El francés, una de las eminencias de la oceanografía mundial, habla de su papel como guionista, asesor científico y supervisor de las filmaciones submarinas en el elogiado documental Océanos. Además, recuerda su largo trabajo junto a Jacques Cousteau. Por Joel Poblete

  • 30 noviembre, 2010

 

El francés, una de las eminencias de la oceanografía mundial, habla de su papel como guionista, asesor científico y supervisor de las filmaciones submarinas en el elogiado documental Océanos. Además, recuerda su largo trabajo junto a Jacques Cousteau. Por Joel Poblete

 

Al oceanógrafo francés François Sarano no le es difícil recordar el momento en que comenzó a amar al mar y sus especies: “cuando era niño, mi padre me enseñó a nadar y a mirar bajo el agua con una máscara, buscando pulpos en el Mediterráneo; tenía 3 o 4 años, y el primer pulpo que vi de cerca despertó en mí la pasión por los océanos, aunque debo decir que estoy interesado en la vida y la naturaleza en general –desde las hormigas a las mariposas–, y las conexiones entre ésta y los seres humanos”.

Hablamos con Sarano pocos días antes de que viajara a a Chile invitado por la Universidad de Concepción, en el marco del Simposio Internacional sobre Biodiversidad y Sustentabilidad de los Recursos Marinos, organizado por dicha casa de estudios junto a la Fundación Alfred P. Sloa. Sarano, fundador de la asociación de protección del ambiente marino Longitude 181 Nature, jugó un rol clave en Océanos, dirigido por Jacques Perrin y Jacques Cluzaud.

Considerada el documental más caro de la historia, con un presupuesto de 50 millones de dólares, la cinta parte como la explicación a un niño de qué es el océano, desarrollando un recorrido por la superficie y las profundidades de distintos mares del planeta. El extenso y complicado rodaje motivó a la vez una serie de innovaciones tecnológicas: por ejemplo, se construyó una caja hidrodinámica, en cuyo interior se introdujo una cámara digital sumergible; llevada a toda velocidad por un barco, se usó para captar a los atunes y a los delfines.

En el documental, Sarano cumplió tres importantes funciones: fue uno de los autores del guión, además de ser uno de los principales asesores científicos y supervisar las filmaciones submarinas. “Cluzaud fue a una charla mía que lo dejó muy entusiasmado, tuvo una conversación con Perrin, me llamaron para pedir algunas informaciones y, desde entonces, me integré al proyecto y estuve hasta el final. Fueron siete años, desde que empezamos a escribir el guión hasta el estreno”.

-Debe haber sido un gran desafío concentrar tanta información en tan poco metraje.

-Al principio, la idea era filmar una película con actores, sobre un hombre que defendía a las ballenas y la vida marina, pero era demasiado larga. Decidimos hacerlo como documental. ¿Cómo hablar sobre el océano en dos horas? Si quieres hablar y decirlo todo, necesitas 100 horas y no tendrías éxito en emocionar a la gente, por lo que decidimos que en vez de ir mostrando didácticamente las especies o contando su historia natural con demasiados detalles científicos, había que lograr que la gente se sumergiera y sintiera el océano. El espectador tenía que sentirse como un pez entre los peces.

-Océanos muestra también la amenaza de los cambios climáticos y la contaminación, la extinción de criaturas marinas y las matanzas indiscriminadas.

-Mucha gente, después de verla, vino emocionada a decirme quiero ayudar, ahora entiendo cómo la contaminación afecta a las especies. Eso hace que esta película quizás sea más influyente que una charla científica. Especialmente, en las secuencias que muestran los consecuencias de la contaminación.

-¿Cuál es el peor de los daños que los océanos están sufriendo?

-La polución es la peor de las amenazas. Distintas sustancias y elementos químicos están matando a las especies, y aún no sabemos del todo qué hacer. En algunos aspectos hemos avanzado: 40 o 50 años atrás no había leyes que protegieran oficialmente a las ballenas; hoy eso ha cambiado, se puede incluso nadar junto a ellas, están volviendo a todos lados, incluyendo los sitios donde antes eran perseguidas y exterminadas.

Además de su labor en la película, Sarano es el autor, junto a Stéphane Durand, del libro Oceans, surgido al alero de la cinta y que se ha convertido en un gran éxito de ventas en Europa; se puede adquirir la edición en inglés a través de Amazon. El científico explica que funciona como complemento para el filme: “en el libro pueden encontrar información científica, mientras en la película encuentran emociones”.

Navegando con Cousteau

En la formación de François Sarano como oceanógrafo es clave su trabajo junto a la mayor celebridad en la historia de la exploración submarina: Jacques Cousteau, quien en 1956, junto a un veinteañero Louis Malle, dirigió otro documental sobre el mundo submarino que se convirtió en una referencia: El mundo del silencio, ganador del Oscar y de la Palma de Oro, en Cannes. Por lo mismo, es inevitable preguntarle a Sarano por el explorador galo, con quien comenzó a colaborar en 1983. Así se iniciaron 13 años de cooperación mutua incluyendo inolvidables expediciones en el célebre Calypso.

“Pudimos ir a lugares donde nadie había ido antes; a propósito de Chile, recuerdo cuando fuimos al Cabo de Hornos. Toda mi vida había soñado con viajar alrededor del mundo, y llegar a este lugar a bucear… fue fantástico explorar sus aguas y conocer todas sus extrañas criaturas”.

-¿Cómo fue compartir tanto tiempo con una leyenda como Cousteau?

-Su legado es inconmensurable, él fue quien primero se sumergió para mostrarnos la vida submarina, nos dio la idea de explorar los mares y ver qué había en sus profundidades, nos influyó no sólo a quienes nos dedicamos a esto, sino a todos, y fue un pionero en pensar qué vamos a hacer con este mundo. Era un gran hombre, sencillo, tenía una filosofía sobre la relación entre los seres humanos y la naturaleza y la mantuvo y desarrolló por 50 años… Por ser un grupo de gente que pasaba incluso tres meses en una embarcación, todo era muy simple durante los viajes, nada demasiado sofisticado; cuando no estábamos buceando, jugábamos ajedrez. Pero Cousteau era definitivamente importante, un hombre único, que podía estar en un momento saludando a un jefe de Estado y poco rato después discutiendo problemas logísticos en una embarcación. Una vez estábamos en Cuba, tuvimos una reunión con Fidel Castro, y horas después Cousteau se estaba reuniendo con el presidente de Estados Unidos. Lograba establecer puentes y lazos incluso entre opiniones e ideologías diversas.

-Luego de surcar los mares de todo el planeta, ¿tiene alguno preferido?

-Uff, me gustan todos, son tantos… Por ejemplo, me fascina el sur de Chile, la zona de Magallanes y el Cabo de Hornos es rica y maravillosa, pero también el Mediterráneo, las aguas de Costa Rica… Son muchos lugares. El mar es hermoso y fuerte. -¿Cómo evalúa la investigación sobre la vida marina desarrollada por expertos chilenos? -Se han hecho valiosos avances: el científico chileno Víctor Gallardo descubrió increíbles bacterias marinas, que pueden ayudar a entender mejor el origen de la vida. Es un país ligado al mar, ¡son tantos kilómetros de costa! Las aguas chilenas son muy ricas en especies, y es fundamental que los investigadores chilenos contribuyan aún más a nivel internacional. Hay mucho por investigar.