Hace lo que quiere. Dos veces candidato a presidente, brillante economista, socio de Bono, emprendedor digital, son sólo algunas de sus credenciales

  • 28 abril, 2009

 

Hace lo que quiere. Dos veces candidato a presidente, brillante economista (siendo que estudió Historia), socio de Bono, emprendedor digital, millonario, defensor del libre mercado y crítico de Obama. Son sólo algunas de las credenciales de este hombre para quien el emprendimiento no tiene límites. Por Federico Willoughby Olivos.

Es de otro planeta. Y no, no es un halago, es un hecho. Si nos remitimos al lugar de la galaxia donde nació Malcom Stevenson Forbes Jr., éste sería el segundo astro del sistema solar: Marte.

Bueno, al menos eso es lo que dice Michael Moore en su película de 1988 The Big One, en la que asegura que el editor de la revista Forbes no tendría orígenes terráqueos, dado que en los debates televisados que protagonizó en las presidenciales en 1996 y el 2000 nunca pestañeó.

Y bueno, bromas aparte (nació en New Jersey), lo cierto es que Forbes en sus 61 años de vida ha hecho tal cantidad de cosas que no es tan demente pensar que quizás el tipo sí viene de otro rincón de la Vía Láctea.

Su sorprendente historia se inicia en la universidad. Ahí, en vez de seguir el camino lógico y empezar a trabajar en la prestigiosa revista fundada por su abuelo, decidió hacerse su propio nombre en el mundo editorial. Con tal objetivo, en 1968, mientras terminaba sus estudios de Historia Americana en Princeton, decidió junto a dos compañeros fundar Business Today, una publicación sobre economía y negocios que serviría de puente entre los estudiantes y los ejecutivos de las grandes compañías. No solamente fue un éxito instantáneo (actualmente tiene un tiraje de más de 100 mil unidades y es la revista universitaria más importante del planeta), sino que dejó claro que ese joven de 20 años tenía un talento emprendedor innato.

Con su diploma en la mano, sin posibilidad de seguir en Business Today (la revista sólo puede ser dirigida por estudiantes), pero consciente de que lo suyo era el mundo editorial, fue a buscar un lugar en la revista de la familia.

Más allá del apellido, no le costó encontrarlo porque, pese a no haber estudiado Economía, rápidamente demostró aptitudes. Partió como investigador, pero ya para 1973 tenía su propia columna que, dicho sea de paso, publica hasta el día de hoy. En 1980 asumió como presidente de la empresa y tras la muerte de su padre en 1990 quedó como CEO y editor general de la publicación.

Ponerse a cargo del negocio familiar no le salió difícil, pero tampoco se quedó en simplemente administrar lo recibido. Bajo su mando, y en la certeza de que la economía estaba destinada a ser un asunto global, se obsesionó por hacer una revista que no mirara sólo a Estados Unidos, sino que fuera capaz de ir marcando la pauta económica mundial. De ahí que llevara los famosos rankings de millonarios (inventados por su padre) a una escala global, echando a correr por el primer lugar a todos los magnates del orbe.

Pero no se limitó a globalizar ese ranking, sino que exploró el concepto de nóminas y hoy en Forbes son varias las que causan impacto mundial. Estas van desde una que muestra a las celebridades más ricas del orbe a otras como la lista de Midas, dedicada a los mejores negocios tecnológicos, o la Fictional 15, donde aparecen los millonarios que la literatura, la televisión y el cine han creado (el 2008 ganó el Tío Sam: con todos los salvatajes que ha tenido que hacer, parece tener una billetera infinita).

Además, y también en su afán de entregar un producto global, creó Forbes Asia además de ocho versiones regionales de la revista. El 2006 su revista fue finalista en los prestigiados National Magazine Awards y su sitio en Internet, Forbes.com tiene el privilegio de haber dado el primer gran golpe de periodismo digital cuando dejó en evidencia que el reportero del The New Republic, Stephen Glass inventaba los reportajes… La historia fue sensación y terminó llevada al cine nada menos que interpretada por Hayden Christensen, el protagonista de la precuela de Star Wars.

 

El político

 
Forbes, un republicano de la vieja escuela que trabajó en los 80 con Ronald Reagan, no sólo se ha destacado por su olfato editorial. En dos oportunidades intentó, sin éxito, ser presidente de los Estados Unidos. El tema es que sus intentos no fueron simples declaraciones de intenciones. Y si bien en su primera tentativa no tuvo el éxito que deseaba, sí logró poner en la discusión de los candidatos su propuesta de un impuesto parejo para todo el mundo.

En 2000, en tanto, diseñó una estrategia que hasta el día de hoy es materia de estudio. Forbes, seguro de que ganarle a George W. Bush no iba a ser una tarea fácil, concentró su campaña en triunfar en Iowa. Estaba convencido de que si lograba imponerse ahí podría generar suficiente momentum para repetir la gracia en New Hampshire, acto que lo pondría bastante cerca de ser el nominado del partido (históricamente los resultados de ambos estados producen una tendencia que puede generar cambios en las preferencias nacionales).

Y si bien no ganó, la forma en que hizo campaña dejó huella. Sí, porque para su intentona del año 2000 si bien Internet estaba en pañales, él igual se las ingenió para tener un sitio de avanzada. De partida, había en él una calculadora que permitía saber cuánto uno se podría ahorrar en impuesto en caso de que saliera presidente; permitía a sus seguidores inscribirse y por medio de e-mail organizarse como un movimiento de base más efectivo; creaba “e-precincts” para que los partidarios recibieran información relevante y atingente; y en general sentó las bases de la forma en que Internet se ocupa actualmente para hacer campañas electorales.

Firme defensor del libre mercado, Forbes luchó en su campaña por establecer un impuesto de tasa constante del 17%, según la cual una familia de cuatro miembros no pagaría impuesto a la renta por los primeros 46 mil dólares de ingresos y, por sobre esa cifra, sólo pagaría 17 centavos por cada dólar adicional. También ha dicho públicamente que le gustaría que Estados Unidos adoptara un sistema similar a las AFP (es amigo personal de José Piñera) y ha sido sumamente crítico de la forma en que Obama y su equipo económico han manejado la crisis (ver recuadro).

No tiene pensado volver a la política y si bien vendió parte de su empresa al fondo Elevation (de propiedad de Bono, entre otros), es un tipo que exuda optimismo “Nadie es dueño de su propio universo. El tiempo y las circunstancias cambian. Queríamos los medios para perseguir las oportunidades que tenemos frente a nosotros, y Elevation entiende de tecnología, medios y editoriales. No son una simple fuente de capital, son un fuente de conocimiento”, señaló a raíz de la compra al New York Times al tiempo que escuchaba One, su canción favorita de U2.

 

 

El mundo según Forbes
● Bernanke ha aplicado su increíble intelecto para estudiar y entender las causas de la Gran Depresión. Pero necesitamos que actúe de manera más rápida, más urgente en torno a esta crisis… Si Ben Bernanke no es capaz de superar su instintiva tendencia a la pasividad, debería renunciar. El daño causado por sus vacilaciones se está volviendo cada vez más intolerable.

● Para que los mercados vuelvan a funcionar de manera efi ciente se deben producir rebajas en los impuestos a las personas y a las empresas. También debe haber cambios regulatorios que terminen con la contabilidad mark to market, sólo entonces los bancos volverán a prestar. En los Estados Unidos la mayor fuente de capital es el mercado hipotecario para los nuevos negocios, la gente pide nuevos préstamos o aumenta su deuda para iniciarlos. El dinamismo de nuestra economía depende de esos nuevos negocios e innovaciones.

● Microsoft y Apple partieron durante los 70, otro período de malestar. Y aun así, sería difícil encontrar dos firmas que representen mejor las promesas del capitalismo. No podemos esperar que la reputación corporativa de Norteamérica se redima de la noche a mañana, pero si hacemos las cosas más fáciles para la próxima generación de emprendedores la economía de nuestro país volverá a brillar.

● Limitar cuánto puede ganar un ejecutivo es buena publicidad pero logra poco. Deberíamos estar enfocados en terminar con las reglas mark to market más que en dañar a los bancos. También deberíamos empujar por un dólar más fuerte o instaurar un impuesto de tasa constante. Si fuera así no tendríamos que limitar las ganancias de nadie porque habría mayor prosperidad para todos.

● La franca verdad es que el gasto gubernamental es un pobre sustituto para los negocios de los privados y la inversión y gasto de los consumidores. Si no fuera así, la Unión Soviética hubiera ganado la guerra fría y Japón, que ha tenido numeroso planes de estímulos financiados por el gobierno, habría escapado de sus 12 años de recesión. Tal como el economista del siglo XX Joseph Schumpeter, observó el crecimiento dinámico requiere constante innovación y volatilidad. Eso es capitalismo, así funciona y es nuestro camino hacia el progreso.

● Un peligro con Barack Obama es la nacionalización del sistema de salud. Las políticas patrocinadas por el gobierno pueden sonar sensacionales, pero eventualmente llevarán a que el sector privado deje de participar en el sector. La nacionalización ha castrado la innovación farmacéutica en Europa y es imposible saber cuántos morirán por tecnología médica jamás desarrollada. Pero habrá muertos.