Sotto voce, muchos se arrepienten de no haber persistido con la candidatura presidencial de Golborne, o de no haber proclamado a Allamand, o de no haber cuidado a Pablo Longueira. Matthei sencillamente no prende y Parisi sube a costa de ella. ¿Alcanzará Parisi a amagar la posibilidad de Matthei de pasar a segunda vuelta? […]

  • 5 septiembre, 2013

 

Sotto voce, muchos se arrepienten de no haber persistido con la candidatura presidencial de Golborne, o de no haber proclamado a Allamand, o de no haber cuidado a Pablo Longueira. Matthei sencillamente no prende y Parisi sube a costa de ella. ¿Alcanzará Parisi a amagar la posibilidad de Matthei de pasar a segunda vuelta?

Es improbable que ello suceda. La candidatura de la Alianza debiera arrimarse a un cierto piso histórico, apalancada por la lista parlamentaria. Si bien aquello no es el ideal –lo lógico es que el candidato presidencial sea quien apalanque la lista parlamentaria, y no al revés– al menos sirve para evitar un descalabro. El poderío territorial de la UDI puede hacerse sentir, más el apoyo de RN en algunas zonas específicas. Por todo ello, es improbable que Parisi saque más votos que Evelyn Matthei. Pero la puede dejar muy herida. Porque Parisi puede lograr un caudal de votos importante –en torno al 10%, o más– que aleje en demasía a Matthei de Bachelet.

Parisi se sabe en alza y actúa inteligentemente. En primer lugar, le roba a Enríquez-Ominami la novedad. Parisi atrae a parte del electorado liberal de ME-O, aquél que en segunda vuelta votó por Piñera.

En segundo lugar, Parisi sabe convencer a aquel electorado de centroderecha popular, nacionalista y desconfiado de los partidos. Un Fra-Fra 2.0, pero más carismático, telegénico y meritocrático. Al revés de Errázuriz, Parisi se viste en la posición del joven de clase media, que con esfuerzo y viveza logra triunfar en la vida. Coquetea hábilmente con la ostentación de su riqueza personal. Habla de autos, relojes caros y niñas lindas.

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Con maestría aborda los temas más sentidos por la clase media aspiracional. Su discurso está muy bien pensado. Probablemente muchos no le creemos un ápice de lo que predica, pero su prédica es astuta. Lo esencial es que identifica un target muy claro: la clase política que impide que los chilenos disfruten de la riqueza de nuestro país. Si Chile está “forrado”, ¿por qué esa riqueza no le llega a usted, señor o señora, que tanto trabaja todos los días? Porque hay una casta de poderosos, en la Concertación y en la Alianza, que se confabulan entre sí para agarrar cargos públicos, los unos, y proteger a los empresarios, los otros.

Habla sin contemplación en contra de los principales enemigos de los chilenos: AFPs, bancos, isapres, retail. Y lo hace como Matthei sencillamente no puede. De Bachelet poco dice, sintonizando con la adhesión que ella suscita. Mejor es pegarle a sus adláteres y a sus partidos; Parisi sabe que ellos tampoco son queridos.

Parisi escoge hábilmente otros dos temas de alto impacto: uno, el sentimiento regionalista, donde nuevamente identifica a buenos y malos –los poderosos de Santiago que atosigan a los trabajadores de regiones–. Y dos, la seguridad ciudadana. Pero ésta la aborda no desde la política pública, sino que desde la emoción y la rabia. Un ejemplo: consultado en una entrevista sobre si apoya a Jackson en Santiago, sorprende y dice que respalda al ex fiscal Mario Schilling (que compite en la lista de ME-O). De esa forma, no sólo le come un peón a un rival directo (ME-O), sino que sintoniza con el enojo ciudadano. Dice textual: “Apoyo a Schilling porque se la jugó por los derechos de los menores. En mi gobierno, nadie tocará ni abusará de ningún niño”. Golazo. Populismo punitivo en su máxima expresión, pero con emoción.

Parisi se deja querer por los candidatos al Parlamento. Ya se tomó foto con Zalaquett, en un acto de deslealtad enorme de este último para con su partido, la UDI. Ya lo apoya Horvath, Meza y quizás cuántos más. Se aprovecha del apoyo a regañadientes de Allamand y Renovación Nacional a Matthei. Y puede llegar con facilidad al discurso “díscolo-light-popular” de Ossandón. Todo aquello socavará silenciosamente a Evelyn Matthei.

Parisi tiene dos problemas. El primero, es que su discurso efectivamente puede pegar fuerte en un determinado sector de centroderecha popular. Para colocarlo en caricatura, puede pegar en el taxista y la dueña de casa de clase media baja. La duda es que esa gente, con voto voluntario, tiende a no votar. Las personas que más enganchan con el discurso fuertemente crítico a la política, son las primeras personas que se quedan en casa el día de las elecciones. Por tanto, en algún momento Parisi deberá politizar su discurso y avanzar a colonizar al votante de centroderecha más fiel. No será fácil, porque éste ya estará semi-cautivo por los movilizadores de la lista parlamentaria RN-UDI. La clave en ese intento estará dada por los puntos que logre subir en las encuestas.

El segundo problema de Parisi es su pasado. Como todo exitoso hombre de negocios –como le pasó a Fra-Fra y al propio Piñera– ha ido dejando una estela de operaciones oscuras y enemigos por doquier. Parisi no responde bien cuando se le saca en cara alguno de estos episodios y sus explicaciones no son coherentes. Parisi es mejor atacante que defensa; habrá que ver cómo se maneja en la política adversarial de las elecciones.

Lo concreto es que su aprobación es alta y su rechazo es bajo comparado con Evelyn Matthei. Es astuto y pintoso. A ME-O ya lo tiene pillado. Sólo puede crecer en estos meses. Y profundizar la crisis de la derecha. •••