“Por el trabajo de mi padrastro, nos fuimos de Iquique con mi mamá y llegamos a Cincinnati, Ohio, el 2000, cuando tenía 13 años. A esa edad, sin manejar la lengua, una de las cosas más difíciles fue la adaptación social. Al mismo tiempo, fue la motivación para aprender inglés rápidamente y no tener acento, […]

  • 21 diciembre, 2017

“Por el trabajo de mi padrastro, nos fuimos de Iquique con mi mamá y llegamos a Cincinnati, Ohio, el 2000, cuando tenía 13 años. A esa edad, sin manejar la lengua, una de las cosas más difíciles fue la adaptación social. Al mismo tiempo, fue la motivación para aprender inglés rápidamente y no tener acento, algo que me ha servido mucho profesionalmente.

En 2010 tuve que dejar a mi mamá, a una distancia de cinco horas en avión, cuando me mudé a Los Ángeles. Los primeros dos años fueron un aprendizaje de madurez, estando sola en una ciudad grande que es súper competitiva y cara. Aprendí a valorar mis metas, el trabajo duro y las relaciones humanas.

Al vino llegué por ser chilena. Mi papá vive en Santiago y desde pequeña cuando lo iba a visitar, pasábamos tiempo en el campo y en viñas. El vino no es un trabajo, es un estilo de vida.

Mis principales logros han sido figurar en listas como Zagat 30 under 30 de EE.UU. y en los World 50 best Somms en Australia, además de aparecer en la portada de Wine Enthusiast. Actualmente, trabajo para el chef australiano Curtis Stone en su restaurante Gwen en Hollywood y también soy parte de su equipo directivo para sus otros negocios, como Maude en Beverly Hills.

Aparte de mi trabajo diario, soy parte de la junta directiva para una caridad llamada “Share our Strength, No Kid Hungry”. El propósito es juntar fondos a través de eventos culinarios con los mejores restaurantes y chefs de la ciudad.

Me encantaría trabajar más en Chile e incluso volver. Con mi novio lo hemos hablado como una posibilidad en el futuro. Lo ideal sería poder trabajar en los dos países para tener razones de ir más seguido”.