Es neurobiólogo y se dedica a estudiar el proceso de envejecimiento para poder detectar y tratar preventivamente enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson y demencia. Además de los resultados que monitorea en su laborario, dedica parte de su tiempo libre al violín y la fotografía microscópica.
Fotos: Verónica Ortiz

En una ladera de Huechuraba, con vista a la ciudad empresarial, se encuentra uno de los campus de la Universidad Mayor. Ahí, instalado en una oficina a un costado de su laboratorio, está Felipe Court (44) profesor titular y director del Centro de Biología Integrativa (CBI) de esta casa de estudios. Antes de llegar aquí su recorrido académico ha sido el siguiente: estudió biología y arte en la Universidad Católica, luego cursó un PhD en la Universidad de Edimburgo, UK, y continuó con una beca postdoctoral en Milán. Volvió a Chile y trabajó durante nueve años como profesor e investigador en la Universidad Católica. Hace cuatro llegó a la Universidad Mayor para crear el CBI e instalar ahí su laboratorio Courtlab, incluso trasladando su propio equipamiento. Cuenta que funcionan con un modelo de laboratorios abiertos, en una lógica colaborativa que permite incluso arrendar espacio y equipamiento a empresas mediante contratos tecnológicos o recibir a investigadores de otras universidades.

El doctor y profesor tiene muchas novedades que contar sobre distintas investigaciones en curso. Varias tienen que ver con el proyecto GERO, Fondap del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo que se dedica al estudio del envejecimiento y su relación con patologías que afectan al cerebro. GERO viene de gerociencia, rama de la biología nacida hace quince años, y es un proyecto que se adjudicó un Fondap (Fondo de Financiamiento de Centros de Investigación en Áreas Prioritarias) otorgado por Conicyt (actual Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo). Esto se traduce en financiamiento durante 10 años para el estudio de enfermedades cerebrales. Se trata de un programa grande cuyas instituciones patrocinantes son la Universidad de Chile y la Universidad Mayor; Court y su equipo trabajan en conjunto con Claudio Hetz, científico que también estudia enfermedades relacionadas al envejecimiento. También hay un área clínica dirigida por la subdirectora de GERO, Andrea Slachevsky, quien trabaja directamente con un primer corte de pacientes de avanzada edad. El proyecto busca generar biomarcadores de sangre para tener una idea de proyección o conversión a demencia en adultos mayores.

¿Cómo funciona? Se evalúa, durante un periodo de tres años, a un grupo de 300 individuos de entre 70 y 75 años, que presentan quejas cognitivas leves, esto porque en el plazo de un año entre un 10% y 15% de estos pacientes derivan en demencia senil.

“Todavía no hay terapia efectiva para el Alzheimer o la demencia. Y el problema es que no contamos con diagnóstico temprano para las enfermedades asociadas al envejecimiento del sistema nervioso. Para Alzheimer existen algunos métodos pero son carísimos”, explica Court. La idea es transformar la información obtenida en un kit que pueda medir la probabilidad de presentar enfermedades neurodegenerativas asociadas al envejecimiento y así proponer políticas públicas efectivas.

Otro factor de riesgo, además de la edad, es la condición socioeconómica y eso está asociado a la falta de educación de calidad. “Tenemos una gran brecha de salud asociada a la inequidad porque muchas de estas enfermedades vienen de la niñez o incluso de la gestación. A menor nivel de educación, mayor probabilidad de tener Alzheimer. La alimentación, los factores sociales y ambientales, también inciden”, afirma el científico.

Moscas y Parkinson

En el Centro de Biología Integrativa realizan estudios en moscas cuya expectativa de vida es de 80 días en promedio, lo cual permite estudiar longevidad ya que, a grandes rasgos, se puede calcular que un día de mosca equivale a un año de humano. Mediante modificaciones genéticas las moscas intervenidas han llegado a alargar sus vidas en un 10%. Pero Court es enfático en recalcar que el propósito de su investigación no es la longevidad per se, ni menos el rejuvenecimiento, si no modificar el curso del envejecimiento para abordar enfermedades asociadas a él.

A través de un gen mutado e introducido en moscas, tienen especímenes con Alzheimer, Parkinson y demencia. Luego de haberles practicado test de memoria que contemplan estímulos y variables como olores e iluminación, las moscas “sanas” son capaces de resolver laberintos, pero en cambio las que tienen Alzheimer se pierden y aquellas con Parkinson muestran fallas en su sistema de geotactismo. Se trata de biomedicina a nivel de laboratorio, y en caso de encontrarse algún resultado positivo, el tiempo de aplicación en humanos sería de 10 años aproximadamente.

Otro proyecto en el que participa Felipe Court es un fondo otorgado por la Michael J. Fox Foundation, organización que se dedica al tratamiento del Parkinson. Se trata de un nuevo blanco terapéutico que propone bloquear la progresión de la enfermedad antes de que se produzca la muerte de neuronas mediante el uso de drogas que se investigan para combatir enfermedades inflamatorias. El aporte es de aproximadamente 150 millones de pesos y el periodo de estudio es de dos años, de los cuales ya han transcurrido seis meses. La investigación la comenzó Maritza Oñate, doctora en Biología quien ahora se encuentra realizando su postdoctorado en la Universidad de Columbia, y apareció publicado en una revista especializada Cell Death and Differentiation, de la familia Nature, el año pasado. Esta vía la están probando también con otras patologías neurodegenerativas como el Alzheimer y las neuropatías que son consecuencia de tratamientos de quimioterapia.

Senescencia 

Un organismo, de cualquier especie, desde su nacimiento cuenta con un pequeño porcentaje de células senescentes o “células viejas” -explica el científico para simplificar- que el sistema inmune se encarga de eliminar. Pero en la medida en que envejecemos comenzamos a acumular estas células senescentes ya que nuestro sistema se torna menos eficiente.

Hace algunos años James Kirkland, investigador de la Clínica Mayo –entidad dedicada a la investigación en Rochester, Minnesotta–, descubrió una droga que ayuda a eliminar estas células y así aumentar la expectativa de vida. “Las enfermedades crónicas tienen como principal factor de riesgo el envejecimiento. A partir de los 70 años, una de cada tres personas va a tener una enfermedad crónica. Eso es un problema para el paciente y también para el sistema de salud. En Estados Unidos se gasta un 30 por ciento sólo para tratar el Alzheimer, por concepto de cuidadores. Si bajas esas células senescentes o lo que está produciendo envejecimiento, vas a reducir la incidencia de esa enfermedad. La Gerociencia ataca el factor de riesgo”, señala Court. La terapia que están elaborando con el fondo Michael J. Fox la descubrieron mientras estudiaban envejecimiento y no Parkinson en específico. “Y está funcionando”, dice.

El resto es música y arte

También es violinista. Su relación con este instrumento comenzó a los ocho años y continúa hasta el día de hoy, aunque por razones laborales hay periodos en los que ha tenido poco tiempo para dedicarle a la música. Durante su época universitaria sí estuvo activo tocando en obras de teatro de Juan Radrigán y Raúl Osorio. Incluso participó de El Encuentramiento, primera ópera de Radrigán con música de Patricio Solovera. Además de tocar violín, Court estudiaba las carreras de biología y arte en paralelo. Al comienzo pretendía dedicarse a la ecología: “Quería ser biólogo marino, nadar con delfines o bucear con Jacques Cousteau (ríe). Pero después me pasé a la neurociencia por influencia del profesor Jaime Álvarez”.

La carrera de arte no la terminó pero también es una afición que mantiene y que hoy combina con la ciencia. “Hago arte plástico con microscopía. Junto neuronas para que hagan sinapsis con células gliales y les saco fotos. Es un circuito de neuronas hecho in vitro. Luego tengo que montar cientos de fotos porque el microscopio que utilizo toma imágenes de solo 12 milímetros”, explica mientras muestra con detalle algunas de estas imágenes que bien podrían tratarse de galaxias o corales submarinos.

Neuronal Universes: son imágenes de microscopia de fluorescencia de aproximadamente 200.000 neuronas por imagen expresando proteínas fluorescentes y tinciones mediante inmunofluorescencia.

Actualmente el neurobiólogo también mantiene una banda de música junto a unos amigos; se llama Indiana y están mezclando su primer disco que tiene diez canciones. Le cuesta definir su estilo músical, que partió inspirado en el bluegrass y luego fue derivando hacia el indie folk. Court cuenta que cuando vivió en Edimburgo tocó en diferentes grupos e incluso en orquestas. Con Indiana, que también integran Ángel Solovera, Mario Figueroa y Ramón Ramírez, han tocado en un par de ocasiones en el Congreso del Futuro, entre otras instancias.

________________________________________________El rol de la empresa y el rescate de nuestro microbioma

Uno de los desafíos para quienes se dedican a la investigación científica es lograr alianzas con la empresa privada, plantea Court: “Hay que hacer también un mea culpa porque eso también tiene que ver con que los científicos han impuesto una forma de trabajo que a la empresa no le sirve”.

En Courtlab actualmente trabajan con la compañía Biome Therapeutics en la investigación del microbioma, denominación actual a lo que usualmente conocíamos como flora intestinal, y que hoy está muy en boga en el campo científico. Con Biome Therapeutics se encuentran explorando la diversidad bacteriana de los pueblos originarios chilenos. El biólogo explica que con el proceso de industrialización hemos perdido diversidad de bacterias en el estómago. ¿Por qué? En gran medida por el consumo de alimentos industrializados y también el uso de antibióticos. Y considerando que un tercio de los metabolitos que componen nuestra sangre provienen de nuestro microbioma, es un factor importante a tratar. También se ha comprobado que existe una mayor incidencia de alergias en poblaciones industrializadas, en comparación con zonas más rurales, y ese dato también se relaciona con la reducción de microbioma. “Lo que queremos hacer es detener la pérdida de nuestra biodiversidad bacterial. Para ello hemos recolectado unas 30 mil bacterias de manera de crear un separio y estamos probando si estas son capaces de producir probióticos. Biome Therapeutics ha ido a los alrededores de Putre para obtener muestras de población que se ha alimentado principalmente de quinoa y carne, y que jamás han ido al médico. También a comunidades en el Alto Biobío y en Rapanui”, cuenta el biólogo y destaca que en Chile tenemos todavía tenemos pendiente la construcción de un genoma nacional que sirva como referencia.