La Asociación de librerías, que ya reúne a unas cincuenta tiendas de libros a nivel nacional, acaba de nacer para hacer frente a la compleja situación que atraviesa el rubro. Su presidente explica por qué es importante agruparse para sobrevivir.

  • 18 junio, 2020

La idea de asociarse surgió cuando la Librería del GAM organizó una serie de capacitaciones para libreros y libreras, entre noviembre de 2017 y junio de 2018. Ahí se reunieron colegas de distintas partes del país y se dio una “química medio mística”, cuenta Fabio Costa, socio de Bros librerías y presidente de la nueva iniciativa. Sin embargo, y a pesar del entusiasmo, por distintas razones tardó en concretarse. Finalmente fue la actual urgencia la que empujó y hoy ya están operando como asociación. La obligatoriedad de reunirse de manera remota rompió las barreras geográficas y la participación de representantes de regiones se dio de manera natural.  “Uno de los grandes beneficios de asociarse es tener representación frente a las autoridades. De hecho, el habernos presentado como Asociación nos permitió que nos autorizaran a operar -a puertas cerradas- durante la cuarentena”, asegura Costa. La prioridad, afirma, es crear una red de apoyo para poder resistir la crisis. Más adelante buscan posicionarse como actores relevantes en la cadena del libro y también acercarse a otras agrupaciones como la Cámara del libro, la Corporación del libro y ferias independientes como el Festival de Autores, la Primavera del Libro o la Furia del libro. “Estamos generando una Asociación de librerías porque no había ninguna. Queríamos tener nuestra propia representación, pero sin trabajo en conjunto, no funciona”, dice el librero. El actual directorio, también compuesto por Helia Castillo (Sotavento), Alejandro Gainza (Alapa), Juan Carlos Reyes (Librería del GAM), Karima Maluk (Una casa de cartón) y Vladimiro Mimica (Qué Leo Punta Arenas), se definió como provisorio hasta terminar el proceso de legalización de la asociación y la salida de la crisis, luego vendrá una renovación o ratificación para enfrentar los siguientes desafíos.

Libros en peligro

Las ventas de las librerías han bajado entre un 70%-80% desde que en marzo debieron cerrar sus puertas al público, eso a pesar de los esfuerzos que varias han puesto por fomentar la venta online. Como socio y dueño de Bros librerías, junto a su hermano Dante y las mujeres de ambos, Costa estima que en el mediano-largo plazo, pasado el covid-19, este se transformará en uno de sus canales más fuertes de venta. “Es un gran desafío ya que el tiempo que llevamos operando por esta vía nos ha hecho ver lo poco que sabíamos de ventas por internet, y las infinitas posibilidades de aprender, mejorar e innovar que se nos presentan”, dice. Agrega que si bien la experiencia que ofrece una librería física es irreplicable hay que enfrentar los cambios como oportunidades. La pandemia ha obligado a mucha gente a meterse al mundo online, y muchos de esos usuarios posiblemente se encanten con la experiencia y la prefieran en el futuro. «Esto no es algo necesariamente malo», según el presidente de la Asociación de librerías. “Somos un rubro que siempre ha estado atrasado en lo que a tecnología se refiere, y hoy, ante la necesidad, nos vemos en la obligación de adaptarnos hasta donde podamos o queramos, porque eso es lo lindo de las librerías, que cada una es una realidad en sí misma”, señala.

Con la crisis también han surgido nuevas amenazas; algunas editoriales han comenzado a vender sus títulos directamente en sus sitios web. “Eso podría generar una competencia entre socios estratégicos que puede llegar a ser muy dañina, sobre todo si las editoriales ofrecen descuentos mucho mayores a los que podemos ofrecer nosotros, dados los márgenes que manejamos. Es complejo porque algunas editoriales pequeñas y medianas están tan complicadas como las librerías y tratando de salvarse como puedan”, afirma el representante de los libreros. Sobre el posible cierre de algunas de las librerías asociadas, Costa dice estar confiado en que las acciones conjuntas y la ayuda -pública y privada- que puedan conseguir, logren aguantar. Aunque reconoce que hay realidades muy complejas y algunas librerías que venían especialmente afectadas desde el estallido. “Más allá de ser una tienda que vende un producto, somos espacios culturales y de conversación. En las librerías se genera una calma distinta, hasta el olor es un oasis en medio de la locura de las ciudades. Queremos comunicar eso y hacer campaña a favor del libro”, afirma Costa sobre su misión a la cabeza de esta nueva asociación. “Si cierran librerías, si caen editoriales, en términos culturales toda la sociedad sufre porque hay menos diversidad y oferta, por eso creemos en la importancia de fortalecer la cadena del libro como un todo».

Su propia historia

Antes de ser Bros librerías, los hermanos Costa Caimi abrieron un local en el Apumanque bajo la franquicia Qué Leo. Eso fue en octubre de 2011 y cinco años después decidieron independizarse. Hoy cuentan con cuatro tiendas: la segunda está en el Paseo Los Domínicos, la tercera en Alonso de Córdova, y en marzo recién pasado abrieron Bros librerías en el Paseo Los Trapenses. En abril lanzaron el sitio web con venta online. Ya lo tenían listo en un 90% y con la llegada del coronavirus le pusieron acelerador. Durante los periodos de cuarentena, han estado operando a puertas cerradas y bajo estrictas medidas de seguridad. Incluso implementaron un sistema de delivery propio, y además están en Cornershop hace dos años. En total cuentan con nueve personas contratadas además de un grupo de vendedores que trabaja part-time.

Costa cuenta que no fue un niño particularmente lector y que fue en su época universitaria cuando la lectura se convirtió en un compañero elemental. Estudió ingeniería comercial, realizó un magister en finanzas y durante algunos años se desempeñó en ese rubro. Hasta que decidió que si iba a dedicar gran parte de su vida, en términos de tiempo y esfuerzo, a un trabajo, tenía que ser algo que lo apasionara. “Un día me cayó la teja: la respuesta la andaba trayendo conmigo literalmente. Adonde voy llevo un libro, ya sea en el auto, en la calle o en la micro. Es como el teléfono, estoy tan acostumbrado que si no ando con un libro siento que me falta algo, aunque no ande leyendo todo el día”, afirma. Tomó un diplomado de Edición y publicación en la UC y ahí tuvo dos profesores que fueron muy importantes para él; Pablo Dittborn, entonces director de Random House, y Marilen Wood, Directora General en Ediciones B Chile. “Entablé una buena relación con ellos y me ayudaron. Me pasé semanas detrás de una planilla Excel, puliendo números, pero el dato de la demanda solo podía proyectarlo y en un momento decidí tirarme el piscinazo”, cuenta el socio de Bros. Abrieron la librería poco antes de Navidad, periodo de mayores ventas, y se dieron cuenta que estaban muy lejos de estar preparados. Costa dice que le gusta contar esa historia porque es muy representativa: “Uno arma planes y en el camino te das cuenta de que vas a tener que adaptarte y salir jugando como sea. La librería ha sido una aventura basada en la pasión, pero estoy casado y tengo dos hijos, entonces también debo lograr que sea rentable y sostenible”.

Costa considera que los libreros son difusores de una expresión artística: “Un libro es una fracción del alma de una persona depositado en un objeto de papel y nosotros tenemos la responsabilidad de cuidarlo y conectarlo con otra alma. Más allá de los números, lo vivimos con romanticismo porque es alucinante. Como ingeniero comercial quizás me iría mejor económicamente trabajando en un banco pero ni a palos iba a dedicar mi vida a un trabajo que no me apasione”. Sobre las nuevas tecnologías dice estar a favor de promocionar los contenidos más que los formatos, y pretende evolucionar en esa dirección como librero. Comenta que le gustan los audiolibros y con Bros librerías se asociaron a la plataforma de relatos sonoros Audiobuk, actualmente están produciendo títulos propios y también han alcanzado acuerdos con editoriales chilenas.