Clásicas, nuevas, con chef conocido y más. Completos, crudos, sándwiches, empanadas, paltas reinas o solamente un schop bien helado. Fuentes de soda hay, para todos los gustos.

  • 2 agosto, 2019

Inspiradas en las soda fountains estadounidenses, comenzaron a aparecer en Santiago –y más tarde se esparcieron por el país– a partir de la década del cincuenta. Por sus horarios y rutinas también tienen algo de los diners del país del norte y las más nocturnas nos recuerdan a los bares españoles de barrio. Pero más allá de inspiraciones y reminiscencias foráneas, las fuentes de soda son muy nuestras y por estos días viven una revalorización. Con sus distintas particularidades forman parte de la trama urbana y abren el apetito a toda hora.

Pioneros

En el año 2008, cuando abrió sus puertas el primer local de la Fuente Chilena en avenida Apoquindo, nadie se embarcaba en este tipo de negocios en Santiago. Al contrario, muchas fuentes de soda antiguas comenzaban a cerrar. En la Fuente Chilena, y de la mano de su creador, el chef Álvaro Barrientos, lo que se hizo fue simple: abrir una fuente de soda fiel al estilo que las ha caracterizado siempre. Con una buena y conocida variedad de sándwiches preparados al momento en la plancha del local (incluidos completos), crudos y empanadas fritas. Aunque la propuesta no era necesariamente novedosa, funcionó inmediatamente y ya cuentan con cuatro locales y un público fiel. Cuesta recomendar una sola preparación de la Fuente Chilena, pero lo mejor es pedir un sándwich de plateada italiana. Simple, pero no fácil de preparar, y muy rico.

www.fuentechilena.cl

De autor

Cuando Barrientos abrió su Fuente Chilena era poco conocido entre el público general, así que a nadie le hizo demasiado ruido que un cocinero abriera una fuente de soda. Pero cuando Juan Pablo Mellado hizo lo propio con su Fuente Las Cabras llamó la atención, porque este cocinero oriundo de San Fernando venía precedido de cierta fama por haber pasado por El Bulli de Ferran Adrià, la publicación de libros y ser conductor de programas televisivos. El que se instalara con un negocio clásico y no tratara de inventar la rueda –como otros cocineros de su generación– fue algo más bien novedoso. Y parece que le apuntó, porque Las Cabras ha tenido éxito desde el día uno. Sus sándwiches y platos andan bien (sobre todo las charchas y la entraña), mi recomendación siempre será su palta cardenal, lejos la mejor de Santiago. Fiel a la receta clásica, pero con ingredientes de primera y una ejecución perfecta, como se lo merece esa receta.

Luis Thayer Ojeda 0166, teléfono 222329671, Providencia.

Consolidado

Sin ser mi fuente de soda favorita, hay que reconocer que la Fuente Mardoqueo logró consolidarse como un clásico de la ciudad. En 2006, cuando se abrió en la calle Libertad un local especializado en sándwiches –principalmente lomitos en ese momento–, rápidamente se fue haciendo de prestigio. Algo no menor, considerando que su ubicación no es de primera línea en la ciudad y ni siquiera en su barrio. Aún así, la fama de la Fuente Mardoqueo no dejaba de subir y el número de comensales que lo visitaban diariamente tampoco. Más tarde vendría la consolidación, con la apertura de nuevas sucursales en otras comunas y ahora último incluso han incursionado con un restaurante especializado en costillas. Si uno quiere conocer –o rememorar– el espíritu fundacional de Mardoqueo, lo mejor es ir hasta su local de calle Libertad y pedir un lomo mayo, la preparación perfecta.

www.fuentemardoqueo.cl

El toque belga

En rigor no hablamos de un negocio nuevo, porque existía desde un par de años en Huechuraba. Sin embargo, la llegada de la Fuente Belga a Alonso de Córdova –una zona que cada vez tiene más oferta gastronómica– a inicios de este año la pone en un lugar mucho más asequible para buena parte de los habitantes de la zona oriente de Santiago. La personalidad de esta Fuente Belga se emparenta con nuestros tradicionales recintos, ya que también se trata de un buen espacio para almuerzos informales o para tomar y picar algo después del trabajo con los amigos. Uno de sus principales atractivos es su muy amplia oferta de cervezas, con cerca de cincuenta etiquetas distintas de esta bebida, además de una docena de cervezas belgas de barril. Un paraíso para el amante de la birra. Pero como no todo puede ser beber, vale la pena recomendar especialidades, como sus choritos al vapor con sus muy belgas papas fritas, la pasta trufada o un sabroso stake tartar. Todo combinable obviamente con las cervezas de la carta.

Alonso de Córdova 4352, Vitacura.

Un clásico

Así como muchas fuentes de soda antiguas fueron desapareciendo en diversos puntos de la capital, otras se mantienen con mucho éxito. Es el caso de la muy ñuñoina y popular Fuente Suiza, que en plena avenida Irarrázaval recibe a todo tipo de parroquianos desde 1954, cuando el matrimonio Laengle –de origen suizo, justamente– se estableció en este lugar. Con una oferta contundente de sándwiches, completos y crudos, además de sus tradicionales empanadas fritas de pino, queso o queso con ostiones. Muchos clientes optan por degustar un completo o una empanada y seguir su camino, mientras otros prefieren instalarse en sus comedores a despacharse sendos sándwiches. ¿Mi recomendado? Su crudo al plato, de los mejores de la ciudad.

Irarrázaval 3361, Ñuñoa.

La catedral

Más allá de los locales clásicos, nuevos y seminuevos, e incluso casi más allá del bien y el mal, está la Fuente Alemana, por lejos, la mejor sanguchería de Chile y –por lo mismo– un lugar que resulta imposible dejar de mencionar en esta selección de fuentes. Al tradicional local de Alameda casi llegando a Plaza Baquedano, que funciona desde hace más de cuarenta años, se le sumó en los noventa una sucursal en la calle Pedro de Valdivia. ¿Alguien a estas alturas no sabe lo que ofrece la Fuente Alemana? Imposible. Es casi redundante recomendar una preparación porque todos tienen su favorito. ¿El mío? El Rumano completo acompañado de una garza. Aunque no respondo si después me tiento con un lomo mayo o un completo italiano. Al final, son cosas que pasan.

Pedro de Valdivia 210, Providencia.