El descalabro de las productoras de cine indie estadounidenses seguramente mandará al diablo la carrera de mucho cineasta joven, pero todavía es posible observar en qué está alguna de esta gente que, por cosas del mercado, se ha visto obligada a trabajar muy, muy al margen. Es lo que pasa con Kelly Reichardt, quien hace […]

  • 23 diciembre, 2008

El descalabro de las productoras de cine indie estadounidenses seguramente mandará al diablo la carrera de mucho cineasta joven, pero todavía es posible observar en qué está alguna de esta gente que, por cosas del mercado, se ha visto obligada a trabajar muy, muy al margen. Es lo que pasa con Kelly Reichardt, quien hace algunos años consiguió estrenar la bella Old joy –acerca del viaje de un par de antiguos compañeros de colegio hacia unas termas artesanales durante los días más desolados de la era Bush– y que en su momento pudimos disfrutar en una de las primeras ediciones del Sanfic. Reichardt regresa ahora con Wendy and Lucy, registro de la obligatoria parada en Portland, Oregon, de una joven que va camino de Alaska en busca de trabajo. A Wendy, la chica (interpretada por Michelle Williams), le pasa de todo: pierde a su perrita, la arrestan por robar en un local y se ve en la obligación de depender de la precariedad de los extraños que va encontrando en su camino. Filmada con presupuesto mínimo, la película (que con toda seguridad llegará por estos lados sólo en DVD) ha tenido un destino similar al de varios estrenos chilenos de este año: ir exhibiéndose de festival en festival, a la espera de un buen momento para hallar un distribuidor, lo que nunca ha sido sencillo, pero que de un tiempo a esta parte se ha vuelto algo bastante difícil.