Es el fin de una era para Chile. Sin importar lo que pase en las elecciones presidenciales el domingo, el panorama político se ha dado vuelta a ambos lados del espectro. La coalición de centroizquierda, que ha estado en el poder por la mayor parte del período desde la caída del general Augusto Pinochet en […]

  • 20 noviembre, 2017

Es el fin de una era para Chile. Sin importar lo que pase en las elecciones presidenciales el domingo, el panorama político se ha dado vuelta a ambos lados del espectro.

La coalición de centroizquierda, que ha estado en el poder por la mayor parte del período desde la caída del general Augusto Pinochet en 1990, está acabada. La unión entre los socialdemócratas y la Democracia Cristina que formó la columna vertebral de la Concertación, y más recientemente la Nueva Mayoría, está quebrada.

Los dos grupos están mandando candidatos separados a estas elecciones, asegurando que ninguno de ellos gane. Un tercer grupo más radical formado por estudiantes que se hicieron famosos durante protestas masivas en las calles en 2011-2013, a quienes la presidenta Michelle Bachelet intentó incorporar, optaron por tomar su propio camino.

La derecha, que casi de forma segura logrará la victoria gracias al multimillonario Sebastián Piñera, también está experimentando un cambio profundo. Una vez dominada por los llamados Chicago Boys en la servidumbre de la creencia neoliberal de Milton Friedman, esa generación está muriendo. Una derecha más moderna y más moderada está emergiendo.

Una de las grandes preguntas que se están haciendo los observadores en Santiago hoy es si Piñera será capaz de unir fuerzas con los grupos más conservadores identificados con la izquierda, en particular la Democracia Cristiana.

En el pasado, el hecho que los demócratacristianos fueran parte de la coalición de centroizquierda siempre sirvió como un bastión en contra de los avances de la derecha. Pero si se alinean con Piñera –lo que es favorecido por varias figuras clave– eso les daría mayoría en el Congreso que de otra forma no tendrían, y un mayor margen para aprobar reformas.

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