Tras 40 años estando instalado en el Parque O’Higgins, Fantasilandia se trasladará a la comuna de San Bernardo, finalizando una era. Recordamos esta nota publicada en el año 2013 en Revista Capital, con la historia del emblemático parque.   Maxima Velocidad Una cola de 4 cuadras para andar sólo 2 minutos en los autitos chocadores. […]

  • 11 septiembre, 2018

Tras 40 años estando instalado en el Parque O’Higgins, Fantasilandia se trasladará a la comuna de San Bernardo, finalizando una era. Recordamos esta nota publicada en el año 2013 en Revista Capital, con la historia del emblemático parque.

 

Maxima Velocidad

Una cola de 4 cuadras para andar sólo 2 minutos en los autitos chocadores. Gerardo Arteaga Oehninger no lo podía creer. Su experimento de instalar scooters en pleno estero de Viña, confirmaba la idea que hace años venía rondando en su cabeza: que Chile era un país aburrido y que la gente necesitaba diversión.

Ese día, el 19 de enero de 1975, partió todo. Los autitos chocadores –que había comprado a su amigo de toda la vida, el sacerdote del Hogar de Cristo, Josse van der Rest– se transformaron en todo un fenómeno en la sociedad viñamarina de la época.

El interés de la gente fue tal, que ese primer fin de semana en el estero de Viña, él y su mujer, que habían viajado a la ciudad jardín para celebrar su aniversario de matrimonio, terminaron cortando ellos mismos los boletos, porque el gerente que habían contratado nunca llegó, recuerda el ingeniero agrónomo y dirigente gremial.

Ese mismo día, Arteaga decidió reinvertarse y dejar atrás el campo, actividad a la que había dedicado más de diez años de su vida y que, según cuenta, “estaba tremendamente disminuida por la reforma agraria de los 70”.

Arteaga nunca había ido a Disney. Pero conocía de cerca el Parque de Diversiones Play Center, de Sao Paulo, ciudad a la que viajaba a menudo por trabajo. ¿Por qué no podemos hacer en Chile algo similar?, se preguntó. Convencido de que su idea era simplemente genial, telefoneó a la Municipalidad de Santiago para pedir una audiencia con el alcalde. Para su sorpresa, Patricio Mekis –a quien no conocía– le atendió el teléfono y le dio media hora el sábado en la mañana para escuchar su plan. ¿Y va a ser bueno su parque?, le preguntó el alcalde. “Por supuesto”, afirmó Arteaga.

El 26 de enero de 1978, Fantasilandia abrió sus puertas en el parque O’Higgins, tras conseguir un crédito con la Corfo por 2 millones de dólares, el cual permitió adquirir 8 juegos en España, entre ellos “El Pulpo”, el “Century 2000” –que llegó en el carguero griego “Cape Kennedy”– y los “Ford T” que recorrían el parque. “Por fin Chile tendrá su propia Disneylandia”, titularon los diarios de la época. Una apuesta que significó un enorme riesgo para Arteaga y sus socios de aquel entonces (Enrique Rodríguez y los hermanos Barroilhet). “Demoramos más de 15 años en pagar el crédito, que era a tasas altísimas (UF+14). Tuvimos que hipotecar todo”, recuerda. Su principal garantía era un fundo de más de 200 hectáreas en Paine.

La Monga recargada

Renovarse o morir. Ésa es la consigna que opera en la industria de la entretención. Y con una cada vez mayor oferta de esparcimiento, competir por el tiempo libre no es una tarea fácil. Pero, pese a los contratiempos, Fantasilandia lo ha logrado. “La clave está en ir incorporando nuevas atracciones. Nosotros tenemos un juego nuevo al año, los cuales importamos desde Europa”, explica Gerardo Arteaga junior, quien desde los 3 años se sube a todas las atracciones que han pasado por este lugar y hoy comanda el parque como gerente general.

Según cuenta, la mayoría de los parques latinoamericanos han fracasado por una simple razón: no reinvierten sus ganancias. Fue el caso de Play Center, que por muchos años fue el “hermano” de Fantasilandia y que cerró sus puertas el año pasado.
Es que el negocio es intensivo en inversión. Por eso, aunque cada año Fantasilandia factura nada menos que 6 mil millones de pesos en corte de entradas, debe gastar más de mil millones de pesos en incorporar una nueva atracción para mantenerse a la vanguardia de la entretención. A eso se suman los costos de mantención y operación que son altísimos, sobre todo, por el uso de energía. “Aquí trabajan 700 personas y para funcionar, el parque requiere de 3 MW diarios”, señala Arteaga Cerda, quien agrega que además están obligados “a tener un equipo de generadores para respaldar todo, porque el público no podría entender que se corte la luz”.

Fantasilandia tiene 4 temporadas marcadas por la tematización del parque. Una de las más concurridas es la celebración de Halloween con la Noche del Terror; que este año reunió a 25 mil personas en 5 días. Otra de las vetas que han desarrollado son los eventos para empresas y las fiestas de fin de año, que representan cerca del 20% de las ventas.

“Siempre se ha pensado que Fantasilandia es un barril de oro, pero no. Para lo que son los negocios en Chile, tiene una rentabilidad media a baja porque requiere mucho capital”, explica Arteaga padre, quien nunca va olvidar lo que le costó conseguir el financiamiento para el “Tren Fantasma” o el “Amor Express”, un juego donde las parejas aprovechaban de darse besos en los segundos que se cerraban los vagones. “Le pedimos a un banco muy importante de la plaza un crédito para comprar estas dos atracciones. Todo iba bien hasta que el directorio lo rechazó. ‘¿Cómo vamos a financiar un juego que puede ser inmoral?’, dijeron.

Y segundo, ‘Si no pagan, ¿se dan cuenta como quedamos de idiotas si financiamos el tren fantasma?’”, ríe Arteaga, quien logró convencer uno a uno a los directores para finalmente conseguir el monto requerido.

Otra de las máximas de los Arteaga es renovar los clásicos. Adaptarlos a los nuevos tiempos. Es el caso de la famosa Monga, un acto en vivo donde una mujer se “convierte” en gorila mediante un truco de espejos. “Inicialmente, el mono no sólo atemorizaba al público, sino que se dejaba caer entre los asistentes, hasta que tuvimos un lamentable hecho; ¡un policía se asustó tanto que sacó su arma de servicio! El mono levantó las manos y desde ese día nunca más dejamos que estuviera abajo”, recuerda Arteaga padre, quien importó este juego de Brasil en los 70.

Ahora el show se llama “Monga Next Generation” y la historia es bastante similar, pero la escenografía es más moderna.
Y si de favoritos se trata, el “Splash”, también tiene su versión recargada. Ya no hay que esperar más de una hora para deslizarse en el tronco que sorteaba aguas verdosas. Hoy fue reemplazado por el “Tsunami”, el cual produce una ola mucho más grande que su antecesor y un bote de mayor tamaño para evitar las interminables colas.

¿Fantasilandia 2.0?

Los Arteaga podrían abrir un nuevo centro de entretenimiento. Tienen en carpeta el terreno y los planos. Un proyecto que podrían materializar en caso de que la Municipalidad de Santiago no les renueve el contrato de arriendo del Parque O’Higgins –que caduca el 2022– o bien, si la demanda requiriera un nuevo centro de entretenimiento. Pero “Santiago no es capaz de soportar dos parques”, dicen. Y lo hacen con conocimiento de causa. Ya tuvieron un fracaso con “Mundo Mágico”, cuyos visitantes recorrían en un tren la réplica de Chile en miniatura.

Otro ejemplo que confirma su teoría es lo ocurrido en Brasil con Play Center, que “pese a tener un mercado superior a los 20 millones, se puso a competir con otro parque más grande y lamentablemente los dos fracasaron. Si en Brasil ocurrió eso, ¡imagínate lo que pasaría en Chile!”, comentan.

Y si hubiera que crecer, los Arteaga no descartan abrir Fantasilandia todos los días del año, como ocurre en los países desarrollados. Hoy lo hacen sólo 200 días, si se cuentan los fines de semana, feriados y vacaciones.

Para hacer crecer el negocio, han explorado otros formatos como Happyland, centros de entretenimiento que operan al interior de los malls. Actualmente cuentan con 45 locales entre Chile, Perú y Colombia, y la idea es que en el corto plazo (próximos 3 a 4 meses) puedan alcanzar los 50 locales con nuevas aperturas en Latinoamérica. “Happyland permite llevar la entretención a otros lugares que no son Fantasilandia”, resume Gerardo Arteaga hijo, quien por estos días está concentrado en el nuevo rol que asumirá en 2015 (ver recuadro) y en lo que será la nueva atracción de este verano: un juego de agua cuyos detalles mantienen en estricto secreto porque la gracia de este negocio, dicen, está en la novedad.

Arteaga junior en las grandes ligas

Todos los años, los mayores representantes de la industria agrupados en la Asociación Internacional de Parques de Diversiones y Atracciones (IAAPA) –entre ellos Disney, Universal y Warner Bros– se reúnen para analizar los desafíos que enfrenta la recreación mundial. Un encuentro tan masivo –asisten más de 25 mil personas– que sólo se puede realizar en 2 o 3 ciudades de Estados Unidos por su envergadura.

A fines del año 2011, Gerardo Arteaga Cerda, gerente general de Fantasilandia, fue elegido como segundo vicepresidente de la organización, lo que significa que se convertirá en su presidente en 2015 y será el segundo latinoamericano en ocupar este cargo.
IAAPA es una organización sin fines de lucro y tiene miembros de 97 países. Su sede está en la ciudad estadounidense de Virginia y el nuevo cargo le significará a Arteaga junior estar fuera de Chile más de 100 días al año.

“Que el gerente general de Fantasilandia vaya a ser el presidente de la recreación mundial es un hito que nos llena de orgullo”, dice con una sonrisa de oreja a oreja Arteaga papá.