Con sus clásicos anteojos registra todas las escenas de la política chilena. Y los números, para qué decir. Este ex ministro mateo –pero, ojo, no por eso fome- pide al gobierno bajar los decibeles y concentrarse en llevar a Chile al desarrollo. Mucho ruido, pocas nueces. Ese es su diagnóstico.

  • 27 diciembre, 2011

Con sus clásicos anteojos registra todas las escenas de la política chilena. Y los números, para qué decir. Este ex ministro mateo –pero, ojo, no por eso fome- pide al gobierno bajar los decibeles y concentrarse en llevar a Chile al desarrollo. Mucho ruido, pocas nueces. Ese es su diagnóstico. Por María José O’Shea C.; fotos, Verónica Ortíz

Mientras prepara su nueva oficina frente al cerro Santa Lucía –sólo un piso más abajo que la que tenía antes de ser reclutado por el presidente Piñera–, Juan Andrés Fontaine tiene al Instituto Libertad y Desarrollo como su cuartel central. Desde ahí, el ex ministro de Economía observa con cierta preocupación los avatares de la economía y la política, dos materias que cada día parecen más inseparables.

Se define como intransablemente independiente. Sin ningún partido, aunque de centroderecha, claro está. Y esa independencia –algo condimentada por su propia experiencia en La Moneda, tal vez-, le dan la libertad para cuestionar sin problemas al gobierno al cual perteneció durante 18 meses. Del mismo Piñera para abajo. Que le falta enfocarse y no caer en la dispersión. Que la esclavitud por las encuestas equivoca el rumbo y que meter tanto ruido en los casos de investigación a empresas, más que cooperar, perturba.

-Cómo resumiría su 2011?
-Tuve una primera mitad abocado con entusiasmo a una misión que me motivó mucho y que era servir a Chile. Agradezco esa oportunidad y estoy satisfecho con la labor desempeñada. La segunda mitad, he estado digiriendo el golpe y reinsertándome en la actividad privada.

-¿Cómo está su relación con el presidente?
-Cordial, como siempre.

-Pero salió bien dolido…
-Fue abrupta mi salida, inesperada. Estaba trabajando en una agenda que contaba con el apoyo del presidente, de manera que fue una sorpresa. Pero así es la política. Él estimó que había que reforzar la presencia de la UDI en el gabinete y yo, siendo intransablemente independiente, tuve que dejarle el espacio.

-Al poco tiempo, usted le hizo duras críticas a su sucesor, Pablo Longueira. Dijo que era el retorno de la vieja derecha, cortoplacista, con tintes socialistas. ¿Sigue creyendo lo mismo?
-Más allá de su persona, dije que advertía una inclinación en orden a reaccionar al derrumbe estrepitoso de la popularidad del gobierno dándole la espalda a nuestro programa y levantando las banderas del adversario. Una estrategia que en política es muy conocida, pero que creo está condenada al fracaso. El programa sí estaba dando buenos resultados y perseverar en éste, con el foco en el crecimiento contra vientos y mareas, es la mejor recomendación desde el punto de vista técnico y político.

-¿Cree que con su agenda habría podido revertir la popularidad?
-Así va a ser. Pese a la falta de suficiente convicción y compromiso que creo que se debería tener, se está avanzando en la agenda que ya venía y que está en el Congreso.

-Si no ve suficiente compromiso con esta agenda, quiere decir que es la estrategia para subir en las encuestas la que permanece…
-Bueno, partamos por lo obvio. Pedirle la renuncia al ministro que encabezaba esa agenda, cuando ésta empezaba a encontrar cierta resistencia, no es precisamente una señal de máximo apoyo. Pero más allá de eso, creo que una agenda que comprende la labor de 12 ministerios, que significan 24 proyectos de ley y 50 medidas, requiere ser asumida por el propio presidente y los ministros como un asunto prioritario, y percibo que eso no ha sido así, más allá de que en los discursos siempre se menciona. Falta compromiso, falta que el gobierno se la juegue con todo por estos proyectos.

“Al gobierno le falta foco. La meta que debiera proponerse, a mitad de camino, es entregar el país mejor de lo que lo recibió. Eso exige focalizar la acción en unas pocas prioridades y acelerar hacia ellas sin dispersarse”.

-¿Y no puede ser que el presidente no esté convencido de la agenda que usted plantea?
-Creo que tiene la convicción en abstracto pero, llegado al momento de las decisiones, esa convicción se desdibuja por un afán de buscar satisfacer simultáneamente 7 o 15 objetivos. Entonces, la acción del gobierno pasa a ser una suerte de fuego artificial que genera un mundo de colores atractivos pero que, a poco andar, no son más que eso.

Al gobierno le falta foco. La meta que debiera proponerse el gobierno, a mitad de camino, es entregar el país mejor de lo que lo recibió. Eso exige focalizar la acción en unas pocas prioridades y acelerar hacia ellas sin dispersarse.

-El ministro Longueira tiene un foco bien claro: aparecer como el gran defensor de la clase media y los consumidores, y de paso, subir en las encuestas. Lo que pasa es que no es el mismo foco suyo.
-No me voy a referir a su estrategia personal. Pero en relación a su defensa del consumidor y de la libre competencia, esos son aspectos cruciales de nuestro programa. Yo impulsé como ministro el proyecto del Sernac Financiero, que contó con importantes reticencias en el gobierno, y apoyé las acciones del Sernac. Lo mismo en libre competencia.

Lo que produce una disonancia es la estridencia con que las autoridades políticas están manejando estas noticias. Eso es negativo, porque en lugar de apoyar los objetivos verdaderos, éstos se desvalorizan y pasan a ser vistos como una maniobra de carácter político. Lo que sí creo es que las autoridades tienen un rol fundamental que cumplir en el avance de los proyectos para defensa de la libre competencia. Yo dejé en tramitación el que permite la venta de remedios en locales que no sean farmacias y echo de menos una acción más enérgica de parte del gobierno en este asunto.

También está el proyecto que facilita la constitución de sociedades, el cual incentiva la competencia. Y en la Agenda de Impulso Competitivo hay varias medidas en ese sentido, como liberar el cabotaje, darles movilidad a las garantías de los bancos y facilitar el crédito de las pymes. Esos 5 proyectos buscan más competencia. Ese tiene que ser el rol de gobierno, y dejar a las agencias fiscalizadoras que hagan su tarea.

-Como el publicitado allanamiento a los supermercados…
-Los allanamientos son un procedimiento legal para recabar las pruebas necesarias. Se hizo en el caso de los pollos cuando yo era ministro, en forma más discreta. Ahora se hizo con los supermercados de una manera muy bullada.

Cuando cojea la pata

-Hay una sensación de que el gobierno está en una ofensiva contra los empresarios…
-No comparto esa lectura. Lo importante es que las acciones de defensa de libre competencia y del consumidor tienen que ser acompañadas con igual energía que aquellas acciones que promuevan la inversión, el emprendimiento y la productividad. Si esa pata cojea, claro que queda la sensación de que el gobierno se ha volcado contra los empresarios.

-Si usted compara ambas gestiones, ¿hay más casos en el periodo de Longueira, o fueron distintos para abordarlos en los medios?
-Primero, el ministro de Economía no es el responsable de esta materia, sino el Fiscal Nacional Económico, que es autónomo. Yo sólo recibía información de los casos que se estaban investigando, pero nunca los detalles ni menos las acciones que se estaban efectuando.

Lo que sí marcó una diferencia fue la repercusión mediática que tuvo el asunto de los supermercados, y tal vez la tendencia de las autoridades, tanto del ministro de Economía como de otros, de comentar estos temas en la prensa. Yo preferí un perfil más bajo.

-¿Y pagó el pato por ese perfil bajo?
-Al contrario. Creo que fue eso lo que me permitió avanzar en esta batería de iniciativas.

-¿Tiene esperanza de que el gobierno retome su agenda con energía, aunque la rentabilidad no sea inmediata?
-La rentabilidad es más inmediata de lo que parece. Primero, porque la economía mundial nos va a provocar un bajón en crecimiento y en la inversión, lo que significa una menor creación de empleos, cuando el puntal ha sido justamente la vigorosa creación de empleos. Si eso se pone en riesgo, la situación política del gobierno, lejos de mejorar, va a empeorar.

Y una manera de evitar el riesgo es mantener el foco en estas medidas que despejan el horizonte y la incertidumbre para los empresarios.

Problemas de imaginación

-Y en este escenario, en que el Banco Central pronosticó un menor crecimiento, ¿cómo cae una reforma tributaria?
-Bueno, aquí se está planteando un escenario de desaceleración global, incluso de estancamiento en algunas economías importantes, pero no en el sentido de que sea una hecatombe para Chile. Ahora, esto sí implica que las oportunidades de crecimiento para nosotros se vean mermadas y por eso la tasa de crecimiento en torno al 4% que plantea el Banco Central me parece razonable.

“Llegado al momento de las decisiones, la convicción del presidente por la agenda del crecimiento se desdibuja por un afán de buscar satisfacer simultáneamente 7 o 15 objetivos”.

Es extraordinariamente importante mantener al empresariado chileno y extranjero mirando al mediano y no el corto plazo. Esto es un bache en el camino, no es un cambio de trayectoria de la economía chilena y para eso precisamente hay que mantener este clima pro inversión, pro ahorro, pro productividad. En esa línea, un aumento de impuestos que daña la capacidad de ahorro de los afectados, ya sea de empresas como de personas, es negativo.

-La idea, supuestamente, es subirle a las empresas y bajar el de las personas.
-Yo no sé cuál es la idea. Quienes quieren subir los impuestos deben fundamentar primero cuáles son esos proyectos en que hay que gastar más recursos y, una vez conocidos, evaluarlos, ver cuánto cuestan; y en tercer lugar, cómo se financian. Ahora, no deja de ser paradójico que en un país como Chile, que tiene un nivel muy bajo de deuda pública, que tiene ahorro por 30 mil millones de dólaresen manos fiscales –o sea, los cofres fiscales rebosantes de dinero–, que es dueño de empresas que hoy valen oro, como Codelco, lo primero que surja de la mente de nuestros políticos es que deben subir los impuestos. Es simplemente una señal de absoluta falta de realismo e imaginación.

-¿Es irse por el camino fácil para solucionar el conflicto social?
-Creo que como el mayor gasto en educación no ha dado resultados en ningún gobierno, ya no es un argumento que convence. Por eso, pareciera que el aumento de impuestos pasa a ser una señal política de compromiso detrás de ese objetivo. Quiero creer que es apretar a los ricos no sólo por apretarlos, sino porque hay un genuino interés por ayudar en esta materia.

-Una de las banderas de Piñera era que este gobierno de gerentes iba a hacer más eficiente el gasto público, pero parece que eso no ha ocurrido.
-Subir los impuestos hoy, y subirlos para abordar problemas sociales importantes, como la educación, no es la nueva forma de gobernar. La nueva forma de gobernar es abordar estos problemas con eficiencia, recortar gastos desde donde es posible y sólo subir los impuestos en caso de que eso fuese estrictamente necesario antes de haber visto otras alternativas de financiamiento que están a la mano.

Colusión: “Lo que produce una disonancia es la estridencia con que las autoridades políticas están manejando estas noticias”.

-¿Le decepciona ese tipo de actitudes?
-Me decepciona la facilidad con que nuestros políticos se sienten inclinados a darle la espalda al programa que llevó al presidente Piñera a La Moneda, y que es un programa para cruzar el umbral del desarrollo durante esta década, de creación de empleos, de medidas para mayor inversión, ahorro y productividad.

-De sus palabras se desprende que ve cierta irresponsabilidad detrás de esta llegada de los políticos al gabinete.
-Lo que hay es una ambigüedad más que una irresponsabilidad. Había un relato muy claro que era la nueva forma de gobernar para hacer de Chile un país desarrollado. Las propuestas tributarias que circulan están a años luz de ayudarnos a ser desarrollados.

-¿Cómo ve a Felipe Larraín en esta discusión? ¿Muy incómodo?
-Bueno, él ha planteado en forma enérgica y convincente que el programa educacional planteado para el próximo año no requiere de un aumento de impuesto.

-Pero un ministro de Hacienda que hace una reforma tributaria que no comparte es un escenario difícil, ¿no?
-Eso habría que preguntárselo a él, pero yo no doy por terminada esta controversia en absoluto y pienso que sería un error subir los impuestos en este momento.

Cuestionar, pero con solidez

-¿Qué le parecen las críticas de los senadores al Banco Central, en el debut de su nuevo presidente? ¿Es correcto cuestionar a esta institución?
-Cuestionar es una buena cosa. Cuando diseñamos el Banco Central autónomo siempre pensamos que esta instancia –donde se presenta el IPOM– era la más importante de revisión de lo que se estaba haciendo y esperábamos que eso se prestara para un análisis a fondo de las decisiones que tomaron y de lo que viene para adelante. En general, no ha sido así. Sin embargo, creo que decir que las proyecciones son autocomplacientes me parece liviano. Yo hubiera preferido un cuestionamiento más de fondo.

-¿Ya perdió la esperanza de entrar al Banco Central?
-Yo siento un gran orgullo de haber participado en las definiciones base que dieron origen al Banco Central autónomo y nunca hice ni participé en la elaboración de la ley orgánica del Banco Central, ni del debate posterior, con ánimo de engrosar mi currículo o de recibir honores o cargos. Así que me doy por satisfecho con eso. En el sector privado tengo un amplio campo para desarrollarme, de manera tal que no es para mí en absoluto una necesidad.

 

Bomba de tiempo
– ¿Y cómo ve el panorama presidencial en el gabinete?
-Creo que este gabinete de presidenciables, a diferencia del gabinete de gerentes anterior, tiene algunos inconvenientes en su operación y serán crecientes a medida que se acerquen las elecciones. Hay fechas por delante que harán esto insostenible. Mientras tanto, el gabinete ha servido para poner a la luz pública los y las posibles candidatos que tiene la Coalición, que son muy buenos.

-¿Echa de menos algo de La Moneda?
-El auto con chofer (risas).

-Su mayor acierto 2011…
-Haber logrado en un tiempo record -con el valioso apoyo del equipo de Economía- articular la agenda de impulso competitivo y echarla a andar.

-¿Y desacierto?
-Son demasiados.

-¿Como cuando dijo que La Polar fue un accidente?
-No, eso fue una interpretación desacertada porque, de acuerdo a la RAE, accidente también significa un hecho que alterna el normal funcionamiento de las cosas. Y la pregunta era si esto alteraría el buen funcionamiento del mercado bursátil y de capitales en Chile.