En una acertada decisión programática, el simpático personaje creado por Beaumarchais, con toda la crítica social que en la segunda mitad del siglo XVIII ayudó a pavimentar el camino a la Revolución Francesa, está siendo el protagonista de los dos más recientes títulos de la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago. Acaban de terminar […]

  • 3 octubre, 2008

En una acertada decisión programática, el simpático personaje creado por Beaumarchais, con toda la crítica social que en la segunda mitad del siglo XVIII ayudó a pavimentar el camino a la Revolución Francesa, está siendo el protagonista de los dos más recientes títulos de la temporada lírica del Teatro Municipal de Santiago. Acaban de terminar las funciones de El barbero de Sevilla, la popular y chispeante ópera de Rossini, y ahora es el turno de la continuación escrita por el autor francés, Las bodas de Fígaro, una de las mayores obras maestras compuestas por Mozart. Tras una década de ausencia, este título genial y complejo –que bajo su superficie jocosa, simple e ingenua esconde un verdadero tratado sobre las emociones humanas y las veleidades de las relaciones de clase– regresará en una versión dirigida por Jan Latham-Koenig, con una producción y diseños a cargo de los siempre notables Michael Hampe y Germán Droghetti, respectivamente. Las funciones comenzarán el 27 de octubre, y además de que siempre es un placer emocionarse con la belleza y humanidad de esta obra mozartiana, será una oportunidad inmejorable para apreciar las diferencias musicales y teatrales entre su enfoque de los personajes situaciones de Beaumarchais y el que desarrolló Rossini en El barbero. Definitivamente, son dos Fígaros muy distintos.