¿Qué pasaría si el trabajador pudiese renunciar a sus derechos y negociar todo con su empleador? El socio de Ernst & Young, Mauricio Peñaloza, considera que ese cambio podría terminar la polémica laboral, como plantea en esta columna.   Los empleadores quieren más flexibilidad laboral. Los dirigentes laborales buscan mayor participación sindical. Objetivos aparentemente […]

  • 19 octubre, 2007

 

¿Qué pasaría si el trabajador pudiese renunciar a sus derechos y negociar todo con su empleador? El socio de Ernst & Young, Mauricio Peñaloza, considera que ese cambio podría terminar la polémica laboral, como plantea en esta columna.

 

Los empleadores quieren más flexibilidad laboral. Los dirigentes laborales buscan mayor participación sindical. Objetivos aparentemente distintos y casi opuestos. Sin embargo, existe una alternativa que no se ha planteado con toda su fuerza y que puede dar respuesta satisfactoria a ambos sueños.

Nuestro extenso Código del Trabajo tiene una norma que dispone que los derechos establecidos por las leyes laborales son irrenunciables. Propongo el siguiente complemento para dicha norma: “Cada empleador con acuerdo del sindicato de empresa, a través de un contrato colectivo de trabajo, podrá pactar libremente las condiciones de trabajo, remuneraciones y beneficios sin sujeción a los mínimos legales”.

 

• Ello generaría efectos laborales trascendentales. Por ejemplo:

• El propio empleador estimularía la creación del sindicato de empresa y la negociación colectiva.

• Los intereses y derechos de los trabajadores estarían representados por cada sindicato.

• Los trabajadores tendrían mayor interés en afi liarse al sindicato y negociar colectivamente.

• La negociación colectiva se daría autónomamente en cada empresa, no por rama, sector ni supraempresas.

• Cada empresa tendría su propio Código del Trabajo, acordado entre sindicato y empleador, con las regulaciones propias de cada mercado, zona, cultura y estrategia, entre otros.

• Obligaría a las compañías a revisar formalmente sus condiciones laborales junto con sus trabajadores, si quieren flexibilizarlas.

• Disminuiría el recelo empresarial frente al sindicato, ya que estos sindicatos no estarían contaminados con agendas ajenas a su labor sindical en cada empresa.

• Empleador y sindicato serían socios estratégicos en cada empresa.

 

El proyecto tiene una gran virtud adicional: si una empresa o sindicato no cree en las ventajas que describí, simplemente no usa la norma y aplica el Código del Trabajo tradicional, tal como se hace hoy.