Toda especie tiene el derecho inalienable a seguir viviendo, afirma Walter, abogado y padre de familia de los Berglund, protagonistas de Freedom, la elogiada –y quizá sobrevalorada- novela de Jonathan Franzen, autor norteamericano que saltó a la fama con Las correcciones. Walter es un iluminado, un tipo que tiene una sola idea acerca de los problemas de la humanidad y además cree tener la solución. Con esta visión por delante, trata de modelar la vida de su familia, sin mucho éxito. Por Luis Larraín

  • 1 marzo, 2012

Toda especie tiene el derecho inalienable a seguir viviendo, afirma Walter, abogado y padre de familia de los Berglund, protagonistas de Freedom, la elogiada –y quizá sobrevalorada- novela de Jonathan Franzen, autor norteamericano que saltó a la fama con Las correcciones. Walter es un iluminado, un tipo que tiene una sola idea acerca de los problemas de la humanidad y además cree tener la solución. Con esta visión por delante, trata de modelar la vida de su familia, sin mucho éxito.

Patty, su esposa, es una mujer entrañable; atractiva, simpática y muy competitiva. Excelente jugadora de básquetbol en su juventud, encuentra en ese deporte un refugio que su familia nunca le entregó. Incapaz de liberarse de algunos traumas infantiles y de un matrimonio que se arrastra un poco, va gradualmente perdiendo su encanto, muy apreciado al comienzo por sus vecinos en Saint Paul, Minnesota, para transformarse en una mujer difícil.

Joey y Jessica, los hijos, son depositarios de las manías y obsesiones de sus padres. El cuadro lo completan Richard Katz, íntimo amigo de Walter desde la juventud, rockero y seductor, que continúa relacionándose con la familia Berglund de manera intermitente y disruptiva; y Lalitha, joven asistente india de Walter, de gran atractivo físico.

Walter conquistó a Patty por su bondad e inocencia, y el autor le atribuye varias ideas descabelladas de los “liberals” estadounidenses; como, por ejemplo, su simpatía con el Islam, aún después del 11 de septiembre, porque el conflicto podría inducir a un menor consumo de petróleo y al ahorro energético en los Estados Unidos. En otras cosas, como su amor por las aves, Walter parece más sensato hasta que el gato de una vecina lo vuelve a sacar de quicio al atacar a los pajaritos que ama. Patty, cuya madre milita en el Partido Demócrata, no sigue a Walter hasta esos extremos, pero sí es una razonable mujer progresista. El matrimonio pronto se traslada a Washington, donde él sigue su carrera de abogado de causas ambientales en una fundación que protege a una exótica ave.

Jonathan Franzen es un maestro en la descripción de la pequeña anécdota. Diestro a la hora de adentrarse en las complejidades de un personaje y su relación con otros; pero esa maestría que se le da en lo micro no lo acompaña a la hora de las reflexiones acerca de la gran política. En lo macro cae fácilmente en teorías de la conspiración y su relato pierde interés. Ingenuo para describir el mundo de las grandes corporaciones y su relación con la política, es capaz de dar la lata en varias páginas en que aparecen negociados en que estarían involucrados nada menos que personajes de la talla de Dick Cheney, curiosamente con empresas de la defensa y organizaciones ecologistas. Este cóctel de ecologismo y corrección política, mezclada con la verdadera historia, la de la familia Berglund, le puede atraer alguna atención mediática; pero aburre a ratos a sus lectores, que deben tragarse varias páginas de más. La prueba de ello es que, concluida la novela, resulta imposible recordar el nombre de uno solo siquiera de los siniestros personajes que participan en las conspiraciones de la industria militar mezcladas con fundaciones ambientalistas.

Lo contrario sucede con los episodios que involucran a los Berglund. El atractivo sexual de Lalitha, la asistente de Walter, se transmite vívidamente al lector, que siente la tensión que se crea a partir del inevitable deseo erótico que comienza a sentir por ella su jefe. La situación llega a tornarse dolorosa por la insistencia de Walter en resistir. Algo similar sucede cuando Patty vive circunstancias parecidas en que pareciera haber una fuerza superior, el destino, que determinará sus conductas. Joey, el hijo de ambos, mantiene una curiosa relación con Conny, una vecina de Saint Paul a la que finalmente hace su esposa luego de convivir por varios años, no sin antes coquetear con una sensual Jenna. Jessica, la hija, vive una vida menos intensa y es una suerte de madre para todos, incluidos sus progenitores, que se benefician de su sensatez y contención.

Freedom, en definitiva, no es la gran novela sobre EEUU y la libertad que algunos han querido ver. Estamos en presencia de una buena novela sobre el libre albedrío y la capacidad de los humanos para hacernos daño entre nosotros y, especialmente, auto infligirnos el mal. Es una novela sobre la autocompasión, sobre la dificultad para comprender que muchas veces causamos dolores innecesarios y profundos a quienes más nos quieren en la vida.