1991 en la Moneda, confirma que en el gobierno de Aylwin había recelo respecto a los edecanes. Aunque no recuerda conflictos, dice que básicamente no se les consideraba.

Con el tiempo las confianzas se fueron recomponiendo, no obstante que los nuevos tiempos establecieron otros referentes. Aylwin y Frei tuvieron equipos asesores poderosos. Lagos establece el “segundo piso”. Rodrigo Peñailillo y María Angélica “Jupi” Alvarez son figuras importantes en la actual administración. De hecho, el único edecán de los gobiernos de la Concertación que luego alcanzó una figuración particular fue Alberto Cienfuegos, que llegó a general director de Carabineros y también Cristián Millar, hoy comandante de la Primera Zona Naval, un caso sintomático de empatía con el presidente. “No es fácil cumplir la tarea sin invadir una privacidad que es un valor muy preciado por la autoridad. Quizás en los viajes al exterior es cuando más se estrechan lazos, pero también cuando más se pone a prueba el buen criterio para saber dónde uno debe estar o no estar. Compartimos el golf, la buena mesa y el interés por el fútbol, pese a tener camisetas distintas (él la azul y yo la blanca) como actividades complementarias, además de interesantes y entretenidas conversaciones de experiencias que para un marino son del todo novedosas y que se mantienen hasta hoy”, dice Millar.

Esta relación entre el poder político y las Fuerzas Armadas, que para muchos es signo de modernidad y de reconciliación, también plantea dudas en algunos sobre la institución de los edecanes. Por el lado uniformado, hay quienes creen que estos no debieran asistir con los presidentes a ningún acto político o proselitista si se quiere despolitizar a las instituciones armadas. También es discutible ver a distinguidos miembros de sus filas en funciones que consideran sin importancia. Del lado civil, en tanto, no son pocos los que consideran que los edecanes no tienen mucha razón de ser. Ponen el ejemplo de Estados Unidos, donde el presidente no los tiene y, como paradójico, se cita el caso del gobierno de Kirchner, quien aún manifestando una evidente antipatía por los militares, se pasea con sus edecanes para todos lados.{mospagebreak}

¿Qué hace un edecán?

Los edecanes dependen directamente del presidente y son designados por él a proposición de los respectivos comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y del general director de Carabineros y, salvo excepciones, se mantienen dos años en el cargo. Su ubicación protocolar corresponde a la antigüedad de cada rama y los candidatos deben tener altas califi caciones y un grado determinado: edecán militar (teniente coronel o coronel, oficial de Estado Mayor); edecán naval (capitán de fragata o capitán de navío, oficial de Estado Mayor); edecán aéreo (comandante de grupo o coronel, rama del aire, ofi cial de Estado Mayor) y edecán de carabineros (teniente coronel o coronel de orden y seguridad, graduado en la Academia de Ciencias Policiales). Sus misiones tienen carácter de confidencial.

Todas las semanas hay un edecán de turno, que acompaña al presidente en la totalidad de las actividades oficiales, además de las que él disponga los fines de semana y festivos, lo asesora en los asuntos relacionados con las Fuerzas Armadas y Carabineros que él desee consultarle, comunica sus órdenes y conoce las solicitudes de audiencia. También hay un edecán de comisiones, que representa al presidente en las actividades protocolares que específicamente le encomienda.

El edecán se preocupa de que todo esté dispuesto en el comedor presidencial para la atención del presidente en las reuniones y distintas comidas del día. Comunica al Aeropuerto Arturo Merino Benítez o Grupo de Aviación Nº 10 cuando el jefe de Estado viaja, para que se habilite el salón VIP respectivo, así como también se preocupa de ver todo lo relacionado con la atención y protocolo, cuando el presidente asiste al Teatro Municipal, Estadio Nacional y el palacio de Cerro Castillo. El edecán también solicita los antecedentes estadísticos del país extranjero o la región chilena que visite el presidente, además de recibir a las autoridades y personas que tienen audiencia con el jefe de Estado, designar el salón de espera y coordinar la atención de café y agua.

Las funciones están detalladas casi como un manual de Carreño, como se aprecia en el instructivo sobre la llegada y despedida del presidente: “ S.E. acostumbra a llegar alrededor de las 09:00 hrs. El edecán de turno lo espera por Puerta Moneda o en el subterráneo, puerta de vidrio. Es costumbre que el edecán baje a buscarlo en el ascensor. Lo recibe, saluda y le da las novedades, toma el maletín y lo acompaña al ascensor (en caso de llegada por subterráneo) por donde suben al despacho presidencial, el cual debe encontrarse iluminado y a una temperatura adecuada. Una vez finalizada la jornada, se acude al despacho de S.E. el presidente de la República y se le coopera a guardar documentación en su maletín y se le acompaña en el ascensor hasta el automóvil, donde se le despide. Se regresa en el ascensor, se apagan las luces del despacho y Sala de Audiencias”.

Edecanes que hicieron historia

Los hombres de armas se han relacionado de alguna manera con el mundo político y la marcha del país a través de los edecanes. En cada rama –con mayor peso del ejército por su antigüedad– hay ejemplos notables de estos personajes.

Ejército

• El maestre de campo, Juan Enrique Rosales, miembro de la Primera Junta de Gobierno fue el primer edecán que registra la historia.

• Diego José Benavente, edecán de José Miguel Carrera, fue un personaje clave de la independencia, al igual que Manuel Rodríguez, edecán de O’Higgins y figura legendaria por derecho propio.

•Pedro Godoy, edecán entre 1823 y 1824, fue miembro de la Expedición Libertadora del Perú

• Bernhard Philippi, edecán de Manuel Bulnes y antepasado del actual presidente de la Sofofa, Bruno Philippi fue un destacado botánico y fi gura en la toma de posesión del Estrecho de Magallanes.

• José Santos Mardones, edecán de Manuel Montt, fundó Punta Arenas.

• Marcos Maturana, edecán de los presidentes Federico Errázuriz Zañartu y Aníbal Pinto era un apasionado del arte y su colección privada fue la base del Museo Nacional de Pintura.

• Santiago Amengual, edecán del presidente Aníbal Pinto, creó el legendario Batallón Séptimo de Línea Esmeralda.

• Eliecer Parada, edecán en 1911, fue el primer alcalde de Ñuñoa y también alcalde de Santiago.

• Ramón Cañas Montalva, edecán de Emiliano Figueroa, reconstituyó el Fuerte Bulnes en 1930 y fue clave en la creación de la primera base chilena en la Antártica.

• Tobías Barros Ortiz, edecán en 1931, fue embajador de Chile en Alemania en tiempos de Hitler, canciller de Carlos Ibáñez y muy infl uyente en el gobierno de Juan Antonio Ríos.

• Alberto Labbé Troncoso, edecán de Jorge Alessandri y padre del actual alcalde de Providencia, fue candidato a senador del Partido Nacional y alcalde de Las Condes.

• El general Oscar Bonilla, edecán de Eduardo Frei Montalva, fue ministro del Interior de Pinochet y luego ministro de Defensa.

• Sergio Arellano Stark, también edecán de Frei, fue procesado por su responsabilidad en el caso “caravana de la Muerte”.

• Humberto Gordon, edecán de Eduardo Frei Montalva, fue jefe de la CNI y enfrentó a la justicia en el caso de Tucapel Jiménez.

• Hernán Ramírez Rurange, edecán de Pinochet, fue jefe de la DINE y estuvo inculpado en el caso Huber Armada .

• Carlos Torres Hevia, edecán naval del presidente Pedro Aguirre Cerda, fue comandante en jefe de la Armada entre 1948 y 1952 y responsable de la adquisición del Buque Escuela Esmeralda.

• El almirante Inmanuel Holger, edecán de Pedro Aguirre Cerda, fue nombrado ministro del Interior por el presidente González Videla en medio de la crisis política desatada por el término de la alianza del gobierno radical con los comunistas.

• El edecán de Juan Antonio Ríos, Hernán Cubillos Leiva, fue un destacado comandante en jefe de la Armada entre 1962 y 1964, además de embajador en Brasil y padre del ex canciller de Pinochet, Hernán Cubillos Sallato.

• El ex edecán de Pinochet, Jorge Arancibia Reyes, fue comandante en jefe de la Armada y es actual senador por la Quinta Región.

Fuerza Aérea

• Armando Castro López fue el primer edecán aéreo, sirvió al presidente Carlos Ibáñez entre 1930 y 1931 y luego fue comandante en jefe.

• Diego Aracena, edecán de Juan Esteban Montero, realizó en 1922 un vuelo entre Santiago y Río de Janeiro que marcó historia. Fue comandante en jefe.

• Fernando Rojas Ortega, padre del ex comandante en jefe de la Fach, Fernando Rojas Vender, fue edecán de Gabriel González Videla.

• Gabriel van Schouwen, edecán de Jorge Alessandri, fue llamado por el presidente Allende para que, producida la renuncia de César Ruiz Danyou a la comandancia en jefe de la Fach y al ministerio de Transportes, asumiera en la Fuerza Aérea. Von Schouwen se negó apelando a que su parentesco con el emblemático líder del MIR y cuñado de Miguel Enríquez –Bautista von Schouwen– afectaría aún más la imagen del gobierno, tras lo cual Allende nombró a Gustavo Leigh.

• Eduardo Fornet Fernández, edecán de Eduardo Frei Montalva y secretario de la Fach en tiempos de Allende, perdió la posibilidad de llegar a la comandancia en jefe cuando renunció en solidaridad a Gustavo Leigh luego de que Pinochet lo echó de la Junta. Fernando Matthei, cuñado de Eduardo Fornet, asumió el mando de la Fach en reemplazo de Leigh.

• Juan Soler, también edecán del presidente Frei Montalva, creó el servicio aerofotogramétrico de la Fach y fue clave en la titánica tarea de desagüe del lago Riñihue en 1960.

• Jorge Massa, edecán de Pinochet, fue ministro de Transportes y Telecomunicaciones, embajador en Israel y piloto de uno de los dos helicópteros que en diciembre de 1972 logró rescatar a los uruguayos sobrevivientes de la tragedia de los Andes.

Carabineros

• Recién en 1976 se incorporó a carabineros como edecanes, por lo que su historia es mucho más corta y menos prolífica en figuras. Cabe mencionar al teniente Sergio Cotroneo Concha, “un gordo simpático y bueno para la talla”, edecán de Pinochet entre 1980 y 1983, de quien se dice hacía reír a carcajadas al general.

• El edecán de Aylwin, Alberto Cienfuegos, llegó a General Director de Carabineros.