Francisca Florenzano, directora ejecutiva de Fundación CorpArtes, considera que la cultura en Chile debe profesionalizarse y salir del tono compasivo para buscar financiamiento. Dice que para que la industria creativa sea un mayor aporte al país, el Ministerio de Economía debe tomar parte y propone la creación de un comité presidencial con actores de diversos mundos para levantar al sector.

  • 1 agosto, 2019

Una carta publicada por el diario La Tercera el pasado martes 23 de julio, y firmada por Francisca Florenzano y Fernanda Castillo, de Fundación CorpArtes, propiedad de la familia Saieh, hacía alusión al actual estado del mundo de la cultura en Chile. Florenzano, socióloga de profesión y ex directora del Senda durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, ahonda en su diagnóstico y plantea propuestas concretas: “El corazón de la carta pasa por una reflexión en torno a una serie de noticias vinculadas al tema del financiamiento en el mundo de las artes y la cultura”.

Cuenta que siempre ha sido una entusiasta consumidora de cultura, sin embargo, su primer acercamiento a este ámbito en lo laboral ha sido a través de su actual cargo, que asumió en diciembre de 2016. Antes había trabajado principalmente en el sector de la salud pública, una experiencia que le permite evaluar la situación actual con ojos más desprejuiciados. “Cuando vienes desde fuera puedes identificar con mayor claridad ciertas áreas de oportunidad. Cuando llevas tanto tiempo viendo una problemática, dejas de tener una mirada renovada”, dice.

-Se ha instalado la expresión “apagón cultural” en la discusión sobre políticas culturales, ¿crees que hay algo de eso?

-Hay una situación con el Teatro Municipal haciendo crisis, no solamente hoy, ya ha pasado en distintos momentos. La noticia del cese del apoyo del Banco Estado al mundo del cine, y una reflexión que se levantó en el último tiempo con respecto a la Ley de Donaciones Culturales y una moción de revisarla que está en el Congreso. También hay distintos centros culturales a lo largo del país, donde se hizo una inversión muy fuerte en la parte infraestructura, pero que hoy están vacíos y no tienen modelo de gestión ni programación; como lo que ocurre con el centro cultural en el Instituto Nacional. No estamos asumiendo una mirada estratégica como país en términos de desarrollo de un sector que tiene mucho que dar, no solo en el ámbito social y cultural. También en lo económico; en otros países como Inglaterra, o Brasil y México en Latinoamérica, han logrado empujar con fuerza una mirada distinta. Saliendo del tono un poco compasivo que se usa en Chile, donde se piensa que hay que financiar al mundo de la cultura desde lo público o desde la beneficencia.

-La cultura pensada como gasto y no como inversión.

-Claro, y tiene que ver con este gasto eterno que mucha gente siente que no se justifica. No hemos sido capaces como país de lograr que el arte, la cultura y la industria creativa –que es un concepto un poco más amplio– puedan contribuir a la diversificación de la matriz de producción y de exportación. Ni a la generación de empleos o representar un porcentaje del PIB mucho más fuerte que lo actual. Para eso tiene que haber participación del Ministerio de Economía, la convicción de la Corfo y del sector privado, de lo contrario, vamos a seguir teniendo estas noticias de crisis, porque no le estamos dando ni el lugar, ni la importancia ni la fuerza…

Cultura y mercado

-¿Este déficit cultural histórico crees que tiene algo que ver con nuestra idiosincrasia?

-Algo de eso hay, pero también creo que existen responsabilidades compartidas. La cultura en Chile tiene este temor intrínseco y animadversión a que se le vincule a palabras como mercado, planificaciones, y planillas Excel. Han sido muy reacios porque sienten que es venderle el espíritu al mercado. Hay un susto profundo por acercarse a ese tipo de conceptos, cuando yo siento que es precisamente lo que tienen que hacer. El alma no se vende y así lo han entendido en muchos otros países donde hoy en día la cultura aporta al desarrollo del país, y no como el sector donde se va a recortar cada vez que exista restricción presupuestaria. Se requiere espíritu de innovar y poner la creatividad al centro para generar proyectos capaces de generar parte importante de su autosustento. Nuestra economía se tiene que diversificar y aquí el sector creativo puede jugar un rol relevante. Si uno le pone números, aquí en Chile tenemos la materia prima y mucho potencial.

-¿Hay una visión muy conservadora?

-Y antigua. Temerosa, eso es importante decirlo, es temerosa. No contamos, por otro lado, con un Ministerio de Cultura potente que pueda abrir este espacio. Una Corfo y un Ministerio de Economía que ayuden a este sector a brillar.

-En la carta mencionabas medidas estratégicas.

-Uno ve los documentos que han realizado distintas instituciones internacionales que han dado los primeros pasos en esta dirección. Hay líneas diferentes para la ópera, el teatro o la literatura, pero el diagnóstico es que hay un camino que no hemos empezado. Y mientras no lo hagamos, las noticias de recortes lamentablemente las vamos a seguir viendo y además vamos a perder una gran oportunidad. Si uno no tuviera esa convicción, de que el país tiene ventajas comparativas…

-¿Cuáles serían esas ventajas comparativas?

-Creatividad e innovación. Uno lo ve más claramente en el mundo de la ciencia, de los videojuegos o desarrollo de start-ups de otros ámbitos, pero es lo mismo que se necesita para el mundo del arte y la cultura. No hay diferencias, es cómo uno lo canaliza. Chile tiene grandes artistas, compañías de teatro como Teatro Cinema, la materia prima pasa por las mentes y que tenemos un componente de “chispeza” muy grande. Eso se necesita. ¿Cuál es el paso que hay que dar? Entrar a un mecanismo de desarrollo, de fomento y de mercado que hoy en día se mantiene muy ajeno a la cultura. Insisto, hoy el 1,6% del PIB nacional viene de esta industria, y en países que han invertido, esa cifra se acerca al 8%.

-¿Y cómo situar la cultura más alto en una tabla de prioridades?

-Invitando también a este sector a sumarse con una mirada más fresca. No es solamente que entidades de gobierno o el sector privado no lo han querido apoyar. Hay un área del arte y la cultura en Chile, y me hago responsable de lo que digo, que se ha quedado en el pasado, y que no han sabido ser protagonistas de su propio desarrollo, de adquirir conocimientos y competencias. No le tienen que tener susto a los números o a la palabra mercado.

-Es decir, mayor profesionalización.

-Sí, esa es la palabra. En términos de creatividad tenemos cosas espectaculares, pero si uno quiere exportarlo, le falta mucho. Desde cosas tan básicas como saber elaborar fichas técnicas de producción.

El comité

-¿Sigue existiendo la sensación de que todo sucede en Santiago y que la cultura no sale a regiones?

-Tenemos un desafío  en términos de cantidad y calidad de cultura en regiones. Y no es fácil de realizar porque es caro. Cuando traes orquestas internacionales o artes escénicas, seguimos siendo un país que queda muy lejos. Y por otro lado, los espacios culturales de Latinoamérica no han sabido subirse arriba de la moto, entonces hasta el Teatro Colón de Buenos Aires está quebrado y muchas veces tienes que traer un espectáculo pagando el 100%. La inversión hasta Santiago ya es alta, para regiones es mucho más aún. Si uno hace una revisión a nivel nacional, efectivamente se construyeron centros culturales, pero no quedó instaurado un modelo de gestión que haga posible tener una programación de calidad. Se construyeron elefantes blancos de los cuales ahora hay que hacerse cargo. Siento que a veces es mejor tener menos centros culturales y focalizar las fuerzas. Tengo una visión más crítica de muchos que se abrieron por razones más bien políticas, y no eficientes.

Florenzano agrega que a nivel internacional hay dos grandes modelos culturales: el europeo, donde históricamente han existido subsidios del Estado, los cuales en el último tiempo se han visto drásticamente recortados por crisis de financiamiento. “Ahí ha habido dos opciones; los que han podido reinventarse como el Teatro Real, en Madrid, y los que han cerrado. Para sobrevivir hay que dejar preconcepciones atrás”. Por otro lado, dice, está el sistema norteamericano, que funciona a través de donaciones.

-Pero en Estados Unidos tienen muy incorporada la filantropía como fuente de financiamiento, aquí no.

-Sí, y en Chile efectivamente no tenemos un sector fuerte de filantropía, o hay algunas familias que tienen sus propios proyectos. Es más incipiente, pero también creo que hay un sector que ha sabido desafiarse y no solamente sentarse a llorar porque no los financian. Ha salido a pelear su espacio frente a una realidad distinta.

-Algunos dicen que nuestro mercado es muy chico.

-Sí, pero hay un mercado externo e interno. El externo es el resto del mundo, exportar. El desarrollo del cine chileno lo ha demostrado. Ese sector ha mostrado cómo romper barreras de producción.

-¿Cómo te imaginas este comité que proponen en la carta al diario? 

-Es una sugerencia desde la humildad y las ideas. Sería un comité que se defina a nivel de presidencia y con plazos de 30, 60 y 90 días, para que por un lado se haga una revisión de qué es lo que hay, para luego poder focalizarse, y recursos. Tiene que estar sentado alguien de la Sofofa o de empresas, como la CMPC. También representantes del mundo académico y entidades de gobierno. Si uno le quiere dar relevancia y decir: “Sabes qué, demos vuelta la tortilla y entendamos que este es un sector que puede contribuir mucho al país, un área donde brillemos”. Salir de esta conversación bastante lastimera en la que hemos estado insertos tanto tiempo porque ni la cultura ni Chile se lo merecen.

“El municipal se ha dormido”

¿Que solución posible le vez a la crisis económica del Teatro Municipal de Santiago? Más allá de la reciente inyección de recursos ¿qué se podría hacer?

-Creo que se necesita una visión muy distinta a la que está teniendo. Lo digo con mucho cariño y respeto, porque siento que ese paso adelante es tarea de muchos. Tiene que modernizarse y ser capaz de ser un centro cultural moderno y contemporáneo. Con una programación que apunte a aumentar la masividad. No tener temores a incorporar las interdisciplinas. La calidad al final no se pierde, hay muchas discusiones dicotómicas que en realidad no aplican. Se dice que si el teatro se moderniza en términos de su programación cae en cultura chatarra, pero cuando uno ve la gran propuesta que ha sacado adelante Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, donde se mezcla de manera muy virtuosa, y sin dejar atrás la calidad, propuestas espectaculares. Recién la sinfónica se presentó junto a la cantante Natalia Lafourcade. Aquí tenemos elencos espectaculares y equipos técnicos de excelencia, sin embargo, creo que el Municipal se ha dormido y quedado con una mirada media pesada, no dinámica.

-¿En CorpArtes se han propuesto explícitamente tener espectáculos y exposiciones con altos flujos de público?

-Hemos logrado una masividad importante, el año pasado con Ai Wei Wei y ahora con Anish Kapoor, innovando bastante porque tenemos un espacio limitado y entonces estamos generando exposiciones virtuales para salir a colegios, jardines infantiles, cárceles y a regiones. Usamos la tecnología para no quedarnos en restricciones, como los metros cuadrados. Y en términos de espectáculos, estamos explotando los convenios que hacemos con distintas instituciones para darles más vueltas a los contratos y generar más actividades asociadas. Queremos cumplir con un rol social, también en regiones. CorpArtes no tiene aporte fijo estatal, pero postulamos a fondos concursables del Ministerio de Cultura, y nos financiamos a través de venta de entradas y con el aporte de la familia Saieh, que es la dueña de la institución.