En una de las zonas más frías de Casablanca, la viña Loma Larga está rompiendo mitos y apostando a tintos de una frescura poco común.

  • 24 agosto, 2007

En una de las zonas más frías de Casablanca, la viña Loma Larga está rompiendo mitos y apostando a tintos de una frescura poco común. POR M.S.

 

Emeric Genevière-Montignac es hijo de Michel Montignac, el célebre dietista y cocinero francés que postula que bajar de peso y comer bien no son actividades incompatibles. Su propuesta se basa en las tradiciones culinarias galas y explica, en parte, por qué en París hay tantas chicas guapas y tipos flacos que parecen modelos, pese a que no paran de engullir baguettes y quesos y patés. Para Michel Montignac lo importante es saber dosificar y combinar apropiadamente los alimentos, antes que pasar hambre y vivir de ensaladas insulsas.

 

¿Qué tiene que ver esto con el vino? Sucede que Emeric se radicó en Chile y ahora es enólogo de Loma Larga, una de las viñas más originales de Casablanca. En cierta forma la filosofía de los vinos que produce es similar a la que inspira las recetas de su padre. Son vinos sabrosos, no excesivos; frescos, no pesados. Y van a contracorriente de algunos mitos. Si Michel ha demostrado que se puede mantener la línea y a la vez comer como un gourmet, Emeric prueba que es posible elaborar tintos de calidad en una zona más fría cuya fama hasta ahora se debe a los blancos.

 

Llegamos hasta el fundo de Loma Larga, en las cercanías de Lo Ovalle, un hermoso tranque que merece una visita, en un viaje en helicóptero, un día soleado de julio. Probablemente no hay mejor manera de entender las diferencias entre un clima cálido y otro más fresco que desde el aire. Curacaví es puro campo amarillo y cerros secos, pero basta pasar el túnel que conecta a Casablanca para encontrar un verdor que nos hace pensar en el sur.

 

“Cualquiera se puede llamar boutique o garage, nosotros preferimos denominarnos viña de terroir. En nuestras botellas viene una tarjeta para saber exactamente de dónde viene cada vino”, dice Luis Felipe Díaz, CEO de la compañía, una vez en tierra.

 

Loma Larga es una empresa familiar y no tiene más de un lustro de vida, pero ya ha llamado la atención. Su Syrah 2005 fue elegido el mejor de la variedad en la última guía Descorchados, de Patricio Tapia. Aparte de eso, están apostando por otras variedades tintas. ¿Pueden tener éxito en una de las zonas menos cálidas de Casablanca? Cosas más extrañas han ocurrido y su Malbec 2005, si bien no representa una evidencia absoluta, habla de un potencial nada desdeñable. A mí me gustan sus tonos ahumados; la urgencia y el sabor de la fruta. “Este malbec tiene un carácter especial de zona fría, más como en Francia”, explica Emeric en una mixtura alegre y no muy clara de castellano y francés.

 

El otro tinto que sorprende es un Cabernet Franc 2005, un vino guapo, intenso y a la vez elegante; floral y colmado de fruta. Aquí hay pasta para algo distinto. “El cabernet franc madura antes y se equilibra en zona fría, lo que al cabernet sauvignon le cuesta mucho”, comenta Díaz, quien, pese a que estudió ingeniería comercial, habla como agrónomo. Se ha tomado el asunto del vino en serio. Enhorabuena.

 

Obviamente, la cepa que se roba las miradas es la syrah. Probamos el distinguido 2005, que en boca apunta al lado más fresco de la variedad. Pocos syrah chilenos muestran tal equilibrio entre los tonos cárnicos y frutales. La añada 2006, embotellada apenas hace cuatro semanas y que estará en el mercado a fines de año, nos parece más madura y concentrada, con una nariz fina y compleja. De buen cuerpo y largo final, sigue una senda de calidad considerable.

 

Fuera de un Sauvignon Blanc 2007 aún sin embotellar y que promete mucho, otra primicia que degustamos fue Quinteto 2006, una mezcla tinta (cabernet franc y merlot, principalmente, más cabernet sauvignon, malbec y syrah), que es fiel a las posibilidades de Casablanca para los vinos rojos, con todo lo bueno y lo complicado que eso significa. Muy fresco y con un toque fl oral que parece ser la marca de los tintos de esta zona, donde las brisas del mar te hacen tiritar a las dos de la tarde. Pruébenlo para tener una idea de lo que hablo.

 

Luego de la cata, almorzamos unos ricos ñoquis con salsa de romero y plateada. Emeric, que es delgado y jovial, ha vaciado el plato y su panera. “¿Sigues las enseñanzas de tu padre?”, le pregunto. “A veces, no siempre”, sonríe. Queda claro que los dogmas no valen ni para el vino ni para el buen vivir.