Para no perderse entre tanto sauvignon blanc 2007 recién salido del horno, aquí recomendamos tres opciones, de tres valles.

  • 5 octubre, 2007

Para no perderse entre tanto sauvignon blanc 2007 recién salido del horno, aquí recomendamos tres opciones, de tres valles.POR M.S.

 

Hay pocos maridajes más perfectos en Chile que un cabernet sauvignon del Maipo y una buena empanada, pero me imagino que tras las fiestas patrias no querrán saber nada, al menos por un tiempo, de carnes ni de tintos. Entonces les propongo otra cosa, la otra gran alianza que ofrece nuestra geografía: mariscos frescos y sauvignon blanc.

 

A propósito: vengo llegando de Bahía Inglesa y allí probé, en un lugar llamado El plateao, algunos de los mejores platos de mar de nuestra costa. Si andan cerca, no se lo pierdan. Tienen un risotto negro, con calamares, ostiones y camarones, sencillamente soberbio, que viene de maravillas con un blanco de la zona central. Yo lo acompañé con un sencillo Santa Carolina Tres Estrellas SB 2006 y les digo que estuvo genial.

 

Como ya sabrán, por estas fechas aparecen los primeros sauvignon blanc del año y por lo mismo los seguidores de la variedad blanca celebran. En la pasada feria de vinos del Sheraton me dediqué a probar todas las cosechas 2007 que encontré y hubo varios ejemplares que me gustaron.

 

Hay, en general, un promedio muy bueno y no son pocos los que creen que la añada marca un hito en cuanto a calidad. En el Sheraton, en la VIII Cata & Vino, que recuerde no me topé con muestras derechamente desechables, pero hubo un puñado que destacó por carácter, por apostar a la diferencia. Por ejemplo, Catrala de Casablanca-Lo Orozco, Gracia Luminoso del Bío Bío y un Undurraga, de Leyda, que aún no sale al mercado, entre muchos otros.

 

En resumidas cuentas es difícil equivocarse con una botella de la cepa del año. La frescura, por así decirlo, viene garantizada. De todos modos, habiendo tanto de donde elegir, aquí propongo tres vinos, fáciles de encontrar, de tres valles distintos, y que representan en cierta forma tres estilos. Para hacerse una idea de lo que está pasando con la variedad. Pruébenlos y vean cuál les gusta, cuál les llama la atención.

 

Partiendo por el norte, el San Pedro Castillo de Molina Sauvignon Blanc 2007 del valle de Elqui, destaca por sus aromas a piedra muy marcados, quizá pólvora, junto a frutos tropicales y verdes, como lima, ají, pera. En boca es fresco y crujiente, con una acidez que vibra y deja una huella de frutas con un lado mineral. Debería ir muy bien con unos spaguetti con almejas enanas de Punta Arenas o unos choritos al estilo normando, es decir, con un toque de crema, ajo, perejil y vino blanco, más papas fritas. Si me apuran, quizá resulte con un tempura de camarones o unas ostras apanadas.

 

El segundo vino es Montes Limited Selection Sauvignon Blanc 2007 del valle de Leyda, la zona de San Antonio que hoy por hoy es la que lleva la batuta, en cuanto a calidad, en la cepa, aunque todavía no alcance la popularidad de Casablanca. Este es un perfecto ejemplo de las cualidades que este valle costero, a pocos kilómetros del Pacífico, le entrega a sus blancos. El color ya lo dice todo: un amarillo plateado con toques verdosos que es una promesa de frescor marino. La nariz tiene una intensidad que engolosina, con fruta tropical como maracuyá más el típico lado mineral de Leyda.

 

Un vino lleno de vida, con una acidez que queda saltando en la boca. Compañero perfecto de ostras frescas o todo tipo de mariscos crudos. Pero si quieren algo diferente, preparen unos camarones salteados con perejil, ají y ajo, más suficiente vino para que quede bastante jugoso de tal manera que al ponerlo sobre arroz blanco resulte una suerte de risotto falso. Ojo, que este vino tiene tapa rosca y si se deja un día en la heladera, se vuelve más complejo y expresivo.

 

Casablanca, por supuesto, no podía quedar fuera de esta crónica y –de lo que he probado este año– me quedo con el elegante Casas del Bosque Gran Reserva Sauvignon Blanc 2007, un vino que, perdonen la expresión, se parece a un salto de agua que cae sobre una piedra. Un vino que necesita tiempo para ser comprendido, porque no anda con chicas. Habría que ponerlo junto a un plato muy fino, sin adornos ni tonterías de cocina molecular. Algo noble y sencillo, como unas simples tostadas con caviar o huevos de salmón o centolla fresca con mayonesa casera, ¡ay, qué sabores!