La figura de Donald Trump reforzando su negativa de adherir a EE.UU. al Acuerdo de París resalta dentro de los resultados del G20 en Osaka. Pero un estudio de ODI, NRDC, IISD y Oil Change International muestra que, una década después del compromiso de este grupo de eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles […]

  • 5 julio, 2019

La figura de Donald Trump reforzando su negativa de adherir a EE.UU. al Acuerdo de París resalta dentro de los resultados del G20 en Osaka. Pero un estudio de ODI, NRDC, IISD y Oil Change International muestra que, una década después del compromiso de este grupo de eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles durante la Cumbre de Pittsburgh, sus gobiernos continúan proporcionando cuantiosos recursos financieros para la producción y el consumo de estos.

Según el informe, son al menos 63,9 mil millones de dólares por año de apoyo, con casi tres cuartas partes del mismo focalizado en el subsidio a la generación termoeléctrica a base de carbón, lo que es particularmente grave para la acción climática, ya que los países del G20 representan el 79% de las emisiones globales. Las centrales eléctricas de carbón fueron las que más contribuyeron al crecimiento de las emisiones globales de CO2 el 2018, y el apoyo gubernamental continuado del G20 para este combustible es incompatible con el logro de los objetivos del Acuerdo de París.

Además, del efecto sobre el cambio climático, la energía a base de carbón es una de las principales causas de contaminación local del aire, lo que provoca cientos de miles de muertes por año. La situación del G20 es dispar, eso sí. Entre los con mayor apoyo directo o indirecto a la generación a carbón se encuentran EE.UU., China, India, Rusia, México, Indonesia y Sudáfrica, mientras que Gran Bretaña, Canadá, Francia e Italia han avanzado en la dirección contraria, promoviendo la Powering Past Coal Alliance (PPCA), para acelerar la transición a energías limpias.

Todo un tema de cara a la inminencia a la COP25.

NUEVOS ESCENARIOS PARA EL ANÁLISIS DE CICLO DE VIDA

¿Compraría usted agua en un envase de Tetra-Pak? Empresas como BoxedWater creen que sí, a pesar de que esto rompe el paradigma de que los clientes prefieren ver el producto en forma cristalina pura o transparente, si es que a cambio de esa pérdida se está contribuyendo al medioambiente, ya que según el fabricante sueco, el Tetra-Pak proviene de fibras renovables certificadas FSC y el resto de los materiales que lo componen son 100% reciclables.

Otras empresas creen algo similar, pero apostando al uso de envases de aluminio y también ocupan argumentos ambientales para destacar la alta reciclabilidad de este insumo. Sus detractores, en tanto, apuntan a la intensidad del consumo de energía en la producción del aluminio, y al uso de recursos naturales no renovables en la porción no reciclada.

Los productores de vidrio contra-argumentarían que su material también es 100% reciclable, y que este proceso es mucho más costo-eficiente que el del Tetra-Pak y el aluminio, y por ende, su práctica está mucho más extendida en todo el mundo (amén de que muchos productores de vidrio han migrado a abastecimiento eléctrico renovable en sus plantas).

Los productores de PET, en tanto, argumentarían que en los mercados más sofisticados, productos como el vino comienzan a ser preferidos en formatos que utilizan su material, por el menor peso asociado –menores emisiones de CO2 a lo largo de toda la cadena de distribución– y el costo de su reciclaje es aún menor al del vidrio.

¿Cuál es la decisión ambientalmente correcta? Ahí entra a jugar el análisis de ciclo de vida, que expresa los impactos de cada opción a lo largo de todo el proceso productivo, de uso y disposición de un producto, y que tiene diferentes resultados dependiendo de la forma en cómo los materiales se producen en cada locación, cómo ellos son distribuidos y cómo se realiza la disposición final en cada mercado.

Sin duda, este es un desafio pendiente de la industria de envases y embalajes en el país, que tiene pendiente un análisis holístico de sustentabilidad en relación no solo con reciclabilidad, sino también con emisiones de CO2 y otros impactos directos e indirectos a lo largo de toda la cadena de valor.